India: 250 millones de agricultores y trabajadores del campo en huelga masiva (y III)

19.02.2021 - Ferrol, España - Ángel Sanz Montes

Este artículo también está disponible en: Francés

India: 250 millones de agricultores y trabajadores del campo en huelga masiva (y III)
(Imagen de Rubén Ayerra (Navarra).El Taj Mahal es un mausoleo, construido en el siglo XVII, que esconde una bella y trágica historia de amor entre un emperador y su esposa. Está situado en Agra, estado de Uttar Pradesh, donde las leyes ahora persiguen el matrimonio)

El Taj Mahal es un mausoleo, construido en el siglo XVII, que esconde una bella y trágica historia de amor entre un emperador y su esposa. Está situado en Agra, estado de Uttar Pradesh, donde las leyes ahora persiguen el matrimonio entre hombres musulmanes y mujeres hindúes.

En los artículos anteriores se daba crónica de las razones, actuales e históricas, para la masiva huelga en la India secundada por más de 250 millones de agricultores y trabajadores del campo en la India. Convocada contra los cambios en la legislación agraria aprobada por el Gobierno, su aplicación está actualmente suspendida por decisión del Tribunal Supremo Indio, desde el pasado 12 de enero de 2021. El comité de expertos que ordena crear el Supremo tiene la misión de generar un ámbito de entendimiento entre las organizaciones agrarias y el Gobierno. Pero verdaderas causas del conflicto no solo están en la India. En este mundo de mentalidades y prácticas globalizadas, hay que mirar también qué pasó antes allí y en otras latitudes para ver a donde nos llevan estos procesos sin interés genuino por el bienestar del ser humano.

La poderosa agroindustria global en el Mundo

En cuanto a la huelga y los agricultores, aunque el Tribunal Supremo de la India haya suspendido de momento las tres leyes agrarias del primer ministro Modi, es difícil que en la India se revierta la situación al escenario anterior. Ni siquiera está claro que tal cosa convenga. Para la misión de resolver el enquistamiento del conflicto entre manifestantes y Gobierno está, en teoría, el comité de expertos que el Tribunal Supremo ha ordenado crear.

Una reacción popular de estas dimensiones, sostenida y procedente de gentes o regiones muy diversas, solo se explica porque la reforma aumenta aún más el sufrimiento social y personal de millones de personas en el mundo agrario. Sufrimiento y muerte.

En ese plano, en el de la vidas humanas, el índice de suicidios en la India rural es de espanto, con un total de 139.123 muertes en 2019 (State Crime Records Bureaux – NCRB u Oficina Nacional de Registros de Delitos de la India).

El informe de la ONU de 2016 sobre Carga Global de las Enfermedades (GBD de la India), es más pesimista si cabe, y estimó en 230.314 el número de suicidios, en fuerte contraste con el dato oficial de  133.623 reportados por el NCRB para ese mismo año. La diferencia supera los noventa mil.

Aun usando las estadísticas oficiales, solo en los cuatro últimos años hubo más de 40.000 muertos por suicidio en directa relación con la vida y actividad en el campo. Terrible cifra que no incluye las muertes que fueron atribuidas a otras causas directas, como enfermedad mental, etc., y que en realidad fueron suicidios por las duras condiciones de vida del campesinado.

Estas cifras son la consecuencia del funcionamiento del ultracapitalismo y la huelga del los agricultores en la India es un gigantesco clamor para poner fin a esta situación.

Recordemos brevemente que las propuestas de ley rechazadas por los agricultores son:

La Ley de Anulación del APMC (Comité del Mercado de Productos Agrícolas): que permitiría el comercio de productos agrícolas fuera de los mandis (mercados mayoristas y que funcionan por subasta) regulados por el APMC. Cambio que no favorece al pequeño y mediano agricultor porque no puede asumir en su precio el transporte de su producto fuera de su zona, y la creación de mandis “privados” tampoco por estar menos regulados aún.

