Un análisis del discurso comunicacional elaborado en contra del Pueblo Nación Mapuche.

Newenken, territorio mapuche. “¡Ahora se han sosfisticado! ¡Ahora tienen una machi de 16 años! Les voy a decir que me presenten a la machi porque hay un lugar que me encanta que se llama Pampa del Rucaleufü que está entre los lagos Huechulafquen y Paimún, que me encantaría tenerlo; quizás si mi inspira la machi, y si puedo hacer cuestiones ancestrales y decir que mis primeros parientes llegaron en 1641…”, concluyó –sarcástico y sonriente–, el intendente de Neuquén Horacio Quiroga al finalizar una entrevista realizada en Buenos Aires por el periodista Eduardo Feinmann. Y si leemos nuevamente la frase nos vamos a dar cuenta que la misma contiene metamensajes, que no sólo quedan alojados en el sentido irónico del enunciado, sino que además existen, dentro de la secuencia argumental, palabras en otra lengua que el mandatario pronuncia casi sin advertirlo. Es decir que lo paradójico de la frase –burlesca– es que en el mismo párrafo donde el líder de opinión y representante político de Neuquén intentó negar y desvalorizar la figura del che(gente) mapuche, el mismo orador pronunció (casi como si se tratará de un acto reinvidicatorio de la identidad ancestral) tres palabras en mapudungun (lengua del pueblo nación mapuche): rucaleufü quiere decir casa (ruka) de río (leufü). Huechulafquen significa punta (huechu) de los lagos (lafquen)* y Paimún, que significa lugar donde hay vida. Estas conjugaciones semánticas entre dos lenguas–que Quiroga no puede evitar y que colocan en tensión su propio discurso– dentro del campo discursivo de los líderes de opinión de la mal llamada Patagonia Argentina es persistente e innegable; colocan de forma sistemática a los detractores del pueblo mapuche en un lugar de confusión y negación constante. Las ciudades, los ríos, los lagos y los apellidos de las personas que habitan esta parte del territorio nacional están atravesados por nombres originarios. Lamentablemente el nacionalismo argentino reconoce fronteras militares pero no reconoce límites discursivos; rápidamente el discurso nacionalista avanza desde la producción de metamensajes hacia la proyección de ilusiones insostenibles. En sus declaraciones televisivas Horacio Quiroga demostró ser un estudioso de la Campaña Expedicionaria al Desierto; intenta con dedicación y convencimiento, seguir los pasos de los gestores militares de esa “conquista”; demuestra tener deseos de –junto a la Ministra de Seguridad de la Nación–, lanzar una nueva campaña expedicionaria. Su fervor lo ha movilizado tanto que no sólo ha viajado a la capital del país para burlarse y criminalizar de forma pública al Pueblo Nación Mapuche, sino que también este mandatario ha demostrado estar dispuesto –para concretar tal empresa– a sacrificar –como si se tratara de una prueba de confianza política– los signos visuales que a él, como persona, lo identifican. Casi como si se tratará de un slogan de campaña, Quiroga pareciera sugerirnos, a modo de interrogantes: ¿cómo negar la identidad del color de piel que portamos y tener éxito en este acto de ilusión? ¿Cómo pasar toda una vida sin reconocer la(s) identidad(es) ancestral(es) que nos atraviesa(n) y ser contemplados como líderes emancipadores? Quizás el intendente realmente crea que es blanco, ario y de ojos celestes como su par de fórmula David Schlereth. ¿Se convertirá, algún día no muy lejano, en un asesor militar comprometido y decidido a exterminar con la otredad que atenta contra los intereses (económicos) de la nación? ¿Perseguir y exterminar la otredad que se distancia del pensamiento occidental nacional argentino se convertirá en una política de Estado? ¿Cómo se combinará esta iniciativa con el nuevo comando de investigación lanzado por el Ministerio de Seguridad de la Nación? ¿Qué significa, en este contexto, que el único imputado por el asesinato de Santiago Maldonado reciba un ascenso militar? A continuación un análisis comunicacional que pretende interpretar las palabras, las sentencias y las acciones de una campaña nacional que se ejecuta, sin ningún tipo de miramientos, persiguiendo, criminalizando y fundamentalmente intentando borrar todo signo visual y discursivo que coloque en riesgo la identidad (mono)cultural argentina.

