Una cosa es comprender el fenómeno humano en general, entender sus etapas de evolución biológica, genética, técnica y social, y otra muy diferente es experimentar la
humanidad en las otras personas.

¿Cómo es esto? ¿Acaso no somos completamente humanos? ¿El progreso científico, tecnológico y material de tantos milenios, no han servido para encontrar un sentir común entre nuestra especie?

Pero claro que me conmueve y me preocupa la pobreza, el hambre, la destrucción y la injusticia; tengo sentimientos de odio, de rechazo, de atracción y de amor hacia mis semejantes. He estado dolido, deprimido; he llorado y he sufrido. No estoy hecho de “hojalata”, ¿Lo anterior no es sentir la humanidad en mí y en otros?

Resulta que estas manifestaciones no son exclusivas de los humanos, también las observamos en algunas especies animales. Son sociables, se comunican y fabrican sus
herramientas, aunque muy elementales. Más aún, entre ellos hay solidaridad, protección, también odian y aplican “castigo”.

La definición aristotélica de que “el hombre es un animal racional”, desde hace mucho es insuficiente para definir al ser humano y explicar la diferencia respecto de los animales.

Las disciplinas científicas como la antropología, paleontología, arqueología y otras, nos arrojan datos respecto a una secuencia de cambios y transformaciones morfológicas, desde los primeros homínidos como el Australopitecos, hasta el ser actual. Las neurociencias y la sicología estudian la conducta, la personalidad y nos muestran, por ejemplo, cómo las neuronas y neurotransmisores, influyen en emociones y en la motricidad. Es de destacar que estas disciplinas, tienen como base lo material, lo biológico y va dirigido principalmente a su aplicación en el campo clínico y terapéutico, pero en cuanto a la diferencia entre especies y la experiencia humana que nos ocupa hoy, seguimos en la misma.

En el breve ensayo titulado, “Acerca de lo Humano” del 1° de mayo de 1983, el autor dice que el ser humano tiene la capacidad de dar una respuesta diferida frente a los estímulos inmediatos, lo cito: “este sentido y dirección de su obrar respecto de un futuro calculado (o imaginado), nos presenta una característica nueva frente al sistema de ideación, de comportamiento y de vida de los exponentes animales”.

Es decir, el ser humano tiene memoria personal, esto le permite reflexionar sobre lo histórico social. Por esto, nace en un mundo ya transformado por otros y hace su aporte a la transformación o a la inercia de su medio, mientras que el animal es siempre el primero en su especie porque no acumula ni aporta, ya que su medio es, el medio natural.

De manera categórica, afirma que en el ser humano no existe “naturaleza” humana, a menos que esta “naturaleza” sea considerada como una capacidad diferente a la animal, de moverse entre tiempos fuera del horizonte de percepción inmediato.

Esta concepción de “naturaleza humana” ha servido a los colonizadores, para que cataloguen al individuo o a colectividades como salvajes, como inferiores, por su color de piel, posición social, ubicación geográfica, etnia, sexo, ideología, etc. Ejemplo, en la actualidad, cuando creíamos superadas estas tendencias, la limpieza étnica y el genocidio en medio oriente, están siendo presenciadas casi en tiempo real, amenazando con aquello de: “esta noche morirá toda una Civilización”.

Traducido a lo cotidiano y partiendo de una escala menor, las personas nos cosificamos, nos miramos como objetos que solo servimos mientras alcanzamos nuestros deseos o cumplimos con necesidades. Esa cosificación cubre todos los ámbitos de relación personal y social, la política, la economía, el trabajo, además de los afectos, el compañerismo y el amor.

Pero el debate no concluye en este punto absurdo como quisieran algunos, esa capacidad de “extender” el tiempo hacia atrás y adelante, con la memoria y la construcción hacia el futuro; esa capacidad de “desplazarse” en el espacio (de representación), ofrece una opción para que nuestra conciencia opere de forma no mecánica, no como reacción ante una acción, como si fuera modelo binario computacional con impulsos electrónicos, solo entre dos posibilidades.

De acuerdo a estos fundamentos teóricos, la violencia no está en nuestros genes ni es algo incontenible o irremediable. Es una construcción cultural e histórica, impuesta por los que detentan el poder político, económico, religioso, educacional, para continuar controlando la subjetividad de los individuos, los medios de producción y de decisión.

Ya en la obra inconclusa y póstuma, “Cahiers pour une morale” 1983 (Cuadernos para una Moral), se plasman algunos fragmentos de la teoría del filósofo y escritor francés, Jean-Paul Sartre, de inicios de los años cuarenta del siglo pasado. Él, describe desde la fenomenología, que la violencia es una “empresa humana”, libremente elegida que se caracteriza por una actitud intransigente, una función destructiva, la ruptura de lazos de solidaridad, la autojustificación y la desvalorización de la libertad ajena.

Por su parte, Hanna Arendt, filósofa y politóloga alemana, contemporánea de Sartre, habló sobre la “fascinación creciente de la violencia”. En su libro, On Violence (sobre la violencia) 1969, argumenta que “la guerra pierde eficacia y la violencia gana prestigio político”. Esto lo podemos comprobar hoy en día, cuando vemos
que las acciones bélicas resultan inútiles para lograr objetivos perversos o para resolver problemas económicos o políticos, sin embargo, la violencia por otra parte sirve para que, al interior de los países, se provoque desestabilización y control de poblaciones en lo político y electoral, con ayuda de los medios de comunicación.

Regresando al aporte “Acerca de lo Humano” de Silo, se concluye que, esta naturalización de la vida, del mundo, de las relaciones y de todo, debe ser humanizada. Y lo harán precisamente los pueblos y el individuo, que es creador de sentido, de dirección y de transformación.

Esa transformación en gran parte es activismo, lo que cada uno considere útil para su propia necesidad y de su entorno.

El “Encuentro de Inspiración y Registro de lo Humano”, es una oportunidad para poner un alto a nuestra dinámica diaria y experimentar esa sensación de apertura al estar frente a otra persona, viendo a los ojos y buscando en lo profundo, ese registro que ya se empieza a percibir suavemente.

Este encuentro se desarrollará en el Monumento a la Revolución, el domingo 3 de mayo a las 11:00 hrs.

Para que mi actividad vital humanice al mundo -concluye el ensayo- “El otro debería ser a mi registro interno, una cálida sensación de futuro abierto que ni siquiera termina en el sin sentido cosificador de la muerte.

Sentir lo humano en el otro, “es sentir la vida del otro en un hermoso y multicolor arco iris, que más se aleja en la medida en que quiero detener, atrapar, arrebatar su
expresión. Tú te alejas y yo me reconforto, si es que contribuí a cortar tus cadenas, a superar tu dolor y sufrimiento. Y si vienes conmigo es porque te constituyes en un
acto libre como ser humano, no simplemente porque has nacido “humano”. Yo siento en ti la libertad y la posibilidad de constituirte en ser humano. Y mis actos tienen en ti, mi blanco de libertad. Entonces, ni aún tu muerte detiene las acciones que pusiste en marcha, porque eres esencialmente “tiempo y libertad”.

Amo pues del Ser Humano, su humanización creciente. Y en momentos de crisis de cosificación, en momentos de deshumanización, amo su posibilidad de rehabilitación futura”.