La autonomía en tiempos de pandemia

24.04.2020 - Neuquén, Argentina - Gustavo Figueroa

La autonomía en tiempos de pandemia
(Imagen de Gustavo Figueroa)

Sobre las prácticas emancipatorias de autonomía en un contexto de aislamiento social y económico

Neuquén, Puel Mapu. Desabastecimiento de alimentos, cierre de fronteras y limitación para andar en la calle. ¡Toque de queda! Perimetración y restricción de circulación para personas habitando barrios periféricos. Marcación de casas, persecución ideológica y “sacrificio” de personas mayores de edad. Presencia de fuerzas militares custodiando lugares estratégicos. Desaceleración de la economía, desinformación e incertidumbre generalizada. El contexto sociocultural y político es elocuente y no deja lugar a dudas. ¡Estamos en guerra!

Introducción

Doce reflexiones breves acerca de la vida, la muerte, la autonomía (alimenticia), la salud (ancestral), la educación (emancipadora) y la(s) identidad(es) que nos constituyen como che.

Kiñe | Uno

El break

Los nuevos juguetes del capitalismo necesitan más espacio. Por eso se nos exige que aguantemos la respiración para soportar el break laboral y pandémico; un tiempo de descanso, ínfimo y necesario para que el cuerpo del pueblo trabajador resista, se adapte y rinda al máximo, como fuerza de producción, dentro de esta nueva maquinaria neoextractiva colonial que se pretende insertar a fuerza de sacrificios humanos y atentados ininterrumpidos sobre cada una de las gotas de la naturaleza.

El capitalismo no se detiene. Como un auto entrando a boxes, el sistema económico–estratégico–comunicacional y militar ha llegado a un límite y exige cambios. El capitalismo redirecciona sus fuerzas, vuelca el peso sobre determinadas áreas, pero no se detiene. Cambian los operarios, la cantidad de horas presenciales dentro de los puestos de trabajo, incluso cambian las cúpulas directivas y los procesos. Aunque ¿qué pasaría si la maquinaria productiva excede la dimensión de la gran fábrica industrial y extractiva mundial que se mueve como un elefante dentro de un bazar (la imagen del “tren de satélites” en movimiento, viajando sobre el cielo, constituye una imagen icónica que todavía necesita ser entendida, interpretada y decodificada)?

Epu | Dos

Trafkintün: el lujo tiene forma de autonomía

En este break obligatorio muchas personas se vieron en más de una ocasión recurriendo a distintas labores artesanales, caseras y propias de la economía autogestiva (economía de subsistencia, según el capitalismo), como si la propia ciudadanía intentara viajar hacia el pasado en busca de un sistema económico más digno, humano e inclusivo. Por estos días amigxs, conocidxs y familiares de la warria (ciudad) han recurrido a tutoriales de YouTube y foros para construir huertas hidropónicas, viveros y alimentos en conserva. Por otro lado, soy conciente que las comunidades mapuche que habitan este territorio (Puel Mapu) nunca han abandonado las formas comunitarias de intercambio. Inclusive en las ciudades los y las más jóvenes retoman el intercambio de lawen (plantas medicinales), verduras y producciones artesanales por medio del trafkintün (trueque). ¿Por qué está economía no se podría sistematizar? ¿Por qué estos sistemas económicos milenarios no podrían perdurar y expandirse en las ciudades? ¿Por qué la ciudadanía debe depender de empresas foráneas, de un lugar de trabajo, de recibir determinadas órdenes, de llegar a un horario determinado? ¿Cuál es la relación entre la incapacidad de la ciudadanía argentina para revalorizar los saberes ancestrales y la imposibilidad (de esta misma ciudadanía) para acceder a un territorio?

En Argentina, en este contexto de aislamiento social, se ha comenzado a repartir a la ciudadanía un kit con semillas para sembrar en quintas familiares. Pero lo que nos falta es la tierra. En espacios reducidos sólo se puede cultivar determinados alimentos, pero nunca se podrá alcanzar la autonomía alimentaria. Los Estados Nación lo saben. Con estas medidas sólo se pretende institucionalizar la vida sin patio, en espacios reducidos, sin tierra.

Küla | Tres

Los Estados Nación deben devolver la tierra que nos usurparon, las semillas las sembramos nosotrxs

Los Estados Nación son los responsables de nuestra situación de miseria. Y con “nuestra situación”, me refiero a las comunidades mapuche reconocidas que viven en zonas rurales como también me refiero a las familias que habitan las periferias de las ciudades; familias que en muchos casos no se reconocen originarias, nativas, ancestrales, mapuche.

Las comunidades rurales y las familias periféricas no deberían depender de los Estado Nación para acceder a sus derechos, a una medicina de calidad, a una  alimentación digna, a agua libre de pesticidas. Ellos, los Estados Nación, deben devolver la tierra que nos arrebataron; ellos han sido los grandes usurpadores de nuestro territorio, los responsables de venderla a precios indignos, de apropiársela para lucrar con proyectos inmobiliarios.