La Ley de Agricultura por Contrato: introduce un marco legislativo que favorece la siembra bajo contrato a un precio predeterminado mediante el acuerdo previo entre el agricultor y el comprador. La experiencia demuestra se incrementa el endeudamiento, crece la desigualdad, y finalmente conlleva la pérdida de tierras por las deudas y la concentración de las tierras.

La Ley de Acaparamiento de Alimentos: elimina el control de existencias de productos agrícolas que el Gobierno impone a los comerciantes para evitar desabastecimiento. La nueva provocará incrementos de precios finales para el consumidor y precios de compra al productor más bajos. El mercado no funcionó solo. De hecho en los últimos diez años la intervención estatal mediante precios mínimos y el control de existencias mínimas tuvo que activarse en 69 ocasiones. Por tanto, esta liberalización desmonta mecanismos regulatorios que son necesarias.

Tomadas en consideración o aplicadas en favor de los más débiles hasta parecen normas razonables, pero no es esa la intención. Lo que sucede en la India no solo se explica en términos locales, sino que depende de lo que pasa en el plano mayor, como es de esperar tras la globalización de mercados, conocimiento y capitales a nivel mundial. Difícil reversión tiene todo lo que desde los años 90 han ido imponiendo en el país las grandes corporaciones de la agroindustria, amparadas en el tratado internacional UPOV 91.

La UPOV o Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales es un lobby formado por la propia industria multinacional semillera y agroquímica para proteger su negocio de patentes y propiedad intelectual. El tratado establecido en 1991 limita el papel de los agricultores a meros obreros sembradores de las semillas que las compañías multinacionales patentan, fabrican y distribuyen para ser usados bajo sus condiciones. Su papel es producir y vender.

Si los organismos reguladores antimonopolio de la UE y EE.UU. no lo impiden, pronto tres de esas empresas controlarán el 60% de las semillas de todo el Mundo. También controlarán el 70% de los pesticidas y químicos para el cultivo de alimentos, además de casi todas las patentes transgénicas.

Se aproxima un mundo de megacorporaciones que van a eliminar la competencia de las pequeñas empresas locales y la biodiversidad. Con ayuda del big data, la tecnología transgénica y las leyes de propiedad intelectual van a determinar lo que comamos o lo que la industria alimentaria procesará. La variedad genética de lo que se siembre dependerá del clima y de los procesos industriales a los que vaya destinada la cosecha.  Se busca la homogeneidad en las cosechas para conseguir la uniformidad el producto final. Así los copos de desayuno saben siempre iguales venga de donde vengan las harinas empleadas en su elaboración.

La agroindustria desea patentar la vida por medio de la secuenciación del genoma de los cultivos útiles y comerciales tanto para consumo humano como para piensos. Se diseñas las variedades pensando en la industria, no en el medioambiente. Quien domine las patentes de las variedades vegetales impuestas por parte de las biotecnológicas y de los gobiernos, con la complicidad de los centros de investigación universitarios, dominará el mercado alimentario mundial. La industria ganadera va en la misma dirección uniformizando el genoma de las reses.

En este sentido, en el Tratado UPOV 91 y derivaciones se creó el ‘derecho de obtentor’; artimaña conceptual y legal por la que se otorga derecho exclusivo para comercializar las semillas a quien obtenga una variedad vegetal que sea nueva y estable. Pero la naturaleza y los propios agricultores han seleccionando durante generaciones las mejores semillas y no practicaban la propiedad intelectual. La naturaleza no patenta nada. Los agricultores mejoran las semillas y si acaso las venden al peso. Son las multinacionales que rompen el juego haciendo piratería genética para apropiarse de lo que es Creative Commons. Las semillas son un bien común, o patrimonio histórico de la humanidad desde que empezamos a sembrar cosechas y dejamos atrás la etapa cazadora recolectora. Ahora todo apunta que acabará patentado en manos del más fuerte.

La India no había firmado el UPOV 91. Se mantuvo en una postura de firme “disidencia”, igual que hizo con los medicamentos. Hasta 2005 India no patentaba los medicamentos y es uno de los escasos países en desarrollo con capacidad de fabricar medicamentos genéricos de una calidad asegurada y que exporta también para el Tercer Mundo.

