Abrazar comunidades para salvar a la humanidad y el planeta

20.01.2021 - Limache, Chile - Howard Richards

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Abrazar comunidades para salvar a la humanidad y el planeta
(Imagen de Ricardo de la Fuente)

Ahora es el momento de enfatizar lo que siempre debemos hacer de todos modos, es decir: alinearnos entre sectores por el bien común. Trataremos especialmente de los Estados Unidos, donde el futuro de la democracia ahora pende de un hilo.

Introducimos en este ensayo la idea de ´organización ilimitada.’ (OI) Plantea que no hay que limitarnos por las estructuras sociales construidas por la historia y heredados del pasado. Nosotros los vivientes, para salvar la humanidad y el planeta, tenemos que fortalecer comunidades, a veces al costo de enmendar tradiciones jurídicas sentadas. Propone repensar los usos de los excedentes. Vale decir, mover recursos de donde no se los necesitan a donde se los necesitan.

La misma lección de ética repite Papa Francisco, de una forma u otra, casi todos los días: Nuestra propiedad no solo nos pertenece a nosotros, sino también a aquellos a quienes podemos ayudar con nuestro excedente.

OI trabaja siempre con el espíritu de construir la paz por medios pacíficos. Promovemos educación, cultura, ética y aplicaciones prácticas que demuestran la eficacia de la solidaridad, Ciertamente hay un lugar por las normas con fuerza de ley, respaldado por la fuerza pública; pero este lugar no es el lugar principal de nuestro trabajo, ni tampoco es el lugar mas importante si se trata de la transformación de las estructuras sociales que nos oprimen. La prueba son los muchos derechos sociales (derechos a salud, a vivienda, a empleo digno, a pensiones …) que en principio ya son normas con fuerza de ley. Son materia de convenios internacionales firmados y ratificados. Sin embargo, en la práctica a menudo son letra muerta.

Para que sean reales los derechos sociales, faltan cambios profundos a nivel de la cultura y a nivel de la ética. Las estructuras sociales ´duras´ subordinan la producción a la finalidad de acumular dinero. Definen el poder adquisitivo, o la pobreza, de los consumidores. En fin, las estructuras sociales duras definen la propiedad. No vienen de nada. Vienen de la historia. No se apoyan en nada. Se apoyan en las normas culturales. Se apoyan en la ética. Es la ética (a menudo formalizado en leyes) que define los derechos y los deberes de cada posición social definida por las estructuras ‘duras. ´

Recientemente la historiadora de la Universidad de Chicago, Kathleen Belew y otros han estado documentando meticulosamente cuán extendidos, bien organizados y armados son los movimientos antidemocráticos en USA. Cuando sus miembros son detenidos y llevados a juicio (hasta ahora solo en los estados rojos), son absueltos regularmente porque los jurados comparten sus valores. La presidencia de Trump los envalentonó. La principal publicación de Kathleen Belew, basada en su tesis doctoral, es “Bring the War Home: The White Power Movement and Paramilitary America”. Harvard University Press, 2018.

Hablaré de dos prioridades en la situación actual. La primera es rescatar al Partido Republicano de Trump. Ese partido debería volver a su antigua marca: el partido favorable a las empresas, en permanente debate con el Partido Demócrata, el partido relativamente favorable a los trabajadores. Pero a estas alturas de 2021 ser favorable a las empresas lleva un corolario: el gobierno es favorable a las empresas y las empresas son favorables a la comunidad. Esta formulación reconoce lo que siempre ha sido cierto: Para resolver los problemas sociales se necesita la OI o su equivalente, porque las repúblicas modernas no fueron diseñadas por sus próceres del siglo dieciocho para solucionar problemas sociales, ni menos problemas ecológicos. Es un punto que fue recalcado por Joseph Schumpeter cuando renunció como ministro de hacienda de Austria en 1918. Fue recalcado nuevamente en “Problemas de Legitimidad en el Capitalismo Tardío” por Jürgen Habermas en 1973; y otra vez en “Los dilemas de las socialdemocracias” por Joanna Swanger y un servidor en 2006. En este último libro mostramos en siete estudios de caso los fracasos de siete socialdemocracias. Sacamos la conclusión que en fin de cuentas un estado benefactor capaz de cumplir con los DDHH sociales es incompatible con el marco jurídico del estado de derecho definido en Europa y Estados Unidos en el siglo XVIII –vale decir con el contrato social mítico que define la propiedad privada y la libertad comercial como derechos eternos y universales de los individuos existiendo antes de la formación de las sociedades, y que los gobiernos no pueden vulnerar y tienen que defender.

