Han aparecido grupos republicanos, lo que nunca se había visto. Es que este rey que hay ahora no tiene ninguna gracia y además es un pesado por donde lo miren. En primer lugar, estuvo casado con la princesa Diana, adorada por el mundo entero, pero la botó por otra dama. Esta Lady Di, como la llamaban, era preciosa y simpática, pero sola y abandonada, terminó por liarse con Dodi Al-Fayed, y los dos murieron en un accidente de tránsito, que nunca se ha sabido si fue fortuito o provocado.

Ahora el rey de Inglaterra tiene demasiados años, 73, para asumir recién la monarquía, cuando su madre llegó al trono a los 25.

Claro que estos reyes no pinchan ni cortan en política, pero tienen montones de prebendas, castillo, sirvientes, caballos, en fin, para qué decir, pero están obligados a cumplir tareas protocolares harto aburridas y desagradables.

La reina Isabel recién fallecida, tenía la gracia de que en lugar de corona usaba siempre sombreros de lo más lindos y originales, del mismo color que la ropa.

Pero la pobre sólo podía usarlos una sola vez, igual que toda su ropa: una vez y adiós. No se sabe si la regalaba o la vendía, pero los mejores sombreros los guardaba. Después de su muerte se encontró un cuarto del palacio, lleno de unas seis mil de estas prendas tan queridas por su majestad. Las guardaba allí para poderlas contemplar y ponérselas a escondidas ante un espejo.

En cambio, uno a veces se encariña con un suéter y se lo pone a cada rato. Sobre todo ahora, por causa de cambio climático y todas sus consecuencias, la gente responsable tiene que usar a menudo la misma ropa y reciclar todo lo que tenga.

Por lo que se sabe de estos reyes, la Declaración de los Derechos Humanos es una patraña, porque dice que todos somos iguales y eso no es cierto.

En Chile tampoco somos iguales, porque unos tienen millones, unos autos sensacionales y todos los lujos que se les ocurran y otros sólo tienen ruido de tripas por el hambre, pero de todos modos se dieron el gusto de votar por el Rechazo, dejar la Constitución de Pinochet vivita y coleando y al gobierno tamboreando en un cacho. Porque ahora tiene que gobernar como si Pinochet estuviera vivo, como dijo Jaime Guzmán. Buena venganza se tomaron los más desamparados.

Volviendo a las monarquías, no sé si ustedes saben que en Europa todavía quedan ocho países con reyes: España, Bélgica, Países Bajos (Holanda y otros territorios) Luxemburgo, Noruega, Suecia, Dinamarca, Reino Unido, Liechtenstein y Mónaco.

Algunos de estos reyes son millonarios y derrochadores y otros más modestos, pero reyes al fin. Aunque todos son parientes porque se tienen que casar entre ellos, por eso a veces les salen los hijos con cola de chancho como explicó García Márquez que sabía mucho de estas cosas.

Pero ya algunos de estos señores prefieren casarse con una actriz bonita y no con una prima fea. Por ejemplo en Holanda, el rey Guillermo Alejandro está casado con una argentina, Máxima Zorreguieta; que de sangre azul no tiene ni una gota, pero que es muy linda.

Y hasta uno de estos príncipes ingleses, hijo de Lady Di, que podría llegar al trono si muriera uno o dos herederos que lo preceden, prefirió salirse de la familia real y se casó con una norteamericana mulata pero hermosísima y se fueron a vivir a California.

Bueno, estas gentes sirven para chismes sin fin y para salir en revistas del corazón o de modas, por lo menos para eso son útiles.

Y si es por chismes, lo mejor es irse a la monarquía española, que no tiene igual.

Por ejemplo el rey Juan Carlos, padre del actual, que fue educado y puesto por Franco, tuvo que abdicar e irse de España para escapar de las distintas causas judiciales abiertas en su contra y del rechazo social. Se radicó en Abu Dabi.

Pero fíjense qué raro, este hombre, Juan Carlos, tuvo su cuarto de hora cuando era joven y logró desmontar el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Lo dirigían diversos generales, entre ellos el teniente general Jaime Milans del Bosch, secundado en Madrid por un tal teniente coronel Antonio Tejero, que asaltó el Palacio de las Cortes que estaba sesionando, y a balazos obligó a todos a tirarse al suelo. Solo permanecieron de pie Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, jefe del Partido comunista, que se hicieron famosos pos su valentía y dignidad.

Hago un paréntesis que muchas compañeras van a entender: este Adolfo Suárez, qué guapo, guapísimo era ¿verdad?

Durante el intento de golpe el pánico cundió por España, pero mientras tanto el rey Juan Carlos habló con todos los milicos que eran amigos suyos y los disuadió y también habló por la tele, y el golpe se fue a bolina. Ahora algunos dicen que el rey estaba con el golpe, pero yo les recuerdo lo que todos vimos.

Curioso caso que un señor que tuvo su cuarto de hora, como les he dicho, ahora haya caído tan bajo. Bueno, había sido puesto por Franco. Y además, debe ser cierto que el poder corrompe.

Pero su hijo que es rey ahora y se llama Felipe VI, también tuvo un cuarto de hora, pero este fue horrible y vergonzoso.

Todos sabemos que lo invitaron a la transmisión del mando en Colombia, donde fue ungido presidente Gustavo Petro y vicepresidenta Francia Márquez. En una ceremonia solemne en que estaban presentes todos los presidentes del mundo invitados, se rindió homenaje a Simón Bolívar y todos se pusieron de pie en señal de respeto. Pero el rey de España tuvo el atrevimiento y la insolencia de quedarse sentado. Es que ellos todavía creen que América Latina es su colonia.

También todos sabemos que la guerra de España fue muy sangrienta y dolorosa. La República perdió la guerra, y toda la gente decente del mundo lloró y siguió llorando esta enorme pérdida, este duro quebranto para la humanidad. Tuvieron que soportar a Franco y a sus crímenes, durante más de 36 años. Y luego llegó esta monarquía abusadora y retrógrada.

Se demuestra así, que las monarquías son inútiles, despilfarradoras y generalmente no practican la democracia. En cambio una república siempre tiene posibilidades de lograr la democracia plena.

Ahora, ante los ingleses se abre la gran oportunidad de establecer una república, cosa que no se atrevían a hacer bajo el reinado de Isabel II, pues se habían acostumbrado a tener una reina eterna, que usaba unos extraordinarios sombreros, cada uno una sola vez.