Marcos Herrero: el testimonio de un hombre que se animó a oler y relatar la corrupción presente dentro de la institución policial y el poder judicial

 

Viedma. Marcos Herrero trabajó cinco años en el área técnica (división de canes) de la policía de Río Negro. En esos años recibió amenazas de todo tipo por su labor en la búsqueda de personas –en muchos de estos casos está implicado personal policial A Marcos Herrero lo amenazaron con hacerle una causa para callarlo, con traer un falcón verde para desaparecerlo; le dejaron un féretro durante una investigación de un niño (Mario Agustín Salto) desaparecido en Santiago del Estero y hace exactamente quince días le enviaron una carta con una foto de Nisman y una leyenda que dice “perro muerto no ladra más”. En función de esta última carta, Marcos Herrero, a través de una videollamada, me enumeró cada una de las negligencias dentro de la investigación en el caso de Facundo Astudillo Castro. “Cerca de la casa rosada donde fue detenido y fotografiado Facundo se hallaron restos humanos de otra persona, pero ante ese hallazgo la (policía) Federal ni siquiera resguardó el perímetro. ¿Cómo sabemos que esos restos óseos quemados no fueron removidos?” Además Marcos Herrero me señaló que durante la investigación y la búsqueda de Facundo Castro los perros pertenecientes a la Policía Federal y Gendarmería Nacional no buscaron con muestra de olor de Facundo. “¿Qué estaban buscando entonces esos perros?”, reflexiona Herrero. Hoy, la jueza a cargo de la causa, María Gabriela Marrón, no sólo intenta deslegitimar la labor de Herrero y las pruebas presentadas en la causa, sino que también intenta sostener que la labor de este rastreador es sospechosa. Sin duda el relato de Marcos Hererro representa un testimonio esclarecedor, certero y movilizante,  capaz de evidenciar y desarmar el mecanismo de encubrimiento e impunidad que se activa en la Argentina cada vez que un joven de piel oscura y risa grande desaparece.

Kiñe | Uno

La amenaza: “¡Perro muerto no ladra más!”

Son las diez de la noche. Marcos Herrero está en Viedma, en una de las habitaciones de su casa. Yo lo veo a través de la pantalla de mi computadora. Marcos Herrero se ha dejado la barba, tiene una remera roja con su nombre y en el fondo de la habitación se puede ver ropa de cama doblada, apilada, ligeramente desordenada. Marcos Herrero se muestra verborragico y convulsionado por los últimos acontecimientos en su ámbito laboral: la institución policial. “He enviado tres cartas documentos y nadie me ha respondido. Ningún superior se ha comunicado conmigo. Y encima, en tono de burla, me envían un telegrama preguntándome porqué no me he presentado a trabajar en el área de narcóticos. Yo ya me he dado por despedido”.

Marcos Herrero trabajó cinco años dentro del área técnica de la policía. En ese tiempo Marcos Herrero participó en la búsqueda de 26 personas, entre ellas colaboró en la búsqueda de Santiago Maldonado, Lucas Muñoz, Araceli Fulles, Micaela Ortega, Carlos Painevil y Facundo Castro Astudillo. En cada uno de estos casos, el aporte de Marcos Herrero y sus perros fue determinante. Sin embargo, lejos de realizar uno o varios reconocimientos, la institución policial y sus propios camaradas de forma directa e indirecta lo han amenazado y le han mostrado un rechazo constante por su labor. “Me perdí un ascenso por tu culpa”. “¡Vos sos un antipolicia!”. “Vos sos un corrupto, porque sos de izquierda”. “Si seguís rompiendo las pelotas te hacemos una causa y chao Marcos Herrero”. “¡Cuidate que te vamos a matar!”

Fotografía de la carta / amenaza que recibió Marcos Herrero en su domicilio de la ciudad de Viedma. Foto Gustavo Figueroa

Con Marcos Herrero es la segunda vez que hablamos por videollamada. “Yo le mostré los audios y la amenaza a Cristina, la mamá de Facundo Castro. Ella se mostró indignada y me sugirió que le entregue este material a una persona de confianza para hacerlo público por las redes sociales». Antes de iniciar la entrevista, Marcos Herrero me envió por WhatsApp una foto de la carta/amenaza que recibió, los audios de sus superiores y la captura de pantalla del grupo (“Comisión a Santa Cruz”) en donde José Mazzei (Director de Defensa Civil de Santa Cruz) lo trata de “delincuente hipócrita hijo de puta”. José Mazzei es la misma persona que sostiene en un informe (presentado recientemente en el caso de Facundo Castro) que “el umbral de latencia se ubica entre las 72 hs”, dando a entender que después de ese umbral de tiempo la labor de un perro rastreador pierde contundencia y que, por tanto, no puede ser concluyente en los hallazgos que realice. De esta argumentación se sirvió la jueza María Gabriela Marrón para intentar desmerecer y “desaprobar” la labor y los hallazgos de Marcos Herrero dentro de la búsqueda de Facundo.

