Entender la situación actual de Oriente Próximo: del final de la Guerra Fría al futuro de Las “Primaveras Árabes » (3/3)

13.03.2017 - Olivier Flumian

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Entender la situación actual de Oriente Próximo: del final de la Guerra Fría al futuro de Las “Primaveras Árabes » (3/3)
(Imagen de Stewf)

Para entender la situación actual del Oriente Próximo, es necesario revisar un siglo de historia. Efectivamente es necesario remontarse a los días posteriores de la primera guerra mundial para ver la implantación de una gran parte de las circunstancias geopolíticas que explican la multiplicidad y la maraña de conflictos actuales. Una cosa es segura, si las grandes potencias influyeron durante mucho tiempo de manera decisiva en el curso de los acontecimientos, los actores regionales y locales se fueron reafirmando de manera ascendiente a lo largo de todo el siglo. Después del domino de Gran Bretaña y Francia durante el periodo de entre guerras, las dos superpotencias de la guerra fría tomaron el relevo. Después de la caída del Muro de Berlín se abre la fase de omnipotencia estadounidense puesta en tela de juicio después del 11 de septiembre de 2001. Con la era de la globalización se observó de manera creciente un aumento en las potencias regionales de su autonomía, su independencia de acción, su influencia, y se exacerbaron las rivalidades entre ellas. Intentemos verlas de manera más clara.

Enlaces en 3 partes:

De una guerra mundial a otra (1/3)

De 1945 a 1990, la apuesta de la Guerra Fría (2/3)

Del fin de la Guerra Fría al futuro de las « Primaveras árabes » (3/3)

El fin de la Guerra Fría y la efímera dominación norteamericana

El derrumbe del imperio soviético en 1991 abre un periodo particular de la historia del mundo y de la región. La “hiperpotencia norteamericana” se va a desarrollar sin gran resistencia. La invasión de Kuwait por Irak de Saddam Hussein abre la escena. Debido a la deuda con las monarquías del Golfo junto con los gastos de su guerra contra Irán, el dictador Iraquí piensa en encontrar fondos apoderándose de los pozos de petróleo Kuwaitíes. La ocupación de Kuwait es condenada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. De hecho desata la vuelta a la intervención militar estadounidense, bautizada como “Tormenta del desierto”, con el amparo de las Naciones Unidas. La guerra del Golfo de enero de 1991 termina con una aplastante derrota y expulsión de la armada iraquí de Kuwait. La mayor parte de los países de la región apoyan a títulos diversos la operación de Georges Bush. De hecho son numerosos los actores del próximo oriente satisfechos de ver debilitado el régimen baasista de Bagdad. De esta manera Irak es sometido al embargo de la ONU. La población civil sufre de manera terrible mientras que los marcos del régimen refuerzan su poder gracias a las violaciones del embargo.

En lo que concierne al conflicto israelí-palestino, el fracaso de la primera intifada, la situación de Israel en posición de fuerza seguida del fin del bloque soviético, fuerzan la negociación directa entre los dos protagonistas. En 1993 se firman los acuerdos de Oslo. En los términos siguiente, los Territorios Ocupados se dividen en tres zonas: una zona A controlada por los palestinos, una zona B con un control mixto y una zona C bajo control israelí. La autoridad palestina administra la zona A. De hecho, los terrenos más fértiles así como el acceso a las fuentes de agua quedan bajo control israelí. En la zona C, el estado hebreo consolida su instalación multiplicando la creación de colonias, verdaderos enclaves judíos en territorio palestino. La parte palestina, representada por la OLP, tuvo que aceptar grandes concesiones.

Pero los « halcones » de los dos campos se esforzaron en hacer fracasar los acuerdos de Oslo. Un extremista nacional-religioso judío asesina a Yitzhak Rabin, primer ministro israelí firmante del tratado. Las organizaciones palestinas Hamas y la Yihad islámica, que rechazan el acuerdo, multiplican los atentados contra civiles israelís. La derecha israelí, bajo sus líderes Sharon y Netanyahu, solo piensa en vaciar los acuerdos de su contenido y seguir activamente con la colonización de la Cisjordania de Gaza. Una segunda intifada, esta armada, entre 2000 y 2005, está marcada una vez más por la derrota de los palestinos y termina con el levantamiento de un muro que separa físicamente Israel y sus colonias de los territorios palestinos. En 2006, los islamistas del movimiento de Hamas ganan las elecciones en Gaza. En los años siguientes toman el control del territorio, expulsando a sus rivales de la Autoridad palestina. De ahora en adelante hay dos entidades palestinas rivales. Una en Cisjordania, dirigida por la Autoridad palestina, guiada por Mahmoud Abbas, sucesor de Arafat desde 2004, y otra en Gaza, dirigida por Hamas. En 2009, 2012 y 2014, el ejército israelí bombardea intensamente la banda de Gaza seguida de lanzamientos de cohetes procedentes de este territorio y apuntando a Israel. Los gobiernos sucesivos israelís rechazan toda concesión a la parte palestina, multiplicando las instalaciones de colonias en los territorios ocupados. Aun cuando estos territorios deberían servir de base para la creación de un estado palestino, cada vez más hipotética, se anexionaron a Israel, ilegalmente a los ojos del derecho internacional. El bloqueo persiste.

