Vicente Merlo (Valencia, 10 de marzo de 1955) es doctor en filosofía. Ha escrito más de quince libros, entre ellos “La llamada de la Nueva Era”, “Meditar en el Hinduismo y el Budismo”, “Filosofía, ¿Qué es eso?”, “Espiritualidad trans-religiosa”, “Meditar es descansar en el Ser”, etc. Es socio cofundador de la Sociedad Española de Estudios Índicos y Orientales, así como de la Asociación Transpersonal Española. Vivió varios años en la India, en el Ashram de Sri Aurobindo. Actualmente es presidente de la Asociación Akasha en Barcelona, donde nos damos cita para la entrevista. Nos recibe descalzo y enseguida nos hace pasar a la sala amplia y acogedora donde se reúnen para meditar todos los jueves. Vicente Merlo desprende sencillez y vitalidad, se respira a su lado sabiduría profunda.

2020 fue un año verdaderamente difícil, parecía necesario parar la maquinaria.

Necesario no estoy seguro, pero que a partir de lo sucedido podamos aprovechar para crear algo mejor como sucede en los momentos de dificultad, yo por lo menos estoy convencido o al menos así lo deseo.

Un tiempo para aprovecharlo, entonces.

Si, nos obliga a replantearnos muchas cosas, individual y colectivamente, socialmente, políticamente, ecológicamente, psicológicamente… en todos los aspectos.

Las viejas estructuras se desmoronan, pero también internamente se desmoronan viejas creencias que nos impedían avanzar.

Claro, es que lo externo es un reflejo de lo interno. Astrológicamente, ahora que está tan de moda hablar de astrología, esa conjunción de Plutón, Saturno y Júpiter en Capricornio, estaba hablando de estructuras rígidas que afectan tanto a lo psicológico interno como a lo político externo, la crisis es general en todos los aspectos.

Es tiempo de ir hacia adentro, tiempo de preguntarse…

Sí, creo que una de las lecciones sería esa, detener el ritmo vertiginoso y absurdo que llevábamos, con el tren a toda velocidad sin saber dónde íbamos y plantearnos el sentido de la vida, tanto individual como colectivamente.

A través de los medios de comunicación se culpabiliza a la población de los contagios y los vecinos se convierten en policías de sus propios vecinos…

Bueno, es la pregunta, si pandemia, o “plandemia”, si hay un plan organizado con fines más bien oscuros, con intereses inconfesables, pero quizás ya a la vista de todos. Y la verdad creo que hay muchos argumentos para defender que no es algo espontáneo sino que hay una planificación egoísta e interesada detrás de ello.

¿Desde tu punto de vista es así?

Es así pero sin tener ya ninguna certeza, este proceso de la pandemia ha hecho demoler todas las seguridades que teníamos en cuanto a la información. Incluso entre los expertos no se ponen de acuerdo, respecto de si está el virus secuenciado, purificado y aislado, respecto a la validez de las PCR, respecto al sentido de las mascarillas, respecto a las consecuencias en la naturaleza de la vacuna, ves a grandes expertos en completa contradicción. El que se atiene a la versión oficialista está muy contento y parece que todo está claro, y por supuesto que las mascarillas son necesarias, y por supuesto que la vacuna viene a salvarnos. Y quienes están solo en el punto de vista de la teoría de la conspiración en sentido estricto ven lo maligno del plan para esclavizar y destruir a media humanidad.

Es difícil ver dónde está la verdad.

Sí, es difícil discriminar dónde está lo cierto. Hay una crisis importante. Pero claro, uno tiene que tomar partido. Y aunque sea opinión y no certeza yo me inclino por la teoría de que hay un plan organizado en contra de buena parte de la humanidad, con intereses de todo tipo, no solo económicos y políticos, sino también para mantener un cierto control, un cierto dominio que ha existido siempre a lo largo de la humanidad.

En tu libro “Semillas de Esperanza” publicado recientemente hablas de la gran pregunta: ¿Y ahora qué?

Ahora al mismo tiempo que vemos cómo se desmorona el viejo mundo, nos toca comenzar a construir el nuevo mundo con nuevos valores, con una nueva conciencia, con una nueva sensibilidad. Y si ponemos todo esto en el contexto cósmico, por decirlo de algún modo, veremos que no es algo que se nos ocurra a nosotros los humanos sino que hay como unos ciclos y en este momento que ahora estamos viviendo nos hablaría de la necesidad de terminar un ciclo y empezar uno nuevo, de terminar un mundo ya viejo, caduco y comenzar un nuevo tipo de experiencia interior, del descubrimiento del fondo de nuestro ser, de relaciones interpersonales, de relaciones políticas, de absolutamente todo.

Varios ciclos astrológicos importantes nos están hablando también de este momento.

Sí, no solamente del ciclo astrológico del cambio de la era de piscis a la era de acuario, que son unos 2160 años, y así es, de hecho esa conjunción que celebramos justo en el solsticio de invierno, con Júpiter y Saturno entrando en acuario, nos hablaba de ello. Pero además de ese ciclo, estamos terminando un ciclo de nada menos que 25.920 años.

