Ricardo Capella, Cónsul General de Venezuela en Barcelona: «Estamos en guerra, no en crisis»

23.05.2018 - Barcelona - Daniel Cruz - Redacción Barcelona

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Ricardo Capella, Cónsul General de Venezuela en Barcelona: «Estamos en guerra, no en crisis»
(Imagen de René Gómez - Pressenza-bcn)

Por Daniel Cruz.-

Sobre las elecciones del pasado domingo: «No hay opción a fraude. En los 16 años y 24 elecciones en los que se ha usado el sistema de votación electrónico no ha habido ni una sola vez en que la auditoría haya dado un solo error.»

Desde hace casi 18 años, o lo que es lo mismo, desde la victoria del chavismo, la actualidad política venezolana se vive muy de cerca en España y también en gran parte de los países que están en la órbita de Estados Unidos. El pasado domingo 20 de mayo se celebraron elecciones presidenciales y regionales en el país caribeño y, a pesar de que el titular más destacado por muchos medios ha sido el de la abstención o el del fraude electoral, cabe recordar que el 46% de la participación es un número parecido al de otras democracias maduras e incluso superior al de las últimas elecciones europeas (42,6% de media) y hasta la fecha no ha habido ninguna prueba de manipulación.

Ricardo Capella Mateo (Nirgua, Venezuela, 1954) es, desde octubre de 2014, Cónsul General de Venezuela en Barcelona, lo que equivale en rango a Embajador y que, del mismo modo, es designado personalmente por el Presidente Maduro. Curtido en la política municipal, siendo elegido por dos veces alcalde de su Nirgua natal en la época pre chavista, lo que más le molesta a este ingeniero mecánico de origen catalán son «las acusación de falta de democracia, ya que considera que “no se entiende el socialismo sin democracia”. Afirma estar en política “por convicción” y que a pesar de estar próximo a jubilarse “participará en política hasta el fin de sus días”.

Rodeado de cajas que contienen los votos de los 53.000 venezolanos llamados a voto en el área en la que él ejerce de Cónsul (Baleares, País Valenciano, Aragón y Catalunya), y que deben de ser custodiadas durante 45 días, Ricardo Capella nos recibe en su despacho, en la tercera planta de un céntrico edificio de oficinas donde se encuentra el Consulado General de Venezuela en Barcelona (Rda. Urquinaona, 6).

(Fotografía: René Gómez)

En primer lugar, enhorabuena por la victoria electoral. Usted como Cónsul General estuvo coordinando que la jornada se viviera con total normalidad. ¿Se puede decir que fue una jornada electoral tranquila?

Sí, estamos muy contentos por cómo fue el día. A pesar de toda la campaña mediática en contra, casi un 50% de la gente salió a votar, lo cual es bastante normal para unas elecciones presidenciales y legislativas (regionales). Los que fueron a votar yo los llamo valientes, porque llegaban y les llamaban traidores. En Vigo, Bilbao y Tenerife sí que se registró algún incidente de este tipo.

Aquí también hubo una manifestación de unas 200 personas por la avinguda Mistral, de los cuales unos 7 u 8 personas se quedaron a las puertas del consulado, no con intención de votar, sino esperando que acabara la votación para ser testigos del escrutinio, y como tuvimos que dejar la mesa electoral bajo custodia del vigilante del centro toda la noche y el recuento se hizo al día siguiente, se nos acusó de manipular el proceso incluso habiendo hecho el escrutinio ante tres periodistas de medios que apoyaban a los opositores y haber repartido el acta oficial del recuento electoral. Por nuestra parte, toda la transparencia.

Usted fue alcalde de Nirgua por primera vez en el año 1996 por el partido Causa Radical, un partido minoritario que luchaba por abrirse paso ante el bipartidismo y que por aquel entonces contaba con solo 6 alcaldías. En estos 22 años se han cambiado las tornas y ahora los partidos conservadores son minoría. Si se pone en la situación que tenía en aquel momento, enfrentándose al poder, ¿entiende las críticas que realizan los partidos opositores actuales llegando a acusar las elecciones de fraude electoral?

Entiendo el fondo de la pregunta, pero hay algo que sí ha cambiado y es de suma importancia. En el año 1996, bajo la constitución de aquel entonces, solo había la división de poderes clásica de Montesquieu, es decir, el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial; en la Constitución que impulsó el chavismo se introdujeron dos poderes nuevos, el poder electoral y el poder moral. Con estos dos poderes, nos aseguramos que haya una garantía democrática en todos los procesos, y que ya no sea el presidente el que llame a elecciones, sino que lo hace este otro poder independiente. Es más, nosotros nos exponemos a 20 auditorías para que el proceso sea transparente, y todos los partidos opositores también estuvieron.