Desde el fin de la guerra de Afganistán contra los soviéticos, los yihadistas comenzaron a volver sus ataques contra el aliado estadounidense pero también contra los regímenes políticos árabes establecidos. Esto conlleva una larga serie de atentados. El 11 de septiembre Al-qaeda golpea los Estados Unidos en su propio suelo. Los aviones con rutas desviadas se estrellan en las Torres Gemelas de NY así como en el Pentágono. Los atentados causan cerca de 3000 víctimas. El mundo entero esta estupefacto. El nuevo presidente norteamericano, G.W. Bush declara la “guerra al terrorismo” y coloca a Irak e Irán en una lista de estados calificados de “Eje del Mal”. Para la administración norteamericana, es un intento de remodelar el mapa del Oriente Medio en su provecho. En un primer momento, es la invasión de Afganistán y la inclinación del régimen Talibán que protege a Bin Laden y a Al- queda en diciembre de 2002.

Falsamente acusado de poseer armas nucleares (pese a los informes de los inspectores de la ONU), Irak es invadido en marzo del 2003 y el régimen de Saddam Hussein derrocado. Se desmantelan las estructuras de la administración, del ejército y del partido Baath. El poder en Bagdad pasa a la mayoría chiita dejada de lado desde la fundación del país en 1920. En cuanto a los kurdos iraquíes refuerzan la autonomía de su región hasta el punto de convertirse en casi independientes. Una parte de los dirigentes del régimen vencido desencadenan una guerrilla contra los ocupantes. Llega el turno de los yihadistas extranjeros: la guerra de Irak constituye un verdadero soplo de aire fresco para estos últimos. De esta manera Al-qaeda se instala en el país, en la región donde vive la minoría árabe suni. Sin embargo la insurrección sunita está prácticamente vencida cuando las tropas estadounidenses son retiradas por Obama en 2011.

Por todos lados en el mundo árabe y más allá en una buena parte del mundo musulmán, asistimos a lo largo de los años 90 y 2000 al incremento del poder de los movimientos islamistas y de grupos yihadistas. Rechazando lo que perciben como una nueva “cruzada” contra el Islam, es decir de cualquier manera la influencia norteamericana en la región, la muy relativa occidentalización de las costumbres, la existencia de Israel, los yihadistas atacan tanto a los regímenes establecidos (Egipto), como a los intereses occidentales o de las minorías chiitas. Estos movimientos se financian gracias al dinero de los países del Golfo: ya sea proviniendo de los estados mismos, de donantes ricos, o de generosas fundaciones privadas. La ideología toma prestada la de los Hermanos Musulmanes en su versión radicalizada por Sayyid Qutb así como la de los Wahabitas saudíes.

Las « Primaveras Árabes » y sus evolución

Las « Primaveras árabes » han conmocionado el orden regional. Afectan a partir de principios de 2011 a una gran parte de los países árabes. La caída de Ben Ali en Túnez y de Mubarak en Egipto, después de Saleh en Yemen, guerras civiles en Libia después en Siria, manifestaciones en Bahréin, en Marruecos. Argelia, Arabia Saudí, Irán, Líbano, la Banda de Gaza también han sido tocadas aunque de manera breve y menos espectacular. En el caso de los dos primeros países, el dinero del mana petrolero, junto con una represión selectiva, ha comprado la “paz social”.

La rivalidad entre Sauditas y Cataríes ha mostrado el apoyo que dan unos a los salafistas, los otros a los Hermanos Musulmanes. El caso egipcio ilustra perfectamente esta situación: el gobierno democráticamente elegido de los Hermanos Musulmanes es revertido por el ejército apoyado tanto por los salafistas como por los laicos, aunque sus ideologías no tienen nada que ver. La torpeza de los Hermanos Musulmanes, que no supieron crear puentes con la oposición democrática laica, los han separado de una gran parte de la población. En todo caso, tanto para los militares como para los islamistas, se trata de recuperar los levantamientos y de impedir la emergencia de una sociedad civil autónoma.

En el caso de Bahréin la represión triunfó. El caso sirio es más terrible. El poder, apoyado cada vez más masivamente por sus aliados iraníes y rusos, eligió el aplastamiento sin piedad del rechazo mientras que los gobiernos de la Riad, de Doha y de Ankara patrocinan por su parte el paso a la lucha armada de una parte de la oposición bajo los auspicios de los yihadistas. Los partidarios del cambio por la vía pacífica fueron perseguidos tanto por los unos como por los otros. Así es como Al-qaeda y después su avatar Daech se instalaron en Siria. Las organizaciones yihadistas están también presentes en Yemen. También allí se han aprovechado del caos provocado por una guerra civil entre los Huzies más o menos apoyados por la República Islámica de Irán y los gubernamentales apoyados por las monarquías del Golfo. Es necesario recordar que Daech es una disidencia de Al-qaeda. Daech se desarrolló en principio en Irak, aprovechando el desconcierto de las poblaciones árabes sunnís minoritarias y discriminadas por el poder de Bagdad. Este está dominado por los Chiitas, mayoritarios en el país, que se toman en cierto modo la revancha histórica sobre los sunnís que habían gobernado Irak desde 1920.

