A pesar de los muros levantados por Serbia y Hungría y del famoso acuerdo con Turquía, el flujo de inmigrantes que intentan llegar a Europa siguiendo la llamada ruta de los Balcanes nunca fue totalmente interrumpido. La situación simplemente «goza» de menos atención mediática que la tragedia de las muertes en el Mediterráneo, pero es de igual modo inhumana y es también el resultado de la política criminal adoptada para proteger las fronteras de la «Fortezza Europa».

Para denunciar las continuas violaciones de los derechos humanos de hombres, mujeres y niños obligados a vivir en condiciones terribles, para sensibilizar y presentar peticiones y soluciones, se celebrarán la próxima semana en Milán dos eventos sobre la ruta de los Balcanes: una exposición fotográfica titulada «Refugee journeys through the Balkan route: a crisis no more?» en el patio de la Farmacia de la Universidad de Via Festa del Perdono 7 los días 15, 16 y 17 de mayo y el encuentro «The game: il viaggio dei migranti lungo la rotta balcánica» en la sala 22 de Ciencias Políticas del Via Conservatorio 7 el 16 de mayo.

Las iniciativas son el resultado de la colaboración entre un grupo de jóvenes investigadores ingleses, el grupo estudiantil Fuori Luogo, Pressenza y la asociación Opet Bosna, comprometidos a llevar ayuda humanitaria a miles de refugiados varados cerca de la frontera entre Bosnia y Croacia en condiciones inhumanas.

La exposición fotográfica forma parte del proyecto de investigación y trabajo de campo IR_Aesthetics llevado a cabo por Amanda Russell Beattie, (Aston University), Gemma Bird, (Liverpool University), Jelena Obradovic-Wochnik, Subdirectora del Centro Aston para Europa y experta en política de los Balcanes Occidentales, Serbia y Kosovo y Patrycja Rozbicka (Aston Centre for Europe, Aston University), y ya ha sido presentada en Liverpool y Toronto. El proyecto plantea preguntas sobre las experiencias de vida de los refugiados a lo largo de la ruta de los Balcanes en Serbia, Macedonia y Grecia y fomenta la reflexión sobre lo que significa ser un refugiado que huye de la guerra, la pobreza y la persecución. Se ve reforzado por la experiencia directa en el campo de refugiados de la isla griega de Samos, donde miles de personas se encuentran atrapadas en condiciones precarias y en total incertidumbre sobre su futuro; sobre la base de esta experiencia, se han elaborado propuestas que ya han sido presentadas a políticos e instituciones de varios países europeos.

El encuentro del 16 de mayo tiene como objetivo compartir las experiencias adquiridas sobre el tema en Grecia y Bosnia, ofrecer una visión de conjunto de la situación a lo largo de la ruta de los Balcanes e implicar a los ciudadanos dando espacio a las preguntas, ilustrando las peticiones y proponiendo iniciativas concretas de ayuda y solidaridad. El «juego» del título por desgracia no es un juego, sino el nombre dado por los inmigrantes al intento de llegar a Europa, huyendo de los campos de refugiados turcos y griegos en un intento de cruzar la frontera entre Macedonia y Serbia, entre Serbia y Bosnia, y entre Bosnia y Croacia. Un largo trayecto lleno de obstáculos: caminar por el bosque, minas explosivas no detonadas que dejó la guerra en la antigua Yugoslavia, las condiciones climáticas adversas, la violencia y los abusos de la policía croata que, financiada por la Unión Europea, rechaza de forma totalmente ilegal en Bosnia a los inmigrantes que consiguen cruzar la frontera y llegar a Europa.

Hablar de la ruta de los Balcanes es, sin duda, una necesidad y un deber para quienes no quieren ceder ante las violaciones de los derechos humanos y están decididos a reafirmar el valor de la solidaridad más allá de todas las fronteras.


Traducción del italiano por Nicole Salas