Milagro Sala: crónica de una visita a la cárcel de Güemes

14.08.2018 - Redazione Italia

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Milagro Sala: crónica de una visita a la cárcel de Güemes

Desde hace algunos días, Milagro Sala vuelve a estar detenida arbitrariamente en la cárcel de Güemes, en Salta, a pesar de las normas internacionales y nacionales que han exigido reiteradamente el arresto domiciliario a la espera de que se celebren los diversos juicios ad hoc. El líder social de Tupac Amaru respondió a esta nueva ofensiva con una huelga de hambre de protesta y una carta denunciando la persecución política de los opositores (no sólo la suya) mientras “nuestro querido país se vende al FMI”. Reportamos este testimonio de Raúl Noro, su compañero desde hace muchos años, también inculpado por estar entre los líderes de Túpac Amaru, en la visita que tuvo lugar ayer.

Llegamos a la prisión antes del mediodía. Hicimos las gestiones de documentación, luego pusimos su ropa y otros artículos sobre la mesa para que los revisaran y fuimos guiados a una sala interior para encontrarnos con ella.

Apareció como siempre cariñosa y atenta a cada detalle.

Nos advirtió que seguía en huelga de hambre: sólo bebía líquidos. Lo sabíamos y por eso no trajimos comida sólida para el almuerzo. Sólo botellas de agua mineral. Nos abrazó a sus hijos y a mí y nos sentamos a hablar, en un pequeño patio al lado.

Su nieto Amaru, empezó a jugar con ella, construyendo aviones de papel que volaba con su abuela: uno cayó sobre mi cabeza pelada, haciendo reír a todos.

En un momento me confesó: “Estoy en una celda sola y aislada…”. Nos ofrecimos a traerle una televisión y una radio; se negó y dijo con firmeza: “Si acepto eso, significa que tengo que quedarme”. Añadió: “No quiero que nada me retenga en este lugar”, mientras bebía un sorbo de agua mineral.

Dejemos atrás los temas difíciles y hablemos de todo: de los parientes, de los amigos, del viento del norte, de las anécdotas de nuestros conocidos. Y seguimos jugando, como los niños, con la canción “Veo/veo/ que ves…”.

Pero cuando llegó el momento de irse, bajó la mirada y susurró: “No olvides que todo esto no tiene nada que ver conmigo”. Y nos abrazó cariñosamente, uno a uno, antes de desaparecer por una puerta rodeada de tres guardias de prisión…

Categorías: Derechos Humanos, Internacional, Sudamérica
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