Por si no lo sabías, en Venezuela el voto es electrónico, es decir, que tu vas a la cabina y seleccionas al candidato por el que votas, de ahí sale un resguardo que es el que introduces en la urna. Para comprobar el correcto funcionamiento del sistema, la auditoría consiste en una prueba cruzada entre el registro electrónico de una selección aleatoria de la mitad de las máquinas de votación y el número de papeletas introducidos en la urna correspondiente, donde debe dar como resultado el mismo número en ambos casos. Este proceso lo hacemos delante de todo aquel que quiera estar presente, partidos y votantes. Es más, ayer mismo el presidente Maduro pidió que se hiciera en el 100% de los colegios electorales para más transparencia. No hay opción a fraude. En los 16 años y 24 elecciones en los que se ha usado este sistema no ha habido ni una sola vez que la comprobación haya dado una sola diferencia de voto.

A pesar de recibir mucha información sobre Venezuela, se hace difícil distinguir una noticia real de una manipulada y malintencionada. ¿Qué medio de comunicación recomendaría seguir a un europeo que quiera saber realmente qué está pasando en Venezuela?

Es una de las preguntas más difíciles que me han hecho en una entrevista. Tienes razón, es muy complicado. No te sabría decir un medio. Yo recomiendo usar una mezcla de varios. Por otro lado, te puedo mencionar RT (la televisión pública rusa) o Telesur, que hacen un buen trabajo y no se dejan influenciar fácilmente. Claro que también te puedo decir Venezuela de Televisión, pero ahí te hablan del país de las maravillas que tampoco es verdad y aunque reconozco que hay cosas que no están bien hechas no por eso voy a animar a que se tumbe un presidente por el camino corto. Nosotros animamos a que haya libertad real y que se expliquen las cosas lo más fielmente a la realidad posible. Yo no digo que todo lo que pasa en Venezuela sea culpa de ellos al cien por cien, pero no se puede negar que contribuyen muchísimo a que cambie la percepción de la realidad de la gente; una cosa es que haya inseguridad y otra que tú percibas que hay inseguridad.

Por ejemplo, a mi me causa mucha gracia cuando tu compatriota Albert Rivera -acuérdate, próximo presidente del gobierno español- llega al aeropuerto de Caracas y ante decenas de medios de comunicación dice que no hay libertad de expresión. Te tienes que reír. Si yo llegara a otro país y empezara a criticar que no se cumplen los derechos fundamentales pues me echarían del país, y con razón.

Los medios de comunicación construyen un imaginario colectivo, y en aquellas personas que no han tenido experiencia directa de los hechos y confían en que la fuente sea veraz la capacidad de influencia es muy alta. Con esta premisa, muchas personas consumidoras de medios de masas podría pensar que el único país latinoamericano que tiene problemas de seguridad, de abastecimiento o de transparencia democrática sea Venezuela. ¿Por qué los medios no denuncian por igual el poder de los narcos en Colombia o el preocupante número de asesinatos en México, por ejemplo?

Es aún peor. Todo gira entorno a una nueva tendencia global de legitimar a los políticos más impopulares. Por ejemplo, Temer es el presidente de Brasil, pero no lo ha votado nadie; Macri es el presidente con el porcentaje de aceptación más bajo en los últimos 100 años en Argentina; Lenin traicionó a sus propios votantes, brincó la talanquera, como decimos en Venezuela. Ese es el problema de la democracia representativa. Por este motivo nuestra Constitución consagra la democracia participativa, donde los políticos no somos representantes sino voceros; en mi caso , por ejemplo, cuando fui diputado en el Congreso pasaba cuatro días en la asamblea de la zona donde había sido elegido y me gustara más o menos lo que se debatía, yo volvía al Congreso a defender lo que allí se había decidido.

 

(Fotografía: René Gómez)

¿Qué papel han jugado los medios en la gran emigración que sufre Venezuela?

Ha sido fundamental, extraordinariamente influyentes. Los medios han forzado la migración, han puesto en la cabeza a los venezolanos la idea del european dream. Muchos de los que salen de Venezuela y llegan a España suelen tener una experiencia similar: nada más pisar suelo europeo se les abren todas las puertas, piden asilo político y durante los 6 meses que se tarda en tramitarse el asilo se les ayuda con una paga  y a obtener la documentación. A partir de aquí prácticamente ningún venezolano obtiene el estatus de asilado. Pasado ese tiempo, les dan 2 semanas para que abandonen el país. Esa es la emigración de Venezuela.