“Pisotearon mis credos y mi forma de ser,
impusieron cultura y este idioma también.
Lo que no me impusieron fue el color de la piel.”
Amutüy (Vámonos), canción de Marcelo Berbel

Introducción

Pocas veces los candidatos neuquinos tienen prensa en Buenos Aires. Recientemente tuvieron dos intervenciones. La primera la protagonizó el intendente de Neuquén Horacio Quiroga en dos programas de televisión de alto puntaje de rating. La segunda fue protagonizada por la concejal Alma “Chani” Sapag. Y si bien sus intervenciones fueron para expresar posturas en temas disímiles, ambos están en consonancia con un plan general, sistematizado, que intenta imponer el gobierno nacional. El primero propone criminalizar al Pueblo Nación Mapuche para favorecer proyectos extractivos e inversiones extranjeras; la segunda viajó exclusivamente a la capital del país para apoyar la reforma jubilatoria, en beneficio también de los grandes capitales del país. Ambos por supuesto son materia de análisis, pero en este caso me interesa hacer foco en las declaraciones del intendente de la ciudad, fundamentalmente porque sus palabras tienen apoyo popular y mantienen un correlato con el “comando de investigación” creado por el Ministerio de Seguridad de la Nación, en “colaboración” con las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut.

Es por ello que dividiré este análisis discursivo en dos capítulos. En el primer capitulo extenderé un análisis sobre las definiciones y sentencias trazadas por el intendente de Neuquén Horacio Quiroga (diciembre de 2017) sobre el Pueblo Nación Mapuche. Y en el segundo, como parte de un correlato político y económico, realizaré un análisis breve pero pormenorizado de las particularidades que contiene el informe presentado (diciembre 2017) por el Ministerio de Seguridad de la Nación.

Kiñe. Primer capitulo

Triada conceptual: ¡Pueblo Nación Mapuche! ¡Sedición! ¡Terrorismo!

Horacio Quiroga, como el mismo lo afirma, nació y se crió en San Martín de los Andes, en compañía del lago Lacar y el volcán Lanín. En Neuquén capital se lo reconoce por su militancia dentro del radicalismo y por su paso como crupier en el casino de la ciudad. Horacio Quiroga también es reconocido por su insistente ambición y por dejar a más de un compañero de militancia de a pie (en este orden). ¡En una ciudad chica se sabe todo y nos conocemos todos! Uno de los hombres que padeció con más ímpetu su ambición fue el diputado Luis Pelaez, quien le dio un gran espaldarazo en tiempos de ascenso político. Hoy, ya como intendente de Neuquén, Quiroga no dudó en posicionarse bajo el resguardo del oficialismo nacional y demostrar en ese mismo ejercicio ser un buen estudiante. Y si bien el gobierno del MPN también es un aliado cercano a Mauricio Macri, Quiroga no duda en disputarle poder; incluso, como ya lo ha demostrado en la primer etapa de su historia política, no duda en sacrificar a quien se coloque a su paso. En este contexto político cabe aclarar que su posibilidad como gobernador de la provincia frente al MPN y su par de fórmula David Schlereth resulta improbable, pero no puede pensarse como un suceso imposible. Mientras Mauricio Macri era intendente de la capital de Buenos Aires, resultaba también inimaginable verlo portar la banda presidencial. La voluntad del pueblo muchas veces, por B o por C, nos termina –con sus decisiones–, sorprendiendo.

Esta asociación entre los representantes nacionales y los mandatarios neuquinos no es forzada. Existe deseos y proyectos en común; las inversiones inmobiliarias y los proyectos economicos extractivos son destinos compartidos. Al respecto, Horacio Quiroga viajó hasta Buenos Aires para entrevistarse con dos referencias del periodismo hegemónico actual como lo son Eduardo Feinmann y Alfredo Leuco. En ambos programas el mandatario neuquino no dudó en pronunciarse en contra del Pueblo Nación Mapuche. Inclusive se permitió burlarse dos veces de una de las figuras más importantes de este pueblo ancestral. Una burla que dio paso rápidamente a la criminalización. “Eso tiene un sólo nombre: sedición”, aseguró convencido ante el rostro atento y orgulloso de Eduardo Feinman. ¿Cuál es el razonamiento que reproduce el mandatario neuquino? Para él, como para muchos ciudadanos, toda aquella persona que se reconozca dentro de un pensamiento distinto al que propone la Nación Argentina, estaría cometiendo un delito de sedición; y la sedición –según Quiroga–, concluye en actos terroristas. ¡Pueblo Nación Mapuche! ¡Sedición! ¡Terrorismo! ¿Cómo pensar esta triada conceptual dentro de la Ley antiterrorista vigente? Seguro nos encontraremos –de hecho ya ha iniciado ese proceso– con múltiples personas que ante la más mínima sospecha pueden concluir en la cárcel o dentro de procesos judiciales interminables. Para Quiroga es impensable que una persona pueda portar otra identidad que no sea la que impuso el nacionalismo patriótico argentino. ¿Qué hacer entonces con las cosmovisiones de los 39 pueblos originarios que habitan la Argentina? Para el mandatario, ser diferente y expresarlo de forma pública, resulta un crimen imperdonable. Horacio Quiroga pareciera decirnos, solapadamente, que mientras los pueblos nación se mantengan en el anonimato más severo se mantendrán a salvo, lejos de las rejas frías de las cárceles del país. Para el mandatario resulta impensado que puedan existir dos sistema de salud, dos sistemas jurídicos, dos sistemas educativos. “Acá hay una sola Nación y es la Nación Argentina”, sostuvo frente a la mirada atenta de Alfredo Leuco.

