Un informe comunicacional e intercultural sobre las «estrategias» económicas, políticas y militares que impulsa el Estado Nacional argentino sobre el territorio, el mar y el cuerpo de las personas.

 

Dentro de la realidad sociopolítica de la Argentina actual se ha retomado el relato comunicacional de, siempre en nombre del progreso, discutir la pena de muerte, bajar la edad de la imputabilidad y aprobar el uso de pistolas taser. Es en nuestro país que, como si se tratara de una misma estrategia política-represiva, se niega que, también en nombre de la patria y el progreso, fueron treinta mil los desaparecidos que produjo la última dictadura cívico-militar en la Argentina. “Hay que mirar hacia adelante”, afirman convencidos los promulgadores del olvido y la desmemoria. Es esta Argentina post pandémica donde se afirma, con cierto ímpetu y vehemencia (a diferencia de otras épocas), que los mapuche son terroristas y que Facundo Castro se ahogó solo. ¡Vaya tríada discursiva que pretende el Estado Nacional argentino! Para el Estado Nacional los pueblos preexistentes son deshumanizados, los pibes jóvenes —que se crían en los barrios periféricos— estúpidos y los agentes de la policía nacional un modelo de vida a seguir y replicar. Pero eso no es todo. En la Argentina contemporánea se pronuncian con ahínco y entusiasmo las palabras: megaminería y Vaca Muerta. Y mientras se incendian los campos «de forma accidental» en distintos puntos del país, rápidamente esos mismos campos se convierten en plantaciones de soja y pino, como si alguien hubiera estado esperando todo este tiempo el momento propicio para hacerlo. ¡En la Argentina de la grieta no hay lugar para dejar de explorar y explotar un mínimo espacio del territorio y el mar! ¡Todo es y puede ser redituable! En nombre del progreso, durante estos últimos años, se gestiona y se intenta fomentar la industria del feedlot, el uso de semillas transgénicas (HB4) y el desembarco, finalmente, de la tecnología 5G, la industria porcina y el fracking offshore. Y aunque toda esta realidad parezca avasalladora y lacerante, los hechos son concretos e innegables. El futuro de la Argentina es negacionista, extractivo y represivo.

Primera advertencia
Los pibes no se ahogan solos y el futuro bonaerense

«Los hombres de mayor experiencia de la Policía Federal sostienen que Facundo murió ahogado al transitar por islotes y pantanos que, dos veces por día, son cubiertos por una repentina marea que cubre por varios metros el terreno».

Este fragmento se puede leer dentro del libro que sostienen en sus manos Victoria Tolosa (Frente de Todos) y Diego Santilli (Juntos para el Cambio), acompañados por el autor del mismo, Germán Sasso (fotografías publicadas el 28 de agosto de 2021 en el sitio “La Brújula”).

Victoria Tolosa Paz y Diego Santilli junto a Germán Sasso, sosteniendo el libro «Operación Facundo».

En la misma página (237) del libro se puede leer:

«También pudo suceder que se acostara a descansar porque venía agotado —no había dormido la noche anterior— y con hambre como relatan testigos y, repentinamente, quedar encerrado por el agua. ‘Hay muchos islotes que parecen tierra firme, pero después no podes salir de ahí. O te enterrás en fangos que son tierras movedizas. De eso, dan fe los baqueanos y la gente de Cerri que va a pescar allí y a quienes, muchas veces, el agua les ha jugado una mala pasada’, reflexiona uno de los expertos de la PFA».

¿Quiénes serán estos expertos de la PFA, que cita Sasso en su libro? ¿Qué baqueano(s) habrá(n) afirmado que podes terminar ahogado en un cangrejal si no miras bien por dónde caminas?

«A veces hay un interés de perjudicar a alguien o de acusar a alguien o de perseguir a alguien o de distorsionar realidades para sacar provecho», opinó, en referencia al libro y a la causa, Axel Kicillof (escuchar a partir del minuto 19), Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en una entrevista que mantuvo, los últimos días de septiembre, durante cuarenta minutos, con Germán Sasso, autor del libro y conductor del programa «La Brújula».