Así se explica gran parte del encanto de Trump, de Hitler, de Mussolini, y todos quienes desprecian la ley y prometen un gobierno fuerte capaz de dar empleo y seguridad física al pueblo. Los gobiernos democráticos prometen, pero no cumplen. No pueden cumplir. La solución: la transformación pacifica de la democracia, el voluntariado, la cooperación voluntaria de todos por el bien común. ¿Pero que hacer con los pasajeros clandestinos (´free riders´), o sea quienes benefician de vivir en un país mejor, pero no aportan nada al bien común voluntariamente? No tenemos una buena respuesta a esta pregunta, pero queremos aclarar que, aunque sea nuestro trabajo educativo, no descartamos la importancia del trabajo de otros quienes se dedican a hacer valer las leyes que imponen deberes que no son voluntarios, como las son las leyes que imponen impuestos.

Hoy sabemos que las economías de planificación centralizada, igual que el capitalismo en sus formas clásicas, tampoco funcionan para satisfacer las necesidades humanas y a la vez preservar el medio ambiente. Hoy cada vez más personas están depositando sus esperanzas en economías solidarias.

La OI se distingue porque no propone otro paradigma, sino un compromiso ético, y una mente abierta para considerar cada paradigma, e incluso los méritos del actual paradigma dominante, e incluso las ´epistemologías derrotadas´ por el colonialismo que ahora levantan sus voces y denuncian las pretensiones exageradas de las culturas europeas. No ofrecemos soluciones generales. Ofrecemos un enfoque general que parte del compromiso ético, y sigue considerando el número ilimitado de opciones que siempre hay. Al decir de Nelson Mandela, ´No nos importa si el gato sea blanco o negro, siempre que logra matar al ratón. ´ .

Sobre la necesidad de colaboración intersectorial, el Foro Social Mundial (con su énfasis en la organización de territorios) y el Foro Económico Mundial (obligado cada vez más por las realidades de una civilización en crisis) están convergiendo hacia conclusiones similares.

En los EE. UU. y en la mayoría de los países durante Covid y después de este, casi todas las empresas dependen de alguna forma de rescate o estímulo del gobierno para sobrevivir. Es un momento oportuno para plantear dos puntos éticos con los que pocos estarían en desacuerdo: (1) el gobierno favorable a los negocios va de la mano con los negocios dedicados al servicio de la comunidad; (2) El derecho a una vida digna cumpliendo con los DDHH sociales no se deriva del concepto (acuñado por John Locke, y seguido por economistas desde Smith hasta hoy) que una persona gana su derecho a consumir por producir algo que se puede vender. Deriva del concepto que cada persona nació como miembro de la familia humana. Tiene el derecho a una vida digna aun en el caso que lo que es capaz de producir nadie quiere comprar.

En los pueblos de muchos países encontramos dueños de pequeñas empresas, cuyo principal objetivo es mantener a un hogar y dejar algo a sus hijos. Forman lo que el economista argentino José Luis Coraggio llama la economía popular. En USA y otras partes muchos se incorporan a clubes dedicados al servicio al prójimo como “Kiwanis”, “Rotarios” o “Leones”; mientras los niños se unen a las Girl Scouts o Boy Scouts y a menudo asisten a escuelas que requieren un cierto número de horas de servicio comunitario como requisito para graduarse. En muchos casos, toda la familia asiste a una iglesia que todavía recuerda que es más bendecido dar que recibir. Hay instituciones semejantes en el mundo islámico, en el mundo hindú, en los países con tradiciones confucianas, y dondequiera se vaya.

