Una mirada humanizadora frente a la piel de la monstruosidad

10.04.2016 - Djamila Andrade

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Una mirada humanizadora frente a la piel de la monstruosidad
(Imagen de Agustisol)

Desde dónde parte este artículo

Me gustaría explicar que este es un artículo de opinión sobre la situación de violencia que se vive actualmente en Europa, con una perspectiva particular e intencional de querer entender desde una perspectiva humanizadora.

Es una reflexión usando como base un principio que dice: “No importa en qué bando te hayan puesto los acontecimientos, lo que importa es que comprendas que tú no has elegido ningún bando” (El Mensaje de Silo, cap. XIII).

Estos principios forman parte del libro “El Mensaje de Silo”, que uso para meditar sobre mi propia vida y los acontecimientos que me rodean. Son como leyes de vida, de luz y de evolución, que cuando se reflexiona en ellos, ayudan en la búsqueda de la coherencia personal.

Como la mayoría de las personas, condeno vehementemente cualquier acto de violencia; sin embargo, pienso que avanzar un poco más sería intentar comprender la raíz de estos acontecimientos, y con una mentalidad menos juzgadora y acusadora, reflexionar sobre lo que podemos hacer frente a tales situaciones que nos toca vivir.

Lo que percibo de la situación actual social mundial

He visto que en varios lugares las situaciones sociales se complican. En Europa, continúa un clima de crisis económica, política y social. Aumentan los disturbios y la desorientación en general, sin saber la gente cómo reaccionar frente a los actos de violencia o en qué creer con tal bombardeo de información. Esto va generando mucho miedo, inseguridad en cuanto a su propia vida (con los atentados), pero también en cuanto al futuro, que se va haciendo totalmente incierto.

En el Medio Oriente tenemos una situación aún más caótica, con los conflictos político-militares, la emigración de masas, problemas sociales y religiosos cada vez más presentes. En África, la situación sigue siendo la misma y, a veces, incluso peor debido a la pobreza, las condiciones de vida inhumanas, las democracias precarias, los gobiernos autoritarios, etc.

En América Latina, después de un aparente avance con gobiernos progresistas, hoy estamos experimentando un clima de golpe de clase media-alta, aliado con unos agresivos medios de información manipuladores y a un sistema judicial corrupto.

En todos estos lugares y situaciones caóticas todavía se siente la presencia de una mano invisible de las grandes empresas y el sistema financiero, que tratan de imponer sus políticas de manipulación especulativa y de concentrar el poder político para sus beneficios.

Lo cierto es que en todas partes siento el mismo clima de inseguridad e incertidumbre en las personas frente al futuro personal y a la búsqueda de alternativas para una vida mejor. Toda esta situación me hace reflexionar sobre cuál sería la mejor manera de actuar.

Lo que significa comprender

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Dentro de este caos global, cómo es de comprender que nosotros no elegimos ningún bando, ni yo, ni las víctimas directas de la violencia actual, ni el «aparentemente» peor de los terroristas. Pensar así hasta puede parecer inconcebible, pero requiere una voluntad de superar el pensamiento juzgador compulsivo al que estamos acostumbrados. Así que, intentémoslo.

Hemos nacido en un lugar que no hemos elegido, sea nuestro país geográfico, nuestra cultura, o nuestros padres o familia. Esta cultura influye en nuestra forma de pensar y de ver el mundo; somos, básicamente, influenciados por el entorno familiar en el que hemos nacido, en el que crecimos, las escuelas donde estudiamos los amigos que teníamos y, al final, nuestras decisiones tan íntimas, que parece ser «nuestras», son el resultado de un conjunto de influencias sociales y personales. Traten de ver esto en su propia vida.

¿Seríamos las mismas personas si hubiéramos nacido en medio de una guerra, como en Siria en este momento? Y si hubiésemos nacido en el Oriente Medio, en África o en Europa, en diferentes familias, o incluso en un contexto histórico diferente, como por ejemplo en la época de la esclavitud, ¿seríamos realmente la misma gente? ¿Pensaríamos lo mismo? Nos gustarían los mismos modelos de hombres/mujeres? ¿Tendríamos los mismos valores de vida o ideologías? Realicen ese ejercicio de flexibilización de las imágenes, e imagínese cada uno de ustedes en diferentes situaciones y lugares.

Ahora, podríamos intentar otro ejercicio, quizás «más» difícil…

Dentro de ese momento y clima social que existe en Europa, el rechazo, la explotación, la exclusión, el abandono y la humillación hacia los inmigrantes y refugiados, además de las guerras que los gobiernos europeos fomentan en nombre de la democracia, la justicia, imaginemos la vida de aquel ciudadano que decidió explotar una bomba en el nombre de su dios o un ideal que parecía valer más que la propia vida. ¿En qué condiciones nació ese individuo? ¿Cómo habrá sido su vida? Qué decepciones y fracasos, personales, existenciales, puede haber sufrido aquel pobre individuo, que, en la desesperación de no encontrar salidas o respuestas a sus problemas, pudo haber sido manipulado o hecho creer que violentando o matando a otros, ahogaría sus penas y en otras vidas futuras sería recompensado.

Esta perspectiva nos ayuda a tener una mirada humanizada en la piel de la monstruosidad. No es una mirada para justificar cualquier situación de violencia, o exonerar o indemnizar a cada uno de sus actos -para ello, ojalá mejore la justicia social-, sino un intento de entender y también observar el contexto histórico mayor en el que nos toca vivir y aquello que hacemos.

¿Será posible que, tal como aquel pobre y desesperado individuo que acabó con su vida y la de otras personas, que perdió la fe en la vida y en el mundo, también nosotros hayamos elegido muy poco aquello que somos?

Dentro de este contexto histórico a continuación, entonces, ¿qué hacemos? O, ¿qué hago?

Creo que el primer paso es tener una visión más amplia de nuestra propia vida, comprender nuestros condicionamientos, y que no hemos elegido ningún bando; entonces, comprenderemos que somos la influencia de nuestro medio… Pero también podemos influir en nuestro medio.

Esta posición puede ayudarnos a reconciliarnos con un momento histórico o contexto mayor en el que nos ha tocado vivir. No hemos elegido nacer en este momento de la historia humana, pero por algo estamos aquí hoy. No hemos elegido vivir y presenciar tanto sufrimiento humano, pero podemos hacer algo dado que somos sensibles a tales injusticias.

Con una perspectiva más amplia y de mayor proceso sobre la humanidad y sobre nuestra propia vida, y teniendo en cuenta que todavía estamos evolucionando como humanidad, es la responsabilidad de cada uno plantar una semilla en este proceso evolutivo.

Buscar estar en paz consigo mismo, en relación a la propia vida y a los acontecimientos externos, contribuir en esta construcción evolutiva y luchar por mejores condiciones para todos y por aquello en lo que creemos, eso es lo que necesitamos, buscar un sentido de vida y la alegría de vivir.

Categorías: Asuntos internacionales, Humanismo y Espiritualidad, Noviolencia, Opiniones
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