Captura de pantalla desde el celular de Marcos Herrero

Epu | Dos

Los pruebas que desaparecen en 72 hs

La jueza María Elena Marrón pone en duda la labor de Marcos Herrero en el caso de Facundo Castro Astudillo; peor aún, da a entender que Marcos Herrero ha colocado las pruebas y que sus perros no tiene la capacidad de detectar elementos probatorios luego de pasadas las 72 hs. Para la jueza María Gabriela Marrón las pruebas desaparecen en 72 hs. Estas observaciones son específicamente dirigidas a los elementos encontrados por Marcos Herrero en el puesto de vigilancia de Teniente Origone y en el móvil UPPL de la policía local, en donde la jueza Marrón asegura, por ejemplo, que: “al momento del hallazgo del amuleto el perro del perito de parte no tenía aptitud para oler rastros de la víctima”.

En el caso de Araceli Fulles, el victimario –su ex pareja–, efectuó fracturas en el cuerpo para que éste pudiera encajar en un pozo que realizó debajo de la mesa de la cocina de su casa. El victimario colocó cal en el cuerpo y lo cubrió con cemento. Alcón, uno de los perros rastreadores de Herrero, caminó casi diez cuadras de distancia hasta que entró en la cocina y comenzó a arañar el cemento. Desde la visión de la jueza María Gabriela Marrón ese proceder está viciado y no resulta concluyente dado que, al momento de hacer el hallazgo, ya habían pasado más de 72 hs desde el entierro de Araceli hasta su posterior hallazgo; peor aún, siguiendo el criterio de la jueza María Gabriela Marrón, Marcos Herrero se encargó de enterrar a Araceli para después inducir a Alcón a encontrar el cuerpo e incriminar a la ex pareja, Dario Badaracco. Es decir, desde la visión actual de la jueza María Gabriela Marrón, todos las pruebas que ha encontrado Marcos Herrero, en cada uno de los casos en los que ha participado, deben ser desestimadas, ya que cada uno de los hallazgos se ha producido luego de las 72 hs. En este sentido, Leandro Aparicio y Luciano Peretto, querellantes en el caso de Facundo Castro, detallan en un recurso presentado hacia la jueza Gabriela Marrón:

“A fin de demostrar la efectividad de su técnica puede citarse el caso de la búsqueda de Micaela Ortega en la ciudad de Bahía Blanca. En esa causa se habían realizado varias búsquedas con canes que quedaron inconclusas. Con posteridad de ellas el Sr. Herrero pudo encontrar el cuerpo de la niña. Asimismo pudo hallar 11 meses después evidencias de vital importancia que fueron usadas como prueba en el juicio oral (L. J. – homicidio calificado por haber sido cometido con alevosía, para procurarse la impunidad y habiendo mediado violencia de género; comunicación electrónica con persona menor de edad con el fin de cometer delito contra su integridad sexual (grooming) y robo). También da cuenta de la efectividad de la técnica de Sr. Herrero la búsqueda de Araceli Fulles en la que pudo encontrar el cuerpo de la mujer enterrado bajo cemento varios días después de su desaparición.”

Una jueza que desacredita de forma inverosimil pruebas concluyentes y contestes, un Director (de Defensa Civil) que no duda en insultar a Marcos Herrero y colocar en riesgo futuras investigaciones en nombre del encubrimiento a colegas, los propios camaradas de Marcos Herrero que lo acosan y lo amenazan por tener gestos de humanidad hacia los familiares de las víctimas. Las desapariciones forzadas resultan una de las mayores expresiones delictivas que nos permiten comprender de forma eficaz y esclarecedora la esencia genocida que habita en la institucionalidad nacional, una esencia que trasciende a cualquier gobierno y autoridad política de turno. Sólo es necesario observar con detenimiento y detalle como accionan las instituciones y los diferentes agentes del Estado para comprender cómo se efectúa un encubrimiento real y palpable, que es parte de una metodología que se muestra asombrosamente irrenunciable e impune.

