Por: Doris Balvín[1]

Este domingo 24 de julio por la mañana, entre las actividades programadas dentro de la campaña Organicemos la Noviolencia Activa, activistas de Mundo sin guerras y sin Violencia y del Centro de Estudios Humanistas tomamos las calles a la altura del cruce de las avenidas Angamos y Arequipa, en Lima – Perú.

Hicimos un “banderolazo”, actividad que consiste en colocar una banderola a lo largo de un semáforo en rojo mientras se reparten volantes por los alrededores entre los transeúntes que van caminando, o en transporte como bicicletas o en sus vehículos.

Estamos muy contentos porque en muchos momentos personas de todas las edades se interesaron en estas propuestas de paz y noviolencia activa, produciéndose emotivos intercambios que nos permitió constatar que la gente también se encuentra buscando salidas a la situación de crisis que atravesamos y en particular a la crisis climática y ecológica.

Entre los distintos tipos de violencia no puede soslayarse la violencia que se ejerce contra la naturaleza. Los efectos de la crisis climática y ecológica sobre la humanidad ya los estamos viviendo, los científicos del Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático, alertan que nos acercamos al punto de no retorno, es decir a cambios sin precedentes que ponen en riesgo la vida como la conocemos y en particular la vida humana y de la diversidad de especies que conocemos.

En América Latina vivimos además una realidad de contaminación ambiental, de degradación de los ecosistemas y de sobreexplotación de los recursos naturales renovables y no renovables -en nuestro caso derivados de extracción de minerales, hidrocarburos, la pesca de arrastre, etc.- que impactan negativamente a las poblaciones y ecosistemas y lleva a la muerte de los defensores ambientales, todo ello permitido impunemente por quienes toman las decisiones. Recordemos que el Congreso de la República, por segunda vez se ha negado a aprobar la ratificación del Acuerdo de Escazú que establece medidas de protección para los defensores ambientales que denuncian la destrucción de los medios de vida de los pueblos originarios, comunidades locales, y de los pescadores artesanales que enfrentan la voracidad de las industrias extractivistas.

Como activistas ponemos además sobre el tapete la necesidad de la abolición del armamento nuclear una de las amenazas más mortíferas que hoy enfrenta la humanidad y los ecosistemas del planeta.

Somos conscientes que la crisis ambiental, social y económica son parte de un mismo problema, un modelo mental que ha llegado a su fin. Un modelo en el que la violencia es la forma de relacionarse entre seres humanos y con la naturaleza; un sistema productivista y consumista como motores de una economía de comódities con roles definidos para los países y que en el caso de América Latina se traduce en la extracción de minerales, pesca de arrastre y de producción alimentaria que tiene sumidos a nuestros países en la dependencia.

¿Qué proponemos?

Desde el humanismo universalista aspiramos a una sociedad y un modo de vida en la que se cultive “…la alegría, amor al cuerpo, a la naturaleza, a la humanidad y al espíritu”[2]

Paradójicamente los pilares de este cambio están en nuestras manos. Nos toca, aprender a colocar al ser humano como el valor central en nuestras sociedades disfrutando de nuestra libertad en la diversidad; comprender que el ser – humano y el ambiente es una estructura indivisible en la que es fundamental la interacción armónica de ambos en función de transformaciones evolutivas; superar la violencia, como forma de relación entre los seres humanos y la naturaleza ya que todos los tipos de violencia se retroalimentan impidiendo que salgamos esta carrera loca de sin sentido; revalorar los aportes de nuestras culturas ancestrales que aprendieron a cultivar una sabia relación con la naturaleza; apostar por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, aquella que hace libre al ser humano y que le abre el futuro de aprendizajes sin límites.

Es una tarea que nos anima a seguir en el camino de la transformación personal y social y llevar alegremente al mundo que nos rodea nuestro mensaje, por ello continuaremos organizando la noviolencia activa, contagiando a nuestros pares a construir ¡La fuerza de la noviolencia que transformará al mundo!

[1] Abogada, Mg. en gestión Ambiental Urbana, activista en ecología social, es parte del Centro de Estudios Humanistas Nueva Civilización, Coordinadora de la Red de actividades más allá del Cambio Climático y colaboradora de Pressenza Internacional.

[2] El Mensaje de Silo, segunda recopilación 2007.