por Miguel Ángel Lurueña en su blog Gominolas de Petróleo

Desde hace unos días no se habla de otra cosa en Estados Unidos. La escasez de leche infantil se ha convertido en un grave problema que preocupa a muchas familias, porque de ella depende la supervivencia de sus bebés. Pero, ¿cómo se ha llegado a esta situación? La respuesta es compleja y tiene un poco de todo: política, economía, seguridad alimentaria… Lo explicamos a continuación.

En Estados Unidos muchos padres y madres llevan días peregrinando de tienda en tienda y de web en web para tratar de comprar leche de fórmula para sus bebés. Pero a duras penas lo consiguen. Muchas tiendas están vacías y los precios han subido una barbaridad, así que para muchos la situación es desesperante. Para entenderlo, hay que tener en cuenta el contexto en el que se desarrolla. Quizá se nos puede ocurrir pensar que no es tan grave que escasee la leche de fórmula. ¿Por qué no optar por lactancia materna, como se ha hecho siempre, y problema resuelto?

Lactancia materna: una asignatura pendiente en Estados Unidos

Lo primero que hay que considerar en este sentido es que la lactancia materna difícilmente tiene marcha atrás, pero no por cuestiones meramente fisiológicas, sino más bien por factores externos. Cuando una madre deja de dar el pecho a su bebé, cesa la producción de leche, aunque se puede recuperar incluso aunque hayan pasado semanas o meses. Lo que pasa es que la situación de la madre no suele ser propicia para facilitar la tarea; por ejemplo, si ya se ha incorporado al trabajo, dispone de poco tiempo para ello, especialmente en Estados Unidos, tal y como veremos a continuación. Así que en ese país la lactancia materna no es una opción para quienes ya están dando leche de fórmula a sus bebés. Pero ¿qué hay de quienes sí están a tiempo de dar el pecho?

La lactancia materna es, sin duda, la mejor opción para alimentar a un bebé. Por ejemplo, organismos como la Organización Mundial de la Salud recomiendan lactancia materna en exclusiva durante los primeros 6 meses de vida. Pero para eso es fundamental que la madre pueda hacerlo (y que quiera hacerlo, por supuesto). El gran problema en Estados Unidos es que no existe la baja por maternidad. De hecho, es el único país desarrollado en el que las mujeres no gozan de este derecho. Se ha reclamado recientemente, pero por el momento no se ha logrado, así que las madres lo tienen muy difícil para dar el pecho. Es cierto que existe la posibilidad de utilizar un sacaleches para almacenar leche materna y ofrecérsela a los bebés en biberón, pero a la hora de la verdad es complicado llevarlo a la práctica (por ejemplo, si la madre ya se ha incorporado al trabajo, debe disponer de tiempo, un lugar donde poder hacerlo, recursos para almacenar la leche en frío y un largo etcétera). Al final lo que ocurre es que en ese país el 60% de las madres se ve obligada a abandonar la lactancia antes de lo que tenía pensado. Esto se traduce en que menos de la mitad de los bebés es alimentado en exclusiva con lactancia materna hasta los tres meses y solo uno de cada cuatro bebés es alimentado así hasta los seis meses. Por otra parte, es cierto que existen bancos de leche materna, pero no tienen capacidad para satisfacer toda la demanda, ni por asomo. Así pues, la vida de muchos bebés depende del suministro de leche de fórmula. No hay otra alternativa a la leche materna (por ejemplo, la leche de vaca no aporta nutrientes suficientes a los bebés y además podría dañar su intestino). De ahí la preocupación y la angustia ante la escasez que existe actualmente. Pero, ¿a qué se debe esta situación?

Los problemas nunca vienen solos

Uno de los motivos que explican en parte esta situación de escasez puede resultarnos familiar. La pandemia de covid provocó interrupciones en la producción (transporte, materias primas, mano de obra, etc.), algo que se vio agravado además por el acaparamiento que hicieron algunas personas por temor al desabastecimiento.

Pero cuando de verdad se complicó la cosa fue en el mes de febrero. Un brote causado por el consumo de leche de fórmula contaminada con una bacteria (Cronobacter sakazakii) llevó al hospital a cuatro bebés, de los cuales dos fallecieron. Los productos presuntamente implicados habían sido fabricados por la empresa Abbott en sus instalaciones de Sturgis (Michigan). Esta retiró voluntariamente sus productos (marcas Similac, Alimentum, EleCare), tanto en Estados Unidos como en los países donde los exportaba y además cerró su planta. Como consecuencia de ello, la FDA realizó una inspección a lo largo de tres meses, encontrando algunas irregularidades, que se suman a las que presuntamente ya se cometían, según denunció un informante anónimo, trabajador de la planta, en octubre de 2021.

