Los 12 países de América del Sur se reunieron en Brasilia este martes 30 invitados por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Con esta iniciativa, Lula retoma los esfuerzos para crear espacios y posibles mecanismos que fortalezcan la integración en la región, dañada en el pasado reciente por polarizaciones ideológicas y rupturas en las relaciones diplomáticas.

Por Julio Adamor para Brasil de Fato

Lula recibe a los presidentes Alberto Fernández (Argentina), Luís Arce (Bolivia), Gabriel Boric (Chile), Gustavo Petro (Colombia), Guillermo Lasso (Ecuador), Irfaan Ali (Guyana), Mário Abdo Benítez (Paraguay), Chan Santokhi (Surinam), Luís Lacalle Pou (Uruguay) y Nicolás Maduro (Venezuela) para una reunión en el Palacio de Itamaraty, en la capital del país. La única mandataria ausente será Dina Boluarte (Perú), quien enfrenta impedimentos constitucionales y será representada por el presidente del Consejo de Ministros, Alberto Otárola.

Hay que actuar con rapidez

Brasil quiere retomar el proceso de integración rápidamente para aprovechar la coyuntura favorable con el hecho de que hoy existe un número significativo de presidentes del campo progresista en la región, como Lula, Alberto Fernández, Luís Arce y Gabriel Boric. Según el análisis de la Presidencia de Brasil, fue la derecha la que optó por interrumpir el proceso de integración -e incluso ideologizó esta cuestión- al desmantelar la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y crear el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR), fundado en 2019, durante el gobierno de Jair Bolsonaro.

«En Brasil, un gobierno negacionista atacó los derechos de su propia población, rompió con los principios que rigen nuestra política exterior y cerró nuestras puertas a socios históricos. Nuestro país optó por aislarse del mundo y de su entorno», dijo Lula en la apertura del evento.

Según el presidente brasileño, «esta postura fue decisiva para el desprendimiento del país de los grandes temas que marcaron el día a día de nuestros vecinos. En la región dejamos que las ideologías nos dividieran e interrumpieran el esfuerzo hacia la integración. Abandonamos los canales de diálogo y los mecanismos de cooperación y, con esto, todos perdimos».

Hoy, según la evaluación del gobierno brasileño, existe una autocrítica en los países que fueron recientemente gobernados por la derecha para que la integración sea perenne, persistiendo a través de los ciclos políticos. Esto se debe a que las condiciones socioeconómicas han empeorado, evidenciando las pérdidas de no contar con un mecanismo de integración consistente. Por lo tanto, ahora estarían dadas las condiciones para institucionalizar este proceso de profundización de la integración, con miras a la formación de una identidad sudamericana.

UNASUR

Creada en 2008, en un momento de auge de la izquierda en la región, la UNASUR llegó a contar con 12 países como miembros. La alianza se desgastó cuando el péndulo ideológico osciló hacia la derecha una década después. Entre 2018 y 2019 se fueron Colombia, Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. El mes pasado, sin embargo, Lula firmó un decreto oficializando el regreso de Brasil a la organización.

Brasil volvió a la UNASUR porque considera que es el foro de integración más completo, con una convergencia de intereses, elaborado sobre la base de mucho trabajo técnico y programático. Pero la cumbre convocada por Lula servirá para escuchar la opinión de los cinco países del subcontinente que están afuera: Uruguay, Paraguay, Chile, Colombia y Ecuador.

«La idea es retomar el diálogo y la cooperación con los países sudamericanos. Identificar denominadores comunes. La región tiene capacidades que serán clave en el futuro de la humanidad, como recursos naturales, agua, minerales, superficie para la producción de alimentos. Se puede iniciar de inmediato una agenda concreta de cooperación», dijo la embajadora Gisela Figueiredo Padovan, secretaria para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, durante la previa del encuentro en Itamaraty.

Crisis en todas partes

La cumbre tiene lugar en un momento de fuerte inestabilidad regional. La peruana Dina Boluarte está en proceso de juicio político y no podrá estar en Brasilia. En Ecuador, Guillermo Lasso también sufrió un intento de juicio político, al que reaccionó decretando la disolución del Parlamento y adelantando las elecciones.

En Colombia, Gustavo Petro denunció hace unas semanas que estaban tramando un golpe de Estado para derrocarlo. En Chile hay un fuerte enfrentamiento por la redacción de la nueva Constitución, un proceso que comenzó impulsado por movimientos populares y terminó «secuestrado» por la extrema derecha.

En Argentina, la crisis económica alcanza proporciones dramáticas, con falta de divisas internacionales, y hay elecciones presidenciales en el horizonte, permeadas por la incertidumbre sobre quiénes serán los nombres en disputa. Estas son situaciones que pueden reforzar el punto de vista brasileño de que la integración es la mejor manera de fortalecer a los países de la región. Ahora queda por ver cómo repercutirá este punto de vista durante la cumbre.

Edición: Nicolau Soares e Flávia Chacon

El artículo original se puede leer aquí