Tal vez censuren este artículo sin haberlo leído. Solamente por el título, y por hacer una apología del voto consciente y con criterio y un panegírico, una defensa firme del Pacto Histórico (PH). O por demandar compromiso y coherencia si lo que quieren es una república por la paz y para el pueblo.
Por Iñaki Chaves
El domingo 31 de mayo de 2026, la ciudadanía tiene en las urnas el poder de continuar con el cambio y respaldar el asentamiento de una democracia más cercana, todavía tierna pero que quiere tener la oportunidad de madurar. Cada cual que piense y vote lo que quiera, pero esa posibilidad de consolidarla solamente la ofrece uno de los candidatos a la presidencia.
La llave para lograrlo está en la participación, más necesaria que nunca, y en mantenerse firmes en la lucha. Nadie va a regalar nada y nadie debe dar nada por conseguido. Para alcanzar la meta del triunfo de la dupla del PH no hay que dar nada por hecho y hay que llegar hasta ese domingo sin cejar en el empeño. Después, también.
Conseguir un nuevo período de gobierno progresista “está en nuestros votos”, en el compromiso ciudadano por la paz, la justicia social y la vida digna. La extrema derecha y la derecha extrema, dicen, “por Júpiter”, con el respaldo explícito de los medios generalistas tradicionales y el implícito de algunos otros que se las dan de ´alternativos`, que “está en sus manos”. Pero está en manos del pueblo, que es el que tiene la voz y la última palabra y que no debe caer en la trampa del miedo ni en el juego sucio que proponen.
Han tenido el poder durante doscientos años y ahora tiemblan cuando a un presidente que ha cambiado la forma de hacer política, con errores, porque es humano y ha tenido que lidiar con partidos e instituciones que no se lo han puesto fácil, y le ha apostado al pueblo, civil o militar, en lugar de a la “gente de bien”; le puede suceder otro en la misma línea, un candidato de concepciones éticas en la política y en su filosofía de vida que cuenta con el respaldo mayoritario de la gente, aunque no lo tenga del capital (tal como han dejado claro las últimas decisiones del Banco de la República, que se supone que es el banco de toda la colombianidad).
Las previsiones son, hoy por hoy, muy favorables para la candidatura del Pacto Histórico, pero nada está decidido y no se pueden dormir en los laureles. La derecha manipula las redes y los medios para generar temor e incertidumbre y torcer las encuestas a su favor. Recuerden el plebiscito por el sí a los acuerdos de paz. El entonces presidente las tenía todas consigo y los resultados fueron los que sabemos. Triunfó la desidia ciudadana, revestida de exceso de confianza, y la elevada abstención hizo que en las urnas el NO fuera más numeroso que el SÍ. No ganó la guerra, pero perdió la paz; ganaron las estrategias de la ultra derecha para cambiar las percepciones y, con la baja participación, perdieron Colombia y las y los colombianos.
Por eso no se dejen engañar, porque si ellos tienen mucho poder en sus manos, la ciudadanía lo tiene en sus votos y en su cultura ciudadana. En la conciencia de que la derecha, los políticos conservadores, nunca han mirado a la gente del común sino a sus bolsillos. Que lo único que les importa es el poder y las cifras de sus negocios, sus réditos, sean legales o no, y que les revierta el dinero, multiplicado por n, a sus cuentas.
Tampoco les crean cuando dicen que defienden la identidad nacional y la cultura. Ni la escrita con C mayúscula ni las ancestrales ni las propias de los territorios. Piensen en lo sucedido hace unos días con el alcalde de la elegida por la Unesco como “capital mundial del libro 2027”: censuró la presentación de uno. Un texto que no habrá leído ni leerá, lo hizo solamente por el título – como quien bota las camisas por el color –. Dizque porque hacía apología del terrorismo, y después que porque era propaganda electoral. Triste, muy triste.
Esos mismos que, en la política, en las empresas y en los medios, se rasgan las vestiduras cuando se habla de la historia de este país, de la otra, de la de las y los de abajo, no mueven una ceja cuando se trata, por ejemplo, de los llamados eufemísticamente “falsos positivos”, de los asesinatos de líderes y lideresas sociales, de las persecuciones por razón de etnia o género, de los feminicidios o de las demás violencias estructurales que, por desgracia, siguen asolando este país.
No coman cuento, no traguen entero. Lo dicho, mejor lo escrito, no se dejen embaucar por sus engaños. Ellos tienen sus armas, pero el pueblo tiene la palabra: la de la paz, la justicia social y la vida digna. Las que deben introducir con sus votos en las urnas el próximo 31 de mayo marcando la casilla que sí es, la del Pacto Histórico, para que sigan haciendo historia.