La lección: los fascismos típicos de la modernidad florecen porque el gobierno es atado por la jurisprudencia europea del siglo XVIII (´los políticos prometen, pero no cumplen sus promesas´). Piketty calcula que el valor neto de un gobierno típico actual es cerca de cero, siendo el total de sus haberes igual o menos que sus deudas. Mientras tanto la riqueza privada de un país suele ser seis veces su PNB, pero no es asequible a los gobiernos. Esto es lo negativo. Lo positivo es que los pobres se dan cuenta que pueden mejorar su suerte por organizarse, y los ricos se dan cuenta cada vez mas que no tiene sentido vivir para acumular. Mas. Es colaborar en un suicidio colectivo.

El mensaje: No espera que el gobierno de tu país va a solucionar los problemas sociales y así conjurar la violencia y las dictaduras. En cambio, pregunta:

¿Cómo puedo ayudar?

¿Qué excedente dispongo para compartir?

En el caso de USA, mi sugerencia es apostar por el impulso que ya tiene el servicio comunitario y, aparte de eso, no abordar la política directamente. En su lugar, ofrézcase como voluntario para actividades que construyan comunidades saludables donde la violencia en general retrocede y la paz positiva en general prosigue. La construcción de comunidades solidarias es lo que tenemos que hacer de todos modos para hacer del homo sapiens una especie viable y de la tierra un planeta viable, con o sin la amenaza a la democracia en los Estados Unidos que existe hoy, y que no va a desaparecer pronto. El “Search Institute” ofrece muchos consejos prácticos publicados en español y fáciles de seguir sobre cómo desarrollar la comunidad. La atención se centra en la juventud, pero los resultados afectan a todas las edades.

En general, 1. La humanidad y el planeta necesitan más comunidad y menos economía. 2. En muchos casos, existe experiencia y evidencia para proporcionar una guía racional al dedicar recursos para lograr ese fin. (Otro guia practica: Andersson y Richards, Unbounded Organizing in Community 2015)

Pero ¿qué pasa con el nivel estratosférico, a diferencia del nivel aterrizado? ¿Qué pasa con las corporaciones multinacionales, Silicon Valley, la cuarta revolución industrial, la globalización, la concentración de la riqueza en el 1% superior, los niveles sin precedentes de deudas públicas y privadas impagables en todo el mundo, los megabancos, la evasión fiscal masiva, los complejos industriales militares, las guerras interminables y el surgimiento de China?

En este mundo donde todo depende de todo lo demás. Lo estratosférico no es ajeno a la crisis de la democracia en Estados Unidos. Pero solo tengo espacio para dos puntos de prioridad, así que debo dejar de lado el nivel estratosférico por ahora. Mi segundo punto prioritario es que se debe hacer algo para aliviar el dolor, los errores conceptuales y la humillación que impulsan la crisis. Los millones que votaron por él todavía existen. Sus motivos para apoyarlo, incluidos los que llamo ´dolor´, ´error´ y ´humillación´, también todavía existen.

El dolor está señalado por muchos indicadores. El más dramático es la disminución de la esperanza de vida en USA en los años recientes. El análisis estadístico muestra que se la debe enteramente a muertes tempranas relacionadas con la desesperación y la depresión en el sector de la población que votó más sólidamente por Trump, los hombres blancos con baja educación. Sus muertes prematuras a menudo se deben al alcoholismo, las sobredosis de drogas, el suicidio y la negligencia del consejo médico entre aquellos a quienes les importa poco si viven o mueren.