En la tierra está nuestro derecho a ser dignos y portar una identidad cultural y simbólica; en la tierra de nuestrxs kuyfikeche (antiguos), está nuestra medicina y la sabiduría espiritual que necesitamos para ser gente; en el territorio está el sonido de las cosas vivas y nuestra lengua materna; en la tierra está el lawen y nuestrxs alimentos. Finalmente la vida, con relación a la tierra y el territorio, siempre se ha desarrollado en lugares estratégicos, determinados por los afluentes de agua dulce.

Meli | Cuatro

El neoextractivismo colonial y la vigilancia digital

El proceso de exterminio y aislamiento que somete en la actualidad a Palestina pareciera querer expandirse sobre todo el mundo como un futuro de posguerra poco promisorio; hablo de un futuro de posguerra en donde también el petróleo y el desarrollo neoextrativo siguen presentes comandando y determinando la (no) vida. Y si muchos autores, intelectuales y periodistas insisten, por estos días, con la idea de que la pandemia ha irrumpido en la realidad para marcar un momento de transición entre el fin y el comienzo de un nuevo bloque histórico, personalmente me interesa hacer foco en la relación que existe, en la actualidad, entre la extracción de materia prima (commodities) en Argentina (como ventana y espejo de otras situaciones en el mundo), el despojo territorial hacia comunidades mapuche y el avance de sistemas tecnológicos y comunicacionales, que puedan operar como centros de control y vigilancia del mercado transnacional extractivo (tecnología 5G). Es por ello que, como si se tratará de un juego de palabras, articulo los conceptos de neotractivismo, colonialismo y vigilancia digital, entendiendo que no necesariamente todos los autores comprenden el concepto de neoextractivismo como una práctica colonial, más bien sí represiva, pero no usurpadora. La usurpación de los territorios, la extracción de la materia prima, el daño a los sistemas acuíferos y la posterior dependencia de los pueblos ancestrales hacia los Estados Nación son todas partes de un mismo proceso colonial; un proceso colonial que se actualiza en nombre de las leyes del mercado.

Kechu | Cinco

El nuevo orden del mundo

¿Y si la amenaza del Covid–19 se convierte en un estado permanente? ¿Y si este estado de aislamiento o semiaislamiento vigilado es el nuevo orden del mundo? ¿Cómo impactará en la salud, el espíritu y la vida de las personas la implementación de un neoextractivismo colonial y digital; un extractivismo colonial y digital que necesita cada vez más atacar a los elementos de la naturaleza (ríos, bosques, montañas, lagos, a las propias personas)? ¿Y si un día el color de los árboles es modificado con un control remoto?

Kayu | Seis

Las paredes del conocimiento

El sistema educativo nacional nunca nos enseñó a observar el cielo, ni a trabajar la tierra, ni a pensar nuestro cuerpo por fuera de la lógica reproductiva. El sistema educativo nunca nos habló de la vida espiritual que existe en el curso de un río, en el vuelo de un cóndor o la erupción de un volcán. El sistema educativo occidental nunca nos enseñó que nos habita más de una persona y que todas los elementos de la naturaleza tienen, en esencia, nuestra misma composición. La escuela occidental nunca nos enseñó que en nuestro pasado reside nuestra lengua materna y que a esa lengua materna la debemos (buscar) aprender y resignificar en la práctica cómo parte de un dispositivo cultural, político y discursivo identitario.

Las instituciones educativas de los Estados Nación se parecen mucho más a los campos de concentración donde mantuvieron cautivas a nuestras familias, que a los espacios ceremoniales educativos en donde los pueblos nativos de Abya Yala imparten conocimiento y saberes ancestrales.

En este contexto, hoy el aislamiento sistemático y mundial que propone el neoextractivismo colonial y digital obliga e impulsa a las poblaciones de los diferentes continentes a tener una dependencia económica digital casi imposible de rebatir. Docentes de todo el mundo, empleados administrativos, redes de compra y venta se ven comprometidos a sobrevivir dentro del intercambio de saberes y productos por medio de plataformas on line. ¿Cuál es la relación existente entre los modelos educativos (que reproducen la episteme colonial) y la vigilancia digital? Ya lo sabemos: los modelos educativos siempre han reproducido los modelos económicos dominantes.

Un día las escuelas, las instituciones educativas y las universidades se convertirán en un rewe (espacio ceremonial mapuche en donde circula el conocimiento), prescindiendo de las paredes y el concreto que pretende el encierro filosófico, espiritual, discursivo, epistémico occidental.

Regle | Siete

Las cuatro identidades que nos habitan como che (gente)

¿Se puede enfrentar al patriarcado planteando, desde los saberes ancestrales, que en cada persona habita una niña y una abuela; un niño y un abuelo? ¿De qué forma estos saberes milenarios pueden responder a las prácticas de poder que ejerce históricamente la cultura occidental sobre los pueblos de Abya Yala? ¿De qué forma este abordaje (las cuatro identidades que constituyen al ser mapuche) puede deconstruir la construcción de identidad que han ejercido los Estados Nación sobre los pueblos ancestrales que aún habitan Abya Yala? Imaginemos a un pibe de barrio, o a un jugador consagrado en el fútbol (tomemos como ejemplo a Diego Maradona o al Kun Agüero) o incluso pensemos en un empresario y mandatario político reconocido (Hugo Moyano, por citar sólo un caso) asumiendo que habita en ellos una niña y una abuela. Más realizable y palpable aún, pensemos este planteo, dentro de un aula, en una instancia en donde sean interpelados adolescentes de un tercer año de un secundario. Pensémoslo también dentro de un espacio cultural barrial o en un centro de rehabilitación en donde la violencia es el intercambio más fluido y cercano. ¿Puede ser este planteo el inicio de una práctica emancipadora concreta y real? A partir de este planteo, ¿qué lecturas se pueden desprender desde las identidades disidentes e intersex?

