Un total de 134 países, entre ellos España, respaldaron este viernes una declaración en la 28ª Cumbre del Clima (COP28), que se celebra en Dubái (Emiratos Árabes Unidos), con la que se comprometen a adaptar y transformar sus sistemas agrícolas y alimentarios en el marco de sus planes climáticos nacionales.
La ‘Declaración sobre agricultura sostenible, sistemas alimentarios resilientes y acción climática’ compromete a los gobiernos firmantes a influir formalmente por primera vez la alimentación y la agricultura en sus compromisos climáticos nacionales, y a aumentar la financiación en este sentido.

La alimentación ha sido durante mucho tiempo un tema secundario en las Cumbres del Clima, a pesar de representar un tercio de las emisiones mundiales y ser altamente vulnerable a los impactos climáticos.

La Declaración envía una señal clara de que la alimentación está ahora firmemente en la agenda climática, pero, según algunas fuentes, la retórica tendrá que convertirse en realidad con acciones claras, objetivos, calendarios y financiación para los sistemas alimentarios en los nuevos planes climáticos nacionales antes de la COP30, que tendrá lugar en 2025.

DERECHO A LA ALIMENTACIÓN

El texto, recogido por Servimedia, indica que los jefes de Estado y de Gobierno firmantes reconocen que “impactos climáticos adversos sin precedentes amenazan cada vez más la resiliencia de la agricultura y los sistemas alimentarios, así como la capacidad de muchos, especialmente los más vulnerables, de producir y acceder a alimentos frente al hambre, la malnutrición y las tensiones económicas crecientes”.

Además, los líderes subrayan “la necesidad de hacer realidad progresivamente el derecho a una alimentación adecuada”, así como de garantizar “el acceso a alimentos inocuos, suficientes, asequibles y nutritivos para todos”.

También observan que la agricultura y los sistemas alimentarios son “fundamentales para las vidas y los medios de subsistencia de miles de millones de personas, incluidos pequeños agricultores, agricultores familiares, pescadores y otros productores y trabajadores de la alimentación”.

“Cualquier camino para lograr plenamente los objetivos a largo plazo del Acuerdo de París debe incluir la agricultura y los sistemas alimentarios. Afirmamos que la agricultura y los sistemas alimentarios deben adaptarse y transformarse urgentemente para responder a los imperativos del cambio climático”, indican.

Por ello, se comprometen a reducir la vulnerabilidad de los agricultores, pescadores y otros productores de alimentos a los impactos del cambio climático, incluso con apoyo financiero y técnico; aumentar los esfuerzos para apoyar a las personas vulnerables con sistemas de protección social; apoyar a los trabajadores cuyos medios de vida se ven amenazados por el cambio climático; fortalecer la gestión integrada del agua en la agricultura y los sistemas alimentarios en todos los niveles, y maximizar los beneficios climáticos y ambientales asociados con la agricultura y los sistemas alimentarios.

MACROGRANJAS

Tras el lanzamiento de esa Declaración, Sophie Nodzenski, estratega de la Campaña de Alimentación y Agricultura de Greenpeace Internacional, apuntó que abordar las emisiones de los sistemas alimentarios “no es opcional”.

“Acabar con el uso de combustibles fósiles es esencial para cumplir los objetivos climáticos mundiales, pero la transformación del sistema alimentario mundial es una pieza necesaria y complementaria del rompecabezas. Acogemos con satisfacción el impulso político de esta Declaración”.

No en vano, Greenpeace subrayó que esa Declaración es “solo un punto de partida” y que el trabajo difícil será en cada país, ya que algunos con importantes emisiones de sus sistemas alimentarios tendrán que reducirlas.

Además, Greenpeace abogó por establecer objetivos e hitos claros para la transición de la agricultura, como la reducción de las emisiones absolutas de gases de efecto invernadero como el metano y el óxido nitroso; un menor consumo de proteínas animales y el apoyo a un aumento de la producción y el consumo de alimentos vegetales, y una transición justa de las macrogranjas y los monocultivos a la agroecología.

Elizabeth Nsimadala, presidenta de la Federación de Agricultores de África Oriental, que representa a 25 millones de pequeños productores, indicó que esa Declaración supone “el pistoletazo de salida” a la transformación de los sistemas alimentarios.

“Los 439 millones de pequeños agricultores familiares del mundo son la clave para lograr los cambios necesarios. Para garantizar que podemos desempeñar nuestro papel, necesitamos una voz real en las decisiones sobre alimentación y clima y un acceso más directo a la financiación climática: producimos un tercio de los alimentos del mundo, pero recibimos solo un 0,3% de la financiación climática internacional”, advirtió Nsimadala.

“MENÚ PRINCIPAL”

Hilal Elver, ex relatora especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación y miembro del Comité Directivo del Panel de Alto Nivel de Expertos sobre Seguridad Alimentaria y Nutrición, comentó que los sistemas alimentarios causan un tercio de las emisiones mundiales de gases que calientan el planeta y son “uno de los principales impulsores de la pérdida de visa silvestre”.

“Ya es hora de que la COP los ponga en el menú principal. La alimentación y la agricultura deben estar en el centro de los nuevos planes climáticos y de la financiación si queremos cumplir el acuerdo de París y tener suficientes alimentos nutritivos para todos», añadió.

Esther Penunia, secretaria general de la Asociación de Agricultores Asiáticos para el Desarrollo Sostenible, una alianza regional de organizaciones nacionales de agricultores que representan a 13 millones de agricultores familiares, recalcó que la Declaración supone “un hito importante en el camino hacia un sistema alimentario más resistente y sostenible”.

“El verdadero trabajo comienza ahora. Los Gobiernos tienen que trabajar con las redes de agricultores familiares para garantizar que las promesas hechas en Dubái se traducen en políticas concretas y financiación para apoyar a los pequeños productores -que producen un tercio de los alimentos del mundo- y promover un cambio hacia una agricultura más diversificada y respetuosa con la naturaleza”, concluyó.

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