Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, con premios extraordinarios de licenciatura y doctorado y premio internacional Mason H. Hale (Canadá, 1994). En la actualidad es profesor de investigación del CSIC, donde dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. En 2021 ha sido galardonado con el Premio Rey Jaime I de Protección de Medio Ambiente, Premio de la Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad y premio Luis Balaguer en la categoría Ecosistemas de la Asociación Española de Ecología Terrestre. Además es un gran divulgador en el conocimiento científico sobre los grandes desafíos medioambientales de nuestro tiempo y un referente en los principales medios de comunicación. Por si fuera poco, es activista participando en acciones no violentas para protestar ante la crisis climática.

Es una persona abierta, sencilla, siempre con ganas de mostrar las soluciones para poder salvar los ecosistemas y la biodiversidad de nuestro planeta. En Tres Cantos es muy querido por sus vecinos y se implica en diversos foros vecinales y Asociaciones ambientales.

Fernando no es un científico común. Es un luchador activo, con muchos frentes abiertos, para divulgar claramente lo que nos está  ocurriendo con el deterioro de nuestro planeta. Palabras claras, mensajes certeros, llamadas a la acción y al compromiso, a la unidad de la sociedad civil para conseguir entre todos, enderezar el camino erróneo que hemos emprendido en muchos de los frentes fundamentales para la existencia de la humanidad.

Su coraje, su amistad, su lucha incansable, su sensibilidad, su amor por la naturaleza, le hace convertirse en un superhéroe mediático, un capitán planeta cuya arma son sus palabras y sus rayos fulminadores son la verdad de una ciencia que nos advierte del abismo al que nos enfrentamos.

Entremos sin más dilación en ese corazón abierto que Fernando nos regala con total humildad y claridad.

Imagen: Fernando Javier Valladares Ros

 ENTREVISTA A FERNANDO  JAVIER VALLADARES ROS

1.-Estimado Fernando, hace tiempo que  nos conocemos, somos vecinos y has participado en mi libro “Los grandes simios y sus derechos básicos” y has prologado varios de mis libros. También pertenecemos al Comité Internacional del Corredor Biológico Mundial. Me consta además que eres un científico atípico, es decir, fuera de lo común, al convertirte además en un activista de acción. ¿Cómo se puede compaginar todo el trabajo que tienes y el estar abriendo los ojos de forma continuada a la sociedad y a los políticos sobre la crisis climática?

Para mí, una de las cuestiones básicas para trabajar con ahínco, es tener motivación. Encontrar porque hago una determinada cosa y cuando eso pasa el filtro y veo que realmente tiene interés, me voy cargando de motivación. Realmente, ser activista, ser científico, escribir libros, hacer videos, estar en un montón de foros y conferencias, lleva mucho esfuerzo psíquico y físico, además de problemas de agenda y complicaciones obvias de conciliar la familia con el trabajo y con tu propia salud.

Pero cuando tienes esa motivación, se encuentra la forma. Para mí lo que tengo que revisar periódicamente, es si estoy haciendo lo que me toca hacer. Porque a veces me voy dejando llevar o la realidad me va superando. Por ello intento tener ese foco en lo que toca hacer y creo que ahora con la crisis climática, la crisis ambiental en general, se está poniendo sobre la mesa el fallo de todo un modelo de civilización que no nos hace sanos y felices.

Como científico, como humanista, como persona crítica, veo cosas que se pueden cambiar. Me pregunto por qué no decidimos cambiarlas, por qué no hacemos caso de las recomendaciones de la ciencia. Es por eso que intento en muchos formatos y en muchas ocasiones de explicarlo, contarlo, pero también escuchar lo que me enriquece.

Hacer el debate de estos temas tan complicados que tienen que ver con la economía, medio ambiente y con la salud,  tiene que llegar a muchas voces. Hay que escuchar para poder también enseñar, hablar o explicar.

Esto es un proceso muy enriquecedor. Es agotador, pero para mí es una especie de batería de energía inacabable.

Cuando me quedo sin fuerzas o me entran dudas, replanteo y sigo adelante.