Tanto que se habla de la Nueva Era…

Los mayas tenían mucha razón con señalar el 21 de diciembre de 2012, como el fin, no del mundo como se ha superficialmente dicho, sino el fin de un ciclo de casi 26.000 años y el comienzo de otro ciclo. Y un poco lúdicamente me gusta decir que hemos entrado al año 9 de la nueva era. Hay quienes esperan que la Nueva Era sea una explosión solar que manifieste que todo ha cambiado, no, es un proceso lento, muy lento, donde vemos que las cosas van cambiando.

¿Te refieres al Año Platónico?

Sí, es el Año Platónico, el Año Sideral, el tiempo que tarda todo nuestro Sistema Solar en dar la vuelta al centro de la galaxia en la que nos encontramos, que es lo que los mayas denominaban “Hunab Ku”, es como el centro de conciencia, de sabiduría, de amor, de energía, que irradia una nueva frecuencia vibratoria que sería lo que está en el fondo transformando el planeta.

Estamos en un momento muy importante entonces…

Estaríamos en uno de los momentos cruciales de la humanidad. Estaríamos hablando de una evolución de la conciencia, y en ese sentido conviene ver que estamos dando un paso hacia adelante con la metáfora tan utilizada de que antes del nacimiento vienen los dolores del parto, entonces, estamos en los dolores del parto, a punto de que aparezca un nuevo ser, una nueva humanidad.

Lentamente la evolución del ser humano ha ido avanzando.

Lo que estamos viviendo es una experiencia cercana a la muerte, que significa una experiencia de Iniciación Espiritual. Y por tanto lo que estamos viviendo no es solo una experiencia cercana a la muerte colectiva, sino una Iniciación Espiritual colectiva, una iniciación de la que se ha hablado durante toda la historia de la humanidad, Iniciación que supone una crisis de crecimiento, de desarrollo.

El ser humano prehistórico que en lugar de huir se enfrentó por primera vez al fuego fue un paso trascendental para nuestra evolución. Pareciera que de nuevo estamos en otro momento de gran significado. ¿Cuál sería el gran miedo que el ser humano debe enfrentar hoy?

Yo diría que el miedo fundamental es el miedo a la muerte. Como decíamos, se trata de una especie de “Experiencia cercana a la muerte” y una de las características más destacadas de estas experiencias es que la gente descubre que la muerte es un fantasma, que no existe, que cuando su conciencia, su ser central sale del cuerpo físico, ve a su cuerpo como un vehículo que está utilizando pero que algo en él no muere.

Superar el miedo a la muerte…

Si, el convencimiento con el que vuelven la inmensa mayoría de quienes han tenido una “Experiencia cercana a la muerte” acerca de su inmortalidad es una constante en un noventa y tantos por ciento. Por tanto ese miedo a la muerte, que si nos paramos a pensar, nos condiciona absolutamente para todo, seria quizás uno de los retos actuales. Y descubrir que en el fondo de nuestro Ser hay algo en lo que la muerte “no puede hincar su diente”.

Descubrir que somos seres inmortales…

Respecto al descubrimiento del fuego, simbólicamente, en algunas interpretaciones está el mito de Prometeo robando el fuego a los dioses, podría simbolizar el comienzo de la humanidad, el fuego es la chispa divina que por primera vez desciende en los humanos todavía animales y a partir de ahí comenzaría la evolución humana, tanto con el fuego físico como simbólicamente con el fuego espiritual que descendería en ese momento… y este sería el eslabón perdido.

Nunca se ha podido explicar ese salto evolutivo en la conciencia.

Hay un descenso de un fuego sagrado que hace que el ser humano dé ese salto evolutivo. En algunas concepciones se dice que es el principio mental el que desciende, yo prefiero hablar de la chispa, del fuego divino, pero en cualquier caso, lo que permitiría que aquellos animales que la naturaleza había estado creando durante mucho tiempo como receptáculos para poder recibir el descenso de ese fuego, al descender, surgiera la autoconciencia y ahí tendríamos el origen de la humanidad.

¿Estaríamos despertando hoy a lo espiritual, a lo sagrado, en el ser humano?

En la tradición hindú, Sri Aurobindo, de quien sabes soy admirador, hablaba del surgimiento de una nueva Especie. Podría interpretarse también a esa luz, aquel fuego prometeico representando el surgimiento de la mente, por tanto del ser humano. Ahora el descenso de la conciencia supra-mental supondría la aparición de un ser más que humano, por tanto un despertar a nuestra naturaleza verdaderamente espiritual, más allá de lo mental y de la razón.

Espiritualidad y religiosidad son dos conceptos distintos.

Si, justamente hablo de ello en mi libro “Espiritualidad Trans-religiosa”. Creo que nos toca vivir un momento en el que las religiones institucionalizadas pueden seguir más o menos con su ritmo, pero diríase que empiezan a no representar, como algunas estadísticas indican, a la mayoría de la humanidad. Yo diría que, tanto las religiones tradicionales históricas institucionalizadas como el materialismo dominante en el siglo XIX y XX están empezando a ser residuales. Y lo que surge es una nueva espiritualidad, una nueva manera de vivir el ser humano la realidad que está más allá de lo religioso.

