El engaño de tres caras

21.11.2018 - Pressenza Muenchen

Este artículo también está disponible en: Francés, Alemán

El engaño de tres caras

Por Gunther Moll

Nos han engañado, y mucho. A nosotros, como ciudadanos y ciudadanas, y más todavía a nuestros hijos y nietos. Los estafadores son los políticos sometidos a los grupos de presión y el sector financiero. Este engaño tiene tres caras:

El primer engaño

Nos han quitado nuestro futuro a punta de explotación y derroche, así como la acumulación de basuras y la contaminación. “El Estado tiene el deber de proteger los medios de subsistencia de las generaciones futuras”, consta en el Artículo 20 de nuestra Constitución. Los grupos de presión y los financistas lo violan a diario, con premeditación y alevosía, porque se trata del gran dinero, de sacar el máximo de ganancias, beneficios y réditos, no de cuidar ni respetar la vida y sus cimientos básicos.

El segundo engaño

“Sí, sí, hay tantos deseos”, dicen los políticos sometidos a los grupos de presión, “pero nos faltan los fondos para cumplirlos… de lo contrario tendríamos que endeudar más al estado, y eso no puede ser”. Eso es mentira. Nuestro Estado o, para ser más precisos, nuestro Estado Federal puede y debe endeudarse en su propia moneda tanto como sus ciudadanos lo necesiten para vivir sus vidas, en contraste con nosotros como personas o empresas privadas, y en contraste con los estados federados, ciudades y comunas. Porque somos un país de gente trabajadora, productiva e innovadora. Podemos convertir los préstamos en valiosas innovaciones, alta productividad y bienestar general, con un crecimiento económico sensato y ecológico que, a diferencia de nuestros recursos naturales, es casi ilimitado.

El tercer engaño

Nuestro Estado Federal no cumple su deber de dotar a los estados federados, ciudades y comunas de los medios financieros necesarios para cumplir sus obligaciones. Este es un factor decisivo para que, por ejemplo, todavía no se haya logrado mejor la integración, a pesar del gran compromiso de los ciudadanos locales. No es que la gente sea mala, sino que la aportación financiera de la Federación es insuficiente. Lo mismo vale, como otro ejemplo, para las guarderías y escuelas infantiles. A través de la financiación federal se podría duplicar la plantilla de estos establecimientos y ninguna escuela necesitaría más reparaciones ni saneamiento. Ninguna. Porque estas medidas traen crecimiento económico de la mano de mejores salarios y, con ello, de los gastos de los educadores y los alumnos, o pedidos para las empresas que instalan en nuestras escuelas los más modernos estándares energéticos. Y esto, a su vez, mejora el bienestar de nuestro país, por no mencionar que los alumnos y alumnas aprenden mejor en edificaciones limpias y de buen aspecto. Lo mismo vale, como tercer ejemplo, para los hospitales, hogares de ancianos y casas de acogida, donde un mayor personal y salarios más altos pueden aportar al desarrollo de la economía y la calidad de vida. Es evidente el hecho de que solo mediante el poder adquisitivo a gran escala se puede lograr un desarrollo económico estable. Ya el mismo Henry Ford lo había expresado gráficamente: los coches no compran coches.

¿Qué podemos, o mejor dicho, qué debemos hacer?

Debemos poner fin al gran engaño de los políticos sometidos a los grupos de presión y la economía desregulada del sector financiero. Tenemos que cuidar y proteger a nuestra naturaleza, y poner fin mediante nuestras conductas de consumo con la contaminación de sustancias dañinas, la acumulación de basuras y la ganadería intensiva, pues todos estos son delitos. Además, debemos velar por que los salarios y las pensiones correspondan a la “regla salarial de oro”, es decir, una retribución justa y equitativa de los asalariados de la mejora de la productividad, para que cada uno pueda disfrutar de una buena calidad de vida. Los fondos necesarios (que existen) para ello ya no han de ir principalmente desde los políticos influenciados hacia los ricos para enriquecerlos más todavía. Además, debemos lograr que todos los ciudadanos y ciudadanas reciban un ingreso mensual básico que pueda sustentar a las familias y elimine la pobreza en que tantos de nuestros prójimos se han visto inmersos de la noche a la mañana. A ello hay que añadir que todos los padres tengan libertad de elección en la atención y educación de sus niños. No significa ningún problema en términos financieros y económicos, pues ese dinero se vuelve a gastar, alimentando el ciclo económico. Eso lleva a un doble crecimiento de la productividad y el bienestar, así como de la interacción social y humana.

Cada uno puede aportar a que se ponga fin el gran engaño a nuestro país. Cada uno puede hacerlo cada día con sus propias conductas. Y cada cuatro, cinco o seis años a través de los políticos electos: aquellos que tengan un compromiso y trabajen por el bienestar público, la condición humana y la naturaleza, y para nada ni nadie más.

Vale la pena hacerlo para nosotros mismos, nuestros hijos y nietos, y en beneficio de nuestro planeta Tierra. Todo gira alrededor de una sola cosa, ya formulada en la economía del bien público: una buena calidad de vida para todos. Para nosotros como humanidad, la naturaleza y la paz común.

 

El profesor Dr. Gunther Moll encabeza el Departamento Infantil y de la Juventud para la Salud Psíquica de la Clínica Universitaria, y es co-autor del libro “Die Vorstufe zum Paradies für uns alle – Warum wir sie erreichen können und wie sie finanzierbar wäre” (La fase inicial del paraíso para todos: por qué lo podemos lograr y cómo sería en términos financieros), disponible en Amazon.

Más información:

www.gunther-moll.de

www.facebook.com/Professor.Gunther.Moll

 

Traducido del alemán por David Meléndez Tormen

Categorías: Ecología y Medio Ambiente, Economía, Europa, Opiniones, Política
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