Gracias a esta cierta independencia los gobiernos anteriores a Modi consiguieron revertir la dependencia de la India de la importación de grano y mejorar la producción propia. Pero ahora, bajo el actual gobierno del Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, o BJP), la India en 2020 ha pedido la adhesión UPOV 91. Se entiende que por las presiones de los grandes intereses internacionales que se ciernen sobre el país y desde dentro. La India acepta las presiones para convertirse ella a su vez en una potencia de patentes en su zona de influencia.

Pese a todo, para la exportación el campo indio ya estaba considerablemente permeado por las semillas mejoradas y/o modificadas genéticamente, obligando al agricultor a seguir los dictados ya mencionados del Tratado UPOV 91. Los contratos de cosecha firmados ─por adelantado y a precio pactado─ obligan a usar las semillas estandarizadas reconocidas, sus fertilizantes y demás técnicas o productos químicos aplicables. Es el caso del famoso herbicida Roundup de Monsanto, ahora prohibido en muchos países y algunos estados y ciudades de EE. UU. Pero fueron surgieron otros herbicidas y pesticidas en su lugar, como las atrazinas, el paraquat o el clorpirifós. Todos estos químicos siguen la historia del DDT, el lindano o el propio Roundup: Se empieza con un éxito comercial hasta que se hace imposible de negar que es dañino para el ser humano, el ecosistema o la cadena de la vida entera.  Entonces, primero se prohíbe en los países desarrollados. Pero es licenciado o vendido a países en desarrollo o el Tercer Mundo, con normas menos estrictas, donde se fabrica y sigue usando.  Así, hasta que nuevamente sus efectos nocivos se hacen ya insalvables en todo el planeta y acaba prohibido internacionalmente. Mientras tanto los laboratorios ya han preparado su alternativa y comienza de nuevo el infernal círculo biocida.

Las grandes megacorporaciones semilleras del mundo han conseguido monopolizar la propiedad intelectual de las semillas. El agricultor tradicional ve así restringidas sus posibilidades de sembrar, guardar, intercambiar y cuidar las semillas como siempre hicieron. Ahora, si los agricultores quieren exportar o vender a las industrias transformadoras asentadas en la India, han de firman contratos en los que se comprometen a no guardar semillas patentadas de la cosecha anterior o hibridarlas con otras y seguir los procedimientos obligados. Las semilleras y sus abogados son implacables en la aplicación de los contratos o en defender sus patentes. Poco a poco se abandonan los cultivos tradicionales y sus semillas ancestrales por las patentadas.

Cuatro son las grandes empresas semilleras mundiales: BASF, Bayer, Syngenta y Corteva Agriscience.

También son cuatro las grandes empresas comercializadoras de granos alimenticios que abastecen el mundo entero (almacenando excedentes para controlar precios o mediante commodities futuras): Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill, y Louis Dreyfus, (las ABCD). Tan grandes que los precios internacionales están en sus manos.

Faltan por mencionar las grandes empresas multinacionales del equipamiento y tecnología agrícolas. Al ritmo que fueron las fusiones y adquisiciones en ese mercado mundial de 2016 a 2020, en pocos años las importantes serán unas pocas. ¿Otra vez cuatro? (Informe MAQUINAC).

Entre todas son forman la primera división mundial del sector agrario: maquinaria/tecnología agrícola, semillas/genética, intermediarios/comercializadores de cereales y granos de leguminosas, y las industrias agroquímicas. Algunas tienen en su cartera más de una de estas especialidades. Otras son más verticales y especializadas en uno solo. Lo malo para el planeta es que en esa liga solo juega un equipo: el de ellos. Los demás son de tercera división o menos aún. Muchas tienen más de cien años y han sobrevivido como viejos vampiros a base de absorciones, fusiones o compras. Todo muy legal e internacional.

Estas empresas mencionadas son quienes controlan la agroindustria a nivel mundial (ETCgroup: “Breaking Bad: ¿el Juego de las grandes megafusiones agrícolas”), no el mercado ni los gobiernos. Ni siquiera el clima las amedrenta, porque venga lo que venga del cielo, ellas ganan siempre adaptando sus semillas genéticamente a los cambios o reduciendo la variedad. Si no resulta, se fusionan y concentran un poco más.

