Por Juan Perone.-

Algún día te vas a escuchar y te va a dar vergüenza.  Algún día vas a escuchar a tu hijo repetir tus palabras y te va a dar miedo.  Vas a ver que vos, como padre, como docente o como dirigente, pusiste tu granito de arena para que el odio germine desde temprano.
No me vengas con la cantinela de siempre.  No me repitas como un bobo los eslogans de campaña de Francisco De Narváez.  No me hablés de la crispación, la sociedad dividida y que Argentina era un país unido hasta que llegó “él” o “ella”.  No me digás, por favor, que a esta altura crees eso que estás repitiendo.  No me digas que no sospechas cuando tus frases se parecen cada día más a un sobreimpreso de TN.
Acordate.  Sacá la cuenta y decime desde cuándo venís escuchando y repitiendo que tenemos “un país de mierda”, “que los políticos son todos corruptos”, que la seguridad se combate con el “paredón”, que “somos pobres en un país rico”.  Decime si tu viejo no citaba ya Cambalache como referencia sociológica diaria.
Y luego, seguiste vos, remarcando que en un país donde “nadie quiere laburar”, “los planes sociales fomentan la vagancia”, las pibas pobres “se embarazan por tener una Asignación Universal”, los militantes políticos “son rentados”, los votos se “compran por un pancho” y “a los pobres les gusta ser pobres” y por eso no salen de su condición.
Y ahora escuchás a tu pibe, que no se sabe lavar los calzones todavía, repitiendo tus axiomas de sobremesa y comentarios obligados cuando se mira televisión.  Lo escuchás hablando de “la yegua”, de “negros de mierda” y de “sacar del fundillo a esos corruptos”.
Tu pibe, el nene, repite tus palabras como algunos de tus gestos y los va haciendo carne, carne de persona, carne de ciudadano.
Se llena la boca con tus palabras y un día lo escuchás hablando con sus amigos.  Y te da un poco de miedo.  Se huele odio, se respira violencia.
Y un día, tu pibe, tu nene, el destino de todos los elogios de papi y mami, toma la iniciativa y te supera.  Asume que con hacer comentarios de entre casa, no alcanza,  que con rumiar ese odio que dejan como epílogo algunas conversaciones, no basta.
Entonces toma una piedra y la arroja.   La arroja contra una columna de militantes de los Derechos Humanos, contra un grupo de ciudadanos de Tandil -peronistas, radicales, socialistas, sin afiliación partidaria-  que ha decidido acompañar y ser parte de una batalla todavía inconclusa que debe poner las cosas en su lugar.  Lugar histórico, arbitrario y hasta parcial, para muchos, pero lugar al fin.
La arroja contra una columna de gente que avanza hacia la Comisaría Primera para dejar el testimonio de que allí se detuvo y se torturó gente que militaba en partidos políticos pero también en organizaciones sociales y sindicales.  En la columna van muchos niños y hasta algunos bebés, en carritos, porque la señalización es un motivo de festejo popular.
Y el pibe, tu pibe, alumno de una escuela privada y religiosa, el que todavía no se sabe lavar los calzones pero cree saber de política y balanzas históricas de tanto escucharte, da el paso que vos nunca diste. Y ejecuta su odio.  Toma la piedra, apunta al grupo y tira su bronca.  Y con ella, la tuya.
Y ese odio arrojado desde el Colegio San José impacta en una joven de la Escuela Sábato.
Ese odio que es piedra, compuesto de tus ideas y su ímpetu, raja una cabeza, una cabeza donde a anidan otras ideas de justicia, política y participación. Ideas que tu pibe desconoce pero detesta igual porque tus lecciones abreviadas de “Estado y ciudadanía”, a veces, confunden todo.
No es la primera vez que pasa algo así en San José.  Una patotita, suerte de Liga Patriótica sub 17, ya insultó degradantemente a compañera de aulas por ser militante peronista, militante de la  Cámpora.
Tu pibe y sus amigos le soltaron un rosario de tus lugares comunes, un compendio de tu “antiperonismo” desilustrado con bajezas de moda.  A la piba que académicamente les pasa el trapo –porque además de militante es de los mejores promedios de la institución-, y personalmente los humilla con su compromiso diario, la atacaron como sólo saben hacer los necios: con el insulto.
Y ahora, la piedra.
Te vas a tener que hacer cargo, papi.
Alguna vez te escuche decir –a vos o a uno de los tuyos- que entre los delincuentes, los padres mandan a los pibes a robar porque a los menores no se los puede “meter en cana”.
Bueno, lo mismo pienso pero de vos.
Porque esa piedra la soltó él, pero la arrojó tu ignorancia, que no deja de ser una delincuencia que practicás a diario.

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El 30 de agosto, asociaciones de Derechos Humanos, agrupaciones políticas e instituciones públicas de la ciudad de Tandil y la Provincia de Buenos Aires, organizaron la «señalización» de comisarías donde, durante la última Dictadura Cívico Militar, se había detenido y torturado a presos políticos, en su mayoría jóvenes militantes de izquierda, peronistas y representantes sindicales.  Con la presencia de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, se colocaron placas en las dependencias policiales dejando constancia de lo ocurrido durante el Gobierno militar.  Todo esto en el marco de un proceso mucho más amplio de señalización que comenzó en la ciudad, meses atrás,con el centro clandestino de detención «La Quinta».
El 30 de agosto, autoridades, referentes sociales, familiares de desaparecidos y militantes de distintas agrupaciones políticas marcharon caminando desde la Seccional Segunda hasta la Seccional Primera, donde se iba a desarrollar el acto principal de la jornada.  A unos cincuenta metros de la dependencia policial funciona el Colegio (privado y religioso) San José.  Alumnos de ese colegio arrojaron piedras sobre la columna compuesta por unas cien personas.  Entre ellas, muchos estudiantes de nivel secundario y niños.  Se realizó una denuncia formal en la Justicia. 
Una de las piedras lastimó a una joven del Colegio Ernesto Sábato.  La herida fue en la cabeza y debió ser trasladada al Hospital Municipal.  No fueron las únicas agresiones durante la jornada.  Cuando la columna cruzaba la zona céntrica también le arrojaron huevos desde un décimo piso.
Tandil es una ciudad donde funcionan dos dependencias de las Fuerzas Armadas: una Base Aérea y un Regimiento del Ejército. Durante la Dictadura operaron dos centros clandestinos de detención.  Tras el regreso a la democracia, quien fuera intendente «de facto» ganó las elecciones por tres mandatos seguidos.