Por: Mónica Guzmán

Hoy quisiera hablarles sobre la cita siempre postergada, el hacer un alto mirarnos y preguntarnos si quiero vivir y en qué condiciones hacerlo.

Tal parece que la premura en la carrera de la vida, con su camino, metas y destinos trazados nos ha tenido muy ocupados, o acaso, en la obstinación de buscar respuestas afuera, hasta que, como individuos y sociedad hemos tenido que hacer un alto y observar como espectadores factores cotidianos normalizados como la desigualdad, la falta de solidaridad, el individualismo, la discriminación, la violencia, la enfermedad y la muerte en sistemas de salud ineficientes e insuficientes.

¿Cómo es que hemos llegado a este paisaje desolador? Entonces, reconocemos que las cosas no están bien, o nunca lo han estado y que no queremos volver a esa normalidad. Pero ¿a qué normalidad queremos volver? ¿Qué es lo que tenemos que cambiar como sociedad? Seguro que ustedes como yo nos hemos hecho estas y otras preguntas.

De este modo comprendí que existen propuestas concretas en el ámbito político y social, un camino necesario a recorrer para construir la sociedad que todos buscamos. No obstante, y parafraseando a Mario Luis Rodríguez Cobos en su libro “Cartas a mis amigos” publicado el año 1993, salir de la opresión a la “libertad” entre comillas no ocurrirá por la sola mecánica de la práctica social, se tendrá que reconocer al ser humano desde su esencia, vale decir desde su intencionalidad.

En este sentido, este escrito comprende en primera instancia las propuestas en el ámbito político y social del Movimiento Humanista, escritas por Silo en su libro “Cartas a mis amigos”. Comentando la gestación de algunas de ellas, en mi país, Bolivia y, por último tocando la importancia del cambio personal, empezando por uno mismo.

Bien empezamos entonces con las propuestas políticas y sociales aún no implementadas, para luego mencionar aquellas de las que sí se cuenta con experiencias en su puesta en práctica:

Una de las propuestas consiste en el paro o cese de la usura en desmedro del ciudadano común y los países, por parte de la banca, el BM, el FMI y otros entes mal llamados financiadores que no han hecho más que acrecentar la brecha de desigualdad entre la mayoría trabajadora y la minoría privilegiada, con la fuga del dinero hacia el capital financiero especulativo, en lugar de su reinversión en la generación de nuevas fuentes de empleo para los ciudadanos y en asegurar un uso de recursos sostenible y uso de tecnología para mejorar la calidad de la vida de la población en el caso de los países. La banca permanecerá, solo en aquella circunstancia, en que los préstamos tanto hacia los ciudadanos como hacia los países sean sin intereses, devolviendo sólo el capital.

Pasando a otra propuesta tenemos a La descentralización a favor de la base comunal, desde donde habrá de partir toda representatividad electoral.

Por otro lado, la independencia de los tres poderes: legislativo, judicial y ejecutivo pasando de una democracia “formal” a una democracia real mediante la consulta popular, el plebiscito y la elección directa de los candidatos para cada poder.

En cuanto a la elección directa de jueces, ésta se implementó en Bolivia en dos ocasiones, la primera el año 2011 y la segunda el año 2017, convirtiendo a Bolivia en el único país en el mundo, en el que el pueblo eligió a sus principales jueces, según el diario NuevaTribuna.es en su publicación digital del 2 de diciembre de 2017. Buscando dejar atrás décadas de impunidad por delitos en contra del estado, toda vez que eran los partidos políticos, quienes se distribuían los cupos de los tribunales de justicia para elegir a sus allegados, quienes a su vez, por este favor, jamás les investigaban/juzgaban como acto de lealtad política a sus padrinos políticos corruptos, como señala NuevaTribuna.es.

Otra propuesta política y social consiste en la generación de frentes de acción, garantizando la diversidad, e identidad ya sea cultural, religiosa, sexual u otra; de cada etnia, colectividad o grupo humano discriminado.

