Catapultados por la capacidad de articulación lograda entre las organizaciones emergidas de las movilizaciones de 2011 y otras de la izquierda “extra muros”, pero también por el agotamiento de un sistema político, crecen como espuma en las encuestas presidenciales representados por la periodista Beatriz Sánchez. El estancamiento del candidato oficialista Alejandro Guillier ha vuelto el foco hacia el Frente Amplio.

Hoy se enfrentan a preguntas cada vez más grandes. En un escenario cuyo vértigo no afloja, pareciera que la decisión es avanzar a un ritmo bajo el cual la reflexión y la perspectiva queda fuera de plano. Las dificultades para la articulación social y política de las décadas previas y de las derrotadas intentonas populares del siglo XX parecieran quedar desenfocadas.

Sin embargo, la necesidad de desarrollar respuestas no solo para conseguir una política pública más eficiente, sino para entender su relación con la institucionalidad, la exConcertación-Nueva Mayoría, las tradiciones socialista y comunista de la izquierda histórica y, en definitiva, de dónde sacar la fuerza para construir un cambio sustantivo, se vuelve un imperativo.

Giorgio Jackson se toma el tiempo para abrir la discusión en El Ciudadano. Interpelado por las encuestas y los actores del sistema político sobre la idea de ser Gobierno, pero consciente de la inmadurez e inexperiencia del Frente Amplio, ofrece sus respuestas.

 ¿No te da susto la posibilidad real de ser Gobierno?

Más que susto, vértigo. Lo que nos ha tocado estos años de dirigencia es que nunca hemos tenido certezas. Siempre nos hemos manejado de alguna manera en ese vértigo, que no moviliza y que nos ha dicho “tienes que hacer ciertas cosas”. Ese vértigo es menor que el que me produce pensar en una administración de las otras coaliciones. Hay que trabajar para eso, sin perder de vista la gran cantidad de falencias que tiene el Frente Amplio. Pero, si bien el tiempo es corto, si hay voluntad política debiéramos ser capaces de llegar a algún puerto.

Hay una crítica respecto de que el Frente Amplio no está vacunado de repetir ciertas prácticas de la Nueva Mayoría, o de la cultura concertacionista y binominal. Una de ellas es la electoralización. ¿Está ese riesgo sobre la mesa?

Puesto así, es un riesgo. No sé si hemos caído en eso. Las elecciones son un medio para poder contar un proyecto, recibir respaldo ciudadano y ejercer una representación desde el Parlamento o el Ejecutivo y ejecutar esas transformaciones. No un fin. Si los confundimos, nos transformamos en lo mismo.

No tenemos que tenerle miedo a que los medios sean vistos como medios. Porque, a veces, se le teme. Si nos ponemos de acuerdo en el fin y que hay algunos medios que valen para ese fin, no debiéramos tener vergüenza de querer ganar elecciones. ¿Todo vale para eso? No. Y eso puede ser muy distintivo respecto de otros.

Dejando fuera todas las cosas burdas como el financiamiento ilegal o el clientelismo, yo diría cosas más profundas: ser transparentes con el proyecto que queremos presentarle a Chile y no jugar ni con la ambigüedad, la evasión o la mentira para que la gente vote con otra expectativa a lo que tú quieres hacer. Y si la gente lo tiene claro y nos vota para que seamos Gobierno, pues tenemos que ser Gobierno. No creo que debamos tenerle miedo a eso. Significa que hay un respaldo popular a una idea de transformación. Pero en ese camino, cuando se confunden los fines con medios aparece la mentira, la evasión, la mala práctica, en la cual no creo que hayamos caído pero debemos estar atentos a que no ocurra.

