Por Sol Pozzi-Escot

En una realidad como la nuestra, ¿qué caminos nos ofrece el arte? El gran poeta piurano Miguel Ángel Zapata* nos recibe.

-Antes de descubrirse como poeta, le interesó la pintura. Además, ha publicado ensayos sobre literatura. ¿Qué es lo que lo atrajo, en un primer momento, al arte y sus distintas manifestaciones?

-Desde niño me imantó el imaginario del color y sólo quería dibujar, pintar y pintar. Todos los niños son pintores. Le obedecí al color y también aprendí con paciencia a interpretar las pinturas de Rembrandt, Van Gogh o Goya. Trabajé con acuarelas, témperas, y después con óleo. Todo nace a través la observación de los objetos, y el arte de llegar al alma de ellos. Me di cuenta a tiempo que no iba a ser el gran pintor que soñaba. Me quedó al menos hasta hoy una relación muy cercana con la pintura. Mirar otra vez una pintura es volver a leer un gran poema. Siempre vuelvo al “Filósofo en meditación” de Rembrandt o al “Perro semihundido” de Goya. Ahí está la poesía verdadera. Luego vino la poesía escrita, es decir, la pluma como pincel.

-Dentro de la poesía, usted ha trabajado la poesía en prosa. ¿Existe alguna particularidad del poeta en prosa en relación al poeta que escribe en verso?

-El poema en prosa es más libre, se abre campo sin límite alguno. Yo escribo en verso y en prosa. Dije alguna vez que el poema en prosa es como jugar tenis en una cancha de arcilla, desde donde surge el movimiento perfecto de la desarmonía. El poema en prosa sale sin pensarlo demasiado, fluye de la mente creando una superficie llena de variaciones. Es un bosque lleno de símbolos y señales: ejercicio del arte de “tropezar sobre las palabras como sobre los adoquines” tal cual sugería Charles Baudelaire. El poema en prosa es una marcha híbrida, mezcla intensa donde entra un micro relato como un ensayo breve o una imagen desbocada, y sin rima. Cielo híbrido, página híbrida, tejido mestizo.

-En el prefacio de «Cancha de arcilla», María Ángeles Pérez López dice: «este libro es una celebración de la vida». ¿Cree usted que toda poesía es una celebración de vida?

-Inclusive la poesía aturdida por el dolor es una celebración de la vida. Ahí están Osip Maldestam, Ana Ajmátova, Paul Celan o César Vallejo. Es simplemente otra manera de celebrarla. No toda celebración llega con una falsa sonrisa. El dolor, el amor, o la aparente felicidad es parte del tránsito fugaz que nuestra existencia. Se ha dicho ya que si no hemos conocido el dolor no podremos descubrir la ansiada felicidad. La poesía va en ese camino, el ese desasosiego. En mi caso, de una manera natural, la poesía se adhiere a esa búsqueda de equilibrio, de que el sol es maravilloso como un manantial, o el mar o un árbol que sabe decir algo sobre el tiempo sin pronunciar una palabra.

-¿Cómo entiende el rol de la amistad en la búsqueda del poeta?

-La amistad es lealtad, lo bueno que nos pone el presente en nuestras vidas. Ahí no interviene la razón sino algo que dicta directamente tu cerebro al corazón. Tengo buenos amigos que también son buenos poetas. Es lo ideal. Si un músico desentona hay que sacarlo de la banda. La amistad debe ser eterna como el sol, así, eterna como la poesía. Por eso hay que evitar a los traidores, y en mundo de la poesía hay muchos.

-¿El poeta vive en armonía con el mundo?

El poeta no puede vivir en armonía con el mundo. La poesía siempre va contra la corriente. Al menos la buena poesía está siempre en desacuerdo con las normas y también con el absurdo de la rutina. Por eso se escribe, por eso se dice. En este caso el lenguaje puede estar en desarmonía con el mundo, pero las señales equívocas de cierta experimentación oscura, no traen nada nuevo ni a la poesía ni al mundo. El mundo ya es un caos, y la poesía no pretende cambiar nada ni ser revolucionaria, sino escribir y escribir como un lagarto desquiciado. Ahí Blake, Alda Merini, Quasimodo.

