La ausencia de testigos (históricos)

06.04.2018 - Río Negro, Argentina - Gustavo Figueroa

La ausencia de testigos (históricos)
Gualberto Solano en una de las pocas imágenes en la que se lo ve reír dentro de la sala judicial. (Imagen de Gustavo Figueroa)

Un fragmento de la extensa dimensión del concepto de impunidad: la muerte de Gualberto Solano

Fiske Menuko, Río Negro. La sala (judicial) llena resulta un indicador certero de que una parte importante de la ciudadanía está preocupada por el desarrollo y el resultado del proceso judicial; es un indicador de que la misma ciudadanía está dispuesta a entregar horas de su tiempo laboral, productivo y personal para saber la verdad y exigir justicia sobre un caso de opresión sistemática que no sólo queda alojado en el cuerpo de la víctima y sus familiares; es la misma ciudadanía la que decide imponer su presencia dentro de un caso que está atravesado por distintas acciones de corrupción, impunidad y violencia. Desde otra perspectiva, es necesario comprender que un fragmento de la extensa dimensión del concepto de impunidad (criminal) está compuesta por la soledad con la que los familiares de las víctimas atraviesan los procesos judiciales dentro de los recintos de la justicia. “Hasta que no les tocan el culo a ellos nadie se mueve”, me respondió con bronca Mónica Alegre (mamá de Luciano Arruga) durante la primera audiencia por el juicio por la desaparición forzada de Daniel Solano. Luego en un pasillo de la sala judicial Gualberto Solano me confesó “no me quedo adentro porque la cabeza me queda así”, mientras que con las dos manos realizaba un gesto indicando que su cabeza había aumentado considerablemente de tamaño. Sobre esos pasillos pasó las últimas audiencias Gualberto. Se quedaba en silencio viendo pasar a todo el personal del poder judicial, con la compañía de algunas pocas personas sensibilizadas con la causa. Gualberto Solano no sólo se fue sin saber qué hicieron con su hijo, Gualberto se fue con los gestos de burla de los verdugos de su hijo clavados en la retina de sus ojos, se fue contemplando el vacío acuciante y absurdo que producían las paredes blancas de los los pasillos de la ciudad judicial durante las pocas jornadas (aunque extensas) en las que pudo estar. ¿La ausencia de testigos (históricos) que presencian el juzgamiento de los abusos cometidos en contra de trabajadores rurales originarios dentro de la región del Alto Valle especifica un sutil mensaje que nos sugiere la permanencia impune del sistema de tortura y dolor que producen estas redes criminales?

Introducción

El juicio por la desaparición forzada de Daniel Solano comenzó el 5 de marzo de 2018. Gualberto Solano dio su testimonio ese día y estuvó presente en las primeras tres audiencias. Luego se retiró a los pasillos de la Ciudad Judicial de Fiske Menuko. El cuarto día los testigos pidieron que no estuvieran en la sala ni los imputados, ni los periodistas; tampoco el público. Desde ese momento este pedido ayudó a que las salas comenzarán a vaciarse. Las audiencias son extensas. Duran casi todo el día. Y ya la jueza advirtió que puede utilizarse la feria judicial de julio para continuar con el juicio que entiende que se extenderá inclusive hasta esa época del año.

Familiares de los policías imputados sentados dentro de una sala vacía. Detrás un grupo de oficiales que custodian el recinto. Foto Gustavo Figueroa

Muchos testigos (históricos) lograron ir a las primeras jornadas judiciales, esperando creo yo, como corresponde, que tome la posta otro, pero lamentablemente no fue así. Las primeras tres jornadas hubo público, luego la sala judicial se vació, ayudado un poco por el pedido de los testigos de que no hubiera público durante sus declaraciones, pero también habría sido importante acompañar a Gualberto en los pasillos, habría sido importante no dejarlo solo.