¿La mamá de Facundo Castro distorsiona las cosas? ¿Para sacar provecho de qué? ¿De qué le mataron un hijo?

A veces la realidad comunicacional Argentina es tan literal y explícita que espanta. Camines por dónde camines, andes por dónde andes y mires donde mires, el futuro bonaerense será negacionista, encubridor y represivo. Primera advertencia.

Segunda advertencia
Todos los muertos de Sergio Berni

Sergio Berni, actual Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, no ha tenido ningún tipo de escrúpulos para argumentar y sostener, en distintos medios de comunicación, que la familia y los abogados defensores de Cristina Castro buscan intereses cuestionables con respecto a la búsqueda de Facundo Castro.

En primer lugar, el ex ministro de Seguridad de la Nación Sergio Berni apareció, el 8 de agosto de 2021 en un video, recomendando la lectura del libro “Operación Facundo” de Germán Sasso. “Me parece que más que un libro es un expediente judicial y que revela de manera contundente y sin ningún tipo de ideología lo que pasó, lamentablemente, con Facundo Castro”, infiere el ministro en esta particular intervención (tengamos en cuenta que es la primera vez que, luego de la última dictadura cívico-militar, un periodista se anima a publicar un libro para negar concretamente que la policía desapareció a una persona, cuando hay pruebas contundentes de que así ocurrió).

En segundo lugar, es necesario aclarar que, como muchos lectores y lectoras saben, lo de Berni no es novedoso. Así como en el 2020 no titubeó en reprimir y desalojar a las familias de la toma de Guernica. Hoy, más cercano en el tiempo, no duda en compararse con los candidatos políticos más representativos de la ultraderecha local, afirmando que él es peor que (por ejemplo) Espert. «A mí no me tiembla la mano a la hora de enfrentar a los delincuentes. Desde que empecé la función tenemos 150 delincuentes abatidos», sintetizó con el pecho inflado, ufanándose de la teoría del enfrentamiento, dudosa, cuestionable y muchas veces improbable.

¿Cuántos de estos «delincuentes» fueron abatidos por la espalda? ¿Fueron en legítima defensa? ¿Por qué se apela al discurso del enfrentamiento, aunque siempre sean los «delincuentes abatidos» los heridos de muerte, mientras que del otro lado, del lado de las fuerzas del Estado, no se registra ni un mínimo rasguño? ¿Qué relación existe entre el discurso de los supuestos enfrentamientos, los casos de gatillos fáciles ejecutados en democracia y la supuesta guerra que desplegó (y sigue desplegando) el Estado Nacional contra el pueblo mapuche durante la Campaña Expedicionaria al Desierto?

«Transformemos en queso gruyer a un par de delincuentes», sentenció José Luis Espert en días previos a las elecciones del pasado 14 de noviembre. Y este posicionamiento lejos de ser repudiado por la ciudadanía fue avalado, favoreciendo con votos, a modo de aceptación, que le permitieron a Espert colocar un pie en el congreso, desde donde impulsará, seguramente, la baja de la imputabilidad, el arribo de las pistolas taser y la pena capital. Y aunque cada una de estas «propuestas democráticas» parezcan inconducentes, incongruentes, descabelladas y fundamentalmente lejanas e inviables, nunca se sabe a ciencia cierta hasta dónde pueden llegar, en épocas de crisis, candidatos con este nivel de empatía social, junto al odio que cocinan cada vez que hablan y se dirigen a la sociedad. Segunda advertencia.

Tercera advertencia
El regreso de Aníbal Fernández y la teoría del mapuche terrorista

Luego de la primera derrota electoral del Frente para la Victoria, el presidente apeló a viejas fórmulas para ver si podía encontrar un poco más de cintura para sobrellevar sus políticas represivas. Renunció al Ministerio de Seguridad de la Nación Sabina Frederic y asumió, en su lugar, Aníbal Fernández. Y aunque esté último nunca se caracterizó por tener cintura política, su impunidad lo ha mantenido en actividad, como a otros candidatos que ya deberían haber sido juzgados (Eduardo Duhalde y Felipe Solá, responsables políticos junto a Aníbal Fernández, de la Masacre de Avellaneda).

