Por Tomás González F.

En conversación con (UChile), el vocero de la Coordinadora Arauco-Malleco abordó los principales temas que impiden la resolución de un conflicto que pareciera no tener fin. La comisión que investiga el homicidio de Camilo Catrillanca, las responsabilidades políticas de los gobiernos de turno y los verdaderos enemigos de la resistencia mapuche, son algunos de los temas que planteó el líder de la CAM.

Luego de la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca, la agudización del conflicto en La Araucanía se ha hecho evidente. De manera desesperada, el gobierno de Sebastián Piñera ha intentado poner un alto a las acciones de resistencia y descontento que se han producido al sur del Bío-Bío, con medidas que parecieran ser contrapuestas.

Al más fiel estilo de Hollywood, han surgido las figuras de los ministros Alfredo Moreno y Andrés Chadwick protagonizando los roles del policía bueno y el policía malo.

El primero, acercándose a las comunidades con un discurso apaciguador, intentando encontrar una salida pacífica a través del diálogo. Por su parte, el segundo insiste en entregarle mayores atribuciones –como leyes de excepción– a uniformados e instituciones de Orden y Seguridad, las mismas que han demostrado ser incapaces de controlar el conflicto.

En conversación con Diario y Radio Universidad de Chile, el vocero de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), Héctor Llaitul, hizo un análisis de la situación actual de la demanda histórica mapuche y alertó sobre la agudización de un conflicto que cada vez suma más actores.

–La Comisión Investigadora por el caso Catrillanca ha resuelto oficiar a Michelle Bachelet para que explique su actuar en los años 2015 y 2016, cuando decretó el sector de Pailahueque como zona de seguridad. Sin embargo, el hecho ocurrió en el actual gobierno de Sebastián Piñera. ¿Crees que este es un tema que tiene que ver con el gobierno de turno?

–Para nosotros son todos lo mismo. Ese es el diagnóstico que hacemos. Desde la causa mapuche no vemos a la clase política muy diferenciada unos de otros, sino que los vemos como parte de este Estado –de tipo colonial y racista–, que tiene este trato con el pueblo-nación mapuche. Por lo mismo, nosotros hemos sido categóricos y bien claros en el sentido de no hacer mucha diferencia entre un gobierno y otro. Los reconocemos como parte de este andamiaje de poder, este sistema de dominación que nos oprime en forma, incluso, de ocupación y de presión hacia el wallmapu, y que nos tiene coartados todos nuestros derechos fundamentales.

–En ese sentido, ¿qué derechos fundamentales son los que el Estado no ha podido garantizar para el pueblo-nación mapuche?

–El Estado ha sido protagonista en, por ejemplo, la negación al derecho sobre el territorio y la devolución de las tierras. A esto se suma la negación de nuestras libertades con una ocupación tal, que nosotros los mapuches no nos sentimos libres en nuestra condición de comunidades sometidas. Por lo tanto, este derecho a la libertad, graficado en la posibilidad de luchar por la autodeterminación y la autonomía, se nos niega. Eso se grafica claramente en los gobiernos de turno.

–La Comisión Investigadora que indagará la muerte del comunero Camilo Catrillanca cuenta con la participación de parlamentarios de todos los sectores. ¿Ves en esta instancia una oportunidad para llegar a una solución?

–Sentimos que esta Comisión Investigadora es una farsa. Más allá de que es una cortina de humo para el momento, es una farsa absoluta, porque ¿qué van a investigar? Si son ellos los responsables de toda la criminalización, la militarización, el asesinato político, la prisión, los montajes, la forma en que están abordando la realidad con nuestro pueblo-nación mapuche como pueblo originario, con la reinstalación de la doctrina de seguridad nacional en la que el enemigo interno somos nosotros. O sea, el mapuche es a quien hay que combatir.

Esa es la lógica que tiene el quehacer político hoy día, la clase dirigente. Y la clase dirigente está ahí, precisamente, en esta comisión. Una farsa absoluta porque ellos representan la gobernanza, ellos representan a las autoridades que en su momento fueron gobierno y sus gobiernos asumieron estas políticas.

–Dentro de los miembros de esta comisión también están la diputada de Renovación Nacional, Aracely Leuquén, y la diputada socialista, Emilia Nuyado. ¿Te parece que pueden hacer una buena representación del pueblo mapuche?

Ellas no representan al pueblo mapuche. Que quede claro. Ellas representan a sus partidos, solo tienen apellidos. Si representaran al pueblo-nación mapuche, no serían de partidos políticos. Y si lucharan por la autonomía, serían parte del Movimiento Mapuche Autonomista. Ahí somos otros los que estamos representando. Hay que diferenciar y aclarar las cosas, en la política se usan mucho estos artificios para engañar a la gente.

