Por Marcelo Castillo Duvauchelle*

Con el inicio del año 2020 llega la responsabilidad histórica de terminar el año con una Nueva Constitución mediante Asamblea Constituyente, que en forma y fondo esté a la altura del hermoso “Despertar de Chile” (o al menos encaminarla con bases socialmente sólidas), un proceso que sin duda pondrá en tensión los intereses de la minoría dominante frente a los intereses de la mayoría dominada (hasta que las chilenas y chilenos digamos otra cosa). Ante nosotros está la responsabilidad de persistir en el estado de activa movilización organizada a lo largo del territorio, tratando de reducir por cierto los dolorosos costos humanos sufridos hasta aquí de manos de aparatos represivos usados por éste y también en un grado menos brutal, por los anteriores gobiernos. Es una responsabilidad que nos interpela a cada uno de nosotros/as. En mi calidad de profesor, digo que muy especialmente a quienes nos desenvolvemos en el ámbito de la educación.

No está en discusión si Chile va a cambiar, de hecho irreversiblemente ya comenzó a cambiar, lo incierto es la profundidad de tales cambios. Ante tamaña oportunidad país, nos corresponde al mundo social unido y organizado tomar las riendas del proceso. Pero antes de seguir, pongo la premisa con la que podrás o no estar de acuerdo: ni el gobierno ni los sectores políticos responsables de la crisis, ni los grupos económicos de inagotable codicia, ni ninguno de esos sectores ultra conservadores que protegiendo sus intereses han pisoteado uno tras otro los derechos sociales, ninguno de estos maltratadores del pueblo está en condición de continuar engañando mediante la retórica vacía de un presidente en el ocaso de su investidura política o la “democracia representativa” para gobernar, ni en condición de conducir el destino de nuestra sociedad y nuestras vidas. Tal es su nivel de desconexión con la realidad, de decadencia y violencia; que terminaron por enterrar la poca decencia y credibilidad que les quedaba. Ellos bajo su mirada de país-empresa, seguirán insistiendo en hablar de ajustes o reformitas al modelo, pero la calle tiene claro que esto no detonó por 30 pesos, sino porque son ya 30 años de abusos, demasiado tiempo. La voz de la calle ya se ha pronunciado y lo ha hecho con fuerza, este año está llamada a tomar la conducción de los cambios de fondo, que caiga el neoliberalismo, que emerja la Constitución que necesitamos para este Nuevo Chile, no más que eso, tampoco menos. Si los partidos que le han dado la espalda al movimiento social quieren involucrarse, que lo hagan para transformar, democratizar, para impulsar la nueva Constitución a través de Asamblea Constituyente o mejor será que no estorben y se hagan a un costado.

No hay excusas para que este año no demos el gran salto paradigmático y pasar de ser un Estado de injusticia y desigualdad a un Estado para la justicia y bienestar real de todas y todos, sí se puede, tenemos fundamentos políticos, sociales, humanos, éticos y también económicos para exigir con responsabilidad cambios estructurales y solución a las más urgentes demandas sociales, solo se requiere una Carta Fundamental que abra paso a nuevas leyes que permitan re-direccionar esos miles de millones que se van hacia empresas saqueadoras de nuestros recursos (cobre, litio, pesca y otros), a las pensiones de los uniformados que son una bofetada para cualquier trabajador jubilado, a los inmorales gastos en defensa, a escándalos como Milico&Paco Gate, re-direccionar esos millones que se van a las arcas de las AFPs e Isapres, a manos de negociantes que lucran con la educación, con el transporte, etc. Es mentira que en Chile no hay recursos para el gasto social, hay de sobra, lo que no hay es conexión de los poderosos con un proyecto de desarrollo integral, no hay voluntad de redistribución, de ceder privilegios, de terminar con décadas de malsana concentración de la riqueza en unos pocos. Sabido es que la redistribución de la riqueza pasa por un nuevo pacto social, crear nuevas relaciones de poder, en tal sentido el proceso constituyente (sin trampa, sin letra chica), es la llave maestra para cambiar nuestra historia.

Termino este escrito agradeciendo desde el fondo de mi ser a las nuevas generaciones, detonadores/as del despertar de Chile, me refiero a los secundarios de la Revolución Pingüina el 2006, a las/os estudiantes universitarios el 2011, al grupo de secundarios de aquel 17 de octubre 2019 por la tarde en el Metro, como profesor, agradeciendo a mis colegas por ser la antesala de dicho despertar, cómo olvidar aquel épico paro de 51 días entre junio y julio 2019, esa larga columna de colegas de distintas ciudades, abarcando 4 kilómetros con lienzos, carteles y banderas blancas del Colegio de Profesores, con gran compañerismo entrando llenos de emoción a Valparaíso.

Finalmente agradecer y hacer público reconocimiento a aquella gente valiosa de mi tiempo y espacio, sin dejar fuera a sus predecesores de otras épocas : luchadores/as mártires, heridos/as, reprimidos/as; luchadores/as sindicalistas, ecologistas, activistas de No+AFP, feministas, enfermeras/os que atienden heridas/os en Plaza Dignidad, organizadores/as de Cabildos Constituyentes Territoriales, trabajadores/as de medios de comunicación alternativos, pensadores/as que hacen crítica social y muchos más que no caben en este escrito, cientos de miles son quienes han estado luchando no sólo desde octubre, sino desde mucho antes. Sus actos conocidos o anónimos, han aportado a la sumatoria de acciones de rebeldía y resistencia, vitales para aumentar la presión y generar la condición para producir el estallido e iniciar este nuevo año 2020 con la genuina esperanza de configurar una nueva vida comunitaria, familiar y personal, con otro paisaje existencial, en fin, la esperanza de que Chile será cuna de una nueva conciencia que se fundirá con las nuevas conciencias que han salido a las calles de Latinoamérica y el mundo. Hablo de una conciencia que verá nacer un nuevo mundo, no violento, solidario, libertario … donde la dignidad se hará costumbre.
Aún no se ha logrado nada dicen algunos, yo les respondo con las palabras del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, a través de El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”

 

*Profesor, Magister en Educación, Mención en Liderazgo Transformacional y Gestión Escolar – Miembro del Movimiento por la Refundación Gremial y Pedagógica – Colegio de Profesores