El Centro de Estudios Humanistas de Córdoba (Argentina) dió a conocer un nuevo estudio sobre el Proceso de Cambio en Bolivia, que fuera abruptamente interrumpido por un Golpe de Estado en Noviembre de 2019.

En su introducción, los autores afirman que «Bolivia vive nuevamente una página infame de su historia. Como en otras oportunidades, un presidente
constitucional es obligado a dimitir por un Golpe de Estado. Sin embargo, este suceso es diferente a otros. El presidente derrocado, Evo Morales Ayma, es el primer presidente de origen campesino indígena luego de la independencia del yugo colonial español.»

El estudio, desarrollado según las pautas del Método Estructural Dinámico, fue elaborado por integrantes del mencionado Centro de Estudios en conjunto con dos exiliades por la persecución del gobierno golpista.

Ante la imposibilidad de abarcar por completo al objeto de estudio, para tratar de hacer justicia a los aspectos más importantes, se han analizado la dimensión política, social y cultural del período transcurrido entre 2006 y 2019.

Por otra parte, el estudio no solamente contempla lo ocurrido, sino que, desde un interés de aportar al futuro, se identifican ejes que colaboren con la profundización de las características humanistas de la revolución iniciada luego de la hecatombe neoliberal.

Para acceder al estudio completo Estudio sobre proceso de cambio Bolivia_version final Agosto 2020

Publicamos a continuación las principales conclusiones del estudio.

La pregunta a la que se intentó responder con el estudio fue:
¿Cuáles han sido las fortalezas y carencias del Proceso de Cambio? y ¿Cuáles son los posible elementos de renovación para un nuevo ciclo que fortalezca las características humanistas?

Conclusiones

En el marco de una oleada de ascenso de gobiernos de izquierda y progresistas en la región, los sectores populares lograron acceder al poder político en 2006 a través de la elección de Evo Morales Ayma, el primer presidente de origen campesino indígena de la historia boliviana.

El Proceso de Cambio fue el mejor gobierno con que contó Bolivia desde la independencia, respondiendo económica, social y culturalmente a necesidades y demandas de los sectores postergados.

Este proceso conquistó grandes reivindicaciones y recuperó la política y la soberanía económica deteriorada por la profunda corrupción naturalizada por una derecha que tuvo el mando del país por décadas.

Posibilitó la inserción social y política de la mayoría de la población que hasta principios del siglo se encontraba marginada, no solo económicamente sino sobre todo cultural y psicológicamente. Asimismo, logró un aumento
significativo en la participación social y política de las mujeres, avanzando en sus derechos.

Pese a la recesión global, el gobierno de Evo Morales pudo colocar bases sólidas de una economía con crecimiento y redistribución social, sacando a cientos de miles de compatriotas de la miseria y mejorando ostensiblemente la salud, educación y calidad de vida de toda la población, como también resolver problemas de desarrollo de infraestructura básica.

En el plano internacional, destacó en temas pioneros como la defensa ecológica, la elección directa de jueces, la diplomacia de paz, los derechos de los pueblos indígenas y la promoción de un mundo sin muros, entre otras
cuestiones. Abogó decididamente por la integración regional, la cooperación y la solidaridad entre las naciones.

El Proceso tuvo que lidiar permanentemente con una oposición acérrima desde los medios tradicionales, las iglesias, la oposición política desplazada y las maniobras digitadas desde los Estados Unidos. Apoyado inicialmente por algunas ONG, éstas se fueron distanciando en la medida que la redistribución social del Estado les fue quitando terreno.

En términos de proceso, se denotan con claridad tres etapas: la revolucionaria, entre 2006 y 2009, en la que se sentaron las bases de la dirección general transformadora, culminando con la aprobación en referéndum de la nueva Constitución. Entre 2009 y 2014, la etapa de estabilización y desarrollo que finaliza con la ratificación del rumbo en las elecciones de 2014 y la de declive, entre 2015 y 2019, en la que hay divisiones en la unidad lograda, se multiplica el disenso, emerge una generación joven contestataria urbana y la oposición política – ayudada por un mayúsculo fraude informativo de los medios urbanos – logra su primer victoria en el referendo de 2016.

Cada etapa muestra un momento de resistencia radical a las transformaciones que es invariablemente vencido por el bloque oficialista, incluso en las elecciones de Octubre de 2019, a pesar del debilitamiento relativo del
gobierno comparado con otros momentos. Ese debilitamiento no se produce solamente por factores externos, sino que concurren factores internos como las divergencias de mirada entre el Suma Qamaña o Vivir Bien y el
desarrollismo que primó sobre todo a partir de la segunda mitad del segundo ciclo.

Posibles aspectos críticos han sido la insuficiente diferenciación de una continuidad capitalista y una burocratización creciente, característica común a los diferentes procesos progresistas de la región, la que produjo desconexión y cierto desencantamiento de las bases y poca sintonía en las nuevas generaciones, que no tenían en su memoria el pasado neoliberal.

