Viernes tarde-noche. Córdoba. El espacio, la sede cedida por los trabajadores de prensa, casona de techos altos en abierta rebelión al shopping de enfrente, una víctima más de la gentrificación del capitalismo local. La entrada, angosta y de peldaños anchos invita al encuentro. En la puerta regalan estampitas autoadhesivas con la imagen de gargantas reconocidas, ayudando a que se escuche el grito de los que no son reconocidos. Guardo una cuidadosamente. Protege del atropello y la pasividad.

Los organizadores, gente que vive lejos, casi afuera. Los concurrentes, gentes de todos lados. Es mucha, seguro que en algún momento se acabará la savora con la que delicadamente se decoran los panchos. Se canta, se baila, se conversa, se abraza.

Algunos trajeron sus trabajos de herrería de obra. “No íbamos a traer una pared”, me dicen, los que construyen paredes para derribar los muros del abandono y la discriminación, para revocar falsos privilegios y enduir las grietas de la exclusión.

Me encuentro con un amigo, al que, guiñando un ojo y en tono de chanza digo: “Siempre te encuentro en estos sitios”. Desde su voz, la historia me responde: Es que aquí están los jóvenes. Seguro quiso decir estamos, a pesar de su encanecida apariencia.

Más adelante, el cuadro en proceso pintado entre varios. Las pinceladas que suman capas, sugieren proceso. El motivo pinta la escena y su motivo: “Latinoamérica Libre”.

Hay mesitas con ropas, artes, libros, carteles, almohadones, serigrafías, pañuelos. De los verdes, claro. Y también hay naranjas, reclamando la aún no consumada separación de la (¿las?) iglesia/s del estado. Compro uno, para mi hija. Una compañera me ayuda amorosamente a doblarlo, mientras miro (y admiro) sus manos.

Las manos que cosieron, pensaron, bordaron, pintaron y organizaron son poderosas, son la historia que teje sueños y rebeldías. Sueños que se entretejerán con otros, de lugares distantes pero situaciones cercanas en pocos días más, cuando se encuentren en un foro poderoso en Porto Alegre. Allí discutirán el cómo. El qué y el porqué casi que ya lo sabemos.

Sin embargo, dan ganas de preguntar. Y así lo hacemos. De la conversación con Julio Pereyra, fotógrafo e integrante de la Asamblea Poderosa de Yapeyú, sale lo siguiente

 

Agradecemos algunas fotografías hechas por integrantes de La Poderosa. Las otras, las hizo el mismo cronista.