Según últimos datos de la ONU, hay en el mundo 476 millones de indígenas, en 90 países de los 5 continentes. Aunque son pueblos muy diversos, vamos a destacar algunos puntos comunes que nos parecen importantes.

El primero es su misma existencia, su resistencia. Porque a pesar de la crueldad y el ensañamiento con que fueron conquistados, han sido capaces de sobrevivir y sostener sus culturas. En ese proceso muchos pueblos desaparecieron, pero muchos otros sobrevivieron y hoy se organizan y luchan por ejercer sus derechos.

El de los derechos es justamente otro punto común, porque existen instrumentos internacionales sobre el tema. Destacan el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la Declaración de los pueblos indígenas de Naciones Unidas. Esos acuerdos no han sido ratificados por muchos países y en otros casos son frecuentemente violados, pero constituyen una base de apoyo importante para seguir avanzando.

Pero probablemente la coincidencia más importante, es la lucha de estos pueblos por preservar y recuperar sus territorios. Esto deriva en graves conflictos porque en esos territorios se asientan las mayores reservas de recursos naturales del planeta, y eso motiva todo tipo de violencia.

Antes de continuar, queremos destacar que en esto se confrontan dos cosmovisiones, dos modos de ver la vida y emplazarse en el mundo. Para el pueblo indígena el territorio no es un bien inmueble de más o menos valor: es el espacio en el que crece, en el que convive con otras formas de vida, en el que configura su espiritualidad en relación con el medio natural, con la tierra, el río, la selva… Es el lugar donde se constituye y constituye su cultura. El indígena respeta y defiende ese necesario espacio vital.

Del otro lado, desde la cultura dominante, esos territorios son simples reservorios de recursos económicos a explotar: minas, agua, petróleo, terrenos para el monocultivo, la especulación inmobiliaria y el turismo.

Entre ambas concepciones se entabla una lucha muy desigual: por un lado, estos pueblos con sus escasos recursos; por otro lado, todo el poder de las grandes corporaciones extractivistas, el agronegocio, y los estados que los defienden, por incapacidad o conveniencia. Se trata de una política global depredadora, que se apoya en bandas armadas del sector privado y fuerzas de seguridad estatales. En menor escala pero con la misma lógica, en muchos lugares se repiten los conflictos con particulares, aliados con políticos y policías locales. De todo esto derivan la persecución y el asesinato de líderes y lideresas indígenas y de quienes los apoyan, así como los millones de hectáreas desmontados, los ríos y terrenos contaminados, los incendios forestales, etc.

En este sentido, y en el contexto de la crisis climática, los pueblos indígenas cumplen un valioso papel porque al defender sus territorios defienden también el equilibrio ambiental y con eso, la vida de todos.

En su gran capacidad de adaptación creciente, los pueblos indígenas incorporan los elementos más positivos de la cultura dominante: utilizan las redes sociales, estudian, gestionan sus propios medios, viajan y amplían sus relaciones, articulan alianzas entre sí y con otros sectores.

A pesar de todo eso, sufren el prejuicio de gran parte de la población, alimentado por los grandes medios de comunicación. Y es que los grandes medios son un actor central en este gran conflicto global, porque defendiendo el interés de sus auspiciantes, se encargan de silenciar, mentir y desinformar, manipulando a la opinión pública. El papel que juegan es realmente criminal, porque justifican y alientan la violencia que deriva en el sufrimiento y la muerte de muchas personas y comunidades.

Para romper esa trampa informativa los pueblos indígenas cuentan con el apoyo de medios alternativos como el nuestro. Por eso participamos de esta tarea con nuestra propia producción, y compartiendo la de otros medios amigos: para hacer visible lo que pasa e influir en nuestra propia cultura, ayudando a decolonizar y a superar prejuicios, privilegiando siempre que podemos la expresión directa de los protagonistas.