Nelsy Lizarazo (Pressenza) y María Cianci Bastidas (ALER) entrevistaron a Susana Chiarotti integrante de Comité consultivo de (CLADEM) Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer.

 

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La fotografía actual nos indica que hemos avanzando mucho, porque hace 50 años cuando yo iba a primaria por ejemplo, señala Susana, se nos presentaba en las escuelas un mundo más lisito, más parejito, más monocorde en el que parecía difícil aceptar lo diferente, pero esto era común también en la familia y la sociedad en general.

Gracias a una labor muy intensa de colectivos se pueden ver con otras miradas las diversidades étnico raciales, de orientación sexual, diferencias de edad, color de piel, capacidades diferentes, incluso ha empezado a trabajarse la apariencia física, por ejemplo con la gordura como estigma, o los ataques que sufren quienes no se acercan al parámetro físico de Barbie o de Ken (el novio de Barbie).

Para Chiarotti, concretar esta labor de inclusión y no discriminación hay que hacer un trabajo similar al realizado con los Derechos Humanos (DDHH), por lo cual ya hay un marco normativo del cual se pudo nutrir la resolución de la UNESCO (refiriéndose a “Aprender sin miedo”). Si esto ha sido posible es porque se hizo un trabajo de 60 años para que las y los diferentes nos incorporemos al discurso de los derechos humanos. En 1945, ese discurso prácticamente tenía un paradigma centrado en el varón blanco, joven, adulto, masculino, poseedor de bienes, cristiano, anglosajón y, todo lo que no estaba en ese paradigma simplemente se excluía. Fue la lucha por los derechos humanos para tener una declaración lo que hizo una mirada más amplia.

Durante años se trabajó para que las palabras discriminación por orientación sexual  entraran apenas en el catálogo de las discriminaciones, y se concretó hace 10 años. Otra referencia importante es que para que a las mujeres nos vean como humanas hubo que esperar hasta 1979 con la Convención de la Mujer (mejor conocida como CEDAW).

En la década de los 70 y 80 hablamos –afirma Chiarotti- de las mujeres en general como si hubiera un denominador común que nos uniera, pero ahora es interseccional, porque entendemos las diferencias. No hay una mujer igual a otra, hay muchas variables y diferencias, algunas tienen ver con la clase social, el origen étnico racial, la edad, posibilidades de estudio alcanzando, de cómo te fue en la vida, y así vamos uniendo distintos ejes que pueden mostrar la experiencia de vida de una mujer determinada y sabemos que confluyen muchas esferas que no se repiten en otras mujeres, por eso hoy en día nos referimos a mujeres en plural.

En la región hay alertas sobre los derechos y la discriminación en los países federales, que son Brasil, Argentina y México, pero esto no significa que en todos los Estados de esos países se implementen de la misma manera las alertas y protecciones respectivas, por ejemplo, una cosa es una escuela pública en Sao Paulo y otra en la amazonía brasileña, o las diferencias entre la Patagonia y el noreste argentino, y en México una cosa es el distrito Federal con garantía para la inclusión y para la diversidad en el transporte público, las escuelas y las familias y otra lo que se vive en estado alejados. Lo mismo pasa con todos los países de la región, cada país no es un espacio homogéneo. También reconocemos que el hecho que las normativas de los Ministerios de educación se emitan no quiere decir que puedan combatir normas patriarcales, ancestrales y discriminatorias de varios años.

Hay que considerar el tema de formación de los y las docentes, que no se limita a trabajar las cuestiones de educación sexual integral, no discriminación, por un lado, porque también están las familias, es decir las niñas y niños traen a la escuela lo que se aprende en la casa, y muchas veces hay una presión de los padres para que no se enseñen cosas distintas de las que se enseñan en la casa, entonces el y la docente se encuentran entre la espada y la pared.

Por ello es necesario profundizar el trabajo con la comunidad, las y los docentes formados de otra manera, habilitados para implementar una currícula progresista y trabajando conjuntamente en una agenda inclusiva.

Es necesario conocer al diferente, porque si nos hablan de alguien que es verde durante años y no lo vemos, le vamos a temer, a desconfiar, debemos conocer la persona que es de color verde, y cuando hablamos con ella y vemos que no muerde, perdemos el temor, que es fundamentalmente un temor basado en lo desconocido.

Finalmente Susana Chiarotti nos recordó que la mejor forma en la que una escuela pueda integrar es con el ejemplo, más que lo que diga la maestra como texto o contenido, es lo que se vive a través del ejemplo, porque si en la clase te dicen que todos somos iguales, pero en casa lo contradicen no se puede procesar ni asimilar el mensaje de inclusión. Es indispensable que las y los propios docentes abramos las cabezas que es un proceso de mucho tiempo, porque sólo empezando por nosotras/os mismas/os, abriéndonos a lo diferente podemos pedir a los demás que puedan ser inclusivos y abiertos.