En este punto podemos citar otro hito de gran importancia como fue la autodeterminación de los pueblos. Sofía Cordero Ponce en su Artículo “Estado Plurinacional y autodeterminación indígena” publicado en agosto de 2017 en el sitio web La Migraña hace referencia a Bolivia y Ecuador como Estados Plurinacionales, ratificados en sus constituciones aprobadas en referéndum, a partir de los años 2008 y 2009 respectivamente, desafiando la ficción del Estado Nación y construyendo así esquemas institucionales que permitan la convivencia pacífica de varias “naciones” dentro de un mismo estado, lo que implica la aceptación de una serie de derechos colectivos a través de los cuales estos sujetos pueden ejercer su derecho a la autodeterminación mediante la construcción de autonomías indígenas, cita la autora.

Y aquí otra palabra clave: Autonomía, o proceso de Autonomías y Descentralización en Bolivia como señala la Organización de Regiones Unidas en su noticia digital publicada el 1 de diciembre de 2016. Nuevamente, la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia establece un cambio fundamental en la estructura y organización territorial estatal, cuya función general es la de impulsar el desarrollo económico, productivo y social en sus respectivas jurisdicciones.

Y por último, los humanistas planteamos salud y educación GRATUITA Y DE CALIDAD para todos.

En cuanto a esta medida, la Organización Panamericana de la Salud en su noticia digital del 24 de febrero de 2019 menciona: Bolivia se encamina hacia la salud universal con la promulgación de la Ley del Sistema Único de Salud, instrumento legal que permitirá que el 51% de la población, aproximadamente 5 millones de bolivianos, que no accedía a los servicios de salud, ahora pueda hacerlo de manera gratuita.

No obstante los hitos mencionados y aun reconociendo que toma tiempo la maduración de los mismos, éstos al día de hoy no muestran el inicio de un camino, sino y hasta en algunos casos pareciera existir un retroceso, por los últimos sucesos de violencia y discriminación que vive Bolivia, sin entrar en el hecho de señalar y buscar culpables, es mi intención llegar más allá.

Los esquemas de comprensión actuales están todavía muy alejados de la idea y sensibilidad necesarias para aprehender la realidad de lo humano, su intencionalidad, la misma que puede tener un carácter constructivo o destructivo, según cuan alejado o cercano se encuentre ese ser humano de su centro. Aun cuando, este sistema inhumano proponga modelos de felicidad totalmente erróneos como el dinero, el confort, el status u otros y en ese sentido, promueva el individualismo y la competencia como prácticas naturales para alcanzar esos modelos. Cada ser humano, lleva indicadores internos que, pueden luego de varios fracasos ser escuchados por el individuo para retornarlo a su esencia, para llevarlo a la coherencia entre lo que piensa, siente y hace y para actuar tratando a los demás como quisiera ser tratado, siendo la solidaridad una consecuencia natural como acción en su relación con el medio en que vive.

Por esto, es fundamental el cambio simultáneo, tanto social como personal, como dirección de vida que uno mismo se plantee, optando uno mismo por ser coherente entre lo que piensa, siente y hace y en el tratar a los demás como uno quiere ser tratado, simples reglas, pero que llevan implícito un cambio importante de valores.

La dirección propuesta no es más que, un nuevo sistema de relaciones sociales cuyo valor central sea el ser humano y no cualquier otro, como pudiera ser el dinero, la producción, la sociedad socialista, etc.

Nada por encima del ser humano y ningún ser humano por debajo del otro.

Si se pone como valor central a dios, al Estado, al dinero o cualquier otra entidad, se subordina al ser humano creando condiciones para su posterior control o sacrificio, los humanistas tenemos claro este punto.

Los humanistas, por poner un ejemplo, son ateos o creyentes, pero no parten de su ateísmo o de su fe para fundamentar su visión del mundo y su acción.

Y al hablar de esta revolución planteada, ésta deberá ser principalmente “no violenta”, lo que no significa de ningún modo pacifista, sino más bien estratégica diría yo. De otro modo, mediante el uso de la fuerza, la guerrilla o golpes de estado, el remedio terminará siendo peor que la enfermedad, pues habremos ido en contra de los valores expuestos implícitamente aquí que son la consulta y el respeto por las decisiones conjuntas, aun cuando este camino de la “no violencia” parezca débil y lento, es el único que nos garantiza una maduración necesaria para la construcción de una nueva sociedad o nuevo sistema al que cada sector de la población aportará con sus pinceladas en el óleo de este nuevo paisaje construido y querido por todos.