Sin demorar mucho, y con parte de la Patagonia convulsionada por el levantamiento de diferentes comunidades mapuche, entre ellas el lof Quemquemtreu —que ya lleva 51 días de aislamiento, sin acceso a alimentos ni abrigos— Aníbal Fernández se permitió deslizar que, luego de una detención en la frontera nacional, una persona podría estar vinculada al «activismo mapuche», por el simple hecho de tener apellido mapuche y portar armamento y ropa que, por otro lado, coincide con la caza ilegal de ciervo, una práctica que lejos de ser sancionada en el sur, mantiene un negocio fructífero (cotos de caza) en contra de la fauna que se mueve por ese territorio. A pesar de esto, y de que muchos medios locales conocen la realidad de los cotos de caza en el sur, se optó infundada y maliciosamente por seguir el discurso del mapuche terrorista.

En este sentido, tampoco podríamos decir que el fantasma del terrorismo y del «enemigo interno» son representaciones sociales recientes. Durante la presidencia de Mauricio Macri, la Ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich se encargó de conformar el Comando Unificado Patagónico para combatir células terroristas que nunca se pudo comprobar que existieran verdaderamente. Un Comando Unificado Patagónico que no puede dejar de ser leído como un correlato institucional de la Ley Antiterrorista promulgada en 2007 en Argentina.

Ni el Comando Unificado Patagónico ni la Ley Antiterrorista han sido puestas en tensión en estos dos años de gestión kirchnerista, mucho menos han sido desmanteladas durante la presidencia de Alberto Fernández. Todo lo contrario. Se ha conseguido profundizar en este relato. La intervención de Aníbal Fernández —que recién comienza— en las recuperaciones territoriales en el sur del país (dentro de las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut) es un claro ejemplo de ello.

En este contexto, es importante remarcar que nunca en esta discusión se ha hecho foco en la verosimilitud y el grado de pertinencia de la situación jurídica de los terratenientes implicados en estás recuperaciones territoriales. ¿O acaso ustedes han escuchado a Aníbal Fernández o a Patricia Bullrich preguntándose la legitimidad para que Luciano Benetton ocupe un millón de hectáreas en el país? ¿O si los hermanos Rocco, en los límites de la provincia de Río Negro y Chubut, cumplen al pie de la letra los contratos que han firmado para la exploración forestal de pino (por supuesto que está actividad es cuestionable y nociva, pero representa una política de Estado, por lo tanto también le cabe responsabilidad)? ¿Alguien vio una investigación por parte de Jorge Lanata o TN Noticias en donde se compruebe que Luciano Benetton accedió a esas tierras de forma legítima? No, por supuesto que no. Como ciudadanía, ni un papel escrito a mano hemos visto. Se da por sentado que Benetton y la familia Rocco actúan de buena fe y que, en cambio, los mapuche, por el simple hecho de ser mapuche, siempre actúan de forma ilegal, criminal y temeraria. Tercera advertencia.

Cuarta advertencia
Los bosques de pinos y la soja transgénica

Si se revisa detenidamente cada uno de los boletines oficiales que beneficiaron a la familia Benetton y a los Rocco (véase «¿Quiénes son Osvaldo y Rolando Rocco?») desde la década de los noventa hasta la actualidad, y se los vincula con los «bosques de pinos» que cubren ciudades como Aluminé, Junín de los Andes, San Martín de los Andes, Villa la Angostura, Bariloche y El Bolsón (la ruta de los siete Lagos) van a poder entender la relación que persiste entre el pino implantado, las tierras fiscales que se adjudicó el Estado Nacional durante la Campaña Expedicionaria al Desierto y el despojo territorial ejercido sobre los puebloa mapuche-tehuelche. Y aunque muchos historiadores se esfuercen por sostener que éstos son pueblos enemigos, muchas comunidades en la actualidad, están realizando recuperaciones territoriales bajo la bandera mapuche-tehuelche. Un situación concreta y fáctica que más temprano que tarde le va a resultar en contra, como escupir contra el viento, a los reivindicadores de la patria.