Nosotros tenemos la responsabilidad política de representar a nuestro pueblo en la lucha por la autonomía y la restitución territorial. Si esta gente estuviera acá, en esta lucha, no estarían en el Parlamento.

–Se habla mucho de las responsabilidades en el gobierno, del ministro Chadwick, por ejemplo, o del mismo presidente Piñera. Pero en su parece, ¿cuándo comenzó a agudizarse este conflicto?

Cuando se empezó a reivindicar esta necesidad para el pueblo-nación mapuche, empieza inmediatamente –como respuesta de parte del Estado– una política de «portazos» a estas reivindicaciones. Ahí empieza la estrategia que han asumido todos los gobiernos. Las políticas del «garrote y de la zanahoria». Entonces, que hoy día tengamos rienda suelta al para-militarismo de los latifundistas y los agricultores, junto a estas fuerzas de ocupación como el Comando Jungla, el GOPE y las Fuerzas Especiales, es el resultado de esta política del «garrote», que es la que más se ha venido desarrollando de parte de los gobiernos.

–​¿Ha habido gobiernos mejores o peores?

Hoy día estamos en un gobierno en el que se ha graficado más claramente todo lo que ha sido la criminalización, sobre todo, con el caso del asesinato cobarde en contra de Camilo Catrillanca. Pero estábamos claros en que esto era algo que se veía venir. O sea, la política de militarización viene del gobierno anterior. La señora Bachelet cuando estuvo como ministra de Defensa, ya venía con esta lógica de afrontar los conflictos sociales con esa mirada, la de enfrentar como un enemigo interno al pueblo-nación mapuche.

En la Operación Huracán, por ejemplo, la señora Bachelet ha guardado un silencio absoluto y así también los personeros de ese entonces. No hay nadie que se le haya endosado esa responsabilidad.

–El gobierno de Sebastián Piñera ha tenido dos figuras que han comandado el desarrollo del conflicto. Por un lado, el ministro Andrés Chadwick aparece como el principal responsable de la tensión actual existente, y por otro, el ministro Alfredo Moreno ha surgido con una propuesta de diálogo intercultural. ¿Ves alguna diferencia entre ambos ministros en su visión respecto de los orígenes del conflicto y de una posible solución al mismo?

–Ambos son las dos caras de una misma moneda. Hay una política que está concadenada a ambos. No es que ellos estén yendo por caminos distintos. Todo lo contrario. Eso es una estrategia conjunta. La estrategia de involucrar al mundo mapuche –de rodillas frente a las políticas extractivistas–, tiene que ver también con que aquellos que no se sometan a los dictámenes y reglas del mercado tengamos que ser reprimidos con la fuerza del garrote –que es la política que presenta el señor Chadwick– y el Comando Jungla, Fuerzas Especiales y Gope. Entonces, para nosotros no hay mucha diferencia. Son las dos expresiones concretas de lo que siempre se ha desarrollado en el tema mapuche.

–El ministro Moreno ha manifestado estar en contra de la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, por ejemplo, lo que le significó ser declarado «persona non grata» por los gremios de agricultores de la zona, quienes lo llaman “pro-mapuche” ¿Esto configura algún tipo de señal para ustedes? ¿Existen ministros “pro-mapuche”?

–Es el juego del policía bueno y el policía malo, pero en el fondo buscan el mismo objetivo. Desarticular las expresiones de lucha, particularmente de aquellos que estamos muy comprometidos con la restitución territorial y la devolución de las tierras usurpadas, y con esta posibilidad concreta de salir de la opresión que nos impone el Estado, a través de la libre determinación o el logro de la autonomía para el pueblo-nación mapuche.

No existen ministros pro-mapuche. Es la incapacidad y el racismo el que ciega a los gremios, que piensan que hay una salida en ese plano. Es una mirada errónea, porque el ministro Moreno en ningún caso es «pro-mapuche». Todo lo contrario. Él lo que pretende es, a través de un acercamiento a ciertos sectores mapuche –y no necesariamente del movimiento mapuche en lucha–, apaciguar y calmar las aguas para lograr que las políticas extractivistas del empresariado, comprometido en zona de conflicto, puedan desarrollarse en forma más tranquila y acorde a un escenario más favorable.

Pero que el señor Moreno venga y diga que ha tenido avances sustantivos, nos parece insólito. La verdad es que no ha tenido ningún avance en materia social y política.