La guerra fría entre Irán y las monarquías del Golfo se toca de frente a Yemen y Siria. Es a la vez una rivalidad clásica entre los dos estados, potencias regionales y una reminiscencia del viejo antagonismo secular entre el poder suni y chiita por el liderazgo del mundo musulmán, antagonismo que se remonta al principio del Islam. La rivalidad suni/chiita se encuentra también en la política del Daech que tiene como objetivo de sus atentados a los chiitas, que pueden estar ligados a Irán o no, cada vez que puede y en cualquier sitio donde puede (Pakistán, Afganistán, Irak, Siria, Libia, Yemen).

Irán muestra un distanciamiento creciente entre su población y su régimen. Las jóvenes generaciones no se reconocen ya en los ideales de la revolución islámica de 1979. La violenta represión que ha controlado la protesta de la reelección del presidente conservador Ahmadinejaden 2009 prevista. En Turquía, el presidente islamo-conservador Erdogan, en el poder desde 2002, intenta presidencializar cada vez más el poder. Se instala una dictadura sumisa. Una parte de la sociedad civil se ha expresado masivamente desde los acontecimientos de la plaza Gezi en 2013. Irán como Turquía, los dos herederos de imperios prestigiosos, potencias tradicionales del mundo musulmán y del Oriente Medio, se implican además en los conflictos que desgarran los países vecinos y se desarrollan políticas extranjeras dinámicas haciendo prevalecer todo o parte de sus intereses a pesar de las presiones exteriores.

La reciente y relativa retirada estadounidense del Oriente Próximo bajo la presidencia de Obama puede explicarse por varias razones:

En primer lugar, hay razones ligadas a la globalización. Hay que señalar aquí el aumento de la importancia del Asia del pacífico en la economía y la geopolítica planetaria, pero también el menor interés por el petróleo del oriente medio por el descubrimiento y explotación de grandes reservas de gas de lulita norteamericano y por supuesto el aumento del coste de los compromisos militares que aumentan el endeudamiento exterior de los Estados Unidos. También hay que añadir los factores propios de la región. Se observa aquí la dificultad de Washington de hacer prevalecer sus propias decisiones en ellos, divergentes, de sus principales aliados (ej. Arabia Saudí, Turquía, Israel, Egipto), pero también por su desconfianza con respecto al activismo sunita incluso salafista de sus aliados del Golfo así como de Pakistán. Al mismo tiempo la causa y consecuencia de esta postura estadounidense se manifiesta de manera creciente en la implicación de los Turcos, Saudis, Iraníes, Cataríes en los conflictos de la región. A partir de ahí, se pueden comprender una serie de decisiones estadounidenses:

– El acuerdo nuclear con Irán, – El apoyo muy débil a la oposición armada en Siria, oposición juzgada como poco fiable por Washington, – La elección recae sobre todo en los Kurdos para combatir la expansión del Daech. Esta elección, a cambio, cava la fosa con los aliados israelís, sudaneses y turcos. Dan así la oportunidad a Rusia de hacer avanzar sus propios intereses y volver a encontrar al menos parcialmente una influencia perdida desde la caída de la URSS. También animan a las potencias regionales, Irán de un lado, los aliados de los Estados Unidos del otro, incluso cuando entran en contradicción con Washington, a seguir avanzando en sus propias elecciones geopolíticas.

Al final de este breve esbozo de un siglo de historia, podemos decir que los actores políticos medio orientales globalmente tienden a reapropiarse de sus destinos. Los estados clásicos, los actores no estáticos como las organizaciones yihadistas, pero también las sociedades civiles, cuando no son reprimidas brutalmente, amplían sus márgenes de maniobra con respecto a las elecciones de las grandes potencias exteriores en la región, Estados Unidos y Rusia. Al lado de la lucha tradicional por los poderes entre los movimientos políticos o a la no menos tradicional rivalidad entre los estados, condena en apariencia asegurar la voz de las sociedades civiles y las jóvenes generaciones. Sin embargo esto existe efectivamente como lo muestran los eventos iraníes de 2009, las “primaveras árabes” de 2011, las protestas turcas en 2013. Los jóvenes, las mujeres, los artistas, los intelectuales, las minorías étnicas religiosas y todos aquellos que luchan por los derechos humanos, la democracia y la paz merecen toda nuestra atención y apoyo ya que ellos son el futuro de esta región a menudo asociada a una imagen de violencia.

 

Traducido del francés por Rocio Martin Aguilar – Trommons.org

Categorías: Asuntos internacionales, Internacional, Medio Oriente
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