Por: Marcelo Castillo Duvauchelle

Profesor, Magister en Educación, mención en Liderazgo Transformacional

Arica, abril 2026

Cada generación recibe un «mundo» ya construido por las generaciones anteriores (ideas, instituciones, objetos, aspiraciones, etc.). La dialéctica generacional permite que la historia no sea una repetición estancada, sino un flujo dinámico de innovación y herencia. A cada generación le toca decidir qué parte de esa herencia se conserva y qué parte ha de ser superada para dejar espacio a la propia vitalidad.

La dialéctica generacional es una teoría que supera con creces a lo meramente educacional, se reconoce como motor de la historia, como bien lo desarrolló en sus escritos el destacado filósofo español Ortega y Gasset (1883–1955), quien hizo un enorme aporte al estudio y comprensión de este tema.

«La generación es una variedad humana… los miembros de ella vienen al mundo dotados de ciertos caracteres típicos, que les prestan una fisonomía común, diferenciándolos de la generación anterior. La generación es una unidad dinámica que percibe el mundo bajo un ángulo determinado. El cambio de generación es el hecho más elemental de la historia; es, por decirlo así, el pulso de la historia misma.     Ortega, “El tema de nuestro tiempo” (1923)

Diálogo generacional en educación y la sociedad

Es evidente su pertinencia en el campo educativo y social, pues favorece la asimilación de herramientas de análisis para mejorar las prácticas pedagógicas y globalmente las relaciones interpersonales. El ámbito educativo viene a ser un espacio privilegiado de encuentro de las generaciones y ello implica grandes desafíos.  No se puede desconocer que por la dinámica de la crisis global, la carencia de referentes e los innumerables conflictos de la era actual, resulta cada vez más dificultoso el diálogo generacional.

La ubicación personal en este diálogo

El diálogo generacional hace alusión a un Paisaje de Formación[i], a los acontecimientos que vivió un ser humano desde su nacimiento y en relación a un entorno dado (no elegido). En este sentido, es una dialéctica que actúa como trasfondo de interpretación, de acción y como un conjunto de creencias y valoraciones con las que vive el ser humano. Actúa como un trasfondo de interpretación del mundo de acuerdo a una particular sensibilidad que se corresponde a una determinada época que moldeó nuestra vida. Cada uno de nosotros puede reconocerlo en sí mismo cuando se conecta con la música, con personalidades famosas, artistas, modas, etc. Son sensibilidades que reconozco como mías, de mi generación, que definen un particular modo de percibir el mundo y que experimentamos como la realidad misma, muchas veces sin prevenirnos que es una mirada configurada en una época que ya no existe, y que sin embargo se arrastra y manifiesta en la vida cotidiana presente.

Diálogo generacional y la institución escolar

Se hace cada vez más evidente el verdadero abismo entre la sensibilidad del mundo adulto y de las generaciones jóvenes. ¿Cómo resolver la inevitable diferencia de miradas que se da al interior del aula?, ¿Cómo dentro del abismo generacional, las/los educadores podríamos revisar el sentido y enfoque de nuestra noble labor, en dirección a establecer un diálogo, un acercamiento real con las nuevas generaciones?

Son preguntas de difícil respuesta, pero en un contexto de persistente conflictividad en el sistema educacional, en Chile y en muchos países, es indispensable plantearlas para ver si encontramos las respuestas que necesitamos. Me parece un primer paso importante para tomar conciencia de cuáles son las diferencias en las miradas, que dicho sea de paso, no es sólo entre docentes y estudiantes, también hay diferencias generacionales y de miradas entre docentes. Vale la pena hacer el esfuerzo de tener mayor conciencia en esto, pues puede operar como un facilitador y humanizador de la comunicación con otros, para hacer retroceder la confrontación o la imposición de una mirada sobre otra, y por otro lado, favorecer la empatía y la mutua comprensión, condiciones elementales para disminuir la tensión en las relaciones, para que se generen mejores condiciones objetivas y subjetivas en la convivencia y el quehacer educativo.

Derribar los muros del desencuentro generacional en la escuela, en la familia, en los ámbitos laborales, sociales, etc., es también un ejercicio de rejuvenecimiento permanentemente, permite convertir cualquier lugar en un espacio de genuino encuentro entre generaciones. Sin duda, los efectos serán un retroceso de prejuicios y conflictividad detonada por las brechas generacionales. En Educación, creo que con un efectivo diálogo generacional, la cultura no violenta, los aprendizajes y los rendimientos fluirán con naturalidad y la comunidad educativa podrá ser un territorio mucho más humano y enriquecedor. Condiciones para más encuentro generacional que aleje discriminaciones y prejuicios, un camino imprescindible.

Finalmente, decir que recientemente tuve el privilegio de desarrollar esta temática con un grupo de educadores del Liceo Jovina Naranjo F. en Arica. Aquí dejo el link de una nota publicada en relación a esta actividad.

Taller sobre Diálogo Generacional, ver aquí:

https://www.instagram.com/p/DXsNyCplD0B/?igsh=MTM5cHk5ZXZ0Mjg5MQ==

 

Fuente bibliográfica:

Rodríguez Cobos Mario (Silo), Humanizar la Tierra, Capítulo: El Paisaje Humano

[i] P. de F. > La ubicación personal en cualquier momento de la vida se efectúa por representación de hechos pasados y de hechos más o menos posibles en el futuro, de suerte que cotejados con los fenómenos actuales, permiten estructurar lo que se da en llamar la «situación presente». Este inevitable proceso de representación ante los hechos hace que éstos, en ningún caso, puedan tener en sí la estructura que se les atribuye. Cuando se habla de p. de f. se hace alusión a los acontecimientos que vivió un ser humano desde su nacimiento y en relación a un medio. La influencia del p. de f. no está dada simplemente por una perspectiva temporal intelectual formada biográficamente y desde donde se observa lo actual, sino que se trata de un ajuste continuo de situación en base a la propia experiencia. En este sentido, el p. de f. actúa como un «trasfondo» de interpretación y de acción, como una sensibilidad y como un conjunto de creencias y valoraciones con los que vive un individuo o una generación.       Diccionario del Nuevo Humanismo, Paisaje de Formación, 1996