Las líneas de transmisión de electricidad pasan junto a la casa de Chiedza Murindo en Murombedzi, un pequeño pueblo del distrito de Zvimba, en la norteña provincia de Mashonaland Occidental, pero su casa no está conectada a la red eléctrica, como sucede con la mayoría de los hogares rurales de Zimbabue.

En las poblaciones rurales de este país sudafricano, solo 13 % tiene suministro de electricidad, frente a 83 % de los habitantes urbanos.

Harta de la pobreza energética que la rodea, Murindo se convirtió en uno de los primeros residentes en el área rural de Zvimba en adquirir un sistema solar doméstico de tres luces de PowerLive Zimbabwe.

Esta empresa social, dirigida por mujeres, se dedica a vender, distribuir e instalar sistemas de energía solar con un modelo de pago por uso a los hogares rurales sin conexión a la red.

“El (sistema) Home 60 tiene tres luces, incluida una luz con sensor. Ahora mismo no tenemos electricidad, así que utilizamos el sistema para iluminar la casa, cargar los teléfonos y la seguridad por la noche. Nuestros vecinos que no tienen el sistema también vienen a cargar sus teléfonos con nosotros”, explicó a IPS.

Murindo, profesora de la escuela secundaria Sabina Mugabe de su localidad, es una de las docenas de mujeres que PowerLive Zimbabwe ha contratado para vender e instalar sus productos.

“Recibo una comisión por las ventas que hago al comercializar y vender los sistemas solares, así que eso aumenta mis ingresos y me ayuda a poner comida a la mesa”, explica la docente rural.

Sharon Yeti, fundadora y directora general de PowerLive Zimbabwe, afirma que 75 % de los trabajadores de su empresa son mujeres, y 85 % de los 40 agentes de ventas también lo son, al igual que 40% de los técnicos o instaladores de sus sistemas.

“Siempre he querido hacer algo para capacitar a las niñas. El cómo vino después. Pero al haber trabajado en una empresa de energía solar, pensé que podría proporcionar sistemas solares a las zonas rurales sin conexión a la red, con mujeres como agentes de ventas”, explicó Yeti a IPS.

La razón de esa estrategia es que “después de todo, las mujeres se ven más afectadas por la pobreza energética”, precisa la máxima ejecutiva de la empresa fundada en 2018.

Yeti asegura que el proyecto ha elevado el nivel de vida de muchos hogares, en particular de las mujeres, cuya autoestima ha crecido porque pueden tener ingresos propios o incrementarlos.

Los niños también se benefician porque pueden estudiar cuando cae el sol, mientras la salud de las personas ha mejorado al alejarse del uso tóxico de la iluminación basada en combustibles fósiles.

Desde su creación, la empresa de energía ha distribuido 4789 sistemas solares domésticos a más de 20.000 hogares en 10 distritos del país.

El proyecto no se limita a la iluminación por energía solar, sino que distribuye productos movidos por esa fuente renovable para usos productivos de los más diversos, como bombas de agua, frigoríficos, cortapelo o entretenimiento.

Una mujer instala electricidad en una vivienda rural de Zimbabue. Un proyecto de energía solar creado y desarrollado por una mujer, Sharon Yeti, está orientado a clientas femeninas, y beneficia a mujeres como agentes de ventas y técnicas. Foto: PowerLive Zimbabwe

Según el Banco Africano de Desarrollo, el continente tiene el mayor porcentaje de mujeres empresarias del mundo. Pero ellas se enfrentan a un cóctel de problemas específicos de género para acceder a la financiación (que sufre un déficit) de unos 42.000 millones de dólares.

La empresa de Yeti es una excepción para establecer un nuevo emprendimiento. PowerLive tuvo una suerte especial en el acceso al financiamiento, ya que en 2020 obtuvo una subvención de 350.000 euros de un financiador de energía limpia, EEP Africa.

Luego, a finales de 2020 y de 2021 consiguió una combinación de 400.000 dólares del proyecto Financiamiento de Asistencia para el Acceso a la Energía (AERF, en inglés) y del Fondo de Financiación Distribuida (DFF, en inglés).

“La financiación nos ayudó mucho, para comprar más sistemas, emplear a más agentes de ventas y contratar a más personas y pagar los sueldos cuando estuvimos paralizados durante siete meses” por la pandemia de covid-19, contó Yeti.

Por esa razón, “hasta diciembre de 2020 no habíamos hecho ninguna venta, y aunque estábamos pagando los sueldos, no teníamos ingresos, nuestros clientes no pagaban y nuestras existencias se habían agotado. Así que era un reto”, detalló.

Fue entonces cuando PoweLive obtuvo financiación de la AERF, “destinada a ayudar a las empresas afectadas por la covid-19”, dijo.

“Llegó justo en el momento en que yo empezaba a pensar que teníamos que empezar a reducir el tamaño, pero no lo hicimos, y lo mismo ocurrió con la financiación del DFF. Simplemente nos ayudó a conseguir más existencias y a mantener a la gente”, afirmó.

Dorothy Hove, directora ejecutiva de la Red de Centros de Recursos para las Mujeres, una organización de género y desarrollo, asegura que los costes de establecimiento de las opciones renovables disponibles de energía, como la solar, siguen siendo elevados para los hogares rurales.

A ello se suma, detalla, que los pobladores rurales son reacios a cambiar fuentes de energía tradicionales por aquellas de tecnología moderna.

Es un hecho que las niñas y las mujeres son las principales responsables de la mayor parte del trabajo doméstico, pero el acceso a las alternativas energéticas modernas no es suficiente para garantizar la igualdad de género, puntualiza la activista.

“Las mujeres pueden desempeñar un papel fundamental en la transición energética verde como consumidoras responsables, sobre todo en el hogar, pero también en las empresas y en la formulación de políticas, donde faltan medidas para apoyar un mayor acceso de las mujeres a las energías renovables limpias y asequibles”, dijo Hove.

A su juicio, “el empoderamiento y el liderazgo de las mujeres en el sector de la energía podrían contribuir a acelerar la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono, promoviendo la energía limpia y un uso más eficiente de la misma, así como ayudar a abordar la pobreza energética”.

“La transición justa también debería incluir una perspectiva de género, para garantizar la igualdad de oportunidades tanto para hombres como para mujeres en la fuerza de trabajo”, destacó.

Según un informe de 2019 de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), las energías renovables emplean a cerca de 32 % de las mujeres en todo el mundo, frente a 22% en el sector energético en general.

En Zimbabue, Hove calcula que las mujeres representan menos de una cuarta parte de los empleados del sector energético, porcentaje que disminuye con los niveles de antigüedad.

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