El gran desastre de la industria de alimentos

11.07.2020 - Mauricio Alvarez

El gran desastre de la industria de alimentos
Frankie Cordoba Unsplash (Imagen de Frankie Cordoba Unsplash)

El impacto sobre nuestra salud

“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”, es un conocido aforismo atribuido a Hipócrates, padre de la Medicina. 2400 años después; ¿qué le queda a la humanidad de esta maravillosa enseñanza? Prácticamente nada. La gran mayoría de los habitantes del planeta ha delegado la producción, el tratamiento y la distribución de sus alimentos a organizaciones que, animadas por la búsqueda de rentabilidad y utilidades, nos han llevado hacia un gran desastre ecológico, social y sanitario. Si dicha situación perdura, no es solo nuestra salud la que está en riesgo, sino también la existencia misma de cientos de miles de especies en todo el planeta.

Pressenza propone una serie de artículos que brindan un panorama general de las diversas problemáticas relacionadas con la agroindustria y que permiten abrir nuevas perspectivas con propuestas e iniciativas esperanzadoras que florecen cada día alrededor del mundo.

En este primer artículo analizaremos el impacto de las prácticas de la industria de alimentos en nuestra alimentación y salud.

¿Qué es la agroindustria y porqué puede ser perjudicial para nuestra alimentación?

La agroindustria hace relación a la transformación y procesamiento de materias primas naturales procedentes de la agricultura, la actividad forestal y la pesca. A priori nada de fundamentalmente perjudicial. Sin embargo, existen tres factores mayores que afectan directa o indirectamente nuestra alimentación y, por ende, nuestra salud:

El primero de ellos es el hecho de que numerosas compañías agroalimentarias abusan de los procesos de transformación, generando alimentos cuyas beneficios nutricionales se ven fuertemente disminuidos. En occidente por ejemplo, los alimentos ultra-transformados constituyen la base del régimen alimenticio, creando un terreno favorable al desarrollo de enfermedades crónicas.  

El segundo, es la capacidad que han desarrollado las empresas agroalimentarias para convencernos de que sus productos son nutritivos y buenos para su salud, y que además, nos permiten economizar tiempo para hacer cosas más importantes que cocinar. De hecho, la fuerza y la precisión de sus campañas de marketing y comunicación no dejan nada al azar, y logran generar cambios de comportamientos en nuestra forma de consumir.  

El tercero, es consecuencia del alto nivel de competitividad del mercado que comenzó en el siglo XX, y que trae como consecuencia la reducción de los costos de producción. Esta hiper-competencia, ha empobrecido considerablemente la calidad nutricional de nuestros alimentos hasta el punto de que los micronutrientes que eran abundantes han desaparecido. Los alimentos han conservado sus calorías y parte de sus proteínas, pero no el resto.

¡Eres lo que comes! (1) 

La alimentación mantiene una estrecha relación con nuestro estado de salud, pero; ¿Qué tanto sabemos de los alimentos que consumimos? Desafortunadamente, no lo suficiente. La gran mayoría de los habitantes de zonas urbanas y, una buena parte de los que residen en áreas rurales, compran productos alimenticios en tiendas de proximidad o en supermercados. Al escogerlos, damos prioridad, a aquellos con los precios más bajos o a ciertas marcas reconocidas. En lo que se refiere a la compra de frutas y legumbres, nos inclinamos simplemente por aquellas que tienen una mejor forma y color, es decir las más atractivas visualmente. 

Es importante anotar que, en ambos casos, los consumidores somos sujetos a la buena fe de una serie de intermediarios, que saben que muy pocas personas, se tomarán el tiempo de investigar seriamente todo lo que se encuentra “detrás del escenario”.

Para entender mejor el problema de la transformación de los alimentos, tomemos un caso concreto, el de un Yogur con manzana para niños vendido por una gran marca multinacional (2). Propongo que traten de imaginar los ingredientes de este tipo de producto y los beneficios nutricionales para sus hijos; ¿Lista-os? Pues bien, detrás de un embalaje atractivo, el producto que hemos escogido contiene 21 ingredientes y 2 colorantes. Un solo botecito de 150 gramos contiene casi el total del azúcar máximo para un niño: 12 gramos y tan solo contiene un gramo de fruta, mientras que los dos colorantes tienden a provocar cambios en la conducta en niños, como hiperactividad y déficit de atención. Es importante precisar que fabricando este mismo producto en casa, hubiéramos necesitado tan sólo 3 ingredientes: leche, cultivos lácticos y un poco de manzana; la diferencia es sorprendente.

Algunos dirán: “es tan solo un caso particular”. Sin embargo, este ejemplo sirve para llamar la atención sobre nuestra responsabilidad al momento de escoger nuestros alimentos. A partir de hoy, los invitamos a observar atentamente los ingredientes de los productos que desean comprar y a tratar de entender el impacto de cada uno de ellos en su salud y la de sus hijos. Puede parecer tedioso al principio, pero en muy poco tiempo obtendrán mejoras sustanciales en la calidad de su alimentación.