Espiritualidad Trans-religiosa…

Si, a mí me gusta decir trans-religiosa en el sentido de que no se identifica con ninguna de las religiones pero al mismo tiempo las respeta, las ama, trata de conocerlas, y por eso asume lo positivo, lo bueno que ha habido en el núcleo místico y esotérico de todas las religiones.

Una espiritualidad fuera de dogmas que facilite el descubrimiento de lo divino en uno.

Si, esa sería la clave, descubrir a través de la meditación (recordemos el título del libro, «Meditar es descansar en el Ser”, descubrir que nos hemos estado identificando con nuestro cuerpo, con nuestra mente, con nuestro ego como constructo mental y lo que tenemos que descubrir es que somos algo que está mucho más allá, y es mucho más brillante y glorioso, que nuestro cuerpo y nuestra mente, por maravillosas que sean estas dos herramientas, también.

Ese contacto con lo Profundo, no puede convivir con el miedo, el temor y la desesperanza.

Claro, es lo contrario, esa chispa, nuestro Ser central, es lo contrario del miedo porque su propia naturaleza es lo que en términos hindúes diríamos “Sat-Chit-Ananda”, ser puro, conciencia pura y gozo puro, paz e inmortalidad. Por tanto, ¿Dónde está el miedo? ¿miedo a qué? En todo caso una cierta prudencia, un cierto respeto, porque el dolor va a seguir, el sufrimiento emocional va a seguir, pero ya sin identificarnos tan totalmente como ahora lo hacemos con ello.

¿Cómo alejarnos del miedo y abrirnos a la esperanza?

El miedo es una reacción emocional, por tanto mientras estamos tan identificados con lo emocional, mil situaciones distintas nos van a provocar miedo. Si podemos ir a ese núcleo, a ese centro de nuestro Ser, no hay miedo posible. La esperanza, tal como decía Raimon Panikkar, no es del futuro sino del presente. En la esperanza siempre estamos esperando algo mejor para el futuro, pero es que al descubrir lo que no es ni pasado ni futuro, sino presente eterno, ahí ya ni siquiera hace falta la esperanza, hay simplemente paz, gozo, no identificándonos con las reacciones emocionales.

En tu libro “Meditar es descansar en el Ser” hablas de cómo llegar a ese estado…

Respecto a la meditación, frente a la impresión que siempre se da de complejidad y de técnicas que hay que realizar, al contrario, se trataría, más bien, de la máxima simplicidad. La esencia de la meditación no sería un hacer más, una actividad más, sino dejar de hacer, un descansar en el ser, descansar el cuerpo, descansar las emociones y descansar la mente. Y entonces puede revelarse, puede transparentarse esa chispa, ese fuego, ese ser divino que somos en el fondo, desde siempre y para siempre.

Has escrito más de quince libros, ¿alguno al que le tengas especial cariño?

A “Las enseñanzas de Sri Aurobindo” le tengo especial cariño, en parte por los dos años pasados en su Ashram en la India y porque fue mi tesis doctoral en Filosofía. También el libro “Sabiduría y Gratitud” porque me parece que ofrece una visión de conjunto más amplia en las diferentes formas de la sabiduría y ofrece también un canto a la gratitud como experiencia fundamental.

Eres presidente de la Asociación Akasha donde hacéis meditación cada semana.

Akasha nace como grupo que descubre la meditación. Fue en Casa Asia donde yo daba unos cursos de meditación, allí nació el libro “Meditar en el hinduismo y el budismo” y varios de los que asistieron me propusieron seguir reuniéndonos en una casa particular. Y estuvimos varios años hasta que poco a poco el grupo fue sintiendo que le apetecía compartir la experiencia con los demás. Actualmente hay varias personas dedicadas a la psicoterapia, al arte, a la astrología, hay distintas sensibilidades, todas en sintonía con la vibración de Akasha.

¿Está abierto a todo el mundo?

Si, el eje central son las meditaciones de los jueves de 19h a 20h, abiertas a quien quiera participar. Hay una atracción por afinidad y quien se siente bien, sigue viniendo. Y también frecuentemente hay talleres, conferencias y presentaciones de libros. Se puede visitar la web para informarse de las actividades que se realizan, www.espaiakasha.org

Lejos de miradas apocalípticas, el futuro es nuestro. Y la Alegría necesaria.

Muy importante, la alegría es una característica de lo sagrado. La esencia de la alegría sería ese gozo, ese “Ananda” que constituye parte de la esencia de la realidad y de nosotros mismos. Desde la alegría surge la creatividad y la posibilidad de construir algo nuevo.

Muchas gracias Vicente, esperamos que este 2021 sea todo aquello que en lo profundo de nuestro corazón deseamos todos.

Antonia Utrera

El artículo original se puede leer aquí