Después nos encontramos con otra opción, y es que los más preparados, los que han podido aprovechar la educación gratuita -incluyendo maestría- que existe para todo el mundo en Venezuela, son contratados con una categoría muy inferior y peor pagados en los países a los que emigran, como Estados Unidos o España. Podemos decir que estos países crean las condiciones para que la gente tenga la necesidad de emigrar y, después, aprovecharse del talento que se ha formado en el sistema educativo público venezolano.

Alimentada por los medios o no, no se puede negar que se esté viviendo una situación crítica. ¿Se pasa hambre en Venezuela? ¿El tejido social en forma de CLAP (Centros Locales de Abastecimiento y Producción) son suficientes para cubrir la huída de empresas y las necesidades de todo el país?

Estamos en guerra, no estamos en crisis, y en guerra se tienen que tomar decisiones basadas en la subsistencia. Comida hay, pero ha cambiado la manera de distribuir los alimentos. Si el presidente ve que no están llegando los alimentos a la gente porque hay un boicot que bloquea la llegada de los elementos más básicos, tienes que crear alternativas. Es cierto que ahora mismo no hay todo lo que nos gustaría en los supermercados, pero eso no quiere decir que haya hambre, sino que el modelo de abastecimiento ha cambiado. En estos momentos, y debido al bloqueo, estamos empezando a producir lo necesario en cada comuna. Cuando antes teníamos que importar y consumir semilla transgénica, ahora autoproducimos el cultivo de judías, papas o arroz. También estamos recuperando el cultivo propio de nuestra tierra, ya que durante años y por culpa de la transculturización se importaban multitud de frutas que no eran propias de Venezuela, como la manzana o la pera, y nos veíamos obligados a comprar de fuera gran cantidad, y ahora estamos recuperando el producto autóctono que se había dejado de producir. Por eso que no hay mal que por bien no venga.

De hecho, esto viene de lejos. Cuando en el 1979 trabajaba en el campo, Venezuela tenía que importar aproximadamente 10 meses al año el maíz que consumía, y otros 2 meses se consumía el cosechado allí. Hoy en día todo el maíz es de producción nacional. Sí, es más caro que importarlo, pero nosotros no vamos a caer en la trampa neoliberal de comprar basado donde sea más barato, ya que a la larga pierdes soberanía.

Hace un año y medio que los Estados Unidos de América bloquearon las cuentas de dólares con destino  Venezuela y tienen retenidos alrededor de 3.000 millones de dólares. ¿En qué afecta al día a día ese bloqueo?

En todo. Básicamente implica que lo poco que tenemos lo usemos solo en aquello prioritario. Nosotros no queremos ayuda humanitaria. Tenemos tres refinerías en Estados Unidos y simplemente queremos repatriar el dinero que el gobierno imperialista de los Estados Unidos nos tiene retenido. Nos quieren obligar a aceptar ayuda humanitaria en lugar de darnos el dinero que nos pertenece, y con el que podríamos comprar medicinas. Ni siquiera podemos repartir pasaportes porque no podemos comprar el material que se necesita para fabricarlos.

Durante mucho tiempo en Venezuela nos han hecho creer que con petróleo se puede comprar todo sin necesidad de fabricar nada, y se ha demostrado que esa dependencia nos está haciendo mucho daño y por eso estamos creando, por primera vez, fábricas de fábricas y no cadenas de montaje.

Con este contexto, no parece descabellado pensar que la sociedad venezolana deseara cambiar. ¿Cómo se entiende que pese a las duras sanciones económicas, y sus consecuencias, el chavismo siga revalidando victorias electorales?

En el planteamiento de la pregunta está la respuesta. En el año 1989 ya hubo una gran crisis del petróleo, en el que la gente pasaba hambre. Sin embargo, en aquel momento los supermercados estaban llenos. ¿Por qué? Porque la mitad de la población era invisible. En ese momento se contaban 9 millones de votantes por los 20 de hoy. Se planificó un presupuesto basado en una parte de la sociedad dejando de lado a la otra, dejándola sin sanidad y sin alimento básico. Hoy, constitucionalmente, la salud es gratuita para todas las personas y todos los hombres mayores de 60 años y todas las mujeres mayores de 55 tienen pensión; se han creado 44 universidades públicas donde estudian unos 3 millones de estudiantes… se entiende que estamos mejor que hace 30 años, ¿no?

El venezolano está muy politizado y sabe perfectamente de quién es culpa la situación que se está viviendo.

¿Cómo se afronta esta nueva etapa después de la última victoria electoral?

