Detención de Juan Orlando Hernández debe marcar el inicio del fin de la impunidad

Menos de tres semanas después de haber dejado su cargo, usurpado durante más de cuatro años después de su reelección ilegal y fraudulenta, el ex mandatario Juan Orlando Hernández fue esposado y llevado detenido al cuartel de las Fuerzas Especiales de Honduras.

La decisión fue tomada por un juez designado por la Corte Suprema de Justicia, en respuesta a la solicitud de extradición formulada por la embajada estadounidense en Honduras.

Hernández, cuyo hermano ‘Tony‘ el año pasado fue condenado a cadena perpetua por la corte federal de Manhattan, está siendo acusado de tráfico de armas, crimen organizado y narcotráfico.

En especial, se le acusa de haber participado en una conspiración violenta para hacer llegar unas 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos desde 2004 hasta la fecha.

Como parte de esta conspiración, explica la embajada, el ex mandatario recibió millones de dólares por sobornos y ganancias de múltiples organizaciones de narcotráfico. A cambio de ello, protegió a los narcotraficantes de la investigación, detención y extradición.

El ex mandatario será puesto ahora a la orden del juez para que decida sobre la solicitud de extradición.

“La detención de Juan Orlando Hernández fue una muerte anunciada y la interpretamos como una primera señal de ruptura con la impunidad del pasado.

Sin embargo, no podemos olvidar que la dictadura aún controla poderes del Estado claves para el futuro del país. No nos cabe duda de que van a reaccionar.

Por eso nos toca recobrar la dignidad y el orgullo patrio que están resquebrajados y continuar por ese camino”, dijo a La Rel, Bertha Oliva, coordinadora del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (Cofadeh).

La defensora de derechos humanos lamentó que no fuera el sistema de administración de justicia nacional que formulara cargos contra el ex presidente.

“Es muy lamentable que fuera la justicia de otro país a acusarlo. Esto nos lesiona como ciudadanos. Necesitamos cambios estructurales para democratizar la justicia y golpear la estructura criminal que ha hundido a Honduras.

Juan Orlando Hernández no debe quedar como chivo expiatorio. Su detención debe ser el inicio de un proceso profundo que acabe con la impunidad y que persiga y castigue a todos los criminales. No se trata de venganza, sino de justicia”, aseveró Oliva.

Estados Unidos y su doble moral

La coordinadora nacional de Cofadeh subrayó también la doble moral del gobierno estadounidense.

“Hernández es un hombre de Washington. Avalaron su reelección ilegal, cerraron los ojos ante los fraudes electorales y las vidas valiosas que se perdieron producto de la represión.

Este apoyo –continuó Oliva– hizo que Honduras se convirtiera en un país que expulsa a su propia gente, que pone en venta su territorio, que permite el saqueo de bienes comunes, que humilla su soberanía”.

En este sentido, la defensora de derechos humanos manifestó que Estados Unidos debe aprender a tener menos injerencia y a escuchar a los pueblos cuando se levantan y exigen independencia.

Cofadeh y la memoria

En el nuevo contexto de país después de asumir el cargo la presidenta Xiomara Castro, el Cofadeh mantiene firmes sus objetivos.

“Nuestro enfoque va a seguir siendo el mismo: reivindicar la memoria y buscar justicia para los detenidos desaparecidos y los mártires. Además, vamos a seguir trabajando para garantizar el respeto de los derechos humanos en el país”.

Junto a las nuevas autoridades de derechos humanos, la organización hondureña espera que se implemente el nuevo decreto de amnistía, recién aprobado por el Congreso y promulgado por la presidenta Castro.

“Sería un paso importantísimo. Queremos que con esta medida se devuelvan los derechos que fueron cercenados a las personas perseguidas judicialmente después del golpe”, concluyó Oliva.

Fuente: Rel UITA

 

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