Desaparición forzada: caso Daniel Solano

Fiske Menuko, Río Negro. Sandro Berthe fue identificado, durante la última rueda de testimonios, como la persona que más cercanía y diálogo tenía con Carlos “tonelada” García, el dueño del boliche bailable Macuba Megadisco de Choele  Choel. A su vez este testigo, clave dentro de la causa, reconoció que García, luego de que desapareciera Daniel, le advirtió a todos sus empleados que si alguien tocaba el tema Solano iba a perder su trabajo. Por su parte la tercer testigo, también de identidad reservada, reconoció a Berthe como uno de los cinco policías que estaba parado en la puerta de entrada del boliche la noche en que desapareció Daniel Solano. Por último, y siguiendo esta red de relaciones, la cuarta persona que testificó reconoció dentro de una fotografía (tapa del documental “¿Dónde está Daniel Solano? Diario de una causa” de  Leandro Aparicio, abogado querellante de la causa) la presencia del ex comisario de Lamarque Raúl Aramendi junto a uno de los dueños (Adrián Lapenta) de la empresa Agrocosecha S.A.. Las relaciones de poder en los pueblos chicos –como en las grandes ciudades– generan, en su versión delictiva, dinero e impunidad; impunidad silenciosa que intenta ser, casi como si se tratara de un hecho sin precedentes, denunciada (en este caso) como una escena de opresión general y naturalizada; situación de opresión que no concluye sólo en el cuerpo de Daniel Solano, sino que se extiende hasta el cuerpo de su familia y el cuerpo de otros trabajadores sometidos a una estructura de explotación (laboral) aparentemente invisibilizada, anónima e inimaginable. En consecuencia, cuando un medio de información (como éste) decide hacer foco sobre un protagonista perteneciente a una estructura delictiva de estas características, no pretende aislar sólo a un actor como único responsable, dado que este protagonista no puede ser pensado y juzgado con un grado de responsabilidad inferior a la de aquellos que premeditaron sus acciones dentro de la red delictiva.

Día 4. El juicio

Introducción

En la cuarta jornada del juicio por la desaparición forzada de Daniel Solano dieron su testimonios 4 personas de identidad reservada. Dos de ellas presentes dentro de Macuba Megadisco la noche en que desapareció el joven “golondrina”.

Kiñe. Primer capítulo

En el centro de la escena

Sandro Berthe mira la cámara con seriedad. Habla con sus compañeros (imputados). No escribe, como sí lo hacen sus colegas desde la tercer jornada judicial. Sandro Berthe sólo escucha. Por momentos parece nervioso: se come las uñas con insistente voracidad. En otros momentos se muestra algo más tenso e introspectivo: agacha la cabeza y mira sigiloso dejando ver una expresión de odio enconado. La única persona presente en la sala judicial acompañando a los imputados es familiar de este oficial. Pocas veces se miran, casi no se hablan en los cuartos intermedios.

Berthe deja ver, cada tanto, expresiones elocuentes dentro de la sala de audiencia. Foto Gustavo Figueroa

El primer testigo en declarar fue un testigo presencial, ex trabajador de Macuba. Éste confirmó que de los tres oficiales imputados que realizaban adicionales en el boliche, Sandro Berthe era el que más vínculo mantenía con Carlos “tonelada” García, el dueño de Macuba. Y si bien este testigo no especificó de qué hablaban o cómo se sustentaba su relación, fue contundente en aclarar que (Juan) Barrera y (Pablo) Bender no tenían el vínculo que sí mantenía Berthe con “tonelada” García. La contradicción de este testigo nació cuando explicó la manera en que fue sacado Solano de Macuba. Según su relato a Daniel Solano lo sacaron dos policías empujándolo de los hombros como si fuera un carro de compras, algo que se contradice con un testimonio del día 3 (véase “La última orden”) en donde la testigo aseguró que a Daniel lo sacaron con los brazos en la espalda y con el rostro cubierto.

Antes de terminar su testimonio la jueza le realizó a este testigo un llamado de atención porque entendió que cuando la defensa de los imputados preguntaba, él respondía con lujo de detalles, en cambio cuando preguntaba la querella el testigo respondió, en varias ocasiones, con la frase “no recuerdo”. Por ejemplo, una de las frases que sostuvo tres veces este testigo fue que no se acordaba la frase pronunciada por Carlos García advirtiéndoles a sus empleados que si tocaban el tema Solano iban a ser despedidos. Incluso el abogado querellante Leandro Aparicio le leyó su declaración en dos oportunidades diferentes, pero el testigo insistió en afirmar, a modo de justificación, que no se acordaba y que esa declaración había sido realizada hace seis años.