Conocer por el camino a gente fantástica que se hacen preguntas parecidas a las mías desde otro ámbito, es una fuente de motivación para seguir conociendo a otras personas muy distintas, con otras formaciones que sin embargo convergen en la misma preocupación y en el acercamiento a esa mejor humanidad que es lo que muchos buscamos.

2.- Hace cuarenta años, cuando realizamos acciones advirtiendo sobre lo que se nos venía encima para no cambiar nuestros sistema de vida, mucha gente nos criticaba diciendo que queríamos volver a las cavernas. De los científicos no existía ningún apoyo y por supuesto de los políticos tampoco. Fui en mi tiempo libre ajeno al trabajo, miembro de Greenpeace participando en acciones. ¿Crees que ha cambiado la situación de cómo era antes a lo de hora? No en el conocimiento de la crisis climática, sino en la actitud de los políticos y de los científicos.

Creo que es evidente que con el tiempo y las crisis ambientales, sociales, geopolíticas, económicas, climáticas, van cambiando. Muchas de ellas están cogiendo mucha velocidad y eso hace que lo que podía tener sentido hace 10 años, 15, 20 o incluso 5 años, ya no tenga tanto sentido. Me refiero a la narrativa, al estilo en que se plantean las cosas y también al contenido.  El conocimiento va cambiando. Vamos sabiendo de año en año un montón de cosas que no se sabían. Tanto si entramos en materia climática con los modelos que emplean la inteligencia artificial o algoritmos complejos de cálculo que se pueden hacer preguntas que antes era imposible de abordar o contestar. Incluso la sociedad va cambiando. El papel de los jóvenes se va reinventando de una forma muy dinámica, desafiando lo que hacíamos.

Creo que ya no vale hacer discursos, hacer conferencias. Solamente eso no es suficiente para estar a la altura del desafío en el que nos encontramos.

Los políticos van siempre con retraso. Son como reactivos. De alguna manera detectan lo que la sociedad le preocupa, porque a ellos lo único que les importa es ser elegidos. Así van escudriñando lo que creen que a la gente le va a interesar y eso es lo que presentan en sus programas electorales.

Todavía no he visto de primera mano o en primera persona, a ningún político que se adelante a la sociedad. Ojalá que así fuera. Los necesitamos, pero de esos no hay.

La actitud va cambiando en materia climática y ambiental en el sentido en que los políticos están dando más prioridad que hace unos años. Pero no termina de cambiar lo suficiente para que se hagan cosas diferentes.

Los científicos muchos también estamos cambiando porque nos damos cuenta de que dar conferencias, escribir artículos o responder a entrevistas, no es suficiente. Estamos proponiendo acciones, mezclarnos en comités de decisiones con expertos muy diferentes, con políticos, con gestores. Y estos son cambios que están teniendo lugar y tienen que tomar lugar cada vez con más velocidad.

3.- Sois muy pocos los científicos que estáis dando la cara a nivel mediático, además de los que ya sabemos que están detrás de los informes del IPCC que nos advierten de las consecuencias del cambio climático. ¿A qué se debe?

El que pocos científicos den la cara a nivel mediático se debe a varias razones. En primer lugar, que la ciencia es prudente, es rehacía a hacer simplificaciones de temas complejos. Y lo que si vamos ahora incorporando qué es la divulgación y comunicación científica, todavía no se ha dado mayoritariamente  en el ámbito académico y sobre todo en el científico con respecto a dar la cara como dices tú a nivel mediático en temas complejo como el cambio climático, la crisis económica o crisis ambientales en general.

Es un tema difícil para algunos científicos. Aún se corre mucho riesgo de desacreditarte y se suman muchos factores también.

Es verdad, que el propio desarrollo de la ciencia requiere mucho esfuerzo, tiempo, concentración y no todos los científicos pueden desentender su labor o deben hacerlo. Así que creo que un porcentaje de científicos siempre tienen que estar al mando de sus laboratorios y de sus líneas de investigación. Pero es cierto que esto es empleado por algunos como una excusa para no saltar a los medios

4.- ¿Crees que tenemos posibilidad de avanzar hacia una sociedad comprometida con la naturaleza?

