Perú volvió a cambiar de jefe de Estado tras la destitución del mandatario interino José Jerí, en una decisión adoptada por el Congreso que convierte al país en el escenario de su octavo presidente en menos de una década. La medida, aprobada con 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones, profundiza la crisis política que se arrastra desde 2016 y que persiste a pocas semanas de nuevas elecciones generales. Jerí, quien llevaba apenas cuatro meses en el poder, había asumido en octubre pasado tras la salida de Dina Boluarte.
La remoción se produjo en medio de investigaciones por presuntas irregularidades, entre ellas reuniones semiclandestinas con empresarios chinos contratistas del Estado y cuestionamientos sobre contrataciones en el Palacio de Gobierno. Tras la votación, el titular del Parlamento, Fernando Rospigliosi, declaró la vacancia presidencial y convocó a una sesión de urgencia para elegir al nuevo presidente del Congreso, quien asumirá también la jefatura del Estado. La salida de Jerí —que ejercía la presidencia de forma interina en su calidad de líder parlamentario— añade un nuevo capítulo a la prolongada inestabilidad institucional que atraviesa el país.













