¡Hay que degollar al fotógrafo!

27.06.2018 - Río Negro, Argentina - Gustavo Figueroa

¡Hay que degollar al fotógrafo!
Juan Barrera observa a una de las testigos mientras declara  (Imagen de Gustavo Figueroa)

Desaparición forzada: caso Daniel Solano

Fiske Menuko, Puel Mapu. El fotógrafo observa y lee. “¡El ejercicio de un fotógrafo es la observación y la lectura!”. Desde este principio parte también el fotoperiodista o reportero gráfico, con la particularidad e intensión de siempre registrar con un fin documental. Eso que se registra es un documento de transcendencia histórica. El fotógrafo está atento a los gestos, a los movimientos que transitan frente a él y que delatan un cambio, un hecho particular, la poesía de las cosas, la identidad de los escenarios y los protagonistas de los mismos. El fotoperiodista, como documentalista e historiador, se encarga de observar, leer y registrar los signos visuales, los gestos y los sucesos sociales que pueden caracterizar un espacio, un momento y/o un grupo de personas determinado. El fotoperiodista tiene la difícil misión de condensar esa caracterización (identitaria) compleja, diversa e interminable en una imagen o en una serie de imágenes documentales. ¿Qué o quién(es) avala(n) y permite(n) que un imputado, acusado de desaparecer y asesinar a un joven originario, amenace de muerte, dentro de una audiencia judicial (donde es juzgado por el primer crimen), a un fotoperiodista? ¿El acto se concentra sólo en un entorpecimiento del proceso judicial o también coloca en evidencia el respaldo tácito del que gozan los victimarios para cometer y protagonizar cómodamente este tipo de actos? ¿Qué o quién(es) permite(n) que los 7 imputados de la causa Solano transiten las audiencias como si fueran los observadores de un partido de fútbol? ¿Qué posición asumirán los jueces ante las burlas y las amenazas, tanto dentro como fuera de la sala judicial, que protagonizó Juan Barrera en la última audiencia? ¿Los jueces determinarán que este policía imputado pase la prisión preventiva dentro de la cárcel hasta obtener una sentencia firme? ¿O avalarán que uno de los únicos observadores internacionales del caso (que ha estado en cada una de las casi 30 audiencias) sea degollado (literal o metafóricamente), impidiendo de esta manera que relate lo que ve, en un contexto social en donde la labor de un fotoperiodista vale menos que el precio de una bala?

Introducción

En la audiencia número 28 del juicio por la desaparición y el homicidio de Daniel Solano declararon sólo 4 personas, entre ellas la tía de Daniel Solano y una joven estudiante de turismo que vio como sacaron a Daniel Solano de Macuba la madrugada del 5 de noviembre de 2011. También declaró un camionero (que en su primera declaración había indicado que había visto a Daniel caminando por una ruta). Completó la lista una mujer que escuchó una conversación en un cumpleaños (ya mencionado en la causa) en donde se asegura que fueron los policías los que mataron a Daniel.

Kiñe. Uno

La hermana de Gualberto

Maira Solano es la hermana de Gualberto Solano. Ella fue una de las primeras personas de la familia que se enteró de la desaparición de su sobrino, y fue una de las primeras personas que viajó a Río Negro para buscarlo. “¿Cómo que desapareció? ¡Vos lo llevaste! ¡Vos tendrías que tener el control de la gente que llevaste! Y él me contesta: ‘él es grande. Él sabe lo que hace’. ¿Qué no tienen un control de las personas que llevan? ¿No salen a buscar a las personas cuándo no vuelven?”, le recriminó Maira a Dominguez, alías ‘Pachinga’, el puntero de Agrocosecha que se llevó a Daniel desde Tartagal hasta Lamarque (Río Negro).

Maira Solano confirmó que se realizó una denuncia en Tartagal (un hecho ya citado en el juicio), pero que esa denuncia se perdió. Maira también explicó que durante los primeros días en Neuquén tuvo contacto con los directivos de la empresa Agrocosecha S. A. Maira reconoció, al igual que otros testigos, que estos directivos intentaron convencerla de que Daniel “se había ido con una minita” o que en realidad, como justo el día de su desaparición había cobrado, se estaba gastando el dinero y que cuando ya no tuviera más iba a aparecer.

Maira Solano junto a su sobrina (Romina Solano) pasaron casi cinco años dentro del acampe (una construcción de nylon y palos de madera que no tiene baño, ni calefacción). Dentro de las carpas Maira y su sobrina tuvieron que soportar el miedo de pasar todas las noches en la intemperie y en la vulnerabilidad de esa construcción improvisada. “Una noche sentimos ruido afuera. Cuando estábamos por salir a mirar, sentimos un disparo”. Las amenazas y los gestos de desprecio perduraron en el tiempo. Las dos mujeres estaban en el centro de una ciudad que parecía mirar hacia otro lado. ¡La impunidad estaba garantizada! Un día apareció al lado del acampe, sobre una foto de Daniel, un manojo de huesos. Días previos al hecho Gualberto Solano había declarado en una radio, en un momento de perturbable desesperación, que aunque sea le gustaría encontrar un hueso de su hijo.