Vale aclarar, que no solo en los alimentos visiblemente transformados hay problemas, también existen riesgos al comprar una fruta o una legumbre, es decir con productos que a priori parecen saludables y naturales. Veamos el caso de las fresas, según la organización sin ánimo de lucro Environmental Working Group (3), especializada en la investigación sobre los productos químicos en los alimentos que consumimos, Más del 98% de las muestras de fresas dieron positivo en residuos de, al menos, un pesticida. Una sola muestra de fresas mostró 20 plaguicidas diferentes. Esto sin hablar de los aditivos y conservadores necesarios para mantener los alimentos frescos en buenas condiciones desde su recolección hasta el momento de su llegada al punto de venta. 

Les sugerimos leer este artículo de La Vanguardia : Las 12 frutas y verduras que más pesticidas contienen 

La mala nutrición, una de las principales causas de mortalidad

Según un estudio publicado por la revista médica «The Lancet» en 2017 (4), 11 millones de personas murieron en todo el mundo debido a la mala nutrición, lo que representa una de cada cinco muertes. Según el estudio, este resultado alarmante es debido principalmente al consumo excesivo de sal, azúcar y carne, sumado a la deficiencia en el consumo de granos enteros y frutas.

Las causas de estas muertes incluyen 10 millones de muertes por enfermedades cardiovasculares, 913.000 muertes por cáncer y casi 339.000 muertes por diabetes tipo 2. Las muertes relacionadas con la dieta ha aumentado de 8 millones en 1990, en gran parte debido al aumento de la población y el envejecimiento de la población.

Es importante tener presente que una alimentación desbalanceada, a base de productos ultra-procesados, combinada con un estilo de vida sedentario, aumenta fuertemente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, de cáncer o de diabetes de tipo 2, a menudo asociadas a la obesidad. 

Cabe anotar que la mayoría de las empresas agroalimentarias agregan sal, azúcar o grasas en sus productos, con el fin de conservar, realzar el sabor, mejorar el color o la textura. Estos ingredientes pasan casi desapercibidos, pero terminan afectando nuestra salud.   

Todos somos responsables de ésta situación crítica

En este artículo hemos analizado el impacto de la agroindustria en la calidad de nuestra alimentación y salud. Ya pudimos ver algunos factores y ejemplos que ponen en evidencia la responsabilidad de las compañías agroalimentarias en la degradación global de nuestra alimentación. 

También podríamos suponer que los gobiernos tienen la responsabilidad de actuar para reducir las consecuencias nefastas que generan las empresas agroalimentarias en la salud pública, pero estos no parecen estar suficientemente interesados en el asunto, seguramente debido a los lobbies y al peso económico que representan dichas compañías.

Finalmente, la mayor responsabilidad recae sobre cada uno de nosotros, ciudadanos consumidores, quienes deberíamos adoptar una actitud más activa al momento de escoger nuestra alimentación. Si todos boicoteamos los productos que no respetan las condiciones mínimas para mantener una dieta natural, sana y balanceada, las empresas que los producen, se verán obligadas a modificar sus prácticas.  

A continuación, sugerimos una serie de prácticas simples que pueden tener un impacto positivo en nuestra dieta y salud:

Favorecer los productos orgánicos, es decir aquellos alimentos que se cultivan, crían y procesan utilizando métodos naturales, que no contengan aditivos químicos ni compuestos sintéticos.

Actualmente, existe una tendencia mundial en el desarrollo de cultivos orgánicos y de los cultivos en casa. La demanda está en crecimiento continuo, al igual que el número de productores. Sin embargo, según la FAO, el crecimiento futuro de la agricultura orgánica dependerá de las restricciones en el suministro, más que de los cambios en la demanda. Hasta el momento, la tendencia ha reflejado que la demanda crece más rápido que el abastecimiento,

Leer sistemáticamente las etiquetas, prestando atención a los ingredientes, los conservantes y los aditivos: Puede parecer difícil y tedioso al principio, pero poco a poco irán adquiriendo experiencia. Limiten aquellos alimentos con una lista demasiado larga de ingredientes y que no se conocen/entienden. Eviten los productos con aditivos. 

Este artículo les puede ser útil para comenzar : ¡No coma cuento! Así es como debe leer las etiquetas de los alimentos

Preparar sus propios alimentos en casa: Eviten en lo posible comprar productos procesados o listos para consumir; son bajos en nutrientes, ricos en grasas, sal, azúcares y aditivos. 

Te proponemos leer el siguiente artículo: Dejar de cocinar nos está matando: siete beneficios de hacerte tu propia comida

Iniciar un cambio progresivo hacia lo natural: Si se consideran adictos a los alimentos procesados de todo tipo (platos preparados, carnes procesadas, galletas, dulces, etc). Pueden ir modificando progresivamente sus hábitos alimenticios. Empiecen por sustituir un alimento procesado por una materia prima natural, luego otro, etc., y luego un tercero.

Por ejemplo, pueden empezar por complementar su comida con una fruta fresca, en lugar de un yogur de frutas o de unas galletas de chocolate.

NOTAS:

  1. Eres lo que comes: La dieta que cambiará tu vida. Título del libro de la Dra. Gillian McKeith
  2. https://elpoderdelconsumidor.org/ Radiografía de… Yogurt Yoplait Yopli con manzana (150 g., un botecito)
  3. https://www.muyinteresante.es/ ¿Cuáles son las frutas y verduras con más pesticidas?
  4. Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990–2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017 https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(19)30041-8/fulltext
Categorías: Ecología y Medio Ambiente, Salud, Sudamérica
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