Por otro lado, pero siguiendo con esta concepción de nacionalismo (argentino), en un pasaje inicial de la entrevista con Feinman el intendente neuquino reivindicó a la comunidad Curruhuinca de San Martín de los Antes, porque –según él– en la escuela ellos desfilaban en los actos patrióticos del 25 de mayo y el 9 de julio. “Se sentían argentinos”, afirmó con orgullo Quiroga. Frente a esta observación los interrogantes son varios: ¿tenían otra opción? ¿Podían las comunidades mapuche que habitan la mal llamada patagonia argentina hablar mapudungun, realizar ngillipun (ceremonias), o relatar epew (cuentos de ficción) mapuche dentro de las escuelas? Los interrogantes son válidos no sólo para que el intendente reflexione sobre las contradicciones que se presentan en su discurso, sino que además resulta válido plantearlo en un contexto represivo en donde no sólo se formulan burlas directas, sino también ataques sistematizados por parte del Estado  contra el Pueblo Nación Mapuche; ataques que intentan, por distintos recursos, como durante la gestación de este Estado, borrar todo signo visual de otra(s) identidad(es) que coloquen en riesgo la identidad nacional (europea). Una actitud fervorosa que puede inclusive –como lo demostró el intendente Horacio Quiroga en un acto de ceguera y negación inconmensurable– llegar a negar los signos visuales más visible de su cuerpo, de su küpan (origen) ancestral. Como aseguró con elocuencia Marcelo Berbel –un cantautor que seguramente Quiroga conoció y respetó mucho– “impusieron cultura y este idioma también / lo que no me impusieron fue el color de la piel”.

Los «alemanes»: Horacio “Pechi” Quiroga junto al diputado David Schledeth. Foto Gustavo Figueroa

Durante las dos entrevistas Horacio Quiroga reivindicó la Campaña Expedicionaria al Desierto. Se valió para ello de datos vertidos por una nota publicada en el diario “La nación”, donde se declara que murieron setecientos soldados argentinos y mil mapuche. Además el intendente mencionó, para caracterizar al ser mapuche, palabras y frases como: “activismo exacerbado”, “mapuchismo”, “usurpación” y “provocación”. Colocó en debate los conceptos de  originario y preexistente. Y afirmó que Foyel e Inacayal eran tehuelches, mientras que Sayhueque, Namuncura y Calfucurá mapuche llegados de Chile. Inclusive Quiroga propuso realizar un estudio antropológico para detectar quién era perteneciente o no a familias originarias. Quizás él debiera también someterse a tal estudio. Mejor dicho, si yo lo observara a él con perspectiva histórica, seguro sería un excelente modelo antropológico para describir el negacionismo que propone el nacionalismo argentino, y que muchas veces es reproducido inclusive por personas originarias de la mal llamada patagonia argentina.

En primer lugar Horacio Quiroga con sus conceptos de “activismo exacerbado” y “mapuchismo” reproduce la teoría de que la organización y la solidarización en conjunto son parte de acciones repudiables, un concepto reaccionario que sembró la última dictadura militar argentina y que reflotó el Ministerio de Seguridad Nacional actual con el asesinato de –a manos de las fuerzas de seguridad del Estado–, Santiago Maldonado. En segundo lugar, el intendente de Neuquén reprodujo, una vez más, la teoría de la extranjería mapuche afirmando que los tokis (jefes militares) de este pueblo nación, provenían de Chile. En una reciente y valiosa publicación de un estudioso periodista (historiador) se lee lo siguiente:

“Huincahual, el viejo cacique, es pehuenche; tuvo, de una mujer ya muerta y que era de raza pampa, dos hijos; uno que vive en las orillas del Limay, e Inacayal, que goza de mucha consideración aquí y en toda la Pampa. De otra mujer que actualmente existe, también de raza pampa, tiene dos hijos y dos hijas; Marihueque y Chiquilín, son los hombres; Llancahuel y Nalcú, las dos mujeres. Tiene, además, otra mujer pehuenche, que no le ha dado hijos. Marihueque es casado con una mujer pehuenche”.

