Brasil vendió petróleo a multinacionales

12.10.2019 - Sao Paulo, Brasil - Paolo D'Aprile

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Brasil vendió petróleo a multinacionales

Imagine un pozo de petróleo de mil kilómetros de largo.

Se proclamó la autosuficiencia energética y la asignación de los ingresos para financiar el sistema de salud y, sobre todo, la escuela. La gran discusión que perdimos fue definir si todo ese esfuerzo para perforar los pozos a siete mil metros debajo del lecho marino había valido la pena. Sosteníamos que habríamos podido invertir en la búsqueda de energía alternativa y limpia. Pero ahora se había encontrado petróleo y cada discusión, en retrospectiva, era inútil. Petrobras, el gigante global, industria cien por ciento nacional y pública, había sido capaz de realizar una gran empresa y, sobre todo, le había dado al país la capacidad de sentarse a la mesa de adultos.

Unos años más tarde, un escándalo internacional reveló que los teléfonos de los líderes mundiales estaban bajo vigilancia de la CIA. Incluyendo el de Dilma Rousseff, presidenta de la República. Pasaron unos meses y Dilma misma fue acusada de un «delito administrativo», es decir, un truco contable para llegar a fin de mes. Comenzó un proceso de juicio político que condujo a su despido; al día siguiente, la ley supuestamente infringida por medio del truco contable fue revocada por el mismo parlamento. Un verdadero golpe blanco. Tan pronto como asumió el cargo, el nuevo presidente golpista revocó las directivas para la explotación de los ingresos petroleros y comenzó las negociaciones para la venta de pozos. A la convocatoria se presentaron los gigantes estadounidenses, Shell, Exxon y otras “maravillosas” compañías.

Mientras tanto, Lula fue acusado de estar a la cabeza del sistema de corrupción más grande de la historia, con Petrobras en el centro de una distribución de licitaciones fraudulentas que involucran a las industrias nacionales más grandes. Miles de millones de dólares. Los grandes conglomerados industriales involucrados cerraron, fracasaron, y todo el país colapsó con ellos. Desde un crecimiento del ocho por ciento hasta la recesión crónica con trece millones de desempleados; desde el programa «Fome Zero» (Hambre Cero) hasta la crisis de salud con el regreso de enfermedades epidémicas que creíamos vencidas para siempre y el advenimiento de otras nuevas, como el Zika y el dengue, que hacen temblar al mundo. Pasó del BRIC (coalición de federaciones sindicales de Brasil, Rusia, India y China) a la solicitud de ayuda médica internacional a la que Cuba respondió generosamente con el envío de quince mil médicos a las áreas más miserables a las que nuestros médicos se niegan a ir.

Lula fue juzgado, condenado y encarcelado a pesar de tener el derecho de esperar libremente el fallo final del Tribunal de Casación, que todavía está en curso de juicio, lo que le impide presentarse a las elecciones presidenciales. A través de las revelaciones de la agencia «The Intercep», se supo que el fiscal y el juez a cargo del juicio asistían al Departamento de Estado estadounidense en Washington para informar y tomar órdenes mensualmente. El mismo departamento que había puesto bajo vigilancia los teléfonos de los jefes de gobierno de todo el mundo y de la presidenta Dilma Rousseff.

Bolsonaro ganó las elecciones; ese mismo juez fue nombrado ministro de justicia y seguridad.

Era 1953 cuando el presidente Getulio Vargas creó Petrobras con motivo del descubrimiento de enormes campos petroleros.

Su foto con las manos embarradas en oro negro entró en los libros de historia: «O petróleo é nosso», el petróleo es nuestro. Al igual que la imagen de Lula, igual que cuando se descubrió el nuevo pozo de mil kilómetros a siete mil metros debajo del fondo del mar.

Esta mañana, un artículo de periódico advierte que, a través de una gran subasta internacional, el petróleo que creíamos nuestro ya no nos pertenece. Se vendió a un consorcio de empresas, entre ellas Exxon, Shell y la compañía mencionada anteriormente.

Una vez hubo guerras interminables, se enviaban infantes de marina para invadir Iraq, se toleraban los jeques árabes cortadores de cabezas. Hoy es suficiente con destituir a un presidente, meter al líder popular más grande en la cárcel y recibir a Bolsonaro en la Casa Blanca. Ya está. Brasil vende a precio de feria el mayor yacimiento petrolero del mundo, capaz de garantizar la independencia y soberanía energética. Ese petróleo ya no es nuestro.

Mientras tanto, el Amazonas continúa ardiendo, Brasil de rodillas.

Todo pasa, para bien o para mal, pero para nosotros no cambiará (Tira a campare – Edoardo Bennato)


Traducción del italiano por Melina Miketta

Categorías: Economía, Internacional, Opiniones, Política, Sudamérica
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