Pura | Ocho

El sacrificio de vidas improductivas

Mientras  los pueblos ancestrales reinvindicamos una y mil veces el saber y el conocimiento de nuestrxs mayores, ligados íntimamente a la observación del mundo cercano que los acompaña, la filosofía occidental dentro del capitalismo acaparador y excluyente decide sistemáticamente sacrificar la vida de estos mayores para salvar un sistema  económico deshumanizado. Recientemente, en referencia al derecho a la logevidad, el presidente argentino Alberto Fernández sentenció: “las personas buscan la eternidad y eso es muy costoso”, una frase que nos hace recordar a la Directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Legarde cuando afirmo (2012) que era necesario hacer algo, porque “los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global”.

Aylla | Nueve

El tiempo

Durante este primer mes de aislamiento (en Argentina), hemos descubierto que, entre otras cosas, el tiempo es un lujo que pocxs pueden aprovechar y disfrutar “distendidxs” en un lugar confortable (cubierto, con agua caliente, una heladera llena de alimentos y un sueldo que se deposita religiosamente en una cuenta bancaria). Paradójicamente descubrimos que nos falta la tierra para alojar todo ese tiempo; y que si tuviéramos la tierra muchos más podrían estar “distendidos” y “distendidas” en este transitar del tiempo, en donde la dependencia estatal es determinante. Tenemos el tiempo para destinarlo a un huerto y tenemos todo el tiempo del mundo para cocinar un manjar saludable y orgánico, pero carecemos de la tierra.

Marí | Diez

El eluwün mapuche y la imposibilidad de velar a los muertos en la ciudad

Lejos de las ceremonias mapuche para despedir a un familiar que ha fallecido (eluwün), en las ciudades del mundo muchas familias de víctimas del Covid–19 se ven impedidas de velar a sus muertos; se ven impedidas de dar un último saludo simbólico y espiritual. Es ahí, en la unión entre la vida y la muerte, donde la representación espiritual y simbólica se hace presente tanto en la(s) cultura(s) ancestral(es) como así también en las culturas coloniales. Pero por alguna o muchas razones los Estados Nación intentan desvincularnos, inclusive, de esa ceremonia íntima, sagrada y trascendente.

Marí Kiñe | Once

Las resistencias

Cada vez que decimos “el agua es vida” nos estamos enfrentamos al capitalismo y a las nuevas formas del extractivismo colonial. No necesitamos teorías europeas para emanciparnos, como tampoco necesitamos generar nuevas formas de emancipación sabiendo que aún habitan en nosotrxs una sabiduría milenaria que nos deviene del pasado y que actúa en comunión con la naturaleza.

En la recuperación de las tierras arrebatadas y usurpadas está la emancipación. En la reconstrucción de las identidades ancestrales y las historias del pasado está la emancipación. Dentro de la historias de nuestras abuelas y nuestros abuelos reside también la emancipación. Por lo tanto, la sabiduría reside en nuestrxs mayores, la lectura del pasado y la contemplación de los ríos, los pájaros y los árboles.

Marí Epu | Doce

Como si la muerte nos viniera a advertir sobre la vida

Como si estuviéramos ante las puertas de la muerte los elementos de la naturaleza, las personas y los lugares más valiosos de la vida se nos presentan como una visión fugaz y efímera que debemos intentar contemplar, contener y reinvindicar para que, en un futuro próximo, podamos enfrentar el mundo que nos intenta acorralar y arrinconar de forma silenciosa, aunque avasallante. El contacto familiar, los gestos de solidaridad, los valores de justicia y ternura se hacen eco en todas las pantallas de los celulares del mundo. La imponencia del curso de un río, el vuelo de un ave milenaria sobre una ciudad vacía, un cardumen de peces nadando por la aguas contaminadas de un riachuelo (en Buenos Aires), el sonido de las hojas de los árboles en otoño, el olor a tierra mojada mientras vemos aparecer el brote de una verdura en el fondo de nuestra casa, completan el escenario onírico de una película que vemos en tiempo real y que no deja de proyectar advertencias precisas. Cada una de estas imágenes puede representar un signo índice de la muerte que se avecina, como también pueden representar, cada una de ellas, las trincheras de resistencia donde refugiarnos y defender un mejor modelo de comunidad para el mundo. Hoy, más que nunca, ante nosotrxs, la vida y la muerte.

Categorías: Cultura y Medios, Opiniones, Pueblos Originarios, Sudamérica
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