Su volumen total de ventas en 2015 era de 356 billones de dólares. Con esta capacidad, han entrado fuerte en el mundo de la robótica. Están a la caza de tecnología de software (big data, Inteligencia Artificial y vigilancia satelital). Una vez completado el cuadro, resulta más que obvio que el agricultor, el gobierno, los ministros o los organismos internacionales regulatorios no manejan sus destinos. Lo que sucede y sucederá es que, so pretexto del “progreso” y “buen” funcionamiento del mercado, las grandes empresas adaptarán las semillas y procesos a sus intereses, no a los de la humanidad.

Todas estas empresas y corporaciones forman juntas el gran hegemón mundial. Mediante su capital, estructuras corporativas multinacional, conocimiento y prédicas ultracapitalistas, imponen su voluntad e intereses. Por otra parte, los medios de comunicación son suyos o de gente “amiga”. Si es preciso, se compran expertos y organismos supervisores para validar sus prácticas.

Para los intereses que gobiernan estas megacorporaciones, la penetración en la India no era completa ni satisfactoria. La India es ya un país productor de peso mundial y también es su laboratorio, igual que Sudamérica antes, desde Brasil a la Patagonia. No podían dejarla como un verso suelto. En cuanto a la población, no hizo falta el divide y vencerás. Eso en la India ya viene de serie por su historia, características culturales y el tamaño. A la agroindustria les estorbaba el fraccionamiento de la propiedad de la tierra y la particular protección de su mercado agrícola y de comercialización de la India.

 

La poderosa agroindustria globalizada y la India

La globalización descrita hasta aquí explica las razones que en junio de 2020 llevan al gobierno del primer ministro Narendra Modi, del Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party o BJP) a promulgar esas tres ordenanzas agrícolas y de productos básicos contestadas con la mayor huelga de la historia. 250 millones de seguidores. Los principales accesos a Nueve Delhi bloqueados, huelgas de hambre de los líderes sindicales; todo es hemeroteca y lo hemos comentado en los dos artículos previos. Esta reforma agraria, además de las otras medidas de su programa político, fue votado en masa por las clases medias y trabajadoras urbanas que se sienten alejadas de los problemas del campo. Tristemente viven de espaldas al campo y tienen bien cerca la escalada de precios y las hambrunas si las cosas se tuercen.

Las reformas introducidas por Modi, y ahora paralizadas, trastocan la forma de comercializar la producción, venta y almacenaje en toda la India, eliminando gradualmente el mercado regulado y garantizado. El mundo agrario, con sus leyes y costumbres anteriores no es perfecto. Las circunstancias pedían cambios. La agricultura tradicional también debe incorporar criterios ambientales y de sostenibilidad para evitar el agotamiento de los suelos y ecosistemas. Pero aquí la tragedia está sobre todo en el pequeño agricultor y en el agricultor de subsistencia que son muchos millones en la India. Herniado por las deudas y la dureza de las condiciones actuales, con las reformas de Modi se verá obligado a abandonará el campo. La actividad agraria tradicional deja de ser viables y queda al arbitrio de los beneficios corporativos y bursátiles (las cosechas hace tiempo que ya son futuros o commodities). Hasta el agua lo es y ya cotiza como futuro en la bolsa de Nueva York (bajo el ticker Nasdaq Veles California Water Index – NQH20).

En India, el mundo agrario estaba en declive mucho antes de la entrada en vigor de estas leyes liberalizadoras que pretenden salvarlo. El retraso habitual en los pagos ─tras el proceso de subasta en los madis─ lleva al aumento de la deuda de los agricultores y sus familias para adquirir semillas, abonos y material que les permita cumplir el contrato y competir para seguir en el mercado. Desesperados para salvar lo que les queda y liquidar la deuda han de dividir sus propiedades heredadas en parcelas más pequeñas, para venderlas o a solicitar más préstamos.  Estas son las ruedas del sufrimiento en marcha en la India y que llevan a la desesperación a millones de agricultores o trabajadores del campo y sus familias.