Kulla | Tres

El cuerpo esqueletizado, la ropa intacta y la teoria del suicidio

¿Cómo puede ser que el cuerpo de Facundo aparezca sumamente deteriorado en un lugar (un cangrejal) y la ropa aparezca en otro prácticamente intacta? ¿Qué se supone que hizo Facundo? ¿Se sacó la ropa, corrió desnudo en pleno otoño y se tiró al río? Marcos Herrero está convencido que el cuerpo esqueletizado de Facundo Castro fue plantado, como también fue plantada la mochila.

“La mochila se la encontró con la remera de Boca con un círculo quemado, con el pantalón muy embarrado con un poco de sangre y la gorra totalmente sana. La zapatilla fue puesta en un circuito donde no tiene manchas hemáticas (hablando de sangre), no da señal que haya estado todo ese tiempo ahí (donde fue hallada), pero si los restos óseos. Nunca por la jueza ni por el fiscal de la causa me llegó un oficio para ir a trabajar a ese lugar”, asegura Marcos Herrero.

Sin embargo, como con Santiago Maldonado, desde los medios masivos de comunicación, la fiscalía de la causa y la justicia federal, se intenta imponer la hipótesis de que Facundo Castro se ahogó por propia voluntad o de forma accidental.

Meli | Cuatro

Las falencias en la investigación dentro del caso Facundo Castro, y el cementerio de la bonaerense

La labor de Marcos Herrero es ineludible, dada la especificidad y la autonomía de los perros adiestrados en el momento de encontrar las pruebas. Marcos Herrero trabaja con métodos específicos para el hallazgo y la búsqueda de personas.

“Mi perro va a ladrar, va a gemir o rascar si encuentra el olor a Facundo Astudillo Castro o manchas hemáticas, de sangre o fluidos que pueden ser semen humano, grasa humana, el cebo involucrado con un filamento de cabello, como así también puede ser el perfil de la piel y por último los restos óseos. Todo ésto lo identifica el perro. Entonces, el perro tiene la capacidad de identificarlo. Yo lo único que hago es brindarle muy bien la información y los casos de descomposición. En el caso mío nunca va a marcar un animal muerto, va a reconocer, identificar y marcar todo lo que es restos biológicos humanos. No trabaja sobre otra especie en común”.

Marcos Herrero estuvo en varios escenarios dentro del caso de Facundo Castro. En cada uno de ellos encontró negligencias. El día que fue hallada la sandía de madera Marcos Herrero reconoce que los perros de la Policía Federal indicaban ir hacia la derecha, pero que los guías los llevaban hacia la izquierda. “A todos los perros los tienen con correa. En cambio los míos se mueven libres. Cuando ellos ladran o gimen es porque han hallado algo». Por otro lado, en el lugar donde fue fotografíado Facundo Castro, Marcos Herrero reconoce que hay una casa rosada en donde fueron hallados, en cercanías a esta casa,  restos óseos que estaban quemados. “Le pedí a la federal que perimetrara esa zona, pero no lo hicieron. ¿Cómo sabemos que esos huesos, en todo este tiempo, no fueron removidos?” Y si bien esos restos fueron levantados por los peritos, aún los resultados de los mismos no han sido concluidos. De la misma forma que no han sido concluidos los restos óseos hallados en el cangregal. “Aparte de los restos de Facundo fueron hallados restos de dos cuerpos más. Un hombre y una mujer. ¿Vamos a tener que esperar a que digan que son de animales?”, se pregunta Marcos Herrero. Por último, Marcos Herrero asegura que en la camioneta inspeccionada en donde fueron hallados restos de pelo de Facundo, primero pasaron los perros de la Federal y luego los recursos de Gendarmería y no marcaron nada. Fue Yatel, el perro de Marcos Herrero, el que finalmente encontró las pruebas, una vez más.

Por más evidente que sea, todas las instituciones del Estado se coludan para proteger y defender el accionar de los agentes policiales implicados, dirigiendo, en el mismo ejercicio, las sospechas hacia la propia víctima, la familia, la querella y las personas que pudieran atentar contra esa institucional, como sucede, en este caso, con la labor de Marcos Herrero, que no duda, como perito de parte de la querella, en colocar toda su experiencia y conocimientos en función y beneficio de la verdad. Este ejercicio paralelo y sistemático resulta insoportablemente evidente. Un manual. El manual escrito para desaparecer a una persona en la Argentina. ¿Y si esos huesos, que no pertenecen a Facundo Castro, resultan ser parte de un cementerio (ilegal y privado) de la policía bonaerense?