Vamos a ir observando cómo la sociedad  se compromete más con la naturaleza. No queda otro remedio. La única duda que me queda es si lo haremos a la velocidad suficiente como para no perder demasiada biodiversidad  y superficie de ecosistemas bien conservados. Pero es inevitable  y es una evidencia que van viniendo de todos los campos como de la economía y desde luego de la salud y de tantos aspectos no ya sólo desde el punto de vista de la ecología o del medio ambiente.

La manera de curar a muchas personas, de atenuar sus dolores, sus preocupaciones, es precisamente acercarse y comprometerte en la conservación de la naturaleza.

Creo que esto ya lo estamos viendo y lo iremos  viendo cada vez más. Es inevitable, ineludible y la verdad, estupendo.

  5.- Según una encuesta publicada por el País realizada a los jóvenes, el 40% afirman que la crisis ecológica se está exagerando. Creo que el estar esclavos del móvil y la falta de enseñanza en las escuelas e institutos, son parte fundamental de esta ignorancia. ¿No debería existir en las escuelas, institutos y universidades, una asignatura obligatoria que les pudiera acercar más a la naturaleza y comprender que proteger la biodiversidad y ecosistemas de la Tierra, es fundamental para la supervivencia de la humanidad?

Esta encuesta publicada en el País, en ese mismo artículo, revela que daba resultados bastantes contradictorios con los jóvenes. Es muy difícil generalizar. Unos jóvenes hacen una cosa, otros la contraria. Hemos metido en el cajón de jóvenes a grupos de personas muy diferentes y por ello las fuertes contradicciones de esas encuestas.

Hay un porcentaje de la juventud que efectivamente está o bien esclavo del móvil o bien están de alguna manera evadiendo una realidad incómoda, difícil que no es la experimentaron sus padres. Esta es difícil por otras razones, entre otras por el cambio climático. Hay un porcentaje de jóvenes que evaden esa realidad, se abstraen en realidades virtuales, en los móviles, en las redes sociales, etc. Y eso contribuye no sé si a la ignorancia, pero desde luego a una actitud poco reflexiva.

Es muy difícil tener atención, concentración, foco si estás constantemente distraído por una aplicación electrónica, una Tablet o un teléfono.

Por supuesto que creo que en las escuelas, institutos y universidades debería existir una asignatura obligatoria, ya sea estés estudiando abogacía, economía o cualquier otra carrera que quieras estudiar, tiene que haber una asignatura transversal de naturaleza que incluya entre otras,  las amenazas como el cambio climático.

Precisamente el sistema educativo es algo que se hace muy mal, que se cambia cada poco tiempo por razones políticas, nada de razones humanas, científicas. Va predominando una visión muy pragmática de poner asignaturas que “sirven para algo”, asignaturas más bien técnicas y por ello se quita por ejemplo la filosofía que es fundamental, porque la supervivencia de la humanidad  no va a pasar tanto por las tecnologías sino por el uso de esas tecnologías o por la forma en que tengamos de organizarnos. Dos cuestiones que aborda la filosofía y las humanidades, temas que no están en el currículum educativo en general muy bien vistos y se van sin embargo quitando.

Así que no sólo hay que enseñar naturaleza, sino que hay que enseñar porqué hay que proteger la biodiversidad y los ecosistemas. No es tanto el qué sino el porqué o el para qué y darnos cuenta que somos naturaleza y no podemos vivir sin ella. Sobre todo replantear una y otra vez qué modelo de sociedad queremos, si es de consumismo y si tiene alguna justificación, etc.

6.- Yo fui representante de las Naciones Unidas como Observador de la Sociedad Civil en la COP25 de Madrid. Para mí fue decepcionante. En la sala azul, los países tenían su están donde se celebraban aperitivos, bailes, se repartían folletos turísticos, daban bolígrafos…y sin embargo, no existía ningún compromiso real. En las sesiones, muchas de ellas asistían poco personal y estaban cerradas a los observadores, sin dar cabida a los pueblos indígenas que tuvieron que hacer sus reclamaciones en la calle. ¿Sirve para algo las COP o son solamente un negocio más donde se realizan acuerdos que después no se cumplen?