Cuatro inviernos sin ningún tipo de privilegios, ni atenciones pasaron las dos mujeres. Maira y su sobrina tenían que ir al baño al Juzgado 30 que está (aún hoy) frente al acampe. Durante esas visitas al juzgado reconocieron a Sandro Berthe. También lo vieron dentro del juzgado a Juan Barrera. Durante esos cuatro largos años Maira y su sobrina estuvieron en contacto con varios testigos de la causa. Incluso conocieron a Julio a Scuadroni que “fue la persona que se acercó para contar que a Daniel lo habían tirado al jagüel”.

Maira Solano dando su testimonio ante los jueces de la causa, mientras Juan Barrera, en el fondo, observa el piso. Foto Gustavo Figueroa

Dentro del acampe Maira y Romina tuvieron que ser testigos de cómo iba desmejorando gradualmente la salud de Gualberto. Paralelamente al deterioro de su salud, el desprecio y los gestos de violencia por parte de las autoridades encargadas de investigar se fueron acentuando y pronunciando. Un día se difundió la noticia de que había aparecido una persona muerta en una chacra. Maira y Gualberto se reunieron con el fiscal Guillermo Bodrato. Bodrato no especuló en protocolos. Tomó su celular y ante la insistencia de Gualberto, le mostró la foto con el cuerpo en estado de descomposición del hombre, advirtiéndole en un tono despectivo y sobrador, “‘¡fíjate! ¡Ves! ¡No es tu hijo!» Luego, a través de una pericia sobre los dientes de la víctima se confirmo que no era el cuerpo de Daniel Solano.

Gualberto Solano realizó cuatro huelgas de hambre frente al Juzgado 30 de Choele Choele. En la primera Gualberto tuvo problemas de presión. En la segunda huelga tuvo que ser internado por una hipotermia. En la tercera le dio un ACV. Con el jagüel y el juicio aparecieron los problemas en el corazón. Problemas que Gualberto, según el relato de su hermana, no tenía. “El de a poquito iba desmejorando, por el tema que tenía que hacer huelgas de hambre, que tenía que encadenarse, hasta que cayó al hospital con hipotermia. Después le agarró un ACV. Todo eso provocó que se vaya desmejorando hasta que no dio más”.

Epu. Dos

Los acosadores

La joven estudiante fue una de las primeras en llegar a Macuba la noche del 4 de noviembre de 2011. Al llegar vio a Pablo Albarrán en la entrada del boliche. Luego lo vio nuevamente al salir. “Mi compañera me avisa que no nos podíamos ir porque le teníamos que dar la campera a un policía. Me quedé. Eran como las cinco y media de la madrugada. Ya era tarde porque no quedaba casi nadie. Viene un policía y me pide la campera. Yo se la entrego. Era Albarrán”. La joven escuchó cuando el animador llamo a la policía. Mientras ella se dirigía para la entrada del boliche, vio cómo lo sacaban a Daniel. Vio cómo se cayó y cómo se detuvo a levantar su zapatilla. En total la joven contó por lo menos cuatro policías llevándose a Daniel, aunque al único policía que identifico esta estudiante fue a Juan Barrera. “La persona que lo saca es morocho y alto. Era Barrera”. Según esta testigo estaba también Pablo Bender dentro del boliche. Curiosamente es uno de los abogados defensores el que le lee un fragmento de su primera declaración colocando en evidencia a sus defendidos. En esta declaración la testigo reconoce a Bender dentro del boliche porque más de una vez lo había visto junto a Juan Barrera comportándose de una manera provocadora e indebida. “Bender y Barrera, cuando están juntos, son insoportables de como molestan a las mujeres”.

Pablo Albarrán escuchando el relato de la estudiante. Foto Gustavo Figueroa

Küla. Tres

La pista falsa del camionero

“Fui a la comisaria a hacer un trámite y justo vi una foto, va un dibujo. Entonces le dije a la persona que atendía ‘creo que vi una persona muy parecida a él, pero era una persona que iba caminando. (…) Yo hice un comentario y me tomaron como testigo”. Este testimonio pertenece a un camionero. Su relato es idéntico al que dio otro camionero que dijo haber visto a Santiago Maldonado en Entre Ríos. Pareciera que, a simple vista, en cada desaparición forzada se aplica el mismo método, con las mismas pistas falsas; las mismas pistas falsas forman parte del mismo plan de encubrimiento y de desaparición forzada. ¿Pueden estos testigos ser tenidos en cuenta como protagonistas menores del sistema de encubrimiento que practican los verdugos y los autores intelectuales de la desaparición y homicidio de Daniel Solano? La deferencia con este testigo se establece en que es evidente su vínculo con los protagonista de la causa, no sólo porque éste confesó que tenía un familiar en las fuerzas de seguridad del Estado, sino además porque él mismo reconoció que realizaba viajes para Expofrut. “Tengo un familiar que trabaja en una comisaría de Allen y yo le sacaba frutas con el camión a Expofrut”.

