El 16 de abril se celebraron los 65 años desde que se declaró a la revolución Cubana como socialista, en 1961. Habló el presidente Miguel Díaz Canel, quien afirmó que el socialismo no es una frase del pasado, sino el «escudo del presente» ante la política de asfixia económica de Estados Unidos. Y ratificó que los revolucionarios cubanos darán la pelea por defender la soberanía y la independencia. «Cuba no se rinde. Aquí no se rinde nadie; aquí, como dice la canción,”fuego vamos a dar”, afirmó.
También habló, muy bien por cierto, la compañera Leanet Proenza del Hoyo, en representación de la juventud. Resaltó cómo la comunidad universitaria se ha reinventado frente a las agresiones. Mencionó el uso de plataformas digitales soberanas para asegurar la continuidad académica, así como la participación en proyectos sociales como «Educando con Amor». Las miles de personas reunidas, coreaban la cosigna “Aquí no se rinde nadie”.
En Chile muchos conocíamos las luchas cubanas desde 1959, y un grupo de unos 20 profesionales de izquierda, miembros del Instituto Popular que dirigía Héctor Behm, viajamos en 1962 a Cuba para estudiar la revolución en todos sus aspectos.
Iban compañeros de diferentes profesiones y cada uno abordaba su especialidad.
Los cubanos nos dieron muchas facilidades. Por ejemplo, nos reuníamos con el ministro de Salud, y los médicos y otros preguntábamos lo que se nos ocurría, y después visitábamos un hospital.
Nos recibía el ministro de Educación, en las preguntas destacaban los profesores sin omitir a nadie, y luego íbamos a ver una escuela. Todo fue así, ver arriba y después abajo.
En todas las reuniones, Rebeca Yáñez tomaba y tomaba fotos con esas máquinas enormes que se usaban entonces. Nunca he podido encontrar esas fotos aunque las he buscado por cielo y tierra ¿van a creer?
Las preguntas que hacíamos eran bastante impertinentes, pero los entrevistados eran pacientes y didácticos.
En definitiva, comprobamos que las cosas funcionaban bastante bien.
Nos recibió el Che Guevara y fuera de contestar múltiples preguntas, nos contó que un día Fidel le había dicho que lo nombraría presidente del Banco Nacional de Cuba. Él le contestó que era médico y de cosas de bancos no entendía nada, a lo cual Fidel le replicó “Tienes 48 horas para especializarte”. Demostraban sentido del humor estos revolucionarios.
El último que nos recibió fue Fidel, una noche en que estábamos muy cansados y él había estado en reuniones todo el día, pero se veía fresco como una lechuga y nos contestó, amablemente, lo que le preguntamos, que era de todo, todo, todo. Hasta de deportes entendía. Imagínense.
A la vuelta sacamos un folleto,“El librito rojo”, en que cada uno puso lo que se acordaba, pues en esa época no había grabaciones. Entre Héctor Behm y yo armamos la versión final con mucha dificultad para resumir y organizar las diferentes versiones. No nos quedó muy bueno El Librito Rojo, sino bastante enredado y con voces a veces diferentes, pero no hubo ninguna censura.
El Prólogo lo hizo el compañero Salvador Allende, que ya había desarrollado dos campañas presidenciales perdidas: la del 52 y la del 58.
Copio algo del prólogo en que dijo:
“La Revolución Cubana –cualquiera que sea la actitud doctrinaria con que se observe- representa un hecho apasionante para todas las gentes de nuestro tiempo y, de modo definitivo, para los latinoamericanos y, dentro de estos, sobre todo para quienes luchamos para la implantación en nuestros países, de regímenes que nos lleven a superar el subdesarrollo”.