Nosotros tenemos un plan, que se llama Plan de la Patria que básicamente quiere atacar el problema monetario, volver a hacer que fluya la cadena alimentaria y tener capacidad de comprar medicinas. Eso es lo prioritario.

Cambiando de tema, ya que usted lleva siendo cónsul en Barcelona desde octubre de 2014, y siendo hijo de exiliado catalán, ¿cómo está viviendo el proceso político de Catalunya?

A diferencia de muchos políticos españoles, incluyendo a algunos que aún creen que Venezuela está bajo la ley del imperio español, yo como diplomático no me quiero meter en asuntos políticos de otros países.

Y sí, como bien mencionas, mi padre era de Lleida, activista y militante del POUM. Con el inicio de la Guerra Civil española tuvo que exiliarse a Francia, donde fue condenado en un juicio en Montauban y enviado a un campo de concentración en Arlés. Ahí se produjo un convenio que a muchos les ha interesado olvidar. Francia envió a todos los presos políticos a un campo de concenctración en Dahaus, en Alemania. Por fortuna mi padre pudo salir gracias al hecho de ser capitán médico. Aunque tuvo que ejercer de ello durante los 5 siguientes años consiguió, dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, huir finamente a Venezuela. Sin duda su historia me ha marcado mucho.

Sin entrar más allá de una primera valoración, ¿consideras que hay presos políticos en España?

No quiero inmiscuirme en temas de política interna de otro país, así como tampoco quiero que políticos de otros países lo hagan con el mío. Como diplomático no puedo entrar a valorar, solo digo que en Venezuela no habría nadie en la cárcel por lo que ha pasado en Catalunya, ya que si así fuera, desde el primer día, el presidente de la Asamblea Nacional venezolana estaría en la cárcel ya que lo primero que dijo nada más llegar al poder fue: «en 6 meses vamos a tumbar al presidente Maduro». Eso qué es: ¿rebelión?, ¿sedición? Por decir eso nadie ha ido a la cárcel. Es más, desde el año 2015 lo único que ha hecho ha sido ver de qué manera puede derrocar a maduro, en lugar de legislar, que es su función. En cambio aquí hay unos muchachos que han dicho y hecho mucho menos y están presos y los de Venezuela no. No puedo opinar, solo digo lo que sucede en mi país con hechos.

¿Y en Venezuela?

Si tu revisas la diferencia entre presos políticos y políticos presos se debe distinguir entre la persona que está en la cárcel por ideas políticas y la que está en la cárcel por actos que están penados y su profesión es la de político, y eso no lo hace preso político. En el caso venezolano no hay nadie que esté en la cárcel sin que haya habido un juicio y que esté sentenciado por un delito. Es más, considero que muchos de los políticos que están presos se han beneficiado del sistema judicial venezolano porque si un preso común provoca una revuelta en la que mueren 43 personas, como es el caso de Leopoldo López, no te condenan a 13 años como a él, sino al máximo de 30. Y tampoco se le traslada a una cárcel moderna con muchas comodidades. A pesar de ser una mala condena, yo la respeto. Por todo puedo decir que en Venezuela no hay presos políticos.

El chavismo siempre pone a la democracia participativa como su bandera, y recientemente Podemos ha iniciado una consulta en que insta a las bases a decidir si los líderes del partido pueden seguir al frente después de haber adquirido una hipoteca por valor de 600.000€. ¿Es eso democracia participativa?

No, no lo creo. Nosotros entendemos por democracia representativa empoderar al pueblo con formación, que sea autónomo, no con este tipo de consultas.

Después de 18 años desde la revolución, y teniendo en cuenta los poderosos intereses económicos en contra, ¿es usted optimista con lo que aguarda el futuro?

Por supuesto, muchísimo. Nadie dijo que esto fuera fácil ya que somos conscientes de la magnitud de nuestra empresa: desmontar el sistema liberal y capitalista burgués que funciona desde hace 200 años y recuperar la felicidad de la gente. Como decía Gramsci, «no se puede desmontar un estrato social sin que otro crezca». Espero que pronto no haya diferencia entre un supermercado de Miami o Barcelona y uno de Venezuela, pero no puedo poner plazos porque hay gente empujando la carreta en contra. Pero pronto. Soy optimista.

Si va todo como está previsto, su cargo como Cónsul se acaba a finales de este año. ¿Tiene pensado quedarse en Barcelona?

No, no. Toda mi familia, salvo mi mujer, está allí. Yo soy un hombre de campo y allí tengo animales y tierras. Mi hogar es Venezuela.

 

Categorías: Asuntos internacionales, Entrevistas, Política, Sudamérica
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