Quizás el error conceptual más importante es la creencia incuestionable de que es posible que todos tengan éxito en una economía de libre mercado pura. Aquí éxito significa ganar dinero. Éxito significa que las cuentas por cobrar superan las cuentas por pagar. Los ingresos superan los gastos. Las ventas superan las compras. Pero sumados en toda la economía, las cuentas por cobrar son iguales a las cuentas por pagar, las ventas igualan las compras, etc. debido a que la cuenta por cobrar de una persona es pagadera de otra, la venta de una persona es la compra de otra. Puros mercados con puros ganadores no hay. No pueden ser. Como destacaba Keynes, los mercados tienden hacia un equilibrio de bajo nivel. Vale decir, la demanda por mercancías es igual a la oferta de mercancías. Pero es de bajo nivel porque mucha gente queda todavía cesante, muchos comerciantes endeudados o quebrados, y muchas necesidades humanas insatisfechas.

Por el racismo, en cierto momento histórico puede haber trabajo para todos los blancos, dejando cesantes a negros y otros. Pero si el numero de personas permitidos a solicitar los buenos empleos aumenta (por terminar con la discriminación racista) el mercado no tiene ninguna tendencia a aumentar automáticamente el número de puestos de trabajo.

Por eso es un error trágico pensar que con el sistema que domina, se puede promover a los postergados sin dañar a los antes privilegiados. O promover a unos postergados (por ejemplo, unos pobres negros) sin provocar amargura y a menudo depresión y/o criminalidad entre otros postergados (pobres de todas las demás etnias, y también entre los pobres negros que no les tocó estar entre los promovidos). Era previsible la amargura y la violencia que de hecho se observa.

Martin Luther King Jr. entendió perfectamente las limitaciones inherentes del capitalismo de libre mercado. Sabía que su pueblo, la gente de color históricamente oprimidos y otros pueblos históricamente oprimidos como los nativos americanos, solo podrían ser realmente libres cuando todos fueran libres. Propuso una economía radicalmente diferente, a la que frecuentemente nombró (siguiendo al filósofo Josías Royce) como “una comunidad amada”.

La humillación ocurre cuando te menosprecian, exponen que no eres lo que pretendes ser y se supone que eres. Por ejemplo, te humillas cuando se supone que eres una buena madre o un buen padre criando bien a tus hijos, comprándoles lecciones de música y regalos de Navidad, pero los servicios que puedes ofrecer para vender en el mercado laboral nadie los compra.

¿Cómo podemos aliviar el dolor, la confusión y la humillación? Ya llevamos dicho que el enfoque OI sugiere partir con el compromiso ético. Comprometernos, como individuos y como instituciones cívicas, educativas, médicas, comerciales y públicas etc. Luego, hacer lo que de hecho funciona, aprender de la experiencia y de la ciencia.

Hay mucho que aprender. Mientras mas se estudia el tema, mas se da cuenta que las posibles formas de vivir con dignidad y seguridad económica, sin depender de ventas, y/o sin depender de la confianza de los inversionistas, son incontables. La teoría y muchos datos empíricos se presentan en mi próximo libro con Gavin Andersson Economic Theory and Community Development.

Pensando al interior de las estructuras sociales e ideologías ahora dominantes, sin OI, para la administración Biden entrante, Trump ´es un acto difícil de seguir’. Trump puede afirmar haber logrado el pleno empleo, ganancias corporativas récord y precios récord de acciones en las bolsas de valores.

¿Cómo lo hizo? Tomando prestadas sumas increíbles, elevando la deuda federal a casi los 28 billones de dólares y, para colmo, creando otros 3 billones por Fiat, de la nada. Tuvo la suerte de ser presidente cuando las tasas de interés estaban cerca de cero. Pudo recortar impuestos, repartir dinero al público, aumentar los sueldos de los militares y proporcionar a las empresas préstamos casi sin intereses. La dirección podría utilizar los prestamos regalados para recomprar y poner en los arcos de la empresa, las acciones de la misma empresa. Las recompras hicieron subir los valores en las bolsas y, sobre esa base, la gestión se calificó para bonificaciones enormes. Por semejantes medidas Trump subió la bolsa, subió las ganancias, y subió los astronómicos sueldos de los ejecutivos. Por medidas mencionadas a continuación (antiecológicos, ante inmigrante, nacionalismo económico…) logró –antes de Covid—subir el empleo, aunque no tanto como dice, porque mucho del empleo fue de baja calidad, y una parte fue una ficción lograda por manipular los datos.