Kechu | Cinco

La deshumanización y los perros empecinados en rastrear la verdad

Hoy, 30 de octubre, se cumplen seis meses de la desaparición de Facundo Castro. Son las cinco de la tarde. Estoy escuchando detenidamente el relato y los datos que me envió Marcos Herrero por celular. Leo su metodología de trabajo y escucho los audios donde diferentes autoridades se quejan de su labor y lo que esta labor produce. Resulta asombrosamente evidente que el reclamo de Marcos Herrero nace de la ausencia sistemática e ininterrumpida de humanidad, empatía y consideración por parte de las altas capas y los diferentes agentes de la institucionalidad estatal para con los familiares de las víctimas que esta misma institucionalidad estatal produce. Ahora bien, aquí convive una contradicción evidente. ¿Cómo exigir gestos de consideración y humanidad a espacios institucionales que han sido formados, desde la gestación del Estado Nacional, para despojar y exterminar a las personas originarias de estas tierras? ¿Cómo esa persecución étnica que nace con la Argentina –como Estado Nación– se revitaliza en cada nuevo caso contemporáneo de jóvenes de piel oscura y risa grande desaparecidos?

Cada vez que veo las fotos de Lucíano Arruga, Carlos Painevil, Daniel Solano, Sergio Avalos, Facundo Castro veo lo mismo: veo la foto de hermanos originarios; veo la foto de jóvenes aymaras, wichi, guaraní, mapuche; veo nietos y bisnietos de los abuelos y las abuelas perseguidas en la Campaña Expedicionarios al Desierto. ¿Cuántos años de odio racial se activan cuando los agentes de la policía ven pasar por la calle un joven pequeño de piel oscura y risa grande? ¿De qué forma se activa el principio de “Repoblar la Argentina” cuando estos agentes “ayudan” a exterminar a un nuevo joven de piel oscura y risa grande? ¿Es lo mismo pensar jurídica y discursivamente a un joven que es desaparecido forzosamente por una institución, a entender y argumentar que estos jóvenes son desaparecidos en un contexto de un etnocidio en movimiento como parte de un proyecto de país? ¡Tiene más sentido que el Estado Nacional argentino se comprometa a desaparecer personas que a encontrarlas! Y no cualquier persona, personas específicas.

Existe un odio irracional e incomprensible hacia personas determinadas que nace justamente con el nacimiento de este Estado Nacional y que reproduce cada agente estatal como parte de sus funciones burocráticas y cotidianas. Este odio resulta un principio vital de existencia. Quizás si, parados desde esta perspectiva (decolonial), podamos aseverar que la jueza María Gabriela Marrón tenga razón al asegurar que Cristina Castro (la mamá de Facundo), Marcos Herrero, Luciano Peretto y Leandro Aparicio son unos desubicados por intentar reclamarle algo al Estado Nacional por lo que no fue creado: desde 1879 el Estado Nacional se ha obstinado en desaparecer a jóvenes de piel oscura y risa grande. Y el Estado Nacional, con prolija exhaustividad, ha cumplido. Y si María Gabriela Marrón, entendió que los familiares y la querella de un joven de piel oscura y risa grande son unos desubicados, es probable que también comprenda que son unos traidores a la patria; una patria que como ya indique, nació del intento de asesinato y la desaparición de 36 pueblos ancestrales; una patria que hoy tiene en las vitrinas de sus museos a personas originarias que portan el rostro de Facundo Castro. Y si la jueza María Gabriela Marrón comprende que estas personas son desubicadas y traidoras a la patria, también pueda sostener que son unos terroristas. De hecho es lo que se está intentando argumentar, alegando que Marcos Herrero planta pruebas para incriminar a policías, comisarios, fiscales, jueces y ministros: la patria misma.

Es a la patria a la que se enfrenta una familia cuando decide salir a buscar a un joven pequeño de piel oscura y risa grande que el Estado Nacional argentino ha desaparecido. Por eso este documento, como así también el relato completo de Marcos Herrero y el futuro jurídico de esta causa, pueden representar una prueba más de la metodología eficaz y a la vez torpe que acciona el Estado Nacional hace más 140 años, cada vez que desaparece a un joven de piel oscura y risa grande. Quizás todas estas precisiones sean un aporte para llegar a la verdad, una verdad que se encuentra en el pasado y que tiene que ser, de una vez por todas, recopilada, visibilizada y sancionada. Hacia ese camino vamos, como perros empecinados en rastrear la verdad.

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