Es, en definitiva, el territorio el que está en tensión. El que demanda acciones. Y, por lo tanto, el que recibe todo tipo de intervenciones extractivas.

Recientemente se aprobó la exportación de trigo transgénico (HB4) desde Argentina hacia Brasil. Una creación de la empresa Bioceres y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Nuevamente el poder empresarial junto al Estado, unidos y organizados, para atentar contra el territorio y todas las formas de vida que allí habitan.

¿Cuál es la relación entre la exportación de esta semilla transgénica y las políticas que está desarrollando Jair Bolsonaro en contra del Amazonas y, por lo tanto, en contra de los cientos de pueblos preexistentes que allí habitan?

Seguramente muchos lectores y lectoras tendrán sus reparos para comparar a un presidente como Jair Bolsonaro con Alberto Fernández. ¿Acaso este hecho «comercial» y «productivo» no representa una de las múltiples estrategias que mantienen ambos mandatarios sobre el territorio? ¿Acaso ambos, desde que empezaron sus mandatos, no demostraron tener muy en claro los objetivos extractivistas, coloniales y antropocéntricos (en los cuales a los últimos que se le consultará es a la ciudadanía en general y a los pueblos preexistentes que aún habitan estos territorios)? Seguramente muchos lectores y lectoras tendrán también reparos para comparar a un presidente como Sebastián Piñera con Alberto Fernández, pero ¿cuál es la relación entre el Estado de Sitio que ejerce Piñera sobre territorio mapuche, los dichos que dejó deslizar Aníbal Fernández y el respaldo económico, jurídico y comunicacional que se pronuncia a favor de un magnate como Luciano Benetton en la actualidad? ¿Cuál es la relación entre la permanencia del Comando Unificado Patagónico, la intervención y participación que está desempeñando Aníbal Fernández en el sur del país y el viaje del fiscal general de la provincia de Neuquén Ignacio Gerez, a Chile para desarrollar una estrategia jurídico-militar entre ambos países para combatir al «terrorismo mapuche»?

Para concretar resoluciones a favor del extractivismo todos y todas, para ser críticos y denunciar delitos de Lesa Humanidad nadie. Cuarta advertencia.

Quinta advertencia
Las torres de fracking offshore que se pretenden desplazar, lentamente, por toda la costa marítima

El 1 de octubre de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, se decretó llamar a concurso (decreto 872/2018 – Concurso Cuesta Afuera) para comenzar a explorar, para la posterior explotación, la costa argentina, bajo la modalidad, en un futuro cercano, del fracking offshore.

“Instrúyese a la SECRETARÍA DE GOBIERNO DE ENERGÍA, dependiente del MINISTERIO DE HACIENDA para que proceda a convocar a Concurso Público Internacional para la adjudicación de permisos de exploración para la búsqueda de hidrocarburos en las áreas del ámbito costa afuera nacional.”

Al año siguiente, el 11 de abril de 2019, se aprobó la licitación de YPF (resolución 196/2019) para que explore 15.000 km2 (área «E-1») de los 1.068 millones de kilómetros que tiene a su disposición (80.492 km2 distribuidos en el mar argentino y uruguayo). Desde la costa bonaerense hasta Tierra del Fuego (en la página oficial de YPF se puede ver el plan de exploración que pretenden desplegar).

“Convertir el convenio de asociación para la exploración y eventual explotación del área ‘E-1’ del 12 de abril de 2006 suscripto entre las empresas Energía Argentina S.A., YPF S.A., Petrobras Argentina S.A.-actualmente Pampa Energía S.A.- y Petrouruguay S.A. en un permiso de exploración de hidrocarburos a favor de YPF S.A. en los términos de la ley 17.319.”