Epu. Segundo capitulo

Los cinco policías parados en la puerta de entrada

El testimonio de la tercera persona llevó nuevamente el caso dentro de las instalaciones de Macuba. Según esta testigo, ella llegó al boliche cerca de las dos de la mañana. Antes de ingresar vio en la puerta de entrada a cinco policías. Según la testigo, entre estos cinco oficiales, se hallaba Sandro Berthe. Ya en la pista de baile la testigo aseguró que vio a varias parejas de dos policías dentro Macuba, y que entre esas parejas se hallaba Walter Echegaray –otro de los oficiales que ha sido mencionado varias veces dentro del caso–. Para completar los datos en referencia a Berthe, la testigo hizo mención a que dentro de la ciudad (Choele Choel) se lo reconoce como un policía violento.

En una segunda parte de su testimonio la testigo hizo referencia a que al salir del boliche (cerca de las cinco de la mañana) en vez de los cinco policías había un pareja nueva de dos oficiales parados en la puerta de entrada de Macuba. También la testigo de identidad reservada aclaró que si bien no pudo ver cuando sacaron a Daniel Solano del boliche, sí pudo escuchar como el animador de la noche le pedía a la policía que se acercara a la pista para sacar a una persona.

Por último, como dato relevante que ofreció este testimonio, la testigo completó una escena que hasta ahora, dentro del juicio, no había sido mencionada. La testigo explicó que luego de que la policía retirara a un joven del establecimiento la noche prosiguió con un striptise que tenia como protagonistas a varias mujeres habitúes del lugar y a un joven trabajador golondrina. Para la testigo, según su impresión, este último estaba siendo sometido a una forma de humillación ya que no mostraba tener una conexión o diálogo entre sus actos y el de las mujeres. Según el relato de la testigo el joven estaba parado en el centro de la pista mientras las mujeres simulaban azotarlo (como si fuera un esclavo) mientras el animador del boliche arengaba desde una cabina la escena en la pista de baile.

Kechü. Tercer capítulo

La red de relaciones: el poder empresarial junto al poder policial

Por último la cuarta testigo identificó dentro de una fotografía (tapa del documental “¿Dónde está Daniel Solano? Diario de una causa”) al ex comisario de Lamarque Raúl Aramendi y a uno de los dueños de Agrocosecha S.A., Adrián Lapenta. Específicamente en la imagen se puede apreciar al equipo de fútbol de Agrocosecha posando para una foto previo a un partido de fútbol (la fotografía se puede encontrar en internet y dentro del material documental ya mencionado). De esta forma quedaron evidenciados los vínculos entre el poder empresarial y el policial, teniendo como protagonista también, y en la misma foto, a Daniel Solano. Por último, y a modo de aclaración, la testigo dijo que Aramendi mantenía una relación con todos los directivos de Agrocosecha y que ella participó de reuniones familiares en donde estos hombres estaban presentes.

Leandro Aparicio le muestra a los imputados y a los abogados defensores la fotografía de un joven humillado dentro de una “fiesta” en Macuba. Foto Gustavo Figueroa

Las relaciones de poder en los pueblos chicos –como en las grandes ciudades– generan, en su versión delictiva, dinero e impunidad; impunidad silenciosa que intenta ser, casi como si se tratara de un hecho sin precedentes, denunciada (en este caso) como una escena de opresión general y naturalizada; situación de opresión que no concluye sólo en el cuerpo de Daniel Solano, sino que se extiende hasta el cuerpo de su familia y el cuerpo de otros trabajadores sometidos a una estructura de explotación (laboral) aparentemente invisibilizada, anónima e inimaginable. En consecuencia, cuando un medio de información (como éste) decide hacer foco sobre un protagonista perteneciente a una estructura delictiva de estas características, no pretende aislar sólo a un actor como único responsable, dado que este protagonista no puede ser pensado y juzgado con un grado de responsabilidad inferior a la de aquellos que premeditaron sus acciones dentro de la red delictiva. A su vez, jurídicamente, individualizar la pena significa individualizar el grado de responsabilidad de cada uno de los protagonistas que actuaron en este caso y dentro de la red delictiva que violentó sistemáticamente a por lo menos 300 trabajadores –que es el número que corresponde a las cuadrillas contemporáneas y presentes junto a Daniel Solano– dentro de Agrocosecha S.A.