-Usted ha publicado en el extranjero, radica en Estados Unidos. ¿Cree que su poesía busca responder a una realidad espacial-temporal puntual, o a algo más profundo, más elemental dentro del hombre?

-Yo escribo poesía caminando. Siempre estoy moviéndome aun en el barrio que no es mi barrio. El espacio siempre es temporal, sobre todo en una persona que viaja, y no tiene un dulce hogar en ninguna parte. Mi espacio ideal durante varios meses es la universidad donde soy profesor, por ejemplo. El hogar, la casa sucede en cada lugar donde uno escribe. Creo mi propio imaginario en cada ciudad o en las casas donde he vivido. Es algo más profundo. Ahora respondo a tus preguntas cerca de un malecón, cerca al mar que es el mismo en toda la tierra.

-¿Qué concepción tiene usted del mal?

-El mal es hacer lo contrario a lo que te dicte tu buen corazón. El corazón siempre tiene la razón. El mal es esa piedra enorme que encuentras en el camino, y que te la ha puesto un ser humano para que te caigas. Hay que evitar las piedras. A veces quisiera pensar como Leibniz que dice que el bien es más abundante que el mal, porque vivimos en el mejor de los mundos. Pero el mal está ahí con el veneno del egoísmo, la tradición, la envidia y el rencor. El mal no te deja escribir bien. Por eso, es mejor abrir las ventanas de par en par, y escribir sin religión, siempre escuchando la canción de tu buen corazón. Parafraseando lo contrario del Paraíso perdido de John Milton, diría: es mejor reinar en paz en la tierra que servir en el infierno. El infierno es un símbolo, es vivir sin flores en tu mesa de trabajo.

-Viviendo en el Perú particularmente, uno no puede evitar pensar en los males que como sociedad hemos normalizado. La corrupción, la mentira, el crimen. ¿Cómo afronta usted, como poeta, estos males tan terrestres, pero en cierta medida tan propios del hombre?

-La poesía es celeste pero también terrestre, está en el camino, en las calles y también en el bosque y en el cielo. Lo abarca todo. La corrupción en el Perú no es novedad, viene desde la época de la independencia. En el Perú se vive la era de la incertidumbre y de la muerte, nadie sabe lo que podría pasar, pero la gente lo intuye. El crimen avanza con la muerte de la mano cada dia, y la corrupción alcanza- desde la independencia política- su máximo esplendor ante la mirada incauta de todos los peruanos. Como poeta tengo que decir lo que pienso, tengo derecho como ser humano y como ciudadano peruano a manifestar mi disconformidad con el gobierno actual, y todo su gabinete. El Perú, los peruanos conscientes no quieren volver a la vida que tuvimos durante el terror de Sendero Luminoso, ni sufrir las consecuencias de una política económica nefasta que le cierra al Perú los mercados internacionales.


*Miguel Ángel Zapata ha publicado libros de poesía, ensayo literario, ediciones críticas, notas sobre arte contemporáneo, antologías y traducciones de poesía norteamericana. Es considerado uno de los poetas más originales de su generación en Hispanoamérica. En poesía destacan: Los canales de piedra. Antología mínima (Valencia, Venezuela: Universidad de Carabobo, 2008), Un pino me habla de la lluvia (Lima, 2007), Iguana (Lima, 2006), Los muslos sobre la grama (Buenos Aires, 2005), A Sparrow in the House of Seven Patios (Nueva York, 2005) (primera edición de sus poemas traducidos al inglés por Suzanne Jill Levine, Anthony Seidman y Rose Shapiro), Cuervos (México, 2003), El cielo que me escribe (Lima, 2005-México, 2002), Escribir bajo el polvo (Lima, 2000), Lumbre de la letra (Lima, 1997), Poemas para violín y orquesta (México, 1991), Imágenes los juegos (Lima, 1987), entre otros. En crítica literaria destacan: Vapor transatlántico.