En el anexo de esta resolución se pueden leer los plazos y las garantías que debe cumplir YPF. En el caso de los plazos, YPF tiene ocho años de exploración, con la posibilidad de prorrogar por cinco años más. Y en el caso de que quiera, por ejemplo, perforar en aguas profundas un pozo petrolífero debe presentar una garantía de 22 millones de dólares. ¿Podrán estos 22 millones de dólares equilibrar los daños que pueda ocasionar el fracking offshore en las placas tectónicas, el mar, la flora y la fauna y los colectivos de personas que viven en y de la costa argentina? ¿Acaso los delitos sobre el territorio -que se ejecutan a partir de actividades extractivas- no tienen consecuencias perpetuas e irreversibles (como la muerte del ojo de agua que proveía a la ciudad de Zapala y la muerte de la joven activista mapuche Cristina Loncopan, quien murió de cáncer a los 30 años, ambos sucesos producto de la fractura hidráulica que se ejecuta, aún hoy, en las ciudades de Zapala y Cutral – Co)?

Y a pesar de que en la misma ruta de Vaca Muerta, dentro de su extensa plataforma, una ciudad como Sauzal Bonito, en la provincia de Neuquén, no deja de temblar desde que se comenzó a ejecutar la fractura hidráulica convencional (más de 300 sismos desde noviembre de 2018 hasta la actualidad. El último registro es del lunes 15 de noviembre, dato que se puede corroborar en el mapa diseñado por Javier Grosso y que acompaña este informe) en una ciudad cercana, nada más y nada menos que Añelo, tanto el gobierno macrista como el actual, se muestran incentivados y proclives a perforar, sin ningún tipo de miramientos y reparos, cada rincón “rentable” de la costa “nacional”.

Si los efectos más directos y concretos en la fractura hidráulica tradicional (en tierra) son la destrucción de acuíferos de agua dulce, la contaminación de ríos (como el río Neuquén, el río Negro y el Limay) y la pronunciación de enfermedades terminales como el cáncer, ¿cuáles serán los efectos en el mar? ¿Qué sucederá con la flora y la fauna marítima? ¿Cómo afectará a la pesca tradicional (de la que aún mucha gente vive)? ¿Qué nuevos males deberán padecer en sus cuerpos las comunidades costeras de la Argentina? ¿Podremos saber algún día fehacientemente cuáles son los aditivos que se utilizan para la fractura hidráulica? Si en Sauzal Bonito y Añelo, el fracking tradicional ha producido temblores constantes, en la costa marítima ¿puede provocar tsunamis? ¿De qué manera la fractura profunda que pretende impulsar YPF puede afectar todas las formas de vida que habitan el mar y también la costa marítima? Quinta advertencia.

El futuro es extractivo, negacionista y represivo

Esta sentencia ya la formulé. Y no está mal volver a repetirla por cuarta vez. El futuro de la Argentina es extractivo, negacionista y represivo. Y hay suficientes hechos, razones y advertencias para sostener esta sentencia (argumentada en los capítulos anteriores), pero eso no podrá, en definitiva, detener el digno y necesario proceso que están realizando las personas y familias que deciden volver a su territorio, al territorio de sus ancestros, para recuperar sus identidades preexistentes negadas, para disputar sentido desde la multiplicidad de territorios que existen en la Argentina, con el fin de alcanzar un verdadero proceso emancipatorio y de autonomía, en donde los pueblos puedan reivindicar sus propias prácticas culturales, jurídicas, espirituales y territoriales sin la dependencia paternalista, represiva, colonial y antropocéntrica del Estado.

A pesar del contexto hiriente y lacerante, el futuro es provisorio. Y mientras muchos hablan de no mirar hacia atrás (Victoria Tolosa utilizó varias veces esta frase) los pueblos que están defendiendo y resguardando los territorios saben que sólo en el pasado podrán encontrar sus identidades vedadas, sus lenguas maternas, sus historias familiares, los territorios del que nunca el Estado Nacional los tendría que haber despojado.