Kiñe. Primer capítulo

Los caramelos de Gualberto

“¿Tiene algo en la boca?”, le preguntó la jueza antes que comience a declarar. “Si lo tiene por favor se lo pueda sacar”. Gualberto Solano tenía un caramelo. Puso su mano en la boca y lo expulsó. Luego con un movimiento dudoso lo alojó en uno de los bolsillos de su jeans azul. El gesto estaba cargado de años de ternura. En la sala se escucharon unas leves sonrisas. Ninguna expresaba gestos de burla. Al contrario de ello, expresaban gestos de ternura. Resultaba casi imposible sentir otra cosa. Luego al terminar la jornada y mientras Asunción Ávalos despedía a Gualberto le dije en un tono risueño que lo habían retado y que no lo habían dejado comer caramelos. Gualberto se rio. Era la primera vez que lo veía reír a Gualberto dentro del juicio y era la primera vez que lo saludaba. Luego, mientras charlaba con un testigo histórico dentro de la sala logré capturar otra sonrisa, que es la misma que se puede ver en la fotografía que acompaña como portada esta crónica.

En otra oportunidad me senté junto a Gualberto en uno de los pasillos de la ciudad judicial y charlamos un poco más. “Tengo la cabeza así”, me confesó Gualberto mientras extendía sus dos manos cerca de la cabeza, indicando que el tamaño de la misma había crecido considerablemente. “Hasta ahora todas las declaraciones han girado prácticamente en el mismo escenario y en la misma fecha: la fecha de cobro de Daniel y la noche en que desapareció dentro del boliche”, le indique a Gualberto. Él asintió. Luego tres jóvenes estudiantes universitarios nos ofrecieron un sándwich. Gualberto no quiso comer. Gualberto solía tener en la boca caramelos. Nos quedamos los dos casi en silencio por un tiempo prolongado. Los testigos no quería que hubiera público en la sala.

Muchas veces lo vi a Gualberto mirando hacia arriba como buscando fuerzas, como murmurando algo en la parte superior del recinto.  Foto Gustavo Figueroa

El tercer (y último) encuentro fue también fuera del recinto judicial. Habían terminado de declarar los compañeros de Daniel. Yo ya me estaba yendo, pero lo pase a saludar y me quede charlando con el padre Cristián Bonin. “Tiene un ojo rojo Gualberto”, le dije. “Tiene problemas de presión”, me comentó Cristián. Se había hecho una revisación médica el día anterior. No se veía como hecho grave. La preocupación propia de las circunstancias. Lo despedí a Gualberto pensando que lo volvería a ver. Gualberto me dio la mano y dejó escapar una leve y amena sonrisa. Ese día volví a Neuquén pensando en cómo serían las noches y los días de Gualberto. Mientras iba en el colectivo pensaba en cómo dormiría Gualberto, si es que dormía. Si se despertaba en la noche pensando en que quizás Daniel tuviera frío o hambre. ¿Cuánto frío habrá sufrido Gualberto en estos seis años? ¿Habrá padecido el frío de la región? ¿Cómo se alivia padecer la angustia de no poder estar en la casa de uno, padeciendo la tierra lejana? ¿Con quién hablaría Gualberto cuándo se despertaba a las tres de la mañana? Uno se despierta a las tres, a las cuatro o a las seis de la mañana. Incluso no duerme pensando en la puerta, en el celular. ¡Y si mi escribe al celular! ¡No se puede quedar sin baterías! ¿Dónde andará mi chango? ¿Qué han hecho con él? ¿Dónde está?

La mamá de Sergio Ávalos también se fue antes de saber que es lo que había pasado con su hijo. Dentro de este contexto uno comienza a convertirse en un testigo (histórico) de como los casos de la región quedan impunes, comienza a ver como se pierden las pruebas, se cajonean los expedientes (como si tuvieran una enfermedad terminal) y encima uno es testigo de como los responsables directos siguen trabajando, incluso reciben ascenso por su desempeño (véase el caso Rafael Nahuel).

A los desaparecidos no se los olvida, al contrario de ésto, a los desaparecidos se los tiene bien presentes, con la sensación siempre cálida y cercana de que andan en algún lugar, por ahí revoloteando, como si fueran una golondrina.