 

El campo en la India y los números de la muerte…

Aunque los datos no son claros ni hay interés por estas estadísticas, al año, una quinta parte de las muertes por suicidio en el mundo suceden en la India (datos de 2018). Como causa de muerte le siguen los accidentes de tráfico o las complicaciones durante el parto. Pero la incidencia en el mundo rural de este tipo de muertes muestra un evidente correlato entre las condiciones que ha ido imponiendo la agroindustria mercantilista y financiarizada o los prestamistas locales. La agricultura tradicional de subsistencia y de mercado local le queda pequeña a una India de 1.360 millones de almas.

Pero ¿son las grandes compañías semilleras y agroquímicas, y los fondos de inversión tras ellas, la solución? La vida de tantos millones de personas en el planeta no puede depender de quienes solo entienden de commodities, cotizaciones, y su comercio de alta frecuencia en las bolsas mundiales.

¿Es el actual tipo de globalización la solución para la humanidad? La pregunta es retórica. Es evidente que no. Pero sucede a nuestro pesar si se cree que esta es la única realidad posible.

No solo en el mundo rural de la India la gente va quedando arrinconada por decisiones en Mumbai, Nueva Delhi o Nueva York. Incluso en las bolsas y la banca en todo el mundo empezaron a sobrar trabajadores a millares. Incluso, en esas élites, sí. El High Frequency Trading, o comercio de alta frecuencia (HTF), suplanta el saber de los antiguos gurús económicos por algoritmos y servidores. Hoy el 50% de las operaciones de compra y venta de acciones y valores en las bolsas se hacen en cinco microsegundos, gracias a la HTF. Sin control humano ni creación de verdadera riqueza. Especulación a la velocidad de la luz.

Como el proceso economicista mundial no tiene una intención y proyecto en el sentido humano del término, al neoliberalismo y su poco-libre-mercado solo lo salvan las matemáticas y los algoritmos.

Es una carrera al absurdo. Fortunas inabarcables se hacen en pocos años. Los cien hombres y mujeres mil millonarias más ricos del mundo poseen una riqueza que supera el PIB de una nación. El crecimiento del capital por especulación ha roto con el crecimiento orgánico. El capital, en el fondo, vale menos y necesita crecer aún más. La imagen total es absurda: las deudas externas son ya impagables en muchas generaciones. El medioambiente nos da serios avisos de quiebra técnica.

Todo lo descrito es a escala macro. En lo ‘micro’ están las personas. Las que de verdad existen y con que sus vidas hacen de este mundo lo que es, un lugar humanizado y en transformación.

 

No son números

Hablábamos de entre 230.314 y 133.623 de suicidios por desesperación. No son números, es gente que cae, seres humanos. No son mercados, es la vida misma. Son relaciones económicas entre gentes, empresas y regiones. No son futuros o commodities, son cosechas y productos que gracias al trabajo del mundo rural serán nuestros alimentos básicos mañana.

Aquí no estamos hablando del número de ventanas en un rascacielos, o de kilómetros de asfalto o metros de tela en un mostrador. Los muertos no son estadística. Son miles de personas que acabaron con su vida, empujados por los mercaderes de la muerte y sus mercenarios.

Además de las muertes por guerras, hambrunas y enfermedades, por las condiciones deshumanizantes impuestas a nivel mundial se quiten la vida al año más de 800.000 personas en el mundo. Esta tragedia contínua está relacionado con la insostenibilidad social de este modelo civilizatorio global.  Especialmente en su credo neoliberal o ultracapitalista.

Decíamos que no se publican estadísticas claras. Pero en el caso de la India el correlato de vivir en el campo y este tipo de muertes supera con mucho el sesgo que tiene en otros lugares del mundo. Hay más decisiones de este gobierno que apretaron más la condiciones. Con la desmonetización emprendida por Modi fue aún peor. Al retirarse los billetes de 500 y 1000 rupias de la circulación de la noche a la mañana, muchos vieron en ello su ruina (véase artículo anterior de la serie). Especialmente en el campo donde no hay bancos ni la gente usa internet.