Con esta documentación histórica Adrián Moyano comienza el primer capítulo de su último libro A ruego de mi superior cacique, Antonio Modesto Inacayal. Con dedicación pedagógica, en el párrafo siguiente Moyano nos explica:

“Para la manera mapuche de pensarse como pueblo, la parcialidad pewenche refiere a los mapuche que viven en inmediaciones o en la mismísima cordillera de los Andes. Gente del pewen o araucaria es la traducción más corriente. En la terminología chilena o argentina de la época, se imponía la identidad de ‘pampas’ a los günuna kuna que residían sobre todo en las actuales provincias de Río Negro y Chubut. En la abrumadora mayoría de los relatos quedaron catalogados como tehuelches. Junto a otros elementos, que Inacayal tuviera madre gününa sirvió de punto de partida para que los etnólogos del siglo XX le colgaran el rótulo de tehuelche, en su afán de construir ‘argentinidad’ a partir de este pueblo, en desmedro de la supuesta extranjería mapuche”.

La criminalización que propone el mandatario neuquino no está dirigida sólo al “mapuchismo” –como lo define el mismo Quiroga–, sino que, como un deporte nacional, está dirigido a señalar y perseguir a toda aquella cosmovisión diferente que coloque en riesgo la soberanía nacional –la misma argentinidad a la que hace referencia Moyano. ¿Por qué dentro de un país que contiene 39 pueblos originarios diferentes la presencia de otra forma de ver el mundo puede colocar en riesgo la soberanía nacional? Quizás la explicación nazca de la necesidad de parte del Estado Nacional de repoblar todo el territorio argentino, borrando toda huella de vida comunitaria anterior. ¡Esta actitud no es novedosa! Borrar las (otras) identidades ha sido una política de Estado desde el surgimiento de la Nación. Una imposición cultural que al ser argentino le ha impedido pensarse como latinoamericano; el ser nacional argentino es incapaz de pensarse hermano de los pueblos del Perú, Bolivia y el Paraguay. ¡Imaginemos el sentimiento que tiene este ser nacional en referencia a los 39 pueblos originarios que habitan el territorio (nacional) que conforma la Argentina! «¿Cómo borrar la identidad de 39 cosmovisiones del mundo diferentes en sólo un ejercicio y tener éxito en el intento?» podría ser otro slogan de campaña del “Pechi” Quiroga aunque creo, sin duda, que más que un slogan publicitario debería ser parte de uno de los capítulos del estudio antropológico sobre su persona y su pensamiento-.

Epu. Segundo capitulo

El comando de investigación y la Ley antiterrorista

“Actúan en la clandestinidad, con rostros cubiertos y portando armas de fuego, facas, hondas, bombas molotov, palos y piedras. Incendian propiedades, dañan instalaciones, roban ganado, cortan rutas y el suministro de servicio eléctrico, amenazan a vecinos, intimidan y apedrean transeúntes, no permiten la libre circulación, balean, incluso matan”. De esta forma comienza la caracterización de las células terroristas que supuestamente actúan en la Argentina con apoyo del pueblo kurdo y las fuerzas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero, ¿de qué forma el Ministerio de la Seguridad de la Nación argumenta y justifica estas sentencias estereotipadas?

Para tratarse de un informe emitido y creado por cuatro provincias, incluido el Ministerio de Seguridad Nacional, no existe prácticamente la exposición y la argumentación textual. De hecho hay más hojas que párrafos escritos. Específicamente, en las 180 páginas de extensión del informe no se alcanzan a contabilizar 100 párrafos de texto. Más bien el informe está constituido por: 185 fotografías (algunas de ellas se repiten varias veces en el informe), 185 citas de diarios (entre ellas 17 notas del “Diario Río Negro”, 15 de “Clarín”, 10 de “La nación”, 9 de “Infobae” y 10 de “La jornada”), 3 gráficos estadísticos, 1 mapa y 2 redes conceptuales en donde se vincula a Soraya Maycoño, Moira Millan (autoridades filosóficas y espirituales mapuche) y a Nadia Paris (comunicadora social y militante de los derechos humanos) como parte de células terroristas.