Meli. Cuatro

¡Hay que degollar al fotógrafo!

El fotógrafo observa y lee. “¡El ejercicio de un fotógrafo es la observación y la lectura!”. Desde este principio parte también el fotoperiodista o reportero gráfico, con la particularidad e intensión de siempre registrar con un fin documental. Eso que se registra es un documento de transcendencia histórica. El fotógrafo está atento a los gestos, a los movimientos que transitan frente a él y que delatan un cambio, un hecho particular, la poesía de las cosas, la identidad de los escenarios y los protagonistas de los mismos. El fotoperiodista, como documentalista e historiador, se encarga de observar, leer y registrar los signos visuales, los gestos y los sucesos sociales que pueden caracterizar un espacio, un momento y/o un grupo de personas determinado. El fotoperiodista tiene la difícil misión de convertir esa caracterización (identitaria) compleja, diversa e interminable en una imagen o en una serie de imágenes documentales.

¿Qué o quién(es) avala(n) y permite(n) que un imputado, acusado de desaparecer y asesinar a un joven originario, amenace de muerte, dentro de una audiencia judicial (donde es juzgado por el primer crimen), a un fotoperiodista? ¿El acto se concentra sólo en un entorpecimiento del proceso judicial o también coloca en evidencia el respaldo tacito del que gozan los víctimarios para cometer y protagonizar comodamente este tipo de actos? ¿Qué o quién(es) permite(n) que los 7 imputados de la causa Solano transiten las audiencias como si fueran los observadores de un partido de fútbol? ¿Qué posición asumirán los jueces ante las burlas y las amenazas, tanto dentro como fuera de la sala judicial, que protagonizó Juan Barrera en la última audiencia? ¿Los jueces determinarán que este policía imputado pase la prisión preventiva dentro de la cárcel hasta obtener una sentencia firme? ¿O avalaran que uno de los únicos observadores internacionales del caso (que ha estado en cada una de las casi 30 audiencias) sea degollado (literal o metafóricamente), impidiendo de esta manera que relate lo que ve, en un contexto social en donde la labor de un fotoperiodista vale menos que el precio de una bala?

Momento previo a la amenaza. Foto Gustavo Figuero

Juan Barrera ya fue acusado de golpear más de treinta veces a un mismo joven perteneciente a los barrios perifericos de Río Negro. Varios testigos son los que lo vieron sacando a Daniel Solano de Macuba. Tanto Juan Barrera como su hermana han intervenido a varios testigos previo a sus testimonios, con el sólo propósito de intimidar y resguardar su integridad. En la última audiencia Juan Barrera se burló de la hermana de Daniel Solano y amenazó de muerte a quien escribe esta crónica. Parte del resultado de este proceder ha estado a la vista durante todo el juicio. Muchos testigos han vuelto a sus casas (res)guardando información importante que los compromete a los policías imputados.

Juan Barrera está sentado dentro de la sala judicial. Mira hacia adelante. Luego mira hacia el suelo. Su posición es similar a la que ha mantenido prácticamente durante todo el juicio Pablo Bender. Una posición casi fetal, en donde el imputado junta la cabeza con las rodillas y se queda detenido observando las lineas negras de las baldosas de la sala de la Ciudad Judicial. Yo retrato esa escena. Estoy a poco menos de cinco metros de distancia. Mientras yo realizo las fotografías una de las testigos claves de la causa da su testimonio por videoconferencia. El contexto y el momento que transita el juicio sin duda es tenso. Quedan tan sólo dos audiencias antes de los alegatos y la posterior sentencia. Realizo una fotografía más. Barrera me mira. Se pasa el dedo indice por uno de los ojos. Se puede ver la piel interior de su ojo. Me hace recordar a la retina cortada con un navaja que aparece en la película de Luis Buñuel. Barrera se vuelve a erguir. Espera que yo deje de mirar la pantalla de la cámara para mirarlo a él. Cuando lo hago, él sutilmente se pasa toda la mano por el cuello. El mensaje era claro. Degollar al observador de la sala judicial es intentar dejar ciega a la misma sala. Degollar al observador de la sala es como degollar también a los testigos de la causa, al público presente y a ese público que mira a la distancia el proceso de la causa. ¿Cuál es finalmente la información que sale afuera de la sala judicial? ¿Quién la trasmite? ¿De qué forma favorece que el rostro de los 7 policías imputados no aparezcan en las pantallas de los medios masivos de la región y el país? ¿De qué forma perjudica esta omisión, por parte de los medios masivos, a los testigos de la causa y al público presente que observa a la distancia el proceso de la causa?

Categorías: Derechos Humanos, Sudamérica
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