INJERENCIA EXTERNA Y EL CASO JAVIERA PARADA

Esta semana fue la cena de desagravio a Javiera Parada, luego de que RD declinara su candidatura. ¿Cuál es tu balance con este caso que ha adquirido una hiper publicidad? Se ha apuntado como un “veto” la decisión

Es un tema sensible en Revolución Democrática y, cada vez más, en el Frente Amplio. No por el hecho en sí, sino por sus repercusiones. Por un lado, nuestro partido tomó una serie de resoluciones. Me refiero a la posibilidad de establecer vetos desde el territorio o desde el consejo político, a las candidaturas al Parlamento. No estuve de acuerdo porque pensaba que tenía que ser sólo frente a criterios establecidos previamente y no sujeto a la deliberación colegiada, contingente, porque eso se presta para arbitrariedades. Pero perdí.

Dado que nos dimos ese mecanismo, creo que no hay nada anómalo en el caso. Hay una preocupación legítima respecto de un proceso legal, al que se tendrá que ver enfrentada Javiera, durante el proceso de elecciones producto de hechos que le conciernen exclusivamente a su responsabilidad. Frente a eso, las preocupaciones que se levantaron son legítimas. Lo que creo que ensucia este debate es la creencia de que esto pudiera ser una pasada de cuenta por otras cosas.

Eso lo afirmó Matías del Río en el canal público. Hizo el paralelo entre Javiera Parada e Íñigo Errejón, aduciendo que la bajaron porque hacía sombra a los liderazgos vigentes. La crítica al puritanismo la agregó Daniel Fernández desde The Clinic y Carlos Peña en El Mercurio

Sí. Esa comparación no tiene lugar. A mí me produce ciertas contradicciones este hecho. Por un lado, si yo hubiera estado involucrado en un accidente de esta naturaleza hoy estaría en proceso de desafuero. No es menor.

No comparto que sea un asunto de purismo, como se ha señalado. Es complejo, pero es grave. Eso contrasta con la contradicción de no saber cuál es el límite de cuándo un representante debe alejarse de lo que es una persona normal. Siempre decimos que hay que subir el estándar a los representantes, pero hasta qué punto, es difuso. Sin ese límite pasaría a ser un súper hombre o mujer. Ahí sí hay un peligro para el purismo.

Al no poder enrostrarnos la carencia de definiciones en la relación entre ética y política, se utiliza el argumento contrario, de la dureza de nuestros criterios para poder definir lo que debiera ser o no un cargo de representación popular y creo que habla bien de nosotros que no puedan encontrar otra cosa para pegarnos.

HORIZONTE POLÍTICO

¿Cuáles son los fines o el horizonte de Revolución Democrática como organización?

Una vez constituidos como partido político, elaboramos una cartilla ideológica en la cual definimos luchas y principios en los cuales enfocarnos. En simple, tienen que ver con la búsqueda de la superación del capitalismo. Por tanto, una resistencia a los efectos nocivos que tiene en nuestro sistema. Una búsqueda al acercamiento de la utopía democrática, de igualdad de poder, autodeterminación y soberanía, de lo cual estamos muy lejos pero nos debemos acercar asintóticamente. Y una búsqueda de bienestar, es decir, que la economía esté al servicio de las personas; sustentabilidad medioambiental, económica, material y espiritual de las personas.

Esos desafíos no son tan distintos a los que se propuso la Concertación en su momento. El programa original del gobierno de Aylwin contiene elementos hoy impensables para la política chilena. ¿Cuáles son las vacunas que se pone Revolución Democrática para no torcer su camino hacia otro destino?

Están dados, por un lado, por la orgánica. La nuestra, tiene bastantes instancias de participación y muy democráticas. A veces demasiado, que nos hacen ralentizar los procesos, pero dan una solidez a lo que queremos empujar. Esa es una primera vacuna.

El segundo, que no lo hemos empezado, pero que es un desafío mucho más grande con la ampliación del partido, es la formación política. Es donde más deudas tenemos. Tenemos que ser capaces de hacer más extensión, como las universidades. Nosotros tenemos que influir no solo en nuestras militancias, sino en nuestro espacio cultural de manera más articulada. Hay esfuerzos, se hacen cosas, nadie podría decir que no. Pero no creo que lo estemos logrando con la intensidad que requiere una vacuna de este tipo. Para que las convicciones no sean solo una moda, sino que sean convicciones más profundas.