Efectivamente. Es muy decepcionante participar en las cumbres del clima, porque los avances son muy pequeños. Las zancadillas y los obstáculos son constantes. Es un gran teatro del mundo donde hay una urgencia tremenda para abordar la crisis climática y sin embargo se pierden horas y días en una coma, en una frase, en una matización y es desesperante.

Sin embargo, sí creo que son imprescindibles las COPs. No son ni mucho menos suficientes, no son las que vayan a resolver la crisis climática, pero es algo que debe ocurrir, pero no en la forma en la que está teniendo lugar en los últimos años. Hay mucho margen de mejora, mejor representación de la sociedad civil, de las mujeres. Hay muchas cosas de las que se tienen que mejorar de las COPs, pero tienen que tener lugar porque es un marco internacional donde se pone de manifiesto la dificultad diplomática, política, social, de armonizar países con distintos ritmos, preocupaciones y distintas capacidades.

Ese ejercicio hay que hacerlo todos los años. Aunque parezca que no sirva para nada, cumple una función esencial, que es la de entendernos un poco mejor entre nosotros, entre los distintos países y también entender mejor porqué no avanzamos y las complejidades reales en un mudo con países diversos. Por lo tanto, deben tener lugar,  pero no es el sitio donde se vaya a arreglar el cambio climático paradójicamente a pesar de lo que sugiera el nombre.

7.- ¿Cómo ves la situación mundial con respecto a esta crisis climática? ¿Hay esperanza cuando los políticos no ayudan ni toman decisiones efectivas?

La situación mundial con respecto a la crisis climática es preocupante. Contrasta las pocas acciones reales con la creciente gravedad. Cada día que pasa, la gravedad se multiplica y eso es angustioso, genera ansiedad.

Pero bueno, creo que hay que trabajar en el optimismo y en la esperanza, en formas alternativas. No poner tanto peso en los políticos aunque sería ideal que  ellos pudieran abordar esta problemática porque su escala de acción y de sus decisiones está muy proporcionada a la del problema. Pero nos tocará a la ciudadanía de a pié estar ahí  haciendo lo que no hacen los propios políticos. Hay que trabajar en esa esperanza activa y trabajar en formas de optimismo fundamentado, con razón, no uno frívolo.

Sí que hay esperanza, pero hay que trabajarla y la realidad te da muchas veces jarros de agua fría tremendos.

Imagen de: RodriMinguerz. Fernando Valladares en una acción en las puertas del Congreso.

8.- Recientemente la Presidenta de la Comisión Europea ha declarado que Europa se tiene que preparar para la guerra y va a dar incentivos a las empresas de armamento para ayudarlas a armar Europa. Ha dejado de lado el combatir la crisis climática para prepararnos para luchar. Y ningún político ha protestado por ello. ¿Qué nos está pasando?

Lo que ha pasado al declarar que Europa se tiene que preparar para la guerra y dar incentivos a las empresas de armamento, es la típica reacción de una sociedad confundida y asustada. Estamos confundidos por que le estamos dando importancia a la economía, creo que demasiada y asustados porque estamos viendo que la economía está sufriendo y no tenemos los mecanismos de su control.

Esto es un caso absoluto de ceguera, en parte por ignorancia y por intereses propios y en parte por miedo. Ni queremos ni sabemos ver lo que está pasando

9.- La Agenda 2030 no se está cumpliendo en casi ningún punto. El hambre aumenta, las guerras aumentan y encima damos armas a un país para que sigan luchando y matando, los pueblos indígenas están siendo exterminados y violando sus derechos humanos. ¿Ha muerto la Agenda 2030?

La agenda 2030, yo nunca la daré por muerta porque me parece que es un plan de acción para la humanidad muy necesario y muy esperanzador e ilusionante. Pero es verdad que no se está avanzando. En ninguno de los 17 objetivos se han hecho avances significativos y ya hemos pasado más de su ecuador.

