El pasado Jueves 21 de mayo participamos como Pressenza en el I Congreso Internacional de Comunicación y Poder del Mercado, realizado en Cuenca-Ecuador. Compartimos con nuestros lectores el texto preparado para dicha ocasión.

1. Desde dónde hablo

Saber contar su cuento es construir identidad, sentir que uno la tiene, disfrutar de ella y gozarla y poder compartirla. El cuento es constitutivo de la identidad, de la diferencia. (Jesús Martín Barbero)

Es maravilloso poder compartir mi cuento, que es un cuento colectivo, en este espacio generado por una institución cuyo nombre es ya una provocación: Superintendencia de Control del Poder del Mercado. Ha sido genial escuchar todos los cuentos de los colegas a lo largo del día. Poder contar nuestro propio cuento y aprender a escuchar el cuento de los otros, es democracia en la comunicación.

Todo cuento tiene un lugar desde el que se construye. El lugar desde el cual he construido y sigo construyendo el mío tiene muchos ingredientes. Voy a destacar cuatro:

– Aquello en lo que creo: en los seres humanos, en su conciencia activa, en la no violencia, en la capacidad transformadora y la condición histórica de cada uno de nosotros, en la comunicación y la educación como espacios poderosos de nuevos futuros posibles… y en lo que no creo: la superioridad de unos seres humanos sobre otros, el pragmatismo político, la corrección política, la omnipotencia del capital…

– Aquello que he vivido: el mundo de la educación popular, de la comunicación popular, de las radios comunitarias, son mundos que marcan mi experiencia de vida. El humanismo como opción de vida y la cercanía al continente y Pressenza, agencia internacional de noticias con enfoque de paz y no violencia como lugar de mi quehacer; la posibilidad de conocer y trabajar y soñar con distintos, distintas culturas, distintas pautas culturales…

– Aquello con lo sueño: un mundo en el que, en serio, el ser humano sea el valor central y la no violencia el modo de convivir. Un mundo sin verdades absolutas, respetuoso de la diversidad, sin subordinadotes y subordinados, sin hambre…

Podría seguir, pero se trataba de situar mi cuento, como una señal de transparencia necesaria a toda comunicación democrática. Ya saben ustedes desde dónde les hablo.

2. Comunicación, su tarea, sus funciones

La creación, transformación y difusión de sentidos y significados es la tarea de la comunicación. (Bernardo Toro)

Y de la mano de Bernardo Toro me permitiré priorizar tres elementos que definen la comunicación y la vinculan directamente con la democracia.

La comunicación es “fundamento de la cultura democrática”. Si compartimos que no hay democracia posible si los diversos actores, instituciones, organizaciones no tienen espacios y posibilidades equitativas para “poner en juego” sus intereses, es evidente que sin comunicación, no es posible la democracia.

Una comunicación que profundice la democracia tiene que ofrecer garantías para que todos los sectores y grupos en una sociedad tengan la posibilidad de poner a circular sus intereses, contenidos, símbolos, en fin, aquello que los define. Esta posibilidad debe, además, asegurar la igualdad de condiciones y oportunidades para todos y todas: el universo simbólico de una comunicación democrática es un universo con espacio para todos.

Lo que define a la comunicación es la aspiración de sociedad a la que aporta. Es esa imagen la que le da sentido a la comunicación. Desde esta perspectiva, la comunicación no es un para-si. Es siempre en relación a procesos y proyectos mayores. Otra cosa diferente son los medios a través de los cuales se circulan esos sentidos y, por supuesto, procesos y proyectos inciden en el tipo y el alcance de medios que se utilizan para comunicarlos, para catalizarlos. Que los procesos y proyectos a los cuales es funcional la comunicación sean individuales o colectivos, prioricen unos u otros criterios, valores, búsquedas, es otra historia. Lo que me interesa destacar aquí es que el sentido que se comunica no es producto de la comunicación misma, su génesis está en otros ámbitos y su fin último, también.

Un último elemento que quiero destacar por su relación directa con los dos anteriores y con la construcción democrática es que en la comunicación las personas y colectivos se afirman y fortalecen sus identidades. La autoafirmación, siguiendo a B. Toro, se puede definir como la expresión de un sentido propio, que se espera sea reconocido y validado por otro. La comunicación da curso a la expresión de estos sentidos e identidades y los pone (o en todo caso debería ponerlos, en tanto comunicación democrática) a relacionarse, convivir, confrontar y desarrollarse con otros sentidos e identidades.

Siguiendo esta perspectiva de reflexión, retomo la sencilla definición de lo que significa democratizar la comunicación que nos regaló Martín Barbero a su paso reciente por Quito:

Democratizar la comunicación es que los negros, es que los pequeños, es que los ancianos, es que las mujeres, es que los gays, es que los indígenas de todas las culturas que haya y todas las otras figuras humanas que se van configurando, como los transexuales, por ejemplo, se expresen en su propia voz. Cuenten su propio cuento.

3. ¿Para qué mundo comunicamos?