MÁS ALLÁ DE LA IZQUIERDA DE LA NUEVA MAYORÍA

¿Qué crees tú que se puede rescatar del ala izquierda de la Nueva Mayoría, si consideras que existe?

Sí, existe. El problema es que están en un terreno tan poroso, incluso dentro de las coaliciones y las tendencias, que no es posible articularla de modo unitario. Sin embargo, nuestro público no es solamente la izquierda, como si toda la discusión ideológica se pudiera mover en una sola dimensión. No creo en eso. Si bien, es un eje necesario, que articula el capital y el trabajo, o el mercado y el Estado si ponemos los ejes clásicos de izquierda y derecha, se pierden otros ortogonales que emergen entre el siglo XX y el XXI y se vuelven relevantes para la izquierda, como el feminismo, la agenda verde y la democracia.

Hay que complejizar la discusión y establecer dónde están los aliados en este espacio multidimensional. Imagino que hay varios en el espacio progresista de la Nueva Mayoría, creo que hay que converger con todos los actores que están por una agenda de esa naturaleza. En el corto plazo es muy difícil porque están en otra parada estratégica. Espero que los próximos 4 años, independiente del lugar que nos toque, podamos colaborar en lo táctico con los proyectos de ley. Pero me gustaría que en 8 años pudiéramos hacer una escisión, un corte con un proyecto mejor definido en esa naturaleza.

EL FRENTE AMPLIO DE CARA A LA SEGUNDA VUELTA

El Frente Amplio no se constituyó de un día para otro. Aún hay un tira y afloja abierto para establecer sus límites. ¿Qué lo une en la práctica? ¿Dónde reside el riesgo de que una alianza de estas características se quiebre?

Nos une una agenda antineoliberal. Asegurar derechos sociales; eliminar el poder del dinero y la colonización empresarial de la política; no tener derechos sociales entregados al mercado; seguridad social y universalidad de estos derechos. Desde el Partido Liberal hasta el Partido Igualdad, estamos todos en esa. Por otro lado, una agenda democratizadora apuntando a la asamblea constituyente. El feminismo también es un factor que aglutina.

Pero esto no hubiera sido posible sin coyuntura electoral. Por primera vez sin  binominal, esta elección es de reconfiguración del poder, de fuerzas a nivel de representación parlamentaria. Y creo que esa visión, voluntad y capacidad estratégica que el Frente Amplio tuvo hace menos de un año, de abrir un espacio de conversación, permitió que hoy los principales actores políticos estén hablando de la posibilidad de que pasemos a segunda vuelta, que nunca estuvo dentro de los planes iniciales.

Si no pasaran a segunda vuelta, ¿qué hace el Frente Amplio?

No sé qué haría. Es difícil, no es trivial.

¿Apostarías por una respuesta unitaria?

Me gustaría que la hubiera. En Revolución Democrática definimos que, en caso de no pasar, tendríamos que hacer una consulta a toda la militancia, con todas las opciones sobre la mesa. Deberíamos tratar de montar un espacio común, sobre todo en pos de la supervivencia de los próximos 4 años -ojalá más- del Frente Amplio.

Lo que vamos a tener que preguntarnos son dos cosas de fondo: qué espera la gente que convocamos en primera vuelta y cómo no generar una desafección. Cualquiera sea la definición (apoyar o no a la Nueva Mayoría), va a significar una pérdida de confianza y expectativa a alguno de los sectores. Y tenemos que anticiparnos a eso que es un escenario previsible.

Otra aproximación es sobre los objetivos estratégicos. ¿Cómo se consiguen mejor? Ahí hay dos opciones: en el período 2010-14 la presencia de Piñera permitió aglutinar una oposición social sumamente importante. Por otro lado, en 2014-18, habiendo un gobierno que prometió ciertas cosas y en esa ambigüedad no cumplió, fuimos capaces de tensionar y crecer. Son dos tesis que miro y considero válidas. Por tanto, va a ser bien complejo.

Javier Paredes

El artículo original se puede leer aquí