La administración entrante de Biden se ve obligada, le guste o no, a continuar con los préstamos ilimitados, rezando para que las tasas de interés no vuelvan a niveles más normales. Frente a la realidad física, Biden se ve obligado a revertir el completo desmantelamiento de la protección ambiental por parte de Trump –desmantelamiento que a corto plazo produjo más empleo. Biden se ve obligado a defender al medio ambiente porque la alternativa es el eco-suicidio. ¿Y si Biden no quiere o no puede seguir forzando a Alemania para que compre gas estadounidense caro cuando el gas ruso es mucho más barato? Se prevé la pérdida de puestos de trabajo, y difícilmente políticas de Biden –sin el alineamiento de sectores que OI propone—va a poder compensar aquellas perdidas con otras formas de crear vidas dignas.

El crecimiento económico bajo Biden puede ser lento o volverá negativo. Para los artesanos de la paz, lo que otros interpretan como fallas en la política económica serán oportunidades para demostrar en la práctica que el bajo crecimiento económico, junto con el compartir, el cuidarse los unos a los otros, y el hacer más con menos, es algo bueno, no malo. Falta educar al público para que entiendan que otra forma de vida, mas ecológica, mas comunitaria, mas espiritual y mas sana es el camino para salvar a la humanidad y el planeta.

Joseph Schumpeter, mejor conocido como el padre de la teoría de la innovación, y también conocido (como se mencionó anteriormente) por declarar que las repúblicas modernas nunca fueron diseñadas para resolver problemas sociales, sería el primero en ver que el gobierno solo haciendo lo que los gobiernos suelen hacer, no puede salvarnos. Tiene que haber políticas innovadoras. Tiene que haber contribuciones innovadoras de todos los sectores.

Ascendiendo solo una vez por un momento al nivel estratosférico, las grandes empresas deben tomar en serio las palabras de Peter Drucker:

“En la sociedad moderna no hay otro grupo de liderazgo que los gerentes. Si los gerentes de nuestras principales instituciones, y especialmente de las empresas, no se responsabilizan por el bien común, nadie más lo puede hacer, ni lo va a hacer.”

Pero las grandes empresas y el gran gobierno, y las grandes universidades, y los activistas políticas y sociales, y las fuerzas del orden ilustradas, y los principales sindicatos y las grandes fundaciones filantrópicas –aunque se coordinen entre sí no pueden salvarnos sin las contribuciones de “the lasagne moms” (cocineras voluntarias quienes preparan comidas para víctimas de covid), las girl-scouts, los boy-scouts, los enfermeros que trabajan horas extras y los profesores conscientes con vocación en las escuelas.

Y las contribuciones de los más pobres entre los pobres. ¿Cómo logran ellos la dignidad y la felicidad trabajando juntos para resolver sus propios problemas y los de los demás? Esta es una pregunta a la que Joe y Jill Biden pueden encontrar fácilmente una respuesta, porque dos expertos en el tema son buenos amigos suyos: Barack y Michelle Obama. Barack y Michelle hicieron una pasantía y estudiaron con John McKnight, capo en materia de desarrollo comunitario, y autor de Community and its Counterfeits y otros escritos inspirados. El resto de nosotros, quienes tenemos menos oportunidades de cenar con Barack y Michelle, podemos buscar en Google Asset Based Community Development.

Este artículo apareció originalmente en Transcend Media Service (TMS) el 28 de diciembre de 2020.

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Categorías: Norteamérica, Opiniones, Política
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