–Esta es una situación que se vive desde los tiempos de la colonia en el territorio de wallmapu. Sin embargo, hoy el conflicto no representa lo mismo que antes. ¿Cuál es el trasfondo actual de la lucha mapuche?

–El trasfondo es que hay un proceso de militarización, hay un proceso de fuerte criminalización y de violencia en contra de comunidades movilizadas, en contra de la gente mapuche. En ese sentido, hay una respuesta de nuestro pueblo que nosotros definimos como de autodefensa y de resistencia. Nosotros nos hacemos cargo en ese plano. Si nosotros somos oprimidos y violentados, tenemos el más legítimo derecho a rebelarnos frente a esa realidad. Eso está consagrado, incluso, en la declaración universal de derechos humanos. Desde el punto de vista de las encíclicas también está definido como un derecho fundamental.

Si nosotros analizamos este trasfondo del conflicto del pueblo-nación mapuche, ahí está el punto de inflexión para entender la realidad y el escenario que hoy se vive, que es uno de confrontación y prácticamente de guerra.

–La CAM, por definición, es una organización de resistencia en una zona de conflicto en la que viven civiles y uniformados ¿Contra quién lucha el pueblo-nación mapuche? ¿Quién es el enemigo?

–El movimiento mapuche no está luchando en contra de la sociedad chilena ni el chileno común que tiene intereses aquí. Eso es absolutamente falso. Tiene que ver hoy día con una confrontación directa con el empresariado comprometido en zona de conflicto y el principal empresariado ahí es la industria forestal. Es decir los grupos económicos con los que nosotros estamos hoy día enfrentándonos, son las empresas forestales.

Ahí hay un conflicto concreto y real, que tiene que ser asumido por la clase política y por los actores políticos. El movimiento mapuche lo ha dejado de manifiesto, pero aquí pareciera ser que miran hacia el lado y no se asume con altura de miras el dónde se ha agudizado el conflicto. Porque el tema de que se haya desarrollado toda esta política de militarización tiene que ver con la custodia de los predios forestales. Estamos hablando de campamentos que están apostados en predios al interior de las forestales, tiene que ver con el resguardo como guardia pretoriana de parte de las Fuerzas Especiales de Carabineros, de los intereses empresariales en zona de conflicto con los cuales las comunidades confrontamos.

–Esta semana circuló por las redes sociales un video en que agricultores botaban a balazos una bandera mapuche. Con la aparición de estos nuevos actores ¿se ha agudizado el conflicto?

–Esto se está agudizando cada vez más. Nosotros ya estamos recibiendo amenazas del para-militarismo latifundista y ellos se pavonean por redes sociales disparando a nuestros símbolos. Nosotros ya hemos dado cuenta muchas veces de la destrucción de nuestros centros ceremoniales y otros símbolos por parte de estos sectores. No los hemos querido confrontar porque no son el enemigo directo, al menos para la CAM. Nuestro enemigo directo son las forestales y los empresarios comprometidos en zona de conflicto.

Pero nosotros a la vez, si sentimos una amenaza en estos grupos, vamos a tener que confrontar con ellos. Vamos a tener que enfrentarnos en terreno con estas expresiones violentas, en defensa de nuestra gente, nuestros recursos y nuestras comunidades.

–Considerando las políticas que se vienen desarrollando en la zona y esta agudización que comentas, ¿ves alguna salida a esta situación?

–El Estado y la gobernanza tiene un descontrol total en este momento. Porque están muy subyugados a los intereses del gran capital y saben que el problema pasa por una disputa territorial en concreto. Si hay que buscar una solución hoy día, tiene que ver con acceder a las demandas del Movimiento Mapuche Autonomista, sobre todo, en lo que respecta a la demanda de tipo territorial. Es decir, nosotros estamos disponibles a conversar y a transar inclusive, sobre la base de la restitución de las tierras para el pueblo-nación mapuche.

Estaríamos hablando de una posibilidad de reconfigurar un mapa territorial para el pueblo-nación mapuche. Es la sociedad chilena, los medios y otros actores políticos, los que tienen que evaluar esta situación: o las tierras siguen en manos de la propiedad usurpada–depredadora y capitalista–, o son devueltas al pueblo-nación mapuche para reconstruir un tipo de sociedad de un pueblo originario. Esa es hoy día la lucha mapuche.


Fuente: Publicado el día 16 de enero 2019 por diarioUchile: https://radio.uchile.cl/2019/01/16/hector-llaitul-no-luchamos-contra-la-sociedad-chilena-ni-contra-el-chileno-comun/?

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