Este domingo 18 de octubre, Bolivia tendrá elecciones presidenciales después de once meses de gobierno de un régimen de facto respaldado por Estados Unidos y que tomó el poder a través de un golpe de Estado. Este régimen de extrema derecha llegó al poder boicoteando una elección democrática el año pasado, obligando al presidente Evo Morales a renunciar y desatando una ola de brutal represión en todo el país. Las fuerzas de seguridad asesinaron a decenas de manifestantes.

La posición del Partido Verde sobre las elecciones bolivianas se basa en nuestro enfoque de la política exterior. Rechazamos la Doctrina Monroe a favor de una política de respeto mutuo e igualdad soberana entre las naciones. Esto significa que si fuéramos gobierno pondríamos fin al bloqueo contra Cuba y comenzaríamos a forjar relaciones basadas en el comercio de beneficio mutuo. Impulsaríamos relaciones de cooperación contra el fallido modelo neoliberal de dominación política, militarización, privatización y modelos de ajuste económico que imponen explotación económica, la destrucción de ecosistemas y fuerzan la migración de las víctimas de este sistema.

Hoy la gran mayoría de los bolivianos se ha movilizado para restaurar su democracia utilizando procedimientos democráticos. Los candidatos del Movimiento al Socialismo (MAS) tienen una ventaja dominante en las encuestas a pesar de la persecución política contra sus candidatos y simpatizantes. Observadores internacionales de todo el mundo serán testigos de si las instituciones democráticas de Bolivia pueden restablecerse, incluso mientras el ministro del Interior, Arturo Murillo, sigue abusando de su autoridad sobre las fuerzas de seguridad para amenazar a los partidarios del MAS y promover una agenda partidista oligárquica.

Antes del golpe de Estado, Bolivia había sido un ejemplo brillante de crecimiento económico sobre la base de muchas políticas socialistas, y en términos de justicia social y descolonización. Recuperaron el control sobre sus recursos naturales e insistieron en implementar su propio modelo económico. Durante más de una década de “proceso de cambio”, este país sudamericano elaboró ​​una Constitución que reconoce a 36 pueblos originarios y eleva su participación política.

Las elecciones del domingo, en este contexto, determinarán si Bolivia puede liberarse del monroeísmo y la oligarquía, y reanudar un camino soberano y democrático mirando hacia el futuro. De la misma forma en que actualmente estamos en Estados Unidos en guardia para asegurar que no haya restricción al derecho electoral de los votantes o fraude en estas próximas elecciones estadounidenses, en Bolivia los sectores populares y los movimientos sociales que respaldan el Movimiento al Socialismo se mantienen alerta para no sufrir las consecuencias de dos elecciones dañadas por sectores radicales conservadores.