Lo que puede estar muriendo de la agenda 2030 son sus objetivos y su cumplimiento. Pero su espíritu no está  muerto y no debería darse por muerto, porque está apoyado en derechos humanos y estos son los que más esperanza y motivación nos pueda dar.

Quizá eso sí, haya que reinventar la agenda 2030, haya que contarla de otra manera, conectarla con nuestro día a día, con lo que  preocupa a las clases dirigentes y al sector privado e incluso a la propia ciudadanía.

Pero insisto, no ha muerto aunque a juzgar por los resultados, si lo pareciera.

10.- Con la tractorada que se ha realizado en Bruselas y en muchos otros países incluido España, las restricciones  de insecticidas para los cultivos, se han echado atrás a pesar de que es un beneficio para todos. También no han aprobado el que las empresas no violen derechos humanos y respeten el medio ambiente en terceros países. Esto desanima nuestra lucha. ¿Cómo lo ves?

Realmente las tractoradas que han tenido lugar en toda Europa y en España son, para mi punto vista, una gran confusión y por tanto son muy decepcionantes también para los que estamos intentando atajar los problemas más urgentes primero como son  la crisis climática, ambiental, social etc., que para mí y para muchos, son los principales problemas y amenazas. Sin embargo, cuando vemos las reclamaciones del sector primario, muestran que tienen una gran confusión. Confunden objetivos concretos con los generales, confunden los intereses de otro con sus propios intereses. Están atrapados realmente en una serie de contradicciones la mayoría de ellos.

Por ejemplo, se alegran de que se pueda ahora seguir envenenando con los pesticidas, cuando los primeros que lo sufren son los propios agricultores. Eso revela que hay una tremenda confusión y con ello algunas personas hacen mucho dinero y algunas instituciones les van muy bien. Pero en general todos nos empobrecemos y avanzamos un poco más hacia un modelo de civilización bastante tremendo.

Creo que ahí sí que hay que ser lo más empático posible con estas personas del sector primario. Empáticos para comprender sus dificultades y porqué dicen lo que dicen, unas cosas muy lógicas y otras completamente disparatadas, mezclando las estelas químicas con Pedro Sánchez el Presidente del Gobierno o con la burocracia y los pesticidas.

Todo esto es una especie de gran complicación confusa que lo que revela es que no están bien, que social y económicamente tienen dificultades. No son conscientes de los problemas sanitarios y ambientales que están ellos generando y sufriendo y debemos tener empatía para entenderlos y ayudarles de alguna manera a salir de su situación. Es un sector muy importante. Es el sector que nos da de comer. Se nos ha olvidado porque todo está en clave económica, pero en realidad  estamos hablando de comida. Pero de eso no se habla, lo ponen a veces como reclamo “sin nosotros no podéis comer”, pero el sistema alimentario hace tiempo que perdió como prioridad alimentar a la gente

11.- Has tenido varios premios merecidos y entre ellos el de BBVA, en su XIX edición a la Conservación de la biodiversidad  por tu labor divulgativa. También acabas de escribir el libro titulado “La recivilización”. Dame una pincelada de su contenido.

El libro titulado  “La recivilización”es el resultado de varios años de dar vueltas. De hecho con la editorial, el contrato inicial era por un año y 200 páginas. Tarde tres y le presenté 600. Al final la dejamos en 400.

Es un libro que me ha transformado. Su escritura me ha llevado no solo aprender un poco a escribir en otro tono y para una audiencia muy amplia, sino que además me ha hecho conocer a mucha gente, mucha literatura, muchos trabajos y resultados. Pensar en cosas de forma  diametralmente opuestas me ha enriquecido muchísimo el proceso de su escritura.

El libro trata precisamente de entrelazar cosas que normalmente están abordadas por separado. La justicia se aborda por un lado, el medio ambiente por otro, como la sanidad, la educación, la economía, la geopolítica, las leyes, todo se aborda de forma separada. En el libro intento establecer las conexiones importantes. Y ¿por qué ese énfasis en las interconexiones? El gran lío civilizatorio que tenemos actualmente, en que millones de personas sufren y que incluso hay millones de muertes que podrían ser evitables, existen un montón de cosas que van mal y que las podríamos hacer bien. Sabemos cómo hacerlas mejor y no lo hacemos.