Nadia Paris, comunicadora social y militante de derechos humanos, acusada de ser parte de un célula terrorista. Foto Gustavo Figueroa

¿Existen pruebas concretas que relacionen a Soraya Maicoño, Moira Millan y Nadía Paris con los supuestos atentados terroristas? ¿Cuánto tiempo pasará antes que una de estas mujeres termine presa? ¿El Ministerio de Seguridad de la Nación utilizará los mismos recursos discursivos que utilizaron durante la falsa criminalización de la machi Francisca Linconao en Chile? ¿Tendrá que pasar una de ellas 9 meses dentro de un penal antes que se compruebe su inocencia? ¿Son acaso una serie de panfletos escritos a mano, la prueba más contundente que tiene el Ministerio de Seguridad de la Nación para criminalizar a estas personas?

En otro apartado, como curiosidades alarmantes y llamativas del informe se pueden reconocer siete significativas: a) las conclusiones del informe de 180 páginas está compuesta por cuatro párrafos relativamente breves; b) diez páginas están dedicadas, con fragmentos textuales, a desarrollar el manual “Kutralwe, herramientas para la lucha”; c) para relacionar al Pueblo Nación Mapuche con la FARC dentro del informe se valen, como prueba, de una nota publicada por el diario “El mercurio”; d) se utiliza la presentación en Buenos Aires del libro “Mujeres de Kurdistán” para sostener la teoría de que el Pueblo Nación Mapuche tiene vínculos con el terrorismo; e) en una de las 185 fotografías se expone a una agente de civil que disfrazada de manifestante le arrojó piedras a la policía previo a la represión del 1 de septiembre, ocurrida en Capital Federal, al cumplirse un mes por la desaparición de Santiago Maldonado; f) dentro del informe se muestra una causa por lesiones graves contra el gendarme (recientemente ascendido) Emmanuel Echazú; g) en las 180 páginas sólo se hace referencia a Santiago Maldonado una vez con la frase la “causa Maldonado”.

Antes de concluir con este capítulo y análisis, me gustaría retomar y citar uno de los cuatro párrafos que constituyen las conclusiones antes citadas, dado que verdaderamente resulta significativo que en un informe de 180 páginas prácticamente no existan secuencias argumentativas textuales.

“Por ello, tanto la Justicia Federal en la zona de conflicto como la Justicia Provincial se encuentran trabajando actualmente en forma conjunta para avanzar en las investigaciones en curso, en estado avanzado. Y así, poder alcanzar una perspectiva penal acorde a la amenaza que representa este grupo violento para la sociedad afectando la seguridad, el comercio, las economías locales, el turismo y la libre circulación tanto de argentinos como de extranjeros que se encuentran en nuestro país.”

Como he indicado en otros artículos, las pruebas que el gobierno de Chile presentó para criminalizar a figuras filosóficas e espirituales mapuche eran vacuas e insulsas, forzadas y pueriles. El gobierno de la Nación y el Poder Judicial, con el apoyo de los medios hegemónicos locales, se valieron de panfletos (escritos a mano) y la figura del “testigo protegido” –que es obligado a firmar declaraciones falsas– para criminalizar a distintas autoridades mapuche de Ngulu Mapu (Chile). Y si bien finalmente dentro de los juzgados se sabe la verdad y las personas salen absueltas, el golpe de prensa y la criminalización que padecen las autoridades mapuche perdura y avala, dentro de la conciencia social, futuras agresiones.

Ahora sí y para concluir, me gustaría exponer dos sintéticos párrafos para que el lector tenga una referencia bastante acabada de cuál es el nivel (forzado) de relaciones y asociaciones que establece el Ministerio de Seguridad Nacional para –con suma liviandad y con una vaga argumentación–, criminalizar a referentes sociales de diferentes partidos acusándolos de cometer actos terroristas, con apoyo de organizaciones extranjeras. En este sentido resulta prudente tener presente (nuevamente) que para relacionar al Pueblo Nación Mapuche con las FARC, dentro del informe se valieron de una sola nota, publicada por el diario El Mercurio el 31 de julio del 2015.

“Si bien en el plano intelectual, existen diferencias entre grupos con pensamientos de izquierda y sectores anarquistas, estos grupos radicalizados comparten el elemento común de imponer sus intereses mediante el uso de la fuerza. Ante esta variable común, deciden prestarse colaboración para el uso de la misma.”