Ese cierre es el que ha acabado por desencadenar esta situación. A día de hoy la falta de existencias está en torno al 43%, aunque podría agravarse aún más en el futuro, según apuntan algunas empresas. Por el momento, los precios se han puesto por las nubes, no solo por la escasez en sí, sino también por la especulación, ya que muchos desaprensivos han aprovechado la situación para tratar de sacar tajada, algo que ya está tratando de investigar el gobierno del país. Además se han propuesto medidas para limitar esas prácticas; por ejemplo, se ha limitado la venta de leche infantil a varias unidades por cliente (tres o cuatro envases por persona, según el comercio de que se trate).

Un mercado hermético y controlado

¿Cómo es posible que el cierre de una sola planta haya desencadenado todo este lío en un país de ese tamaño y con esa riqueza? Hay varios motivos que lo explican. En primer lugar, se trata de un mercado muy cerrado. El 98% de la leche de fórmula que se consume en Estados Unidos se produce en Estados Unidos. Hay fuertes aranceles y requisitos muy exigentes que dificultan el acceso de productos extranjeros, así que solo se importa el 2%, concretamente de México, Irlanda, Chile y Países Bajos. Además, el sector está dominado por tan solo un puñado de empresas. El 90% de la leche de fórmula que se fabrica en Estados Unidos es producida por cuatro empresas: Gerber, Mead Johnson, Perrigo Nutritionals y Abbott (se estima que esta produce en torno a un 43% del total). Pero ahí no queda la cosa. Muchas familias de rentas bajas dependen de cupones de ayuda para poder comprar estos productos (se trata de un programa especial de alimentación para mujeres y niños llamado WIC). Tanto es así que se estima que la mitad de la fórmula infantil que se vende es comprada por beneficiarios del WIC.

Sólo tres de las cuatro empresas productoras: Abbott, Gerber y Mead Johnson tienen contratos para vender leche a los beneficiarios del WIC. Además estos beneficiarios solo pueden comprar a la empresa contratada con su Estado. Por ejemplo, un beneficiario del WIC residente en Arizona, solo puede comprar productos Gerber. Así que las personas que residen en un Estado donde solo se pueden comprar productos de la empresa Abbott, lo tienen complicado. Esa escasez ha originado una reacción en cadena que ha acabado por desabastecer también otras regiones del país.

Para tratar de solucionar todo este lío, el gobierno de Estados Unidos está intentando tomar algunas medidas. Por ejemplo, entre otras cosas, se han flexibilizado las marcas incluidas en el WIC de cada Estado, se está investigando el aumento desorbitado de precios y se quiere controlar la especulación, se prevé bajar temporalmente los aranceles para favorecer la importación y se ha propuesto un solo tamaño de envase para facilitar la comercialización.

Por otra parte, las empresas productoras han incrementado su actividad hasta en un 50%, trabajando sin descanso, las 24 horas del día, los siete días de la semana, para tratar de compensar el vacío dejado por el cierre de la planta de Abbott. Mientras tanto, la FDA ha estado trabajando con esta última empresa para corregir las deficiencias que provocaron su cierre y hacer posible su apertura. El día 16 de mayo anunció la firma de un acuerdo con Abbott acerca de las medidas que debe tomar la empresa para reiniciar su actividad. Esta declaró que posiblemente podría reiniciar su actividad en un plazo de dos semanas y conseguir así que el producto llegue al mercado en seis u ocho semanas. A pesar de ello, algunos fabricantes apuntan que incluso en el caso de que Abbott retome la actividad en ese tiempo, la escasez continuará durante varios meses, probablemente hasta que acabe el año.

Fuentes

Bebesymas.com: Mitos sobre la lactancia materna
Benefits.gov: Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Infantes y Niños (WIC)
DeLauro.house.gov: DeLauro Shares Whistleblower Report, Contaminated Infant Formula Led to Hospitalizations and Deaths
El Diario.es: EEUU, el único país desarrollado sin baja de maternidad remunerada
El País: La Casa Blanca pide investigar los precios y las prácticas abusivas en la crisis de suministro de leche infantil en EE UU
El País: El permiso de maternidad irrumpe en la batalla política de Estados Unidos
El País: La principal productora de fórmula infantil de EEUU acuerda con la Administración reanudar su actividad
cdc.gov: Lactancia materna. Informe 2020
FDA. FDA Investigation of Cronobacter Infections: Powdered Infant Formula (February 2022)
FDA. Informe de inspección a Abbott enero-marzo 2022
Forbes: Baby Formula Shortage Worsened By Shopping Bots Buying Up Inventory
Fortune: America is running out of baby formula because 3 companies control the market and babies aren’t that profitable
MedlinePlus: La leche de vaca y los niños
Organización Mundial de la Salud. Lactancia Materna
The Washington Post: Baby formula factory still months away from production
The Washington Post: What’s behind the baby formula shortage?
USDA: Winner Takes (Almost) All: How WIC Affects the Infant Formula Market

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