El libro tiene aparte de un diagnóstico al principio, después tiene una parte de desafíos que son ocho grandes desafíos de esos temas que he mencionado y que todo se deriva de no hablar claro. Así que en el libro intento hablar muy claro.

Después de los desafíos hago un análisis de las zancadillas que nos impiden avanzar, que son auténticos tiros en el pié. Como por ejemplo que un  niño tenga que pasar en España pero también en muchos países a lo largo de su formación por tres o cuatro grandes planes de estudio o las leyes y el fraude de ley, o la economía complicando la disponibilidad de agua para beber en muchos lugares, etc.

El libro al final entra en como cambiar algunas cosas, que podemos ganar haciendo ese esfuerzo para cambiar y por tanto, indagando en las motivaciones que podríamos tener todos y todas para de alguna manera salir de este gran lío. No va a ser fácil, pero la ciencia aporta ideas por donde está la salida. Pero de momento no parece que nadie en general este muy dispuesto hacer el esfuerzo y en el libro desarrollo un poco, en todo lo que podríamos ganar y que motivaciones tener para precisamente hacer ese esfuerzo

12.- Sabes de mi lucha a favor de los grandes simios por sus derechos básicos. Ellos, como homínidos no humanos, están siendo explotados. Pertenecen a nuestra propia familia y sin embargo los usamos por el negocio de su exhibición y en algunos países en experimentación invasiva. ¿Qué opinas de nuestra lucha para que sean considerados personas no humanas como ya hay dos sentencias en Argentina firmes  a la chimpancé Cecilia y la orangutana Sandra?. ¿Consideras que la labor del Proyecto Gran Simio es importante?

Me parece que el Proyecto que llevas a cabo con los grandes simios y demás, es muy interesante por muchas razones. Es al igual que muchos otros proyectos de conservación o de protección, muy necesario en los tiempos en que corren, pero este tiene esa dimensión cómplice, de estar abordando organismos muy parecidos a nosotros. Recordemos que el material genético de un chimpancé es casi igual que el del ser humano en un 99 % de sus genes son los mismos que los nuestros.

Este hecho de compartir genética, evolución y comportamientos y muchos rasgos, nos hace muy sensibles a entender lo que le hacemos a ellos pero también lo que nos hacemos a nosotros. En realidad no somos un primate feliz. El ser humano es un primate afligido y parte de la fricción la podríamos aliviar tratando bien a otros primates, a los que hemos llevado a la extinción, a los que estamos empujando contra la extinción o los que estamos simplemente maltratando.

Me parece que esa lucha tiene mucho de simbólico aparte de mucho de real. Salvar la vida o mejorar las condiciones de la chimpancé Cecilia o a la orangutana Sandra, son claves, pero tiene también ese trasfondo muy simbólico que me parece importantísimo en el Proyecto.

13.- El gobierno, tiene que legislar una Ley de Grandes Simios que sería además la primera en el mundo, como fuimos también los primeros en llevar a los homínidos no humanos al Congreso presentando nuestro trabajo en 2006. En la recién aprobada Ley de bienestar animal, en la disposición adicional cuarta, dice que en el plazo de tres meses a contar con la entrada en vigor, el gobierno deberá presentar un proyecto de ley de grandes simios. ¿Estás de acuerdo? ¿Qué te parece?

La ley de bienestar animal tiene muchísimos agujeros, grandes lagunas y es muy preocupante desde el punto de vista científico. Es una ley que ha sido impulsada desde el corazón, de intentar detener el maltrato animal y a partir de ahí empezó hacer aguas en varios frentes. En primer lugar los tres grandes grupos de animales  maltratados, siguen siéndolo. Y la ley no entra en ellos. Por ejemplo los toros, la producción en macro granjas o los perros de caza. Son tres grandes grupos de animales extraordinariamente maltratados, no sólo en nuestro país, sino en general en nuestro entorno y la ley ahí ni entra.