Luego en el siguiente párrafo, sin mayores argumentaciones, el Ministerio de Seguridad de la Nación define:

“De esta manera es como se logra comprender el esfuerzo común en la violencia de grupos como el MIR, FPMR, la RAM/CAM y ANARQUISTAS.”

Lo curioso del razonamiento del Ministerio de Seguridad de la Nación es que reconoce que una de las faltas más severas y lamentables que puede soportar la integridad de un país es la imposición de acciones o decisiones por la fuerza. Curiosamente, en nombre de la Ley antiterrorista –que el mismo comando de investigación se propone defender– en estos primeros dos años del Gobierno Nacional actual se ha reprimido, durante protestas sociales, más que en los últimos 15 años de democracia de la Argentina contemporánea. Tan sólo en Neuquén se contabilizaron 5 represiones diferentes, con heridos graves, y dentro de zonas urbanas, en un lapso de tiempo de 7 días.

Un policía asoma su escopeta calibre 12/70 entre los cajones de un kiosko, en la ciudad de Neuquén, durante la represión a los trabajadores estatales. Foto Gustavo Figueroa

Si alguien tuviera que redireccionar el informe que intenta imponer el Ministerio de Seguridad de la Nación en contra del Pueblo Nación Mapuche, es muy probable que muchos representantes políticos del actual gobierno, como así también representantes de los gobiernos provinciales, concluyeran dentro de procesos judiciales, por colocar en peligro la integridad de la ciudadanía. Las últimas represiones dentro de la ciudad de Neuquén no sólo fueron en contra de trabajadores estatales y otros trabajadores despedidos, sino que además fueron disparadas sin ningún miramiento ni contemplación, escopetas calibre 12/70, en puntos céntricos y estratégicos de ciudades urbanizadas como lo son Neuquén y la Capital Federal del país. Es así que el gobierno nacional no sólo se ha permitido ejecutar distintas represiones dentro del anonimato de las zonas rurales de la Argentina, sino que también se ha permitido atentar en contra de ciudades urbanas e hiperurbanizadas, como en las dos represiones registradas durante la aprobación de la reforma jubilatoria en Buenos Aires y las cuatro represiones perpetradas en contra de trabajadores estatales en Neuquén.

Y aquí nos encontramos ante el punto más alarmante que nos permite intuir que tendremos que llorar nuevas víctimas. Mientras toda la ciudadanía esperaba que luego de la ejecución del joven mapuche Rafael Nahuel por miembros del grupo Albatros, Mauricio Macri finalmente parara la mano, no sólo que el presidente mantuvo el nivel de agresividad, sino que el Ministerio de Seguridad de la Nación lanzó una campaña de represión sin precedentes con dos hechos relevantes dignos de ser contemplados en la memoria histórica. Primero durante la ejecución de este plan de violencia y criminalización el propio presidente de los argentinos se permitió viajar y tomarse vacaciones en repetidas ocasiones, nada menos que dentro del territorio (mapuche) en disputa; es pública la frecuente presencia de Macri en la ciudad turística de Villa la Angostura. En segundo lugar, como si se tratara de un acto de cinismo y provocación, aunque también de un acto de abuso de poder y soberbia, mientras la causa de Santiago Maldonado sigue abierta, la ministra de seguridad Patricia Bullrich se permitió ascender a Emannuel Echazú a un escalafón militar (alférez) superior.

El gobierno de la Nación proyecta, como en un espejo, los atentados que el mismo ejecuta sobre la ciudadanía, sofisticando la inventiva ya no con armas caseras sino más bien con armamento militar, el acompañamiento de la logística de las fuerzas de seguridad y el sustento económico del propio Estado. El gobierno nacional, como si trabajara con una herramienta técnica del futuro, proyecta una sombra en movimiento que recrea un fantasma incontenible construido con la violencia que ella misma, con sus fuerzas de choque, produce. El enemigo interno que camina las calles de la Argentina tiene, en su esencia más íntima, la herencia viva y legada por la Campaña Expedicionaria al Desierto que gestó como Nación este país. Nunca hay que olvidar y siempre hay que tener presente que la compañera de Inacayal –el mismo toki que citó Horacio Quiroga en sus intervenciones televisivas– aún hoy continúa, descuerada sobre las vidrieras del Museo de La plata, con el rótulo “razas salvajes que se extinguen”.


*Corrección en mapudungun: Fermina Pichumil.