El infierno serbio

30.09.2017 - Belgrado (Serbia) - Antonio Sempere

El infierno serbio
(Imagen de Antonio Sempere)

Miles de refugiados se encuentran atrapados en Serbia, tras cruzar el mar desde Turquía hasta las islas griegas del Egeo, donde desde el año 2010 empezaron a llegar personas que huían de las guerras de Afganistán, Siria e Iraq. Serbia dispone de cuatro fronteras con la Unión Europea y otras tantas con países que pertenecieron a la antigua Yugoslavia, donde no pueden acceder.

Cientos de miles de personas transitan la ruta de los Balcanes atravesando Macedonia y Bulgaria para llegar a Serbia, donde tropiezan con las fuertes medidas de control migratorio y de seguridad implementadas por Croacia y Hungría y la fuerte represión de la policía serbia, que les hace muy difícil el tránsito por el país, obligándoles a ingresar en los campos  oficiales que el gobierno tiene repartidos por varias localidades de la geografía serbia, como Persevo al sur,  Adasecvi y Subotica al este y norte respectivamente, donde muchos se niegan a ingresar por temor a que sean deportados y prefieren arriesgarse a vivir en los bosques próximos a la fronteras, soportando condiciones inhumanas incompatibles con la dignidad y continuos abusos de las patrullas fronterizas de la policía serbia.

En los campos de Sij, Tabankout o Subotica al norte del país, cientos de jóvenes, muchos no alcanzan la mayoría de edad, procedentes de Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal y Cuba que han conseguido llegar a Serbia vía Bulgaria o Macedonia, denuncian palizas y torturas por parte de los agentes de seguridad en los cruces fronterizos, según relatan los propios refugiados a los pocos  voluntarios que se atreven a estar en la zona.

Un trabajo difícil es ser voluntario en Serbia, sometidos a constante presión e intimidación en un país, donde la ayuda humanitaria está penalizada, no se puede servir comida caliente ni dispensar medicinas básicas a los refugiados.

Los activistas conviven con estas personas ofreciéndoles cariño y calor humano. Les llevan comida cada dos días, un presupuesto de aproximadamente 1,5 euros por persona, no es gran cosa pero les quita el hambre.  También ayudan aportando lo mínimo  básico que cualquier ser humano necesita para vivir, ropa o calzado, además de repartir duchas; aun así son víctimas de infecciones estomacales y de enfermedades de la piel provocadas por parásitos como la sarna. Realizan actividades lúdicas como hacer camisetas que luego son vendidas para ayudar a financiar la ayuda. Unos voluntarios jóvenes valientes y comprometidos con la causa humana que dedican su tiempo para ayudar a los que lo han perdido todo.

“A este lado del muro de la vergüenza, conoces siempre lo mejor y peor del ser humano. Lo más bello, los corazones y sonrisas de los que deberían ser refugiados. Y qué decir del voluntariado, que con sus ganas y alegría dan su mejor versión además de su tiempo y dinero. En la parte gris, las ONGS subvencionadas y las grandes corporaciones bajo la tutela de Naciones Unidas que principalmente se dedican a cobrar y mirar para otro lado”. Así lo cuenta Ana, una voluntaria valenciana con experiencia en ayuda humanitaria en Grecia y que viajó a Serbia cuando supo de las condiciones en las que viven los refugiados en el país balcánico.

Muchas de estas personas que deambulan por los campos serbios no soportan las duras condiciones que les lleva a la desesperanza y acaban quitándose la vida. Muchos prefieren morir a vivir en esas condiciones en unos casos y en otros son hallados muertos de frio o por alguna enfermedad provocada por la congelación de miembros, como la gangrena. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras se encuentran en la zona pero no dan abasto para atender a tantas personas y solo la ayuda de las personas voluntarias atenúa el sufrimiento. Les mantiene vivo el hecho de intentar cruzar las fronteras con Hungría o Croacia, pero el blindaje de éstas, con medios tecnológicos avanzados, dobles vallas acabadas en concertinas -un invento español  fabricadas en Málaga y que el gobierno húngaro exportó hace tres años-, perros de presa usados por la policía y la constante amenaza en cuatro idiomas con disparar si se acercan a la zona vallada, desde un sofisticado sistema de megafonía, no les quita la idea de intentar cruzar, no tienen nada que perder y mucho que ganar. Muchos nunca regresan del “game” como llaman coloquialmente  al intento de cruzar la frontera.

El gobierno de Serbia, estado candidato a ser uno de los países miembros de la UE, (paradójicamente una de las condiciones esenciales que le exige Europa, en cumplimiento de los DDHH,  es la entrega de los responsables de crímenes de guerra, acusados de genocidio y limpieza étnica en un  conflicto que en los años 90 sacudió los Balcanes tras la desintegración de Yugoslavia, en una cruenta guerra que se saldó con 200.000 muertos)  está preocupado porque los migrantes y refugiados que lleguen a su territorio se acumulen al no ser aceptados en los países de destino como Alemania, estado que acoge a la mayoría, o los países del centro y sur de Europa.

Recordemos que la UE solo ha acogido a 29.000 de los 160.000 refugiados (rebajados posteriormente a 98.255) que se había comprometido a acoger. El estado español está a la cola del incumplimiento con una cuota de 13,7 % (han llegado 1.279 de los 9.323 comprometidos), y solo están por debajo Croacia (con el 8 %), Bulgaria (3,8 %), Eslovaquia (1,7 %), Austria (0,7) y República Checa (0,4).

Un fracaso de la política común y el incumplimiento de los tratados internacionales que todos los estados miembros firmaron, demostrando las carencias en cuestión de asilo y de derechos humanos de los veintiocho. La comisión europea quiere agotar los compromisos y confía en reubicar todavía a unos 6.000 refugiados, pero quedará en saco roto si los miembros no aceptan y cumplen el compromiso de acogida.

No hay voluntad en los estados de la UE de acoger personas. En Serbia, llegará el invierno y muchas de ellas no soportarán los 20 grados bajo cero que el termómetro marcó la pasada campaña invernal. Algunas intentarán llegar hasta la capital para refugiarse, pero el pasado año el gobierno derribó todos los edificios sensibles de poder ser ocupados por refugiados y migrantes. Se verán obligadas a dormir a la intemperie a pesar de las temperaturas, lo que se convertirá en un verdadero infierno, el infierno serbio.

 

Categorías: Derechos Humanos, Internacional
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