¿Tenemos un virus en nuestro cuerpo?

25.04.2020 - Rédaction Paris

Este artículo también está disponible en: Francés

¿Tenemos un virus en nuestro cuerpo?

En este momento tan particular y extraordinario que estamos viviendo, más de 2 mil millones de seres humanos confinados están teniendo la misma experiencia, que probablemente sea la primera en la historia de la humanidad.

Una experiencia trágica y dolorosa que altera nuestro mundo interior, nuestra vida cotidiana, nuestros hábitos, nuestras relaciones, nuestra forma de vida, nuestras creencias, nuestros logros, nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, nuestras almas, y también el tiempo y el espacio.

Por dentro, ya nada está en su lugar.

Con esta conmoción casi total, me pareció que todos nosotros, los 2 mil millones, probablemente compartimos las mismas emociones.

Entonces les pedí a algunos de mis amigos que compartieran estos importantes sentimientos.

No un simple testimonio, más bien una vía de comprensión que puede permitirnos salir de una crisis emocional.

Testimonio de Ginette Baudelet

Con la finalidad de compartir una experiencia pasada que me inmunizó por completo contra el miedo de «partir», me tomé el tiempo durante este período de confinamiento, para preguntarme sobre una incoherencia muy humana:

Se dice que los que mueren van a un mundo mejor. ¡Sin embargo, entre los que se quedan, ninguno quiere irse!

Y al contrario, nuestro mundo es considerado un valle de lágrimas, ¡incluso aquellos que están allí no quieren irse!

En el lenguaje de las aves que les era tan familiar, los alquimistas lo habrían traducido como: en el cuerpo tenemos un virus, una forma de jugar con las palabras, de reorganizarlas sin desviar su significado, lo que permite en estos tiempos difíciles una desdramatización de la situación, sin minimizar su gravedad. Y he notado, desde que esta pandemia nos afectó, que cada vez más de nosotros estamos intercambiando textos, imágenes, fotos que están teñidas de humor. Una sorprendente paradoja: ¿es alarmante? Hay tanto para reírse, pero hoy, en este contexto de pandemia y las desgracias que genera, hay algo para preguntarse.

¿Por qué elegir ser espiritual en este tiempo de epidemia?

– ¿El inicio de la sabiduría? Si el virus nos va a afectar, estresarse antes no sirve de nada, o en el caso contrario, es inútil estresarse. Y luego, para mantenernos saludables, tomemos la enfermedad como una gripe, y a la gripe… ¡no la hagamos una enfermedad!

– O el reflejo de supervivencia para exorcizar los miedos. ¡Algunos le temen a la muerte, mientras que otros ya están muertos de miedo frente a la idea de morir! Si bien este es un hecho biológico y natural, la única certeza que tenemos en este mundo.

No elegí ser espiritual, pero está claro que es difícil para mí mantener una seriedad que equiparo a una negativa a apreciar el placer de vivir.

Lo que es destacable en estos tiempos de confinamiento global es el lado bueno de las cosas, y además: el fortalecimiento del vínculo social, los intercambios que se multiplican en todas las redes sociales, la necesidad de tener noticias de los seres queridos, una solidaridad que nos compromete con los más pobres, etc. En este contexto de contagio, podemos ver que estamos fortaleciendo las defensas de nuestra comunidad, de una forma u otra para fortalecer nuestra inmunidad colectiva. Sin olvidar el viejo adagio de que nada como un enemigo común para reconciliarse: hoy se llama Covid-19.

Este período de reclusión en el hogar tiene como corolario la oportunidad de abandonarme a una introspección a menudo aplazada pero necesaria, la  meditación. ¿Qué actitudes mentales he priorizado hasta ahora y cuáles elegiré para mañana? ¡Mi primera prioridad siempre ha sido el ser humano más que el dinero, y las circunstancias actuales sólo han reforzado esta indiferencia hacia lo material, indiferencia que me ha hecho sentir bien! Y luego la vida, la vida que vale la pena vivirla a pesar de todo.

¿Y la muerte? Evocada diariamente por los medios de comunicación, ya no me molesta, sino que me recuerda a un cuestionamiento que di por terminado hace varios años y del que salí definitivamente curada. En 1989, la asociación IANDS France* reclutó psicólogos en formación para recopilar comentarios de aquellos que habían tenido una experiencia de muerte inminente (conocidos como Experimentadores). Tuve la oportunidad de entrevistar a algunos de ellos, quienes declararon que ya no tenían miedo a la muerte después de haber pasado 4 etapas en un intervalo en el que fueron declarados clínicamente muertos, antes de regresar a sus cuerpos.

1) Salida del cuerpo físico.

2) Flotación, elevación, visión de 360 °.

3) Transición simbólica: cruzar un túnel, un embudo, un río, etc.

4) Aproximación a la Fuente de Luz, o conciencia cósmica (Dios, Amor, o Cristo, o Luz), es decir, una energía espiritual pura; en su presencia desaparecen todos los sentimientos negativos, así como todo miedo o culpa.

Algunas aclaraciones necesarias sobre la cuarta etapa.

La persona está en un espacio circular indefinido donde su visión se extiende a 360 °; aparecen todos los actos de su vida, de manera similar a las pinturas, pero vivos, es decir que los actos representados van acompañados de los sentimientos que se sienten al realizarlos. Aquí es donde todos tienen la opción de integrar o rechazar las experiencias vividas, esta elección determina nuestro eventual regreso a la Tierra para «corregir» lo que fue mal experimentado (karma). Ningún Dios antropomórfico estaría allí para juzgarnos, sería más bien una inteligencia superior de la que llevamos una chispa dentro de nosotros y que manifestamos en nuestros actos de amor, compasión, altruismo, amabilidad.

Así que ahora, con el confinamiento obligado, me tomé el tiempo de ir a consultar lo que aprendimos de las enseñanzas esotéricas; las que  anuncian un cambio de mundo debido a nuestra entrada en la era de Acuario, un nuevo mundo que se supone que disipa el miedo a la muerte nos asegura la continuidad de la vida y la conciencia en el más allá. De hecho, no podemos tomar como insignificantes los numerosos testimonios que nos llegan desde el más allá como prueba de la perpetuación de la vida, las librerías abundan en obras sobre el tema y conocen un avivamiento del interés por parte del público.

Apostamos a que el fin del confinamiento también ponga fin a la locura del mundo que actualmente afecta los ámbitos sociales, ecológicos, políticos y económicos; entonces ahí surgirá una sabiduría, fruto de nuestras meditaciones, con una impronta de espiritualidad, sin religiosidad, pero rica en un sentido del humor creativo y saludable, de un amor incondicional, nunca más el miedo a morir, y abriendo el camino a un alegre deseo de vivir.

* IANDS : International association for Near Death Experience.

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Ginette Baudelet tiene una maestría en psicopatología, fue asistente de vida de ancianos y es traductora de Pressenza.


Traducción del francés por Maria Paula Alvarez

Categorías: Europa, Humanismo y Espiritualidad
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