Entre los problemas que tuvo que afrontar el Proceso de Cambio está la ampliación de la población urbana y de las clases medias, que fueron favorecidas por las acciones de gobierno pero comenzaron a demandar con un
olvido selectivo de cómo habían llegado hasta allí.

Otro aspecto eminentemente problemático ha sido el modo en cómo cala culturalmente el afán de diferenciación racista de todo lo que parezca “indígena”, intentando los sectores mestizos urbanos asimilarse y ofender parte de su historia para intentar parecerse a la cultura dominante de Occidente. Este rasgo atraviesa también la historia toda de América Latina y el Caribe, ya sea por evitar la persecución y la discriminación o por la propia
imposición cultural a la que la población mayoritaria es sometida.

En el contexto de una oleada de restauración conservadora y de fortalecimiento de corrientes retrógradas en la región, las estrategias de manipulación mediática y las maniobras conspirativas de Estados Unidos y las ONG llevaron a un nuevo empoderamiento de la ultra derecha conservadora fascista travestida de una supuesta lucha por la democracia, lo que con la ayuda de la OEA – tentáculo estadounidense en la región – culminó en el
golpe de Estado que derrocó al gobierno de Evo Morales.

Propuestas para el futuro de Bolivia

Aún cuando los avances culturales, sociales y políticos de este ciclo han sido muy significativos, debe ser considerado como un primer escalón humanista tendiente a saldar, al menos parcialmente, la deuda histórica de 180 años de estado republicano en manos de las oligarquías de turno y de cinco siglos de sometimiento colonial y neocolonial.

El nuevo ciclo del proceso de cambio tendrá que materializarse en una nueva revolución económica, social y cultural contundente, encarnando una profundización que supere en sus transformaciones incluso el primer ciclo
del proceso anterior, modificando lo establecido, consolidando lo avanzado y mirando con una perspectiva a largo plazo.

Apostando por tanto en lo político a una renovación generacional que adopte la nueva sensibilidad de la época en su discurso y su acción, generando plena igualdad para las mujeres, fortaleciendo el espíritu autonómico, favoreciendo a las municipalidades y las organizaciones territoriales en detrimento de un Estado centralista cuyo rol será de coordinación.

Asimismo, retomar la presencia geopolítica en sentido de integración y cooperación para construir una región sin fronteras, una Nación Latinoamericana y Caribeña como paso a la Nación Humana Universal.

El desarrollo social aspirará a resolver las necesidades de la gente de manera definitiva con una Renta Básica Universal que asegure la supervivencia y una reforma educativa que no solo resuelva y asegure la formación adaptativa de las nuevas generaciones a un mundo distinto sino también que priorice la intencionalidad del educando.

Un modelo educativo que abra caminos para la superación de las antinomias culturales y su integración armónica en un nuevo sujeto cultural cuyo propósito sea construir una verdadera comunidad boliviana incluyente, con convergencia de las particularidades y que se reconozca como conjunto y supere la mirada individual y sectorial.

Del mismo modo, la salud, la generación de infraestructura básica para toda la población (vivienda, servicios, conectividad), la calidad de vida y el desarrollo de la creatividad serán prioridades. El parámetro será no solamente mediciones estadísticas o técnicas sino sobre todo el registro de felicidad personal y colectiva que todas estas medidas generen.

Desde una perspectiva de humanización, un aspecto a resolver es el papel de la policía y las fuerzas armadas. No hay duda que un marco de inclusión social y de hermanamiento regional disminuirá la necesidad de ambas, al reducirse la marginación y las hipótesis de conflicto. Al mismo tiempo, el esquema de obediencia verticalista promueve un tipo de disciplinamiento poco compatible con el fortalecimiento de las capacidades democráticas. Un primer paso para la desmilitarización social es la optatividad del servicio militar.

El Estado Plurinacional podrá encarar un nuevo ciclo que apunte a un desarrollo científico tecnológico desde la multiplicidad y el diálogo entre saberes.

Esto puede tener como horizonte conjunto la superación de la violencia, donde el racismo, la discriminación y la marginación sean el enemigo común, no tan solo a nivel social, sino también a nivel cotidiano interpersonal y en la actitud individual.

Esto solo puede ser posible a partir de una acción decidida y decisiva para promover la simultaneidad de una revolución tanto en las condiciones exteriores como en la interioridad humana. Asumiendo con ella la necesidad de una revolución espiritual que desarrolle sus paradigmas partiendo de la dinamización del sistema de creencias y valores de todas las culturas actuantes y del reconocimiento de la interculturalidad ya existente.

Revolución que abrace una espiritualidad que rescate lo esencial y ayude a expresar con imágenes renovadas la experiencia de lo profundo desde una nueva sintonía entre los seres humanos y entre el ser humano y su entorno.