Epu. Segundo capitulo

La ausencia de testigos históricos

En un contexto en el que la sociedad rural, el poder empresarial, las fuerzas de seguridad nacional y los regímenes neoliberales han tomado un control austero y violento de la realidad (comunicacional) y la vida cotidiana, el caso Solano resulta ser un regalo, por no decir un sopapo en la cara, para contrarrestar los abusos y los gestos de impunidad que promueve en la actualidad la derecha neoliberal latinoamericana. Un joven originario, trabajador rural víctima de explotación laboral es desaparecido por agentes de las fuerzas de seguridad del Estado (argentino) con la complicidad del poder empresarial y los representantes del Estado. Todo un espectáculo, en términos comunicacionales, digno de contemplar. Pero, ¿por qué las salas y los pasillos judiciales están vacíos? ¿Por qué los medios regionales realizan coberturas parciales, acotadas casi miserables del caso? ¿Por qué comunicacionalmente no se promueve la presencia de testigos (históricos) del juzgamiento, por primera vez, de las víctimas rurales y originarias de la región, abusadas sistemáticamente durante décadas?

Gualberto Solano se mantuvo detrás de los abogados querellantes. Foto Gustavo Figueroa

Gualberto no quería entrar a la sala, en la sala había más familiares de los victimarios que testigos (históricos) que sean capaces de contar la verdad de cada una de las jornadas del juicio sin la influencia de los medios masivos locales que sólo asisten al primer y al último día del juicio. ¿Quién va a contar la verdad? ¿Es una responsabilidad qué sólo tiene que quedar alojada en los abogados querellantes? ¿Era una responsabilidad que pretendíamos qué sólo quede alojada en el cuerpo de Gualberto? ¿Por qué la salas judiciales no están repletas de estudiantes universitarios? ¿Desde qué perspectiva van a dar su testimonio histórico del futuro? ¿Terminaran siendo trabajadores de empresas petroleras que ven pasar desde sus camionetas Hilux la miseria de los trabajadores rurales del norte del país que transitan las calles de la región recibiendo el desprecio de la ciudadanía? ¿Es realmente importante saber la verdad de lo que le pasó a Daniel Solano la madrugada del 5 de diciembre de 2011? ¿Realmente le importa a la ciudadanía de Río Negro y Neuquén? ¿Puede ser esta ciudadanía testigo histórica del caso? ¿Puede existir un cambio cultural sólo con la resolución y la sentencia de un caso, si en su proceso no existió la presencia de testigos históricos que permitan repensar inclusive los hechos, detalles y las micro violencias que se producen en la región en contra de trabajadores rurales originarios? ¿Es casual que los medios masivos locales (líderes y formadores de opinión) y la ciudadanía en general se queden sólo con las resoluciones del caso?

En el caso Solano están reunidas todas las formas de violencias y abusos, incluso las de género, porque hablar de la explotación rural en la región no es sólo hablar de jóvenes y hombres originarios explotados, también nos permite hablar de las mujeres obreras que padecen dentro de las chacras de la mal llamada Patagonia argentina.

Küla. Tercer capítulo.

La presencia de testigos históricos y testigas históricas

Por esas casualidades que a esta hora de la noche alguien te haya pasado este sitio y estés leyendo este texto, pero tengas dudas de ir o no ir mañana porque pensás que es lejos, que es muy temprano, o que la ruta 22 a las ocho de la mañana es una mala opción y que el colectivo es probable que de 300 mil vueltas, tenés que pensar que en cada audiencia te estás formando de manera perdurable e histórica, y que resulta tan formativa tu presencia como lo es presenciar los juicios por Delitos de Lesa Humanidad ocurridos durante la última Dictadura Cívico Militar en la Argentina. Tenés que saber que éste es un juicio histórico y que por lo tanto tu presencia es histórica (testigos históricos y testigas históricas), que es el primer juicio en donde se juzgan a policías que no sólo actuaron bajo el respaldo de la institución policial, sino además bajo la tutoría de agentes del poder judicial y de empresarios de la sociedad rural. No necesitás mucho, sólo con registrarte con tu documento ya podes ingresar, seas estudiante universitario, empleado de comercio, jubilado o ama de casa. Por otro lado, si por esas casualidades, estas creyendo que yo me tomo en broma un tema tan delicado y que, por lo tanto, no estoy a la altura de las circunstancias tenes que ver como  los verdugos de Daniel Solano se cagan de risa dentro de la sala de audiencia.

Categorías: Derechos Humanos, Opiniones, Sudamérica
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