Por lo tanto, el momento histórico que atravesamos post pandemia representa un bloque histórico de transición entre las personas que empiezan a reconocer su relación identitaria con los territorios y la decisión estratégica y política de accionar en función de este vínculo. Y mientras todos los partidos políticos (incluidos los de izquierda) gastan en maquillajes y publicidad para ocupar una banca en un palacio institucional que hace muchos años que ha perdido legitimidad, son las personas por quienes ellos pretenden legislar y representar los que comienzan a abandonar las urbes para volver a los territorios. ¿A quién representarán y la voluntad de quién legislarán estos «salvadores del pueblo» cuando sean los pueblos los que decidan volver a los territorios en busca de su autonomía?

¿Tendrá la casta política la capacidad y lucidez para ver este proceso emancipatorio? ¿Podrán algún día los dirigentes políticos salir de sus lógicas antropocéntricas y entender que es el territorio el ordenador de todas las formas de vida —que no será una mente brillante, ni un colectivo de personas con buena voluntad la que determinará el futuro del país? ¿Cuántos ríos, lagos y lagunas tendremos que ver secar y contaminar antes de que estos principios (no antropocéntricos) se entiendan? ¿Tendrán algún día la voluntad y la humildad para formarse y escuchar lo que los pueblos tienen para decir? ¿O querrán seguir actuando como padres salvadores y líderes visionarios que creen tener la obligación de salvar al mundo, aunque para ello tengan que destruirlo?

Está será una lucha de toda la vida porque, como lo podemos ver del otro lado de la cordillera, la dicotomía se entrelaza entre, por un lado, la búsqueda y el fortalecimiento de la autonomía de los pueblos y, por otro lado, el pronunciamiento de un Estado Plurinacional; un Estado Plurinacional que se intenta imponer, aunque ninguno de los dos Estados (argentino-chileno) haya reconocido (y no muestra ni un efímero gesto que nos permita entender que en algún momento lo va a hacer) haber cometido un genocidio sobre los pueblos preexistentes.

El Estado Nacional argentino no se da por aludido. Insiste en seguir avasallando el territorio, el mar y los cuerpos de las personas. Pretende contaminar nuestros alimentos (y lo hace sin consenso social), pretende contaminar el agua que bebemos (y lo hace sin consenso social), provoca alteraciones en los territorios cambiando los cursos de los ríos, alterando las placas tectónicas, produciendo quiebres en las piedras madres, secando los ojos de agua dulce, extinguiendo las plantas medicinales y la flora autóctona de los territorios. Provocando la migración de las aves, la fauna y las personas que pertenecen a territorios determinados. Alojando en sectores reducidos a millones de familias que carecen de la autonomía territorial y, por lo tanto, económica, cultural, epistémica, espiritual. Creando un comercio lucrativo dentro de la dependencia estatal y empresarial. Mirando al territorio con ojos occidentales, coloniales y antropocéntricos. Todo en nombre de la ciencia y el progreso.

En nombre de la ciencia y el progreso se pretende envenenar la comida que comemos, el agua que bebemos, y el territorio que deberíamos habitar sin la intervención estatal. ¡Nos envenenan los cuerpos y no nos permiten curarnos como lo hacían nuestros antepasados hace miles de años! En nombre de la ciencia y el progreso se mejorarán las técnicas y metodologías para encubrir y asesinar a cada uno de los jóvenes que no se acepte o muestran un mínimo gesto de resistencia y rechazo en vivir toda una vida en un estado de hacinamiento y migración diaspórica constante. Ese es el futuro que nos depara el Estado.

¡La vuelta al territorio es irreversible!

Los pueblos seguirán volviendo al territorio porque el territorio lo demanda y porque son estas mismas personas las que necesitan vivir una vida con dignidad y autonomía; una autonomía que el Estado, por diferentes vías, intenta cercenar.

El artículo original se puede leer aquí