La liberalización de los mercados agrícolas que ahora vemos que se acelera en la India, ya empezó en los 90 en EE. UU. y Latinoamérica. Cultivar a demanda por contrato y a precio pactado no era nuevo. Lo que sí es nuevo es que la producción total de cultivos básicos (trigo, maíz, soja, etc.) en un país y en el mundo entero esté en manos de unos pocos y cotice en bolsa. Es decir, que la alimentación del planeta es gobernada por vaivenes financieros y su sed de beneficios que nada tienen que ver con las necesidades de la población mundial. El grano, las semillas, el agua,… Los mercaderes de la muerte comercian con lo que la vida necesita.

 

De la India a España

También esta vez es conveniente relacionar lo que sucede en la India con nuestro propio país. Si trabajas ocho o más horas y aun así no te llega para lo más básico por “la lógica de mercado” (el neoliberalismo que te convierte en mercancía y tu tiempo laboral en un “recurso”), entonces tu vida no está tan lejos de la de alguien en India.  Además, vivir aquí es mucho más caro y la naturaleza salvaje no permite subsistir fuera del circuito económico. El sinhogarismo ya sabemos a dónde lleva.

En España también hay mucha gente del campo que sufre por la desquiciada relación entre el precio que reciben por sus productos en origen (lo que ganan), y lo que se obtiene por ello en el mercado de distribución liberalizado (precio final al consumidor).  Aquí también necesitamos un nuevo activismo en el medio agrario y más allá, para emanciparnos de los dictados del ultracapitalismo.

Estas recetas neoliberales no funcionan. Solo la ceguera por miedo y saturación que produce la atronadora propaganda multimedia. Desde los anuncios de 20 segundos, hasta las producciones cinematográficas. Desde la escuela hasta las enseñanzas en las universidades. Desde los refranes e ideologemas más inocentes, pasando por los programas políticos completos, todo sostiene esta realidad tambaleante ante nuestros ojos. Lo que algunos llaman la realidad de las cosas, no es sino la avidez instalada y sacralizada en las relaciones humanas.

En esta nave vamos todos. La especulación en bolsa, ahora gobernada por inteligencia artificial y sus algoritmos, anonimiza responsabilidades en las cifras. También nuestros hechos cotidianos al difuminar como ciertas decisiones nuestros consumos, todo pasa a ser finalmente una consecuencia terrible para muchos en tierras lejanas.  Esta banalización de las decisiones, o su dilución en la cadena de actos y hechos, borra las trazas que explican por qué hay sobreabundancia para unos pocos, gracias a la total miseria para muchos.

 

Largo y triste viaje

Tanto en la India como en España y el planeta entero, la humanidad necesita una nueva revolución agraria, y una nueva relación con el medioambiente que la haga sostenibilidad. Lo demanda el mundo a gritos. Esta necesidad es más crítica que cuando dimos el siguiente salto civilizatorio en el neolítico. Entonces las poblaciones podían migrar de un lugar que hubieran arrasado a otro. Nosotros ya hemos arrasado el planeta.

Somos ya 7.737 millones de personas en el planeta con sus necesidades básicas bien claras. Mañana cuando mires el reloj de census.org habrá bastantes más, y así todos los días.

Esa revolución agraria global que necesitamos no conviene que la dicten las grandes corporaciones interesadas que, con banalidad o sin ella, están en gran medida tras el desastre social y ecológico que vivimos a escala mundial. No son el mal absoluto. Sus conocimiento son útiles para la siguiente etapa. Si esto fuera música, saben de solfeo y saben de teoría de composición musical y armonía, pero solo les salen marchas fúnebres o bandas sonoras para películas apolíticas porque es lo que traen en la trastienda. La tecnología que manejan en otra dirección puede aportar soluciones y no solo beneficios para unos pocos.

Si la humanidad no quiere extinguirse como la criatura más estúpida del sistema solar, ha de aprovechar todo lo que ya sabe y conoce para cambiar su régimen alimenticio y las prácticas productivas para satisfacer la demanda alimentaria mundial.

