Por Gustavo Figueroa/Periferia

El verdugo que retrató en su sonrisa irónica la injusticia de las condenas reparatorias.

Newenken, territorio mapuce. Los juicios por delitos de Lesa Humanidad trascienden públicamente como una película de bajo rating y poco presupuesto. ¿Qué es lo que permite que estos procesos históricos no alcancen a la ciudadanía con la vitalidad y la trascendencia histórica oportuna y necesaria? Héctor Di Pasquale era un sujeto expansivo dentro de las fuerzas de seguridad nacional. Imponía poder y era considerado un líder fuera y dentro de la “corporación” militar. Hoy, mientras es juzgado por delitos de Lesa Humanidad cometidos contra ciudadanos de Neuquén y Río Negro, los policías que transitan la sala dentro de las audiencias judiciales lo siguen saludando y mirando como a un héroe, mientras que afuera, los medios masivos de comunicación locales muestran a este criminal -como al resto de los genocidas que lo secundan dentro de la sala de audiencia- como a un sujeto de convicciones “firmes” –sin lograr establecer tensión en sus actos de real y significativa trascendencia social y cultural-. Durante la audiencia en donde se leyó la sentencia a cada uno de los 22 imputados Di Pasquale fue el único genocida que se tomo el“permiso” de asistir -provocador- a la lectura y retratar en su memoria histórica de impunidad el repudio y la congoja clavada en los ojos hirientes de los familiares de las víctimas.

“¿De qué manera puede arbitrarse una medida para que les exijan a estos genocidas que hablen, que digan la verdad? ¿Dónde están nuestros hijos? ¿Dónde estan los bebes? ¿Dónde están? Eso necesitamos saber para poder estar un día tranquilos. Esa será la tarea de todos. Lo que hicimos si valió, sirve. No es el resultado que esperábamos, pero no podemos minimizar el trabajo de tantos. Lo importante compañeros es que estamos dejando huellas; estamos dejando huellas de que queremos libertad, de que queremos defender nuestros derechos.” Lolin Rigoni, luego de escuchar las sentencias.

“En fin, el análisis de decretos, directivas, reglamentos nos permite concluir que la actividad de inteligencia era clave para llevar adelante el plan de exterminio de la dictadura genocida. Todas las acciones que se ejecutaban en el marco del plan criminal, estaban precedidas de actividades de inteligencia, actividades en las que el Destacamento de Inteligencia, donde revistaba el imputado Di Pasquale, tuvo una intervención neurálgica.” Juan Cruz Goñi, abogado querellante. Alegatos de cierre.

“Apenas ingresa a la sala Di Pasquale se sienta. Una de las abogadas defensoras se da vuelta, él le sonríe, intercambia unas palabras con ella. Saca los lentes y una lapicera, pero no anota nada. Escucha hasta al final la audiencia. Cuando termina se va custodiado.” Gisella Moreira, abogada presente en la sala de audiencias en el momento de la lectura de las sentencias.

Introducción

Buenos Aires, Capital Federal. 16 de febrero de 2016. La Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich aprobó un nuevo protocolo que habilita a que las fuerzas de seguridad puedan actuar durante piquetes y manifestaciones.

Buenos Aires, Capital Federal. 31 de mayo de 2016. El actual presidente Mauricio Macri a través del decreto 721/2016 otorgó a las fuerzas militares facultades para decidir ascensos, traslados, designaciones e incorporación de retirados -una facultad que estaba alojada, desde 1984, en el poder político del Estado-.

Buenos Aires, Zarate. 13 de septiembre de 2016. Un carnicero persiguió y atropelló a un joven de 28 años que lo había asaltado. Mientras el joven estaba aprisionado entre un poste y el auto fue golpeado e insultado. Dos días después, mientras el carnicero permanencia en la cárcel, el presidente Mauricio Macri declaró: “tiene que estar en su casa con su familia”.

La Plata, Buenos Aires. Argentina. 18 de septiembre de 2016. Se cumplen diez años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, sin que existe por parte de la justicia nacional una línea investigativa certera.

Neuquén capital. 21 de septiembre de 2016. Un policía le dispara, a menos de tres metros de distancia, un balazo en el pecho a un trabajador. Horas después el gobernador de la provincia Omar Gutiérrez advirtió: el policía “no cumplió con el protocolo”.

Buenos Aires, Capital Federal. 24 de septiembre de 2014. Dos jóvenes de 15 y 18 años fueron golpeados y secuestrados de la Villa 21 y trasladados hacia cercanías del Riachuelo, allí fueron golpeados y torturados nuevamente. Y mientras los amenazaban de muerte les gatillaron dos veces en la sien.

Héctor Di Pascuale tomando apuntes dentro de una de las audiencias judiciales. Foto Gustavo Figueroa

Héctor Di Pascuale tomando apuntes dentro de una de las audiencias judiciales. Foto Gustavo Figueroa

En este contexto social y regional se leyeron las condenas de los 22 represores de la última dictadura militar argentina que actuaron en Río Negro y Neuquén. En este contexto de opresión y permisos acuciantes los tres jueces intervinientes (Alejandro Silva, Guillermo Otranto y Marcos Aguerrido) absolvieron a cinco represores, y emitieron condenas inferiores a diez años de cárcel, que como asegura Oscar Ragni (familiar de desaparecidos) no condice con el valor de los crímenes cometidos. En este contexto como un vigía omnipresente Héctor Di Pascuale se tomo el “permiso” de presenciar el rostro de los familiares de las víctimas que el mismo manipulo; Jorge Di Pasquale impulsado por una impunidad perversa -y no satisfecho con las heridas ya causadas- se adentro sobre el dolor de los familiares de las víctimas justo en el momento en el que eran leídas las repudiables condenas y contuvo en su memoria histórica la injusticia de las condenas reparatorias que se clavan en los ojos de las familiares de las víctimas que el mismo torturó.

A continuación el lector podrá leer un ensayo periodístico contemplando, con cercanía y recurrencia, las acciones de uno de los protagonistas e imputados por Delitos de Lesa Humanidad cometidos dentro de las provincias de Neuquén y Río Negro. Esta decisión periodística permitirá hacer foco sobre una figura concreta y específica -dentro del extenso grupo de imputados y torturadores existente en la causa conocida como Escuelita IV-, con el fin de reconocer en los actos de éste las prácticas culturales e ideológicas del resto, en conjunto con los signos de impunidad -hasta en los actos más mínimos y aparentemente inocentes- en la presencia constante de quien ha demostrado ser un sujeto expansivo y aparentemente irreductible.

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