Ticio Escobar, quien fuera Ministro-Secretario de Cultura del gabinete de Fernando Lugo, descalificó las denuncias promovidas por la actual ministra Graciela Bartolozzi contra los asesores del Bicentenario en Paraguay; considerándolas como persecución política y campaña culturicida.

El abogado de la Secretaría Nacional Anticorrupción, Alejandro Nissen, presentará una denuncia penal por el supuesto manejo desprolijo de los fondos para el Bicentenario; la mencionada denuncia ya había sido presentada a Fiscalía por la ministra Bartolozzi.

El exministro afirma que los eventos del Bicentenario han sido contratados conforme a ley y según los procedimientos de Contrataciones Públicas, que fueron controlados por auditorias anteriores y se encuentran absolutamente limpios de cualquier hecho de malversación o mala administración; denuncia asimismo que la real intención de Bartolozzi sería encubrir el calamitoso desempeño de sus funciones, levantando “una cortina de humo que encubra el daño irreparable que ha causado a la cultura del Paraguay”.

Si Roa Bastos, Josefina Plá y Olga Blinder aún viviesen, hubieran trabajado por el Bicentenario: quizá hoy también serían perseguidos por la barbarie, como lo fueron durante la dictadura de Stroessner – Ticio Escobar.

Graciela Bartolozzi asumió la gestión de la Secretaría de Cultura bajo el gobierno de Federico Franco, luego del golpe de estado mediático parlamentario que destituyera a Fernando Lugo en junio de 2012. Federico Franco debe entregar el poder al colorado Horacio Cartes el 15 de agosto próximo.

En las redes sociales en Internet, Ticio Escobar declaró que llevará la denuncia de persecución a la cultura en el Paraguay para su presentación ante el consejo de Ministros de la OEI; en el mismo medio publicó también el manifiesto donde dio a conocer su posición:

PERSECUCIÓN A LA CULTURA EN EL PARAGUAY (Ticio Escobar, 05/05/13)

“La campaña culturicida llevada a cabo por el gobierno saliente, bajo el encabezamiento de la ministra Graciela Bartolozzi, está llegando a extremos que, si no serían tan graves, podrían ser calificados de grotescos. Ahora, según me entero por el Diario Última Hora, los asesores del Bicentenario están denunciados de corrupción por, supuestamente, no haber presentado informes. Dichos asesores son grandes y respetables creadores, historiadores e intelectuales: Guido Rodríguez Alcalá, Mabel Causarano, el Padre Bartomeu Meliá, Víctor Jacinto Flecha, Margarita Durán y Line Bareiro. Ellos trabajaron muchísimo más tiempo que el requerido por los honorarios simbólicos que se les pagaban. Produjeron documentos fundamentales para el Bicentenario, generaron pensamiento, promovieron relecturas de la historia. Todos estuvieron en el mismo nivel: todos cumplieron con los mismos requisitos y entregaron con generosidad mucho más de lo que les correspondía hacer. Lo hicieron no sólo movidos por pasión personal, sino impulsados por el interés en que las celebraciones del Bicentenario densifiquen sus conceptos y complejicen las miradas históricas vueltas sobre 200 años de Independencia.

Pensaba que se trataba de una persecución política. Pero ahora creo que, por encima de ella, se trata de una persecución cultural. Natalia Antola, la insustituible impulsora de las reformas de los museos nacionales en todo el país, así como de la Biblioteca y el Archivo, también está acusada (se habrá olvidado de sellar algún documento…). Ella era el brazo derecho de Carlos Colombino. Pero el propio Colombino, que recientemente falleciera para desgracia de este país, también fue acusado penalmente por la ministra Bartolozzi. Si Roa Bastos, Josefina Plá y Olga Blinder aún viviesen, hubieran trabajado por el Bicentenario: quizá hoy también serían perseguidos por la barbarie, como lo fueron durante la dictadura de Stroessner.

Quienes quieren empañar la reciente celebración del Bicentenario por considerar este acontecimiento un gran logro del gobierno de Lugo, deberían saber que mucho más que mérito del presidente anterior, mucho más que mérito mío o de Margarita Morselli, las glorias del Bicentenario se deben a la pasión de la ciudadanía, del pueblo, de la gente. A la convicción, la alegría y el entusiasmo que conmovió a las multitudes para celebrar lo mejor de su memoria. Si quieren demandar a los actores del Bicentenario tendrían que demandar a los paraguayos y paraguayas que empujaron sus bríos, que llenaron las calles y demostraron una cohesión excepcional, hoy perdida lamentablemente.
Por favor, señores/a agentes de esta persecución, ¡deténganse!: ya se están retirando, falta poco para el 15 de agosto más esperado por los sectores culturales (posiblemente por otros también) en toda la historia reciente. Terminen de irse y dejen ya de causar daño aun desde el umbral de la estrecha puerta del fondo que les entreabre la historia. Váyanse con su oscurantismo, su ignorancia y sus toxinas a otro lado, lejos de esta escena que todavía tiene esperanzas.

Una oscura causalidad (que, como toda causalidad, insinúa señales en el aire turbio): desde que se inició este gobierno murieron más artistas e intelectuales que en varios años. Valgan como ejemplo sólo los nombres de Margarita Pildayn, Emilio Pérez Chávez, César Cataldo, Beto Ayala, Palito Miranda, Carlos Colombino, Lázaro Medina, los hermanos Saúl y Alfredo González Ortigoza, Chester Swann. Muchos de ellos quizá hubieran sido perseguidos hoy por las razias del oscurantismo.”