Sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja.

Condenaron a perpetua en cárcel común al represor Ángel Ricardo Pezzeta por el secuestro, las torturas y el homicidio de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, discípulos del obispo Enrique Angelelli. Los fundamentos de la sentencia se darán a conocer el 21 de abril. «Ellos lucharon por un país mejor y hoy se hizo justicia”, dijo a Infojus Noticias Marta Murias.

Por Juan Manuel Mannarino para Infojus Noticias

El represor Ángel Ricardo Pezzeta fue condenado a prisión perpetua por el secuestro, las torturas y el homicidio de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, conocidos como los «Mártires de Chamical” y discípulos del obispo Enrique Angelelli. El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja, integrado por José Fabián Asís, Juan Carlos Reynaga y Mario Eugenio Garzón, escuchó las últimas palabras del imputado y luego leyó la sentencia, en un acto breve que cerró con los aplausos de familiares de las víctimas. “Es una condena que esperamos durante casi cuarenta años. Sentimos que se cerró un círculo. Siempre soñé con este momento, ojalá hubiera sido antes donde miles de testigos estaban vivos y también hubiéramos juzgado a otros represores. La memoria de los sacerdotes está viva, ellos lucharon por un país mejor y hoy se hizo justicia”, dijo a Infojus Noticias Marta Murias, hermana de Carlos. Los fundamentos de la sentencia se darán a conocer el próximo 21 de abril.

En las últimas palabras, Pezzeta defendió su inocencia y se desvinculó de los hechos. «Tengo las manos limpias, no las tengo manchadas con la sangre de los sacerdotes», dijo y agregó tener «la conciencia muy tranquila». Se reconoció como “un militar de pueblo, siempre caminó libremente ya sea de uniforme o de civil y jamás tuvo algún conflicto en los lugares donde trabajé ni mucho menos en la ciudad de Chamical y jamás nadie me recriminó que yo lo maltraté ni nada que se le parezca».

Sobre su relación con los sacerdote, Pezzeta dijo: «A Gabriel lo conozco desde cuando iba a la base a dar las misas. Cuando terminaba, yo personalmente lo acompañaba hasta la salida y además teníamos una muy buena relación». Sobre Murias señaló que tuvo poco trato, “pero siempre de cordialidad y respeto». Y finalizó: «Nunca torturé ni le levanté la mano a algún ciudadano o a los sacerdotes ni tampoco tuve órdenes de perseguir a alguien y si la hubiera tenido, jamás la hubiera cumplido».

El Tribunal confirmó el pedido de condena que solicitó el Ministerio Público. Además, ordenó que la pena se cumpla en una cárcel común y que se continúe la investigación sobre los servicios de inteligencia de la regional Córdoba que tenía a cargo la Base Aérea Celpa y que dependía de la Jefatura II del Comando Mayor de la Fuerza Aérea. En su alegato, el fiscal Rafael Veis Ruiz había responsabilizado a Pezzeta por los delitos de privación ilegítima de la libertad, imposición de tormentos y homicidio doblemente calificado, todos ellos en dos hechos y en concurso real en calidad de autores mediatos. En la prueba recolectada, quedó comprobado que en el momento de los hechos Pezzeta era alférez en la base.

Maniatados y fusilados

La muerte de los sacerdotes se conoció por la declaración en sede policial de Julio Carabajal. El vecino contó del hallazgo de dos cuerpos a la vera de las vías a la altura del kilómetro 660/650, el 20 de julio de 1976. La base de la acusación contra Pezzetta es el lugar que ocupó en la cadena de mando militar. Al momento de los hechos, estaba a cargo de la sección de Inteligencia de la Base Aérea de Chamical, por donde pasaron los sacerdotes. El Tribunal convalidó que “la posición de mando que ejercía Pezzetta implicaba per se que habría tenido dominio sobre una parte fundamental del aparato de poder y, en consecuencia, sobre los hechos a partir de las órdenes que retransmitían y cuyo cumplimiento era de su incumbencia vigilar”.

Según la causa, Murias y Longueville «fueron llevados con sus ojos vendados y maniatados hasta la ladera opuesta del terraplén a la vera de la ruta nacional 38 en donde fueron sometidos a disparos con armas de fuego largas y cortas de distintos calibres por varias personas». Los sacerdotes Murias y Longueville habían sido privados ilegítimamente de su libertad en un lugar que hacía las veces de sede de Guarnición Aérea de Chamical. Ahí, según el fiscal, «fueron sometidos a un severo interrogatorio por su militancia, les preguntaron por su vinculación con (monseñor Enrique) Angelelli, además de ser sometidos a malos tratos y torturas tanto físicas como psicológicas».

Pezzetta y otro represor, Juan Carlos “Bruja” Romero, habían quedado afuera del primer juicio que se desarrolló entre septiembre y diciembre de 2012 en torno de las muertes de Murias y Longueville, pero fueron procesados por esos hechos en marzo de 2013. En aquel debate, la Justicia consideró probados los hechos que culminaron en el asesinato de los sacerdotes. La persecución al grupo de Angelelli se tradujo en un espiral de homicidios. Tras la muerte de “los curitas”, conocida como “Los Mártires de Chamical”, vino la del catequista Wenceslao Pedernera y, unos días más tarde, la del propio Angelelli.

La “Bruja” Romero falleció en septiembre de 2013 y, aunque estaba con prisión preventiva, esquivó la condena. Así, Pezzetta quedó como único imputado. La última sentencia por el grupo Angelelli había sido el año pasado. En julio de 2014 se condenó a Luciano Benjamín Menéndez y a Luis Fernando Estrella por el homicidio doblemente calificado de Enrique Angelelli, y de la tentativa de homicido de Arturo Pinto, su acompañante. La sentencia no sólo dilucidó que la muerte de Angelelli fue un asesinato planificado por las fuerzas militares de La Rioja, y no un accidente vial, como quiso imponer la versión oficial durante 38 años. También allanó el terreno para que se investiguen los apoyos con los que contaron los asesinos en sectores de la sociedad civil, una cuestión que, hasta el momento, tiene obstáculos para llegar a la verdad.

 

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