Opazo

Instancia comenzó a recopilar testimonios de memoria y resistencias de los pueblos originarios, con el fin de elaborar una propuesta de reconocimiento de verdad histórica que sea la base de la nueva Constitución.

“Poder escuchar nuestra historia, de un rapanui, es muy importante. Siempre fueron los europeos, con muchos prejuicios, quienes contaron nuestra historia. Les invito a que disfruten y que nos conozcamos”. Con esas palabras, la representante rapanui y vicepresidenta de la Convención, Tiare Aguilera, introdujo a Cristian Moreno Pakarati en la primera exposición de los pueblos originarios ante la Comisión de Derechos Humanos de Verdad Histórica y Bases para la Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición, de la Convención Constitucional.

La instancia comenzó, la tarde del 10 de agosto, a recopilar testimonios de memoria y resistencias de los pueblos originarios, con el fin de elaborar una propuesta de reconocimiento de verdad histórica, que sea la base de la nueva Constitución. Así, expusieron los representantes Rapa Nui, Colla, Aymara y Diaguita.

En el caso de los Rapanui, el historiador Cristian Moreno dio cuenta de cómo el Acuerdo de Voluntades, firmado entre el Estado de Chile y el Pueblo Rapa Nui en 1888, representó una tratado comercial y no la cesión de la propiedad de la tierra, ni su anexión al País. Sin embargo, se produjo un orden colonial, donde el Estado inscribió las tierras como suyas y la Isla estuvo sujeta a normas y reglamentos de la Armada.

“Lo esencial es el reconocimiento del Acuerdo de Voluntades con el pueblo Rapa Nui y de los resultados de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato. Partiendo de esa base, las medidas de reparación se pueden conversar, pero es fundamental resolver lo pendiente”, manifestó Moreno.

Conectado desde la Isla vía Zoom, Moreno aseguró que los principales temas pendientes son la autonomía administrativa para elección de autoridades y la propiedad de la tierra, ya que el pueblo Rapa Nui considera que las tierras son colectivas y no individuales. Y, pese a la concesión del Parque Nacional de 2016, la propiedad sigue siendo del Estado chileno.

En tanto, desde el pueblo Colla, cuyo territorio está en el desierto de Atacama hacia la cordillera, al norte del Río Copiapó, se expuso a través del historiador Raúl Molina Otarola, Ercilia Araya y Violeta Palacio.

Molina dio cuenta de cómo el proceso de chilenización tuvo el objetivo de invisibilizar cualquier presencia indígena, incluso sacando el concepto del altiplano y construyendo fronteras ficticias que separaban a los pueblos que transitaban por la Cordillera, con lazos de parentescos y una memoria histórica compartida.

“Nuestro pueblo no nace con la Ley Indígena, ni llegamos acá con la Guerra del Pacífico. Tenemos una historia que viene del Alto Perú, nacimos al sur del Titicaca, somos un pueblo andino, tenemos una cosmovisión y una cosmología. Ocupamos el corredor andino y nos desarrollamos en la ganadería y la pequeña minería. Y, desde la Conquista, vivimos en negación: siempre nos han negado. Se nos borra el nombre, se nos asimila a otros grupos, otras culturas. Hemos vivido el anonimato y sobrevivido el genocidio del Estado”, afirmó Violeta Palacio.

Por su parte, Ercilia Araya dio cuenta de cómo se sienten amenazados por la gran minería del litio: “El litio es peligroso y la explotación va a dañar nuestros ecosistemas sagrados. El Estado, con CODELCO, se lleva el agua y no nos dejan vivir, nuestros animales se mueren de sed y hambre. La minería debe ser moderna, los gerentes no pueden ser patrones de fundo”, dijo.

El pueblo Colla vivió, mucho tiempo, de la pequeña minería de carbón. Eran pequeños pirquineros. Posterior al golpe de Estado de 1973, se reprime a los mineros y se abre el paso a la gran minería en la Zona. Hoy, según Raúl Otarola, las grandes empresas mineras de cobre, oro y litio generan estrés cultural y ambiental en las comunidades colla.

Posteriormente, habló Bárbara Quenaya, del pueblo Aymara, quien expuso los conceptos del Sumak Qamaña y Sumak Kawsay como principios del vivir bien que se contraponen al extractivismo que ha tenido tantos impactos negativos para el ambiente: “El vivir bien es el estar permanente, consumir no más de lo que el ecosistema te puede entregar. Se enfrenta directamente al individualismo capitalista”, aseguró.

Para la coordinadora de la Comisión de Derechos Humanos de la Convención, Manuela Royo, las exposiciones “permiten construir un nuevo proyecto de país y sociedad, que reconozca la pluriculturalidad de los pueblos originarios, desde la perspectiva territorial, sus derechos colectivos y sus autonomías”.

En la misma línea, su colega Adolfo Millabur (mapuche) recordó “Una de las preocupaciones de esta Comisión es abordar la verdad histórica. Esperamos que este sea un buen inicio para que el Estado, los convencionales y la sociedad chilena conozcan, de boca de los pueblos originarios, una verdad histórica y caminos de reparación al daño causado. Estoy muy emocionado y entusiasmado por esto, porque es un hito histórico. Por primera vez, los pueblos originarios contamos nuestra verdad”.

Finalmente, Luis Jiménez, representante del pueblo Aymara, precisó “Se presentaron nuestros sabios y expertos para contar nuestra verdad. Por fin, podemos señalar nuestras afectaciones y nuestras esperanzas para el futuro”.

Ahora, la Comisión continuará las audiencias públicas de pueblos originarios, con las exposiciones de los Quechua, Tribal Afrodescendiente, Likanantay, Kawésqar, Yagan, Selk’nam y Mapuche.