La ley hace muchas trampas con lo que es una especie animal y parece que la ley está diseñada para los animales de pelo y pluma y sobre todo de pelo y más concretamente gatos y perros. Existen otro montón de animales que no están bien contemplados. Es además una visión muy antropocéntrica que se habla mal con la ciencia.

Algunos le quieren ver que es mejor una ley imperfecta que no haya ley. Yo a veces tengo dudas, no estoy muy seguro al respecto. A veces pienso que deshacer una ley puede costar mucho y rehacerla, nos puede llevar mucho más tiempo. Es por eso que la ley tiene unos fallos muy graves que quizá haber esperado un año o dos más y haberla hecho con más participación de técnicos y de científicos, hubiera dado a una ley mejor.

Hay aspectos positivos indudablemente, la ley corrige algunos aspectos de maltrato animal y eso es lo positivo. Muy agridulce mi valoración de esta ley.

14.- Por último Fernando, quisiera que mandaras un mensaje a los jóvenes, a la sociedad en general, de lo que te dicte tu corazón, como gran comunicador y científico que eres.

Los jóvenes están heredando media tierra en mal estado. La ciencia puede poner sobre la mesa que aproximadamente el 45 % de la superficie terrestre está degradada o muy degradada y estamos llevando a la extinción a casi un millón de especies.

Realmente el mundo que ya estamos dejando a los jóvenes es injustificable. Tampoco les dejamos a ellos que tomen decisiones  al respecto. Simplemente sentimos penas por ellos o de forma muy paternalista les hacemos entrevistas y les intentamos retratar y hablar un poco de ellos. Hasta que no llegue el momento en que los jóvenes e incluso los menores de edad, incluido los niños, estén representados en los órganos de decisión, tanto públicos como privados, no habremos dado el paso adelante como sociedad. No es un tema de justicia, sino también es un tema de diversidad cultural, emocional y generacional, nos la estamos perdiendo al no incluir a los jóvenes más activamente en la sociedad, en este caso a la toma de decisiones frente a un mundo que hace aguas.

Esto revela un gran egoísmo, una gran miopía por parte de los que somos más mayores entre 40 y más años. No les dejamos entrar en los Parlamentos. La situación es tan horrible que ni ellos quieren hacerlo. Cuando haces una encuesta, los jóvenes no son proclives a entrar en política porque se ve como algo de personas mayores que no reparten juego y que hacen las cosas mal.

Muchos jóvenes están haciendo cosas estupendas, pero las están haciendo por su cuenta. Con lo bueno y lo malo. Lo bueno que lo están haciendo y lo malo que tienen menos palanca y menos impacto de lo que tendrían si se pudieran agrupar e integrarse más en el corazón de la sociedad.

Por todo ello, creo que los jóvenes están siendo tratados de una forma muy injusta y es vergonzoso como los seguimos tratando.

Les diría a los jóvenes que se rebelen contra esa injusticia y que reivindiquen su cuota de derechos a decidir y no solo a ser encuestados y consultados de vez en cuando. Que no admitan mochilas que no les tocan. Ya llevan una pesada mochila en los hombros, una mochila de tener un futuro aciago, más negro del que teníamos nosotros a su edad. Que no acepten otras mochilas y entre esas  otras mochilas está la melancolía por cosas que son típicas de los mayores. Ellos no deben dejarse arrastrar por esa melancolía.

El mensaje a los jóvenes podría resumirse en rebeldía ante la situación, conocimiento y participación en las decisiones. Y nosotros los mayores debemos ayudarles más en aspectos emocionales, que solo por nuestra experiencia en la vida, los tenemos mejor resueltos. Debido a la experiencia de vivir en un mundo que muchas veces te lleva malas noticias o situaciones complicadas, hemos desarrollado  ciertas herramientas emocionales que los jóvenes por definición no tienen.

Ahí es donde tendríamos que tener generosidad para compartir con ellos estas enseñanzas y esta generosidad que debería continuar, a la hora de echarnos a un lado y que tomen ellos las riendas de un planeta que ya les va tocando a ellos  y que no se lo hemos dejado muy bien.