Esta es quizás la pregunta clave del sentido de la comunicación. ¿Qué mundo contribuimos a construir desde la comunicación que hacemos? ¿A qué sociedad construimos con los sentidos y significados que comunicamos?

Me parece que en la respuesta que las diferentes prácticas comunicativas le dan a esta pregunta se encuentra la disputa mayor de sentidos, al menos en este momento de la historia, un momento en el que asistimos al derrumbe de un mundo monocultural, patriarcal, de crecimiento sin fin… un mundo que quiere sostenerse por todos los medios, todos ellos violentos y terribles; y a la multiplicación de búsquedas, de experiencias e iniciativas, al despliegue de una creatividad transformadora sin precedentes, al encuentro nuevo con lo trascendente en la especie humana. Tiempos en los que los límites del sistema y de este modo de vida comienzan a hacerse más notorios. Tiempos en los que la diversidad se vuelve una urgencia y la no violencia, una necesidad.

Así que, en un momento así, bien vale la pena la pregunta por cuál camino quiero transitar, queremos transitar desde la comunicación. ¿El camino ya conocido, lleno de “certezas”, normas establecidas y con final más que conocido? ¿O el camino de la búsqueda, de la creación, de lo nuevo, aunque sea incierto en sus formas, sus reglas, sus normas?.

¿Comunicar para el miedo o comunicar para la libertad? ¿Comunicar para las verdades cerradas y únicas o comunicar para la construccón infinita del conocimiento?

Estas son preguntas que toda comunicación, todo comunicador, toda práctica comunicativa, tendría que responderse y además, tendrá que comunicar su respuesta. Digo yo.

Bien, diré que las respuestas de lo que camina hacia la muerte, no son nuestras respuestas. Por eso estas otras miradas del “mundo en el que caben todos los mundos”, del Sumak Kawsay, del Sumaq Qamaña, de la humanizacíon de la tierra y del mundo no violento, son nuestras respuestas. Y son nuestras respuestas porque nos ayudan a imaginar otros futuros posibles, a comunicar lo que camina hacia la vida.

Bien. El sentido de la disputa está planteado y es, claramente, una disputa de sentidos. No es un juego de palabras.
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4. Claves de construcción

Las personas

Cada ser humano tiene un cuento que contar y necesita contar-se. Poner el foco de nuestra acción comunicativa en los seres humanos, su palabra, su experiencia, es otorgarle dimensión profunda a lo que comunicamos. Es humanizar nuestro contenidos comunicativos.

Pero también confiar en los seres humanos que nos leen, nos escuchan, nos ven, nos siguen por las redes sociales. Tener la certeza de que son conciencia activa, establecerán sus propias relaciones, opiniones, definiciones, comprensiones. Tratarlos a la altura de su condición de seres intencionales, históricos, humanos.

Su contexto

Somos humanos en medio de condiciones de todo tipo. En esas condiciones elegimos y construimos nuestras propias vidas. Sacar a las personas de sus contextos es como arrancarles su mundo y es desde su mundo que sus vidas se explican y se comprenden. Es desde ese mundo que construyen sus relatos. Sus relatos tienen sentido vinculados a esos contextos. Comunicar sin contextualizar es frivolizar.

En perspectiva histórica

Con pasado y desde el futuro, en dinámica. Así nos construimos como seres humanos, así hemos construido nuestro mundo y así acercamos el futuro que queremos. Situar al sujeto, individual o colectivo, en su contexto y en perspectiva histórica es darnos la oportunidad de entenderlo en profundidad, de comunicar la raíz de los conflictos, de avanzar hacia la transformación. Los seres humanos, todos, tenemos pasado y su memoria es vital. Tenemos futuro y esa imagen es vital. Nuestro presente no es comunicable, rigurosamente, sin esa perspectiva.

Con la pregunta como herramienta

Las afirmaciones enfáticas, los juicios terminantes, las verdades cerradas, son una tendencia en las prácticas comunicativas. Entre otras porque la comunicación ha sido, con demasiada frecuencia, la herramienta para imponer verdades y creencias a otros. Quizás es tiempo ya, desde una comunicación creadora, de comenzar a construir más preguntas y menos respuestas. De dejar caminos abiertos y no hojas de ruta establecidas. De confiar, de nuevo, en nuestra propia condición humana.

Y anunciando el futuro

El futuro está en nosotros. Es solo cuestión de decidirnos a verlo y sobre todo, a comunicarlo. Las nuevas prácticas, la no violencia activa, la democracia real, la solidaridad, el diálogo, las existencias “otras”, esas que han sido invisibilizadas sistemáticamente (en todos los sentidos) que nos impulsan definitivamente a la diversidad; las prácticas organizativas horizontales, los otros modos del consumo y del mercado, las convivencias otras… Todas son señales vivas del futuro que nos espera y que, cuanto más comuniquemos, más lo acercaremos al presente.

Quiero terminar esta intervención con un texto aportado por mi hija, a modo de complot femenino (conste que no digo de mujeres), tomado del libro que terminó apenas ayer:

Las personas fueron creadas para ser amadas. Las cosas fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque las cosas están siendo amadas y las personas están siendo usadas.(Buscando a Alaska).