Por Hervi Lara*

“Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que hoy viven así porque no nos animamos a pelear”. (Mahatma Gandhi)

Quienes dieron el golpe de Estado en 1973 y quienes lo justificaron, han procurado que Salvador Allende, su pensamiento y su obra sean acallados porque su sólo recuerdo constituye un castigo a “la felonía, la cobardía y la traición”.  Todos saben que no hay argumentos válidos y que todas las racionalizaciones de la asonada golpista adolecen de validez política y moral. La vida de Allende es un monumento de acciones en búsqueda del bien de la humanidad.
Puede afirmarse de manera categórica que Allende es uno de los hombres de mayor estatura moral del siglo XX y uno de los políticos más destacados de la historia de América Latina. El imperialismo, el sistema capitalista, la  oligarquía y la burguesía lo odiaron hasta terminar con su vida porque Allende puso en riesgo los privilegios que gozan unos pocos gracias al trabajo y la riqueza que genera el pueblo chileno.

La perspectiva histórica y el estudio del pensamiento de Allende permiten visualizar que su intuición más profunda se encuentra en la integración de los derechos civiles y políticos con los derechos económicos, sociales y culturales. Allí radica el núcleo articulador de la Vía Chilena al Socialismo y que podría expresarse en la siguiente aseveración formulada por el mismo Allende:  “¿Cómo devolver al hombre, sobre todo joven, un sentido de misión que le infunda una nueva alegría de vivir, y que confiera dignidad a su existencia? No hay otro camino sino apasionarse en el esfuerzo generoso de realizar grandes tareas, más allá de su persona, como auto superación de la propia condición humana, hasta hoy envilecida por la división entre privilegiados y desposeídos”.

Salvador Allende no fue un agitador irresponsable, como se le ha pretendido presentar.  Al contrario, él no improvisó, sino que fue un hombre con una larga trayectoria.

El 4 de septiembre de 1970, la Unidad Popular llegó a La Moneda encabezada por Allende, dando inicio a la Vía Chilena al Socialismo, con un júbilo popular jamás visto en el país.

– Durante su gobierno, se nacionalizaron el cobre, el salitre y el hierro. Se redistribuyó la renta mediante una nueva política de salarios. Se establecieron relaciones diplomáticas con todos los países del mundo. Se extendió la Reforma Agraria, expropiándose, entre otros, el latifundio más grande del mundo, ubicado en Magallanes. En 1971 se expropiaron 1.378 latifundios, con 2 millones 700 mil hectáreas y en 1972 se profundizó el proceso de Reforma Agraria al expropiarse más de 5 mil latifundios que pasaron a poder de los campesinos que los trabajaban. Se nacionalizó el servicio telefónico. El promedio anual de construcción de viviendas fue de 54.600. En 1973, 3.600.000 personas estaban estudiando o perfeccionando sus conocimientos (37% de la población). Se incentivaron cursos de alfabetización y perfeccionamiento de adultos.  En 1970, había 79.000 estudiantes universitarios y en 1973 habían aumentado a 158.347. La Editorial Quimantú, de propiedad del Estado, en un lapso de dos años y medio publicó 12 millones de ejemplares. Hubo una red de jardines infantiles gratuitos, desayuno y almuerzo escolar, entrega de libros y útiles escolares. Chile era un hervidero intelectual, artístico, además de constituirse en “asilo contra la opresión” de los exiliados de América Latina. La cesantía llegó a la tasa más baja de la historia de Chile, al disminuir del 8,3% al 3,8%. Se creó la propiedad social de la industria. La atención hospitalaria y de policlínicos, entre 1971 y 1972 se incrementó en 21,5% y más de 65% en los servicios de urgencia.  En tres años, la mortalidad infantil bajó de un 79 por mil a 63 por mil y la desnutrición infantil descendió en 17%. Especial relieve tuvo el programa de medio litro de leche diario para niños y madres, destinándose 50 mil toneladas de leche en polvo al año.

El presidente Salvador Allende siempre fue una personalidad admirada por los pueblos del mundo.  Durante su mandato, Fidel Castro visitó el país.  Allende viajó y fue aplaudido en Argentina, Perú, Ecuador, Colombia  y México. En Naciones Unidas pronunció un histórico discurso en el que denunció, ante la conciencia de la humanidad, el bloqueo económico a Chile por parte de la ITT y el imperialismo norteamericano.

En el plano internacional, Allende defendió la plena independencia de nuestro país frente a las grandes potencias mundiales, apoyó el derecho a la autodeterminación  de los pueblos,  condenó la agresión de EEUU a Vietnam, solidarizó con la Revolución Cubana, rechazó las imposiciones de los organismos financieros internacionales, y apoyó la unidad de América Latina y las soluciones pacíficas de los conflictos con los países vecinos.

En pocas palabras, el gobierno de la UP significó el traspaso del poder, desde los antiguos grupos dominantes, a las y los trabajadores, al campesinado y a los sectores progresistas de las capas medias.

Durante su gobierno se respetaron las garantías individuales como la libertad religiosa, de palabra, de prensa, de reunión y asociación. Se amplió el derecho a sufragio a los analfabetos y a partir de los 18 años.

Salvador Allende y la UP cumplieron muchos de sus compromisos en corto tiempo, lo que no le perdonaron las clases privilegiadas ni menos los EEUU.

La represión sufrida por la mayoría de los chilenos durante la dictadura contrasta con la enumeración de algunos aspectos del gobierno de Salvador Allende.  El contraste es significativo.  Los hechos son irrefutables.  Pero estamos convencidos de que “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

* Integrante del Comité Oscar Romero y del Observatorio para el Cierre de la Escuela de las Américas. Este artículo ha sido publicado en la Revista El Derecho de Vivir en Paz  www.derechoalapaz.com