 

La pirámide de Maslow

Maslow fue un pensador de visión humanista, que destacaba el potencial de la naturaleza humana para el desarrollo de la autorrealización y la trascendencia.

Afirmaba que, sin una crecimiento y transformación en el plano de la esencia humana, la sociedad continuaría por un trayecto destructivo político, económico y social, incapaz de crear proyectos eficaces para enfrentar los problemas sociales, de la delincuencia, el avance de las conductas adictivas o el control social.

Maslow estructuró las necesidades humanas en su conocida pirámide (véase la imagen bajo estas líneas). Abajo estarían las necesidades más sencillas y prosaicas. Hacia arriba necesidades o acciones que más humanos nos hacen. En la cúspide de su pirámide estaría lo que nos completa o lo que nos transforma. Todos tenemos en ocasiones experiencias cumbres que no son místicas, sino un cierto tipo de “lucidez”, que puede formar parte de la vida cotidiana cuando nuestra intención y creatividad permite trascendernos a nosotros mismos. Esa era su idea de humanidad y transformación.

Pirámide de Maslow

En la piramide de Maslow las acciones del ser humano nacen de una motivación innata a cubrir nuestras necesidades, las cuales se ordenan jerárquicamente dependiendo la importancia que tienen para nuestro bienestar y desarrollo.

El arquitecto de la «planta baja» o base de una futura pirámide de Maslow para toda la Humanidad (véase el gráfico de las necesidades humanas, priorizadas en cinco categorías) no puede ser el proceso de globalización neoliberal, que lo define todo en términos de optimización de beneficios y un supuesto autocontrol del mercado. El ultrcapitalismo neoliberal no trasciende nada. Circunscribe sus impulsos a la parte baja de las necesidades humanas, reservando la aspiración de realización total a una élite.

Si, como las grandes compañías de sector agroalimentario sueñan, el campo puede ser atendido en un futuro cercano por grandes sistemas automatizados y controlados por satélite, planificando todo con la ayuda de la IA, ha de ser con cultivos diversificados, sostenibles medioambientalmente y con una nueva mirada más allá del actual darwinismo social.

No debe implementarse semejante tecnología agraria antes de que sepamos en qué se va a emplear toda la gente que, ahora, mantiene el campo y nuestra cadena de suministros básicos. Si se decide desplegar esa especie de agricultura 4.0 automatizada y asistida por IA sin atender al impacto social, entonces antes deberá habilitarse una renta básica universal. La RBU bien puede financiarse con impuestos sobre los robots y con los ahorros de semejante mecanización mundial.  Una RBU que permita que nadie caiga por debajo del umbral de una existencia digna mientras da una nueva orientación a su vida tras el cambio de las circunstancias en el campo.

Escapa el objeto de estos artículos hablar en profundidad de los otros niveles de la pirámide, por encima del que Marlow llamó Fisiología. Pero, pasemos al menos por enunciarlos. Seguridad, para que nada ni nadie amenaza nuestras vidas. Afiliación, para buscar y disfrutar del lugar que queremos ocupar entre los demás. Reconocimiento, propio y del todo social en forma de respeto hacia aquello que realizamos o intencionamos. Y finalmente autorrealización, la más intangible de todas, que se alcanza cuando suficientes actos y hechos en nuestras vidas tienen un sentido creciente más allá de adaptarse bien en las demás necesidades inferiores.

Hay tarea y hay futuro, el caso es despertar. Tenemos mucho peso adecuando nuestros hábitos de consumo y decidiendo qué compramos, en qué época del año y en qué establecimiento. La India pese a todo lo dicho aquí ha crecido y prosperado mucho desde que dejó de ser colonia británica. Qué no harán si se gira el rumbo con los demás pueblos del planeta.

 

Fuentes (además de los enlaces señalados):

https://santandertrade.com/es/portal/analizar-mercados/india/politica-y-economia

http://www.cipi.cu/articuloproceso-de-desmonetizacion-de-la-economia-india-repercusiones

https://spa.acousticbiotech.com/modis-bank-note-ban-has-inflicted-pointless-suffering-indias-poorest-361